lunes, 2 de diciembre de 2013

BEGOTTEN DE ELIAS MERHIGE










BEGOTTEN




Existen películas bizarras, esas que tocan las fibras más oscuras de la condición humana; "Eraserhead" de David Lynch, pudiera ser una de ellas. Luego existen otras que no se pueden definir fácilmente; que se crean a la manera de documentos fílmicos de una época en donde el hombre no tenía habla; el paisaje era un páramo de lava y brezos secos a la orilla de un mar muerto. Dios era un ser obscuro, asilado en la cabaña de un bosque donde los grillos cantaban una salmodia cruzada de sables romos y truenos mudos. Que naciéramos de esa horrible y poderosa presencia y fuésemos lanzados hacia una guerra sorda y obscura como una enfermedad. Que surgiéramos desde allí a otros sacrificios fratricidas en medio de una pesadilla en blanco y negro a 20 cuadros por segundo, para situarnos como sombras frente al cinematógrafo, casi aliviados ––pero no del todo–– ya que la mirada no se puede apartar de esa negra metáfora que se graba a punta de cinceles de piedra sobre nuestros cerebros; es efecto directo de esta pesadilla fílmica. Begotten Obra de E. Elías Merhige, quien después de un accidente de tránsito, vislumbró esta siniestra imaginería como un sol en fragua sobre el escenario negro de un mundo arcaico. La película es repulsiva desde el primer momento, en donde ese dios agónico pugna por expulsar a la criatura “Madre Tierra” como si estuviese sometido a un electroshock sincopado; de su costillar y su vientre surge la sangre que la regará y anegará de vida. “Madre Tierra” tomará su simiente de manera obscena y sacrílega; la introducirá en su vagina boscosa para ir después a la tierra devastada, ––la tierra baldía; tierra yerma de los hombres huecos–– para entregar a su hijo “Carne de Hueso” en sacrificio. Los hombres, siempre a la espera de una señal divina para tomar su venganza, se ocuparan del ritual. 


Una obra inclasificable, en los linderos de la imaginería de un Bosco minimalista; Lautreamont de paramos y volcanes apagados; Lovecraft geógrafo de una tierra quemada. Obra que busca el deleite en el terror y el miedo metafísico. Sabernos herederos de una noche solar que no se extingue. Acaso, de ese caos primordial, de ese surco pantanoso en donde cayó la simiente en putrefacción, vendrían siglos más tarde otras pesadillas organizadas y técnicas, encajadas en cuadriculas virtuales y expendidas al por mayor en factorías de odio. Pero esa metáfora visceral, ––poesía macabra de un pasado protohistórico––, queda como el origen de un mal absoluto; desasosiego lacerante cuya redención y alivio solo se encuentra en las estrellas.


No deja de ser interesante la aproximación crítica de Andrea Latrhop (catedrática chilena), en un interesante artículo: en donde dirige la mirada a esta joya aberrante desde el performance; el territorio del cuerpo como escenario del arte. Aunque mantengo una postura diferente frente a este experimento fílmico como un modo de ver––cierta manera de ver––, ya que presto más atención a la mirada, que a la puesta en escena. Creo que los actores allí no son más que marionetas convulsas sobre una gran mancha de Rorschach. Sin embargo, el punto de vista de la crítica, arroja luces sobre una obra que tiene meritos para conseguir una apariencia oscura. Ella dice:

“De la misma manera que la puesta en obra del cuerpo (performances), el film de Merhige, corresponde a la ruptura de un orden para dar paso a uno nuevo. Es la destrucción del cuerpo, la puesta en obra de las búsquedas posmodernas de reinstalar al cuerpo como soporte operacional. Mediante la violación de éste, el sujeto busca dar con él, permitir una autoconciencia de sus posibilidades, provocar una escisión de mundo que reestructura las relaciones estéticas operantes. La transgresión de los cuerpos sagrados, como lo son el de Mother Earth y Son of Earth, permite hacer aparecer un acontecer único dentro de las lógicas terrenales. Aflora, además, un carácter cíclico: dios se mata a sí mismo para dar vida a la naturaleza, y ella sus frutos, a su vez mueren, para otorgar la posibilidad de trascender. Luego, ambos caminan por el bosque. Nunca se resisten al sacrificio mismo, se entregan a las violaciones, sufrientes, sin embargo conscientes de la apertura que éste proceso permite. Lo ofrendado por los nómadas mediante la mutilación y la transgresión de los cuerpos, da cuenta de un intento por sublimar e inducir un momento, donde el portal hacia lo trascendente emerge y permite entrar en el frenesí ritual, un cruce temporal hacia lo sagrado. De igual modo, las acciones de arte que proceden de manera transgresiva sobre el cuerpo, pretenden expandir el campo vivencial, evidenciando la existencia de un ámbito sagrado que se le escapa al sujeto en estado cotidiano Tomaremos por cotidiano lo establecido por Cruz-Sánchez y Hernández-Navarro en la presentación del libro Cartografías del Cuerpo. Lo que según sus palabras, sería: “…lo que hace del cuerpo una entidad dormida, plegada a los dictados de un discurso homogeneizador que lo instrumentaliza (…) sin más intención que la de servir de cauce para la expansión del sistema de valores dominantes”., retornando a los aspectos extirpados por la modernidad. Éstas, se estructuran como posibilidad de retorno, un avistamiento a lo primitivo que habita en el ser.” (1)
 

En efecto, el espectador atento, además de estas mutilaciones y laceraciones, operadas sobre el territorio corporal de estos actores destinados a escenificar un ritual de carácter mítico; podrán vislumbrar flashes de luces quemadas bajo el efecto de un fuego de otoño; y  dejando a un lado el papel de cámara testigo de un crimen cósmico, en algunos momentos, el director da la mirada a otros actores de la escena; movimientos de cámara subjetiva memorables, como el instante en donde el hijo ve el abandono de la Madre Tierra, el miedo a la soledad y la ruptura. También se encontrará el espectador ––si dispone de tiempo, estómago y paciencia––, con mares detenidos en un oleaje arenoso, surcos yermos de campos en donde no florece la alegría de la flor en primavera; barrancos y piedras destinados al suplicio. Efectos de una mirada, que pretende experimentar con las texturas y los degradados minerales de la fotografía. Pareciera que Daguerre mezcla ácidos y óxidos de hierros viejos, con los campos envenenados de un Lumiere, al tiempo que los sarcófagos del expresionismo alemán, son aireados en una hoguera para dejar como sedimento, cenizas de una danza fáunica. Una mirada sin concesiones, que busca el alejamiento y el estupor, cuando no la irascibilidad de quien asiste a este suplicio visual. 


