Las armonías de Werckmeister. 2000. (Béla Tarr) fotograma.
Gran estudio cinematográfico bajo la lluvia
¿Es posible imaginar una refracción lenta de los rostros y de los gestos, como movimientos de nadadores en agua pesada? ¿Cómo mirar a alguien a los ojos, cómo seducirle si no estamos seguros de que siga estando ahí? ¿Y si un ralentí cinematográfico se apoderara del universo entero? Exaltación cómica de la aceleración, que trasciende el sentido por explosión, pero encantamiento poético del ralentí, que destruye el sentido por implosión.
«las mentes de los hombres perciben causas secundarias, pero sólo los profetas perciben la acción de la Primera Causa»
1
Un vaso de leche se derramaba sobre una mesa de madera en un
bosque ruso.
Una veta incendiada, terminaba por arder…
mercurio con visos dorados contra el gris de
la lluvia.
Había una pareja que se bañaba en una fuente nocturna en la
ciudad eterna.
Una sombra bajaba una escalera que se distorsionaba contra
el escenario.
Se vislumbraba el seno de una mujer opulenta y de carne
blanca como de luna.
En una larga secuencia…un hombre se internaba en un barrio
cuyas calles parecían eternas.
Una muchacha de ojos de gata verde entornaba su mirada bajo dos
cejas negras.
Un hombre corría detrás de su cocotte y la apaleaba a la salida de un hotel.
Alguien lloraba con los brazos cruzados.
Alguien caía.
Un marinero y su barco eran vapuleados, golpeados por un
vendaval…
(En aquella ocasión utilizaron grandes recursos climáticos).
Tres pistoleros del far
west esperaban el tren en un pueblo perdido…
(la locomotora se demoraba…)
Uno de los forajidos atrapaba una mosca dentro del cañón de
su revolver.
En los pasillos vendían cigarrillos, dulces, chiclets,
helados de fresa y perros calientes.
Las muchas del verano abrían sus piernas morenas
y los jóvenes magreaban
bajo faldas como si estuviesen arrancando los pétalos de una rosa negra.
Alguien tiraba una lata de cola.
Otro disparaba un zepelín de papel.
Había un culo enorme, y una vulva de selva capilar que hacia
desaparecer una verga
en un cadre de argent.
Un seno se bamboleaba al compás de una música diabólica, en
un cabaret ruinoso.
En el desierto…
Alguien…(¿la productora? ¿El director?) Hacían estallar
carros
y sobre la pantalla, trozos de cristal caían dejando una
huella de sangre cristalina.
Se hacian estallar bombas atómicas.
(en realidad querían
hacer una arqueología exahustiva de esa tecnología obsoleta).
Y los grandes filósofos de la humanidad
aparecian como personajes del reparto
rumiando sus conceptos contra las paredes de las ciudades
sitiadas.
2
El set era muy grande.
Un mundo
recreado para asistir de nuevo a esa visón de la muerte o de
la historia.
Ese murmullo…
Ese grito de la humanidad en perpetua guerra. Un ciclo tras
otro ciclo.
Un carrete viejo y oxidado entre los escombros.
Los apuntadores aparecían y desaparecían en el cielo.
Ajustaban la energía de los túneles.
Trazaban nuevas líneas tectónicas para los cataclismos.
Había un mar rojo
y un profeta que venía a ocuparse de los asuntos mundanos.
Se presentó una invasión en Normandía.
(La verdadera había quedado relegada a fragmentos de un
documental perdido…)
La nueva invasión, era en tecnicolor.
Se escenificaba de nuevo un campo de concentración.
También un paredón. Las horcas no podían faltar.
Ciertos métodos de ajusticiamiento primitivo, eran del
agrado de los cinéfilos.
Queremos más realismo
dijeron los productores.
Los antropólogos querían más
libertad para los actores.
Los arqueólogos sembraban más Ooparts; el rompecabezas no estaba del todo listo.
Los decoradores se esforzaban más con el diseño
computacional de las estructuras.
Los físicos querían unir en suma armónica todas las leyes.
Los poetas…
Algunos poetas…
Miraban hacia el fondo del holograma y dibujaban poemas con
linternas cuya luz atrapada al otro lado del plano, era devorada y filtrada
como un murmullo de ceniza ardiendo. El maelstromg negro convertía esta
información que cruzaba el umbral de sucesos en pequeños corpúsculos de fuego (1). Algo sorprendente para las señoras que hacían la limpieza en los
estudios de la compañía.
(Sobre los campos florecían agroglifos con fórmulas matemáticas)
pero no querían que durasen demasiado ante los elementos.
El set es dinámico y se retroalimenta de su propia energía.
El set tiene su propio ritmo, su entropía secreta.
Si era vedad; la belleza se buscaba. La paleta de colores
era extensa…
El hombre que mira una ballena muerta en la plaza de un
pueblo gris
Acercamiento subjetivo a esta destrucción y soledad.
La respiración del mundo.
las sales de la vida en arroyo hacia el sifón sobre el adoquinado.
En algunos momentos, la epifanía funcionaba como una
revelación
o una manifestación mística.
Una grieta de luz bajo aquella niebla suspendida.
Los que alcanzaban a experimentar aquello, a saborear esa
pequeña parte del oro alquímico…
De alguna manera; se salvaban.
Los señores de la compañía perfeccionaban a las bestias.
También a los ángeles.
Esto no tendría por qué haber sucedió…Pero era la única
manera de saberlo.
Un eterno remake.
Una ligera intervención.
Un cambio en el guion.
En el fondo era el mismo trabajo de laboratorio…
Solo que esta vez lo reescribirían combinando todas las
leyes… para la eternidad.
3
Había un gánster que creaba una epopeya familiar.
El rostro iluminado por un spot en el estudio…
Algo que susurraba bajo un mar que atrapaba a los amantes
en una ensenada cuando la creciente llegaba.
Un policía de la compañía
Buscaba a un replicante evadido bajo una ciudad acribillada
por la lluvia acida…
Terminaba por enamorarse de una hermosa modelo
(producto excelso de la era dorada de la bioingeniería).
“Son los costos de
dotar a estas criaturas de encanto y sabiduría en mil artes antiguas”.
Dijeron los viejos diseñadores del estudio.
Los nuevos…sonreían. (si supieran de lo que somos capaz…)
Y entre una generación y otra, el campo de batalla se extendía.
Todo esto…
Una y mil historias; diez mil más
tiradas al azar como un golpe de dados cuánticos sobre la
ondulante carpeta de la noche estelar.
Diseñadas por líneas de un fuego verde y vertical.
Corpúsculos de anillos vibratorios.
Ronroneo de computadora satelital que contabilizaba las
muertes
sobre un planeta en cuarentena.
Lluvia de reflectores que, desde la bóveda celeste
giraban con lentitud de
piedra estelar.
Sus inclinaciones daban las coordenadas…
La luz perfecta para que un rayo hiciera que un volcán
estallara.
El obelisco tenía toda la información…
Pero el código se había perdido.
Y entonces
ellos
se conformaban
con alguna copia gris de los años dorados.
Cuando se quemó la vieja película en la sala bajo la lluvia…
Cuando todo el celuloide de las bodegas ardió con una gran explosión...
Y en las paredes las sombras proyectadas
se contorsionaban con rictus dramático
bajo una luz granulosa y mineral
Los espectadores-actores
de aquella ópera vintage…
Quedaron convertidos en estatuas de sal.