Tenemos otras referencias fílmicas en la carrera de este singular autor: SHADOW OF THE VAMPIRE (2000). “La Sombra del Vampiro” representa un punto de inflexión en la carrera de Merhige ya que abandona sus características más singulares para dar a luz a una película de una digestión que puede considerarse casi placentera, aunque tal vez demasiado ligera sabiendo de quién viene. Esta vez, cuenta con presupuesto millonario (de la mano de Saturn Films, la productora de Nicolas Cage), estrellas (Willem Dafoe y John Malkovich) y hasta premios internacionales (nominaciones a los Oscar incluidas). En ella el autor rinde tributo a Murnau el cineasta expresionista alemán y su Nosferatu. Redondeando una faena muy hollywoodense, aunque con algunos contrapuntos de estirpe alemana y aliento de selva negra. 


El autor a pesar de haber transitado por los caminos de corrientes comerciales y de haber colaborado en varios videoclips con músicos como Marylin Manson (en varios singles de “Antichrist Superstar” se utilizan partes de Begotten). Vuelve cada que puede a sus raíces más duras, esas que están marcadas por el mito, la leyenda y lo hermético. Muestra de ello es: “DIN OF CELESTIAL BIRDS” (2)  más aéreo, más corto y con banda sonora. Con esta obra Merighe vuelve por sus fueros tratando de crear el segundo eslabón de la cadena para su obra más personal, pero nunca llega a igualar, ni de lejos, los elementos más gore de su opera más conocida. A pesar de la música y la banda sonora, es una obra abstracta de meritos, aunque no alcanza el grado de oscuridad y la poética metafísica de Begotten.

La técnica de postproducción de Begotten es la animación. En efecto, el autor tardo 4 años en poder terminar su pesadilla, fotografiando ––una vez filmada la primera película–– fotograma por fotograma, para dar ese peculiar viraje a unos negros agrisados y blancos lluviosos, mediante la sobre-exposición y sub-exposición. Que el autor no hubiese utilizado técnicas más sofisticadas en época en donde ya se disponían de muchos artilugios virtuales, da fe, de una paciente elaboración, la de quien sabe que va a dejar huella; como quien arroja una bomba que dejará cráteres y sombras minerales sobre las retinas y las cabezas de los espectadores. Una obra realizada con recursos mínimos y que pareciera un documental dejado en los bosques profundos del paraíso terrenal, cuando dios estaba enfermo, cuando la tierra era una roca calcinada que acababa de ser expulsada al cosmos bajo una lluvia de fuego y  sangre.
O.G.R.



2-DIN OF CELESTIAL BIRDS
http://youtu.be/XCnp63TbxXwhttp://youtu.be/XCnp63TbxXw


viernes, 8 de noviembre de 2013

“ENTRE LA NADA Y EL FERRO-GLIFO DE LA ROTONDA”



 





(Reflexiones sobre modernidad, postmodernidad y transmodernidad en el arte del Quindío) 

Por: Omar García Ramírez 

Lo había comentado en otras ocasiones; una ciudad que pretender buscar su vocación de polo cultural y turístico, debe prestar mucha atención a su producción artística. Debe buscar señales de identidad y canales de exhibición; espacios de encuentro de propuestas simbólicas. Estas señales identitarias deben explorarse hacia atrás, para rescatar tradiciones y ancestros culturales; y hacia el futuro, para explorar nuevos caminos y rutas de trabajo. 

Para una ciudad pequeña como lo es Armenia, en donde los creadores en el campo de la plástica y las artes visuales, disponen de pocos espacios para mostrar su trabajo, el salón de artistas quindianos se erige en uno de los pocos, en donde se pueden mostrar las búsquedas y los desarrollos de estas disciplinas. Un salón (ya no tan joven), que una vez abierto, muestra las potencialidades y las falencias de lo que hoy, por hoy, se hace en estas tierras; y es el trasfondo de discusiones estéticas y sociales de importancia capital.

EL SALON COMO ARQUEOLOGÍA. LAS RAICES. 

No se puede esperar naturalmente grandes obras, los presupuestos organizativos y los estímulos dejan poco que plantear a los artistas; magros y esmirriados, en comparación con los destinados a las carrozas y al fandango, hacen de la creación artística, una parcela de la periferia sin mucha importancia; (situación muy natural en estas tierras en donde la cultura es la del yippao y la caneca de aguardiente, herencia directa de la politiquería, el carnaval y la cosecha). Y no es que sea partidario de las subvenciones; pero sí soy partidario del gasto equitativo en lo concerniente a la cultura. Si se gastan cientos de millones en eventos que degradan y alcoholizan al pueblo; deberían gastarlos de igual manera y en iguales proporciones para eventos que presuponen un crecimiento cultural de una región; una inversión a futuro en la de la misma. Estos presupuestos de gasto obligatorio, que englobados dentro de lo que se denominan fiestas de aniversario; en los actuales momentos tienen unos rubros a todas luces inequitativos.

 Pero hablemos de las obras… En muchas de las obras presentadas al ultimo salón, se ve la improvisación, la jugada “genial”, el pelotazo, el juego de ruleta estética, que busca “mostrar algo” en medio de la precariedad. A veces, una que otra obra se convierte en una declaración de principios. A pesar de ello, se notan nuevos aires. Durante mucho tiempo, cofradías empotradas en la burocracia departamental hicieron y deshicieron lo que les vino en gana. Estas pequeñas familias que jugaban al monopolio simbólico sobre la esfera pública han sido desplazadas, y desde ya, se notan pequeños pero significativos cambios en la escena. 

Asistir como espectador crítico a ese galpón de la antigua estación (Estructura arquitectónica básica de lo que puede llegar a ser el MAQUI) lleno de propuestas artísticas; es, de cierta manera, hacer una arqueología sobre lo que es, lo que ha sido y lo puede llegar a ser el campo de las artes en nuestro departamento. Inmersos en este salón, los visitantes asistieron a un flash back como en una película multicolor, donde se podía ver el valle y las cordilleras con sus afluentes hacia esa especie de feria cultural que se nutrió de todos los canales. Propuestas que devienen en un rio caudaloso con todo su folclorismo y su diversidad que desembocaba a una laguna. En el centro de esa laguna un pequeño islote y un árbol. El suelo cubierto de rizomas sobre los que se aposenta el árbol leñoso y lleno de injertos, de sabores varios; que simboliza el arte quindiano. 

 Aciertos y búsquedas, lenguajes tradicionales y nuevos códigos balbuceantes que pretenden conformar una nueva semiótica visual: Pintura de caballete y de pared, bodegones, paisajes; la escultura de bulto con vocación monumental que hace honor a tradiciones y gestas colonizadoras; los trabajos de croché y macramé, artesanías primorosas y diseños de utensilios raizales bien elaborados. Al lado de pintura conceptual y política; instalaciones canónicas en el piso ––arte expandido––, (expandido por el piso de cemento); montajes e intervenciones varias, habituales referentes en este tipo de exposiciones. Algo de video y un poco más de performance balletero que se suele dar por estos lares. No falta la sopa relacional, el mondongo solidario que se reparte con espíritu de O.N.G. Nada fuera de lo común; todo muy dentro del mainstream postmoderno; algo deja vu, todo muy de prever, nada de sobresaltos, casi todo muy domesticado y más o menos pulidito.

Sin embargo, este salón tiene una característica única. Muestra caudal (el rio); Muestra raíces y frutos (el árbol). La ruptura y al mismo tiempo la liaison; la textura histórica que de alguna manera se tejía, y jalonaba como una gran manta colorida en donde se podía prever que en el futuro las cosas pueden tender a buscar caminos de expresión muy particulares. Para mí ––como espectador ––, la riqueza de ese salón se establecía en la manera en que tradiciones ancestrales y artes de taller se mostraban al lado de propuestas más experimentales. Juego de tensiones, contradicciones y vasos comunicantes, que de alguna manera trazan una nueva cartografía sobre la plásticas quindiana. Se exhibían las raíces, luego las ramas y uno que otro fruto sazonado y casi dispuesto para los paladares de los visitantes. Esa distribución de feria museística, podría calificarse de impostura para muchos diletantes y connaisseurs que abundan por estos lares; a mi entender, era necesario, como una apertura desde el pasado más reciente, hacia las posibilidades de un futuro más cercano. Se requería escenificar toda esa amalgama, ese cruce, esa creolización, ese mestizaje de las artes en el Quindío. 

LAS OPINIONES Y LA ACADEMIA

Las reacciones, matizadas unas, bien ponderadas otras, irónicas algunas, oblicuas y veladas las demás; no se hicieron esperar. Muchos educadores o artistas enchufados en la academia (directos responsables de la dudosa calidad de una buena parte del arte que se hace en el Quindío) se rasgan las vestiduras y proclaman rigor, concepto y estudio, desde esos mismos claustros en donde la mediocridad más ramplona ha sido la constante. Uno de ellos, en estos días, proclamaba con orgullo en un medio local, que sus únicas vías de financiamiento eran las vías estatales: becas y subvenciones; (partiendo de esa premisa, ya se puede suponer qué es lo que puede enseñar y producir el maestro de marras) Y claro se debe decir que si desde esas instituciones se hubiese hecho una gran labor, no estaríamos hablando de estos asuntos en términos de búsquedas, sino haciendo balance sobre trabajos ya consolidados; los egresados de esas mismas instituciones ––que son legión–– nos demostrarían mediante obras y no discursos desteñidos y plañideros, lo que puede ser el verdadero arte de vanguardia en esta provincia cafetera y platanera.
 Debería saber el educador-burócrata-subvencionado al que me refiero, que si estudia las academias artísticas que comenzaron a consolidarse después del siglo XVII en Europa, se dará cuenta que de alguna manera fueron el resultado de la legitimación de los gremios y sindicatos oficializados mediante decretos reales o jugadas políticas del momento, que trataban de justificar y certificar un dominio sobre cierto tipo de saberes en las artes aplicadas. Y es, en contra de cierta parte de la academia artística, que va mi crítica más enconada; ya que es un espacio de normatividad semiótica, que no gradúa libre-pensadores y creadores; lo que re-produce son legiones de profesores, deseosos de entrar en la estructura al servicio de las ideas dominantes del momento. Para que la academia artística quindiana pase de modernidad a la post-modernidad, y luego dé su salto cualificado a trans-modernidad; deberá, primero que todo, empezar a reconocer que su tradición ha estado anclada en saberes de la pre-modernidad; que su práctica ha sido durante décadas arcaizante, así su discurso de cara a las graderías adopte el barniz de las modas vanguardistas; aceptar de manera autocrítica que su accionar se ha quedado en escuela de florituras para señoritas y que no puede ir más allá mientras su discurso pretendidamente trasgresor y anti-sistema dependa de los presupuestos estatales. Presupuestos que de alguna manera, delimitan su accionar político-social; no solo por las limitantes económicas, sino por la injerencia directa de la politiquería que suele ser la característica dominante en estas instituciones. Una academia artística en estas condiciones no puede llegar a ser más que la oficina de patentes y legitimación cultural de un sistema, que como el actual, favorece la inequidad.

En su ensayo: “La enseñanza de arte como fraude” Luis Camnitzer escribe citando a Andrea Fraser una artista norteamericana: “Arte político en cierta forma significa que subdividimos el pastel del conocimiento en tajadas de tajadas. En un número de la revista Artforum, la artista norteamericana Andrea Fraser enfrentó estos problemas en una forma que me gustó mucho. Definió al arte político de una manera similar a la que yo definiría a todo el arte: “…Una respuesta es que todo arte es político, el problema es que la mayoría (del arte) es reaccionaria, es decir, pasivamente afirmativo de las relaciones del poder bajo las cuales fue producido…Yo definiría al arte político como el arte que conscientemente se propone intervenir en las relaciones de poder (en lugar de solamente reflexionar sobre ellas), y esto significa necesariamente las relaciones de poder dentro de las cuales el arte existe. Y hay una condición más: Esta intervención tiene que ser el principio organizativo de la obra de arte en todos sus aspectos, no solamente en su “forma” y su “contenido”, sino también en su forma de producción y de circulación.” Y a continuación señala: “Se puede afirmar que la enseñanza del arte se dedica fundamentalmente a la enseñanza sobre cómo hacer productos y cómo funcionar como artista, en lugar de cómo revelar cosas. Es como decir que enfatizamos la caligrafía por encima de los temas sobre los cuales queremos escribir y como vender esas páginas caligrafiadas. Y con ello, bajo el disfraz de lo apolítico o de una política consumida instantáneamente, servimos a una estructura de poder que es totalmente política”. http://esferapublica.org/nfblog/?p=23857
De otra parte, está el entorno económico y social en donde la academia ejerce. Si ese entorno es tercermundista, latinoamericano, mestizo, criollo, cafetero, platanero; se verá afectado de una manera diferente, a si se encuentra inmersa en un entorno postindustrial, enmarcado en sociedad el conocimiento. Mi crítica especifica (afinemos puntería) en este caso, va dirigida a esos filósofos de claustro y pizarra, que desde la seguridad de academia pretender aportar un discurso de avant garde mientras en su práctica más cercana y curricular no han pasado de decorar vitelas, pergeñar vitrales con sus delicados champlevé de utilería y hacer algunas cajitas de primorosa factura naif. Filosófos del arte, que ni siquiera se han atrevido a una revisión de la realidad cultural más inmediata en sus aspectos estructurales.
Más que una Écol de Beaux-Arts el Quindío requeriría de una academia tipo Bauahus, así su accionar seria más acorde con las necesidades de nuestra sociedad y nuestro tiempo. Y si no pudiese emular en su espíritu esencial, un modelo de escuela de la talla y alcance de la que orientara en su fundación el genial Walter Gropius y luego Mies van der Rohes en la Alemania de los treinta del pasado siglo (que pretendía el poner al servicio del hábitat social del hombre de su tiempo, el arte, la técnica y el diseño) al menos, una escuela de artes aplicadas, podría establecer líneas de comunicación y relación hacia la sociedad. Hacer propósito de enfocar las artes hacia las necesidades de una comunidad (que todavía en gran parte) vive en un estadio de pre-modernidad. Una comunidad que vive en cinturones de miseria, una comunidad que no tiene derecho a parques públicos ya que en buena medida están privatizados; una comunidad que vería con buenos ojos el concurso de diseñadores, artistas, arquitectos, ingenieros, semiólogos en donde las condiciones de vida pudiesen ser transformadas mediante la aplicación de conocimientos ancestrales y diseños modernos ––investigación y aplicación de nuevas alternativas ecológicas y sostenibles para la vida digna––. En medio de una naturaleza hermosa pero difícil; telúrica, sísmica, compleja. Una sociedad, que desde la política no ha sido lo suficientemente enérgica para impulsar por un desarrollo estético, ecológico y humano. Una sociedad que en lo referente a los lineamientos de desarrollo urbano todavía no ha podido cumplir con los postulados de una modernidad que desde los años treinta un grupo de arquitectos visionarios plantearon en La carta de Atenas. Allí en uno de sus apartes se leía: “Un carnicero que vendiera carne corrompida sería condenado, pero el código permite imponer alojamientos corrompidos a las poblaciones pobres. En aras al enriquecimiento de unos cuantos egoístas, se tolera que una mortalidad pavorosa y toda clase de enfermedades hagan pesar sobre la colectividad una carga aplastante”. http://www-etsav.upc.es/personals/monclus/cursos/CartaAtenas.htm
 Una sociedad que planta tugurios para después cosechar crimen y carne de presidio.

Salgamos… 

Cualquier domingo (como uno de los flâneurs críticos que encarnara Baudelaire y elevara a la categoría de personaje urbano Walter Benjamin) paseemos cerca a una plaza de mercado de cualquier ciudad del eje cafetero y podríamos ver ––como en un salto en el tiempo–– estampas medievales de carnaval agrícola y de cosecha; concentraciones humanas de desempleados y desplazados por la guerra como en cualquier grabado de la serie de los desastres de Goya; ceremonias de bailes y fandangos, mutilados y pordioseros, como en cualquiera de los cuadros creados por Brueguel el viejo; procesiones místicas cercanas en su pintoresquismo a una de las tablas de jardín de las delicias que plasmara el pintor de Hertongenbosh, Hieronymus Bosch; saltimbanquis faquires y maromeros en las esquinas, acompañados de música de carrilera, que tendrían similitud con los carnavales que estudiara tan bien en su libro “La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento” Mijaíl Bajtín. Entonces, no se entiende que ciertos señores de la academia artística, incluyendo algunos delegados del ministerio de cultura, clamen voz en cuello el salto a la postmodernidad desde el gesto superfluo de asumir posiciones de arte de vanguardia. ¿Dónde está el Gugenheim? ¿Dónde Silicón Valley? ¿Dónde están las avenidas que pudiesen emular con las de Brasilia?, ¿Dónde la arquitectura inteligente?; ¿Dónde las grandes centros de investigación tecnológica?, ¿Dónde los nodos de la sociedad del conocimiento? También pregúnteles a los señores de la política y a los barones de la industria y el comercio. 

Aceptémoslo, aquí se convive con diversas manifestaciones culturales; estamos inmerso en un rococó de brocados sociales, cada uno con sus respectivos nichos: Los nerds y los tribus urbanas ocupando los No lugares, camuflados o exhibiéndose de acuerdo al día de la semana, en los centros comerciales de arquitectura inteligente, minimalista y funcional; espacios muy adecuados para las mercancías ensoñadoras de la sociedad del espectáculo; mercancías listas para ser consumidas por las castas pudientes que hacen gasto suntuario y de ostentación como lo expresara en su libro “Las clases ociosas” Torstein Veblen. Y las comunidades agrícolas, proletarias, y los desclasados; en las plazas de mercado como una herida citadina, una pústula periférica en el corazón de la urbe. Los humildes y desposeídos que salen de sus jornadas de alienación y esclavitud para disfrutar de unas horas de amnesia entre los estertores del sexo mercenario y el alcohol barato. Allí, en una de aquellas tabernas donde abren sus marchitos pétalos las flores del fango, que vienen desde los valles verdes y feraces; danzan en abigarrada y lujuriosa cumbiamba, meretrices que bien podrían inmortalizarse en otra tela como Les Demoiselles d´Avigñon. En este caso, bien podría llamarse: Les Demoiselles, de fleur del Val.

 Mónica Lucía Vélez H. Filosofa de la Universidad de Caldas, en su ensayo: “Narrativas visuales y poéticas de ciudad” donde estudia el urbanismo kitsch de Manizales y los movimientos literarios de las elites que desde el pasado siglo hasta nuestros días consolidan diferenciaciones culturales como discursos de dominación, dice: “Este movimiento se encuentra en la base de lo que García Canclini (1989) describe como la consolidación e industrialización de los mercados simbólicos. Por lo pronto es preciso recabar en una estrategia cultural y política que involucra la recuperación estetizante de las tradiciones, esgrime la modernidad como una máscara de diferenciación, y caracteriza a una élite que “cultiva la poesía y el arte de vanguardia, mientras las mayorías son analfabetas” Más adelante agrega: “Por parte de estas élites hegemónicas “se asumen” vertientes del pensamiento moderno que marcan, sin duda, importantes enclaves de elaboración o de crítica de la tradición europea, pero que a falta de un correlato (local) moderno, económico, social, político, cultural, no encuentran “aquí” un espacio real de aplicación. Las singularidades premodernas refluyen de los moldes y de toda “aplicación” posible. O lo que es lo mismo, estos elementos del pensamiento moderno coexisten con formas y acontecimientos anacrónicos o arcaicos, de manera estéril y abigarrada, y sin propiciar su interpretación o su transformación. Lo grecoquimbaya determina pues una invención de lo popular a partir de un “eclecticismo básico” de modernidad y tradición, pero invierte además un gesto hegemónico de reproducción ideológica y de confirmación de la dominación que se materializan en la función del patrimonio cultural, y en la acumulación y el control de las ofertas materiales y simbólicas”. 

 Cierto poeta de nuestra región cafetera, muy snob y con cierto tufillo provocador decía en tono irónico: “Que desgracia ser un óscar Wilde en tierra del Charrito de oro y Alarido Gomez”. Sin embargo ––quitándole vitriolo al asunto––; esta misma itellitgenzia, no puede negar, que se dan destellos de una creatividad dinámica que se expresa en múltiples lenguajes y soportes. Desde la clásica pintura, hasta el performance y la instalación. Para algunos los lenguajes y los soportes son el tema a discutir; pero se sabe hace mucho tiempo, que no son los soportes sino la utilidad que se dé a estos y las búsquedas estéticas sobre los mismos y en ultimas, el dialogo que se establezca con sus destinatarios. No es el medio como tal el que puede definir la calidad de una obra. El sólo hecho de utilizar el video (una técnica medial muy contemporánea) o el cuerpo en un performance, (técnica antigua como el teatro, devenida en arte de vanguardia) no garantiza la calidad estética de la obra.

Antonio Muñoz Molina, el escritor español, dice con respecto a los aspectos estilísticos del arte de vanguardia: “El arte, desde la irrupción de las vanguardias, ha tomado del lenguaje de la ciencia la idea de la experimentación permanente, llegando a la paradoja de que se ha instituido lo que podría llamarse un conformismo o un academicismo de lo experimental, así que la provocación y la acomodación son simultáneas y hasta indistinguibles. Un cuadro pintado al óleo, por ejemplo, tendrá serias dificultades para ser aceptado en una exposición de tendencias últimas: un pollo con o sin la cabeza cortada, o un individuo que se practique incisiones en la piel delante de una cámara de vídeo, son sin embargo, tan indiscutibles, tan absolutamente canónicos como podía serlo hace cien años una alegoría en mármol del comercio marítimo”.  Muñoz Molina, A.: “Conocimiento prohibido”, El País, 9/4/97 

La calidad de una obra, sin importar su medio, se calificaría mejor, por la capacidad de crear mediante lenguajes simbólicos, líneas de comunicación y participación de la sociedad en la búsqueda de poéticas críticas y expresiones estéticas. Capacidad de expresar sus tensiones, sus miedos, sus angustias y sus deseos. “Las funciones del arte y de la política son hacer que la gente sueñe, cumplir con sus anhelos, transformar el mundo, cambiar la vida y ofrecer un escenario sobre el cual el deseo pueda actuar su fantasmal teatro”. Decía Jean-Francois Lyotard y ese, en esencia es uno de los postulados que sigue vigente para el arte actual. 

UN SALON QUE A PESAR DE TODO, JALONA Y PROYECTA.

Es bueno y sano recrear un salón que se abre y jalona. Se abre, porque esta desprejuiciado frente a los quehaceres culturales del medio; y jalona, porque propone maneras novedosas de llegar al hecho estético, nuevas vías; o vías ya transitadas pero que abordadas de una manera diferente y reinterpretadas muestran puertas y ventanas, oxigenan la escena que desde hacía un tiempo estaba secuestrada y reducida por la banda de los cuatro (cuatro gatos que no cazaban ratones, pero se hacían con todos los contratos y las subvenciones de la cartera pública). Punto aparte, se hace necesario que el salón impulse sin prejuicios ni complejos, nuevas miradas y nuevas búsquedas. Para los próximos salones, se podría pensar en una muestra alterna destinada solo a creadores que trabajen con técnicas más relacionadas con la artesanía y el arte decorativo; de esa manera asistiríamos a un salón menos fraccionado como el actual, en donde se pretende mostrar de un lado los inscritos en una especie de mainstream postmoderno, y de otro lado, los artistas que vienen ejerciendo su obra desde una perspectiva más tradicional. Un salón independiente que al estilo del B.A.T recupere una serie de prácticas tradicionales y artesanales (que si bien son desdeñadas desde la academia y los círculos de la intelligentzia), aportan mucho a las tradiciones y los oficios de nuestra región. En efecto, un salón en donde cerámica, cestería, curtiembres, textiles, barranquismos y otras labores se pueden exhibir en condiciones dignas, mostrando en muchas de ellas alternativas de economía sostenible, ornato público y tradición de saberes ancestrales. En definitiva un salón para artistas ––con todo lo que el concepto engloba–– y otro salón alterno de artesanías de altísima calidad. 

Realizar un salón alterno como el que se propone; un salón de artes tradicionales, requiere presupuestos decentes, no las miserables partidas destinadas a la cultura de las artes visuales en nuestro departamento. Esta no sería una feria más de artesanías, en ese salón se propone que participen creadores y artesanos que por su calidad y maestría, muestren la riqueza y la calidad del diseño autóctono. Esto potencializaría un mercado que se podría inscribir en el del turismo y en el de diseño tradicional. ––Se trata de ser propositivos como lo dicen y predican muchos, pero que en la práctica proponen pocos––. Esos mismos que despotrican contra las prácticas ancestrales de las artes, son hijos, de ceramistas y artesanos, cesteros y talabarteros, talladores y carpinteros, arrieros y cafeteros. Reniegan de sus raíces y como nouveaux riches se proclaman en la cresta de la vanguardia y se avergüenzan de sus ancestros. Desconocen por falta de cultura, de lecturas, de viajes y de estudio, que en nuestras sociedades confluyen de manera caótica estéticas coloniales y decoloniales; el modernismo, el postmodernismo y también algunas prácticas de transmodernidad conviven en sus manifestaciones arquitectónicas, en las artes, en las comunicaciones, en la arquitectura y en la literatura. 

Es verdad que no se ha podido construir una memoria colectiva, ni una identidad social ya que nuestra sociedad en conflicto, representa un campo de fuerzas encontradas; una burguesía aculturada en la estética del imperio del norte y una clase agrícola y proletaria signada por saberes y tradiciones vernáculas que resiste la expoliación y el desprecio. En el medio del sanduche, una clase media pauperizada y sin poder de decisión, acrítica y desdibujada en propuestas asistencialistas de ONG. Estas ciudades del eje cafetero y esta nuestra ciudad de Armenia se constituyen en las salas de exposiciones de esas contradicciones; el anfiteatro de ese juego complejo. Por lo tanto, debemos saber encontrar en su abigarrado laberinto, una luz o una esperanza. En palabras de Juan Villorio escritor mexicano: “Ciudad: lugar para perder la brújula de las calles y de uno mismo. Babilonia, Sodoma, Babel son otros nombres para estos paisajes de extravío y de caída. La selva de hierro y argamasa es un reto moral y recibe las invectivas de ‘monstruo’, ‘hidra’, ‘puta’. En sus arrabales sin término el ciudadano se expone a cautivadoras amenazas; los muros lo aíslan, las máquinas lo desviven, la muchedumbre borra su rostro, el trabajo lo enajena”
Villoro , Juan. (1996). La ciudad es el cielo del metro. 
Revista Número, No. 10. Bogotá. 

INVENTARIO MÍNIMO. 
EL LIRISMO DE LA NADA. EL JUEGO DE LOS PREMIOS.
Resumiendo en este apartado: un aspecto positivo del salón fue el declarar un inventario abierto a todas las prácticas artísticas, para después, y en perspectiva, buscar nuevos caminos mediante una selección de propuestas, una clasificación de intereses y una decantación de proyectos. Naturalmente que la crítica del salón no queda ahí, está el espinoso asunto de los premios. Y como en todo salón, el debate estará servido por un tiempo. 

Ahora, vienen los debates sobre la modernidad, la postmodernidad y las artes de vanguardia que es la otra cara de la moneda; el meollo del asunto y el quid de la cuestión que nos trae entre manos. Las disecciones que se abren en esta ciudad al tenor de este salón; las prácticas sociales en la esfera de las artes y el puente que se establece con los monumentos o esculturas públicas. 

La colectividad que organizó (escuché a las malas lenguas decir que la comunidad LGTB). Aclaro que, como improvisado periodista de la corriente Gonzo-Bonzo, recojo de primera mano ––sin que me constriña ni me ruborice la corrección política––, el habla sardónica del vulgo en medio del sarao. La comunidad que curó, organizó, seleccionó y premió a los ganadores del pasado salón; de alguna manera acertó al elegir como ganadora una obra que no dice nada sobra la realidad de la región y del país pero que expresa un sentimiento de abatimiento lírico; una obra se ahoga en una piscina de hastío; obra en los linderos del autismo y de la amnesia; obra solipsista: Nada de Nada, arar sobre el desierto nadar en una piscina de abyección en medio de un nicho cerrado en donde solo tienen futuro los que medran a las sombra del establecimiento. Nada para el proyecto existencial y cultural de un pueblo y de una cultura que se acostumbro a esperar bajo la sombra del silencio. Obras inocuas, asépticas, sin fuerza conceptual, social, ni política, para un pueblo que busca a tientas sus raíces y que camina narcotizado al centro de un circo ruidoso y festivo.
Obra, que representa de cierta manera, el hastío del artista colombiano frente a una sociedad futbolera, políticamente servil y violenta; en donde no importa para nada el pasado ya que se considera tierra quemada; el presente es evanescencia opiácea de fulgor mediático, y el futuro no se espera, se vive como pesadilla siempre postergada. Obra de ambición modesta en lo estético, deficiente en su ejecución, y solo sublimada en sus significados por la escritura conceptual de quien en este momento se ocupa de ella. Obra en la justa medida para una región en bancarrota espiritual y económica. La comunidad que realizó la mise en scene, acertó ya que ese es el espíritu que prevalece en medio del arte de nuestra región; derrotismo, espíritu pusilánime y desesperanza. 

ENTRE LA NADA Y EL FERROGLIFO.

Lo haré a la manera decimonónica:

Acompáñenme; pasemos a un escenario abierto, la rotonda…

Arte de vanguardia, escultura pública o NO escultura pública, para un NO lugar arquitectónico. Hablamos del ferro-glifo empotrado en la rotonda donde antes existiera un camello (que al parecer, ha desaparecido por el ojo de una gigantesca aguja, después de haber permanecido durante varios lustros sobre el filo de un enorme serrucho) es una manifestación de lo que puede ser un arte más cercano a lo conceptual que a lo objetual. No tiene volumen, es plano; su  decoupage permite al espectador dotado de alguna alfabetidad visual, soñar con perspectivas de chambranas y escaleras. Pintado de amarillo y con solo dos caras (debería haber intentado buscar al menos tres caras para de esa manera poder llegar a participar de los que el escultor llama como arte cinético) que tampoco es op art como acertadamente lo describió y con argumentos un académico y columnista de el único medio local. (No es Soto, no es Calder) pero si podría intentar llegar al trompe-l'œil.

El arte moderno, por el que muchos claman voz en cuello, se constituye algunas veces, en la impostura y en la parábola de una jugada maestra. No es su resultado final, sino el proceso que conlleva el poder dejar caer de punta sobre el césped que antes abonara un lánguido camélido de elástica cerviz, esta muralla de metal. No es el resultado en sí lo que cuenta en esa nueva escena del arte, sino los mecanismos por los que se acede a entrar en comunicación con los otros y/o a establecer la incomunicación. Ese arte relacional tan en boga hoy en las academias; arte relacional que se puede explicar ––muchas veces–– en las relaciones non santas entre políticos y algunos artistas para imponer proyectos de manera arbitraria. 

Es sin embargo y de otra manera, escultura de campo expandido, esa que bocetara en sus conceptos básicos Rosalind Krauss. Una casa, que NO es una casa en el aire; que NO es una casa de interés social, que NO es una casa abstracta en vías de desaparición (ya se sabe que los monumentos de la colonización antioqueña desaparecen por docenas todos los días cediendo paso a las “grandiosas” obras de la postmodernidad) y que tiene todos los elementos para llegar a ser un tótem a la vacuidad. También esta obra era necesaria. Después de un pequeño rodeo a la rotonda, diré por qué:
 Porque es arte expandido; escultura de no lugares. Escultura si se quiere de vanguardia y por la que se propugna en las academias de las que tanto hemos hablado; (su hija repudiada, la criatura no patentada).Un hueco, una montaña de cacahuetes, una colina de estiércol, una grieta en un museo, un trampolín sobre una piscina vacía. Aceptémoslo, estamos frente a una obra absolutamente postmoderna. La que allí parece establecer sus dominios, es la escultura tratando de buscar un diálogo con el espectador que no se concreta. La escultura ya no conmemora. La escultura ya no recuerda las gestas de antaño, quiere superarlas, abolirlas; quiere, a la manera de la transmodernidad, establecerse desde la periferia en el centro de la ola, delicada, plástica y liviana . Esta obra deja pasar por los vacios e intersticios de su metal perforado, los sueños de algo que ya fue superado y que quedó en el pasado como mitología telúrica y terrígena; algo que parece ser amenazado en su olvido; algo que parece ser deglutido y arrollado por otra cosa más compleja en su extensión, pero elemental y simplificada en su estética; algo que se puede ver en cualquier parte. Señal inequívoca de la NO estética de la globalización. 

Lo barato y lo caro

De cierta forma una manera de afrontar esa vacuidad, ese nihilismo sin referentes ni perspectivas que propone la clase política de la región. Una escultura barata y cara al mismo tiempo. Barata por los materiales que en pocos años se convertirán en óxido férrico ––si no se han utilizado las pinturas adecuadas–– convirtiéndola en la señal de un peligro latente. Y cara, ya que ese espacio era importante para los referentes simbólicos de este pueblo. Barata como los emblemas, lazos con los que se condecora a los artistas que participan de los fandangos y yipaos; y que propone la administración con la aquiescencia de sus obsecuentes animadores. Símbolos de soga al cuello. De igual manera, “Cafetos de Oro” que son de latón; ––sobre ellos, ni siquiera se aplicó una patina ennoblecedora de tumbaga––. Trofeos kitsch para los que comen de la mermelada oficial en platitos de plástico; comensales baratos del gran serrucho estatal. Y caros, porque lo barato sale caro.
Decía Caro el artista antioqueño “TODO ESTA MUY CARO”; y en el mercado de las licitaciones con el establecimiento, los precios baratos a la postre resultan muy caros.
Pero ese era el monumento que se requería para los intereses de los patrocinadores. No una figura de pesebre. No una heroica figura fundadora y dinámica como la hubiese elaborado el maestro Arenas Betancourt; no un símbolo moderno de connotaciones ancestrales inspirado en el diseño precolombino como lo hubiese ejecutado un Rayo, un Negret, un Villamizar. Sino una tarjeta amarilla, un chip de metal, un ferro-glifo sin más connotaciones que la de los intereses que rodea los asuntos políticos y los asuntos urbanísticos de esta ciudad. Una ficha totémica sin raíces, sin connotaciones históricas y con pretensiones de transmodernidad. El desafío de las estéticas decoloniales tan en boga, es aparentar que se insertan en la esfera global. Era eso lo que se requería para romper de una vez con décadas de vernaculismo. En esta ciudad los políticos nunca han mirado el paisaje cafetero como una idea compleja, dinámica e interrelacionada; lo asumen como pequeñas parcelas de interés burocrático y ese puede ser el verdadero significado de esa escultura: una pequeña parcela de interés político-burocrático, señalizada mediante un mojón amarillo para demarcar un territorio. Un gesto audaz de cara a otros políticos y no de cara a la ciudadanía. 

Que no se hubiese realizado un concurso ––como se debería haber realizado––, para buscar elegir una obra dentro de un amplio abanico de posibilidades conceptuales y estéticas; me lleva a pronosticar, que en el futuro inmediato, este monumento podría ser destinado a los desguazaderos donde terminan, (por caprichos de alcaldes y de nuevos políticos), “los grandes proyectos” que no están en su agenda.
 Un concurso en donde se gane por meritos, por diseño, por elementos contemporáneos y relación estética de la obra con el espacio, se impone para todas las propuestas futuras en esta parroquia. 
Si esto no cambia, seguiremos soportando lo que se hace en el eje cafetero colombiano desde hace mucho tiempo; que la cultura y el arte se desligaron de los aspectos sociales, mediatizados por la burocracia corrupta y la politiquería inepta. Esta solo entiende la cultura como artes masivas del entretenimiento; la pachanga, la cabalgata equina y los jinetes borrachos, la comparsa de marimondas, la cumbia villera de lechona y año viejo, para los que sandunguean al ritmo impuesto desde las orquestas en las esferas del poder. Carnavales muy cercanos a las estéticas medievales de la que hablara Bajtín ––arriba citado–– pero sin su carga de desacralización, a lo sumo emparentados por las cantidades ingentes de alcohol y chicha que beben los parroquianos de estas comarcas. Esto es en ultimas, resultado del contubernio dañino entre ciertos colectivos artísticos y los políticos de la Societa Honorata que maneja la Cosa Nost Quería decir, la cosa pública. Se sabe por ejemplo, de folcloristas con academia de bambuco y porro, que explotan a decenas de muchachos para que formen sus comparsas sin pagarles un solo peso; mientras ellos ejercen con diligencia labores de lobby y cepillo en las oficinas gubernamentales. De esa manera se llevan millones cada año para sus mochilas arahuacas. No se trata solo de folclor, se trata de tráfico de influencias y politiquería de la más ramplona, a ritmo de bullerengue y de paseo… De paseo millonario. 

 PUNTO FINAL.

Entre estas dos obras que he tomado como ejemplo y excusa para mi disertación, existen muchas otras; Las que han sido y fueron censuradas por los jurados de hígados exquisitos, que como pavos cebados para el paté, desde hace años vienen siendo alimentados en las haciendas de la burguesía bogotana. Entre estas dos anodinas obras que he tomado como referentes del arte actual de esta ciudad, también están las otras obras; las que se expresan desde todo los puntos cardinales de nuestro eje cafetero y gritan con fuerza sobre un puente defectuoso; ese que comunica las regiones más profundas donde crecen las raíces, a otro espacio, en donde los artistas y sus creaciones se expondrán y se comunicarán de manera directa con su público; las flores de esos árboles estéticos, en un futuro se abrirán bajo nuevas y más favorables condiciones de luz.
Eso esperamos, y por eso propugnamos.

Omar García Ramírez
 Oct/2013.
Armenia/ Quindío.

martes, 20 de agosto de 2013

Manuel Castells: “La sociabilidad real se da hoy en Internet”

Manuel Castells: “La sociabilidad real se da hoy en Internet”

En una charla exclusiva, el sociólogo Castells analiza las formas que toman las relaciones entre desiguales, el papel de los movimientos sociales, la renuncia a la toma del poder a cambio del triunfo de las ideas, y el lugar que adquirió la Web para el nacimiento de redes que luego actúan en el terreno. Opina la politóloga Verónica Gago.

“Este es mi café favorito en el mundo”, exagera el sociólogo Manuel Castells antes de sentarse en La Biela en una fría mañana porteña. Vamos desayunando mientras los parroquianos, varios turistas, se toman fotos con los clones de Borges y Bioy, perpetuados en este bar recoleto. “¿Qué es una biela?”, se preguntan algunos, confundidos frente a esas raras piezas mecánicas caladas en las sillas del lugar.
Confundidos y curiosos, como nosotros, que pretendemos exprimir en un desayuno al profesor Castells para que nos ayude a entender los vientos de transición que sacuden al mundo. Necesitaríamos meses. De charla y de lectura.
Recién llegado del agitado Brasil, anda a las corridas este español ciudadano del mundo. Por la tarde partirá a un congreso de Movimientos sociales en Montevideo y viene de recibir un Doctorado honoris Causa en la UNSAM, en una ceremonia que describe emotiva, repartiendo elogios para esa experiencia académica conurbana.
Compenetrado con la necesidad de entender y explicar las características de las sociedades contemporáneas, Castells arriesga lecturas sobre el presente, anclado en sus propias experiencias y estudios, con influencias de Alain Touraine o el marxismo althusseriano. A su amplio conocimiento de América latina, donde vivió y dejó títulos como “La lucha de clases en Chile”, suma varios clásicos, entre ellos el tríptico La era de la información, textos que lo convierten en el teórico más citado en trabajos sobre tecnologías de la comunicación a nivel mundial. Ahora que los contrapoderes también se organizan en red, ausculta el nuevo escenario de los movimientos sociales. Redes de indignación y esperanza tituló su último libro. El es el esperanzado, qué duda cabe. Mientras avanza la charla, sobrevuela una impresión: Castells adelanta. ¿La realidad va detrás?
-Cuando hablamos del origen de su obra siempre hacemos referencia a todos esos exilios forzados por los que debió pasar. Huir del franquismo primero, de los coletazos del Mayo francés después, recalar en el Chile de Allende, ¿qué impacto tuvo en el perfil multicultural de su obra?
-Me marcó en dos sentidos. En términos de contenido aprendí que las relaciones de poder son fundamentales en toda sociedad. Quienes tienen el poder, organizan, institucionalizan nuestras vidas en función de sus intereses y valores. Al mismo tiempo, como agente que, afortunadamente, no acepta ese tipo de instituciones políticas, prácticas sociales y empresariales que no están en concordancia con sus deseos y aspiraciones, aprendí que siempre hay un contrapoder. Todo depende de cómo se jueguen esas relaciones de poder, que no se traducen sólo en el ámbito político o del Estado, sino que están en todos lados. Por eso las estudié en la ciudad, en la globalización, en la tecnología, en las identidades, y finalmente en los movimientos sociales, que para mí son el actor fundamental. Enfrenté a una dictadura como la franquista y recibí la obvia represión. Aprendí que si te enfrentas sufres. De muy joven tuve que huir de España para evitar la cárcel y la tortura, pero seguí tratando de impulsar cambios sociales en otros lugares, otras sociedades. Fui catalán, francés, chileno, brasileño. En Quebec, Canadá, participé del movimiento nacionalista y por lo tanto aprendí otras identidades hasta que finalmente, y ya por elección, debido a mi nicho ecológico que es la gran universidad de investigación anglosajona, acabé en Berkeley, donde pasé muchos años.
-Aquél inicio suyo coincide con lo que podríamos llamar los setentas (el Mayo francés, la buena salud del bloque socialista). En aquellos movimientos sociales, subyacía un factor ideológico que ha perdido presencia en los nuevos, ¿qué cambió?
-Es que los movimientos sociales no buscan tomar el poder. Nunca. Cuando lo intentan se vuelven movimientos político revolucionarios, que es otra cosa. El movimiento social busca cambios en las mentes de las personas y en las categorías culturales con las que la sociedad, normalmente, se piensa a sí misma. Desde ese punto de vista, todos los grandes cambios en Europa y en gran parte del mundo salieron de los movimientos sociales de los 60 en los Estados Unidos, y del Mayo francés, principalmente. Ecologismo, derechos de la mujer, ideas modernas de autogestión, independencia de los partidos políticos… es lo que vemos ahora. Nuestro enemigo en el Mayo francés era tanto el Partido Comunista Francés como el capitalismo. Lo que se hundió fue la izquierda tradicional. Pero lo que ocurrió en el Mayo francés, un típico movimiento social, fue que fracasó en lo que nunca se propuso, tomar el poder. Es un error interpretarlo en categorías tradicionales. No queríamos nada de eso.
-Si tomar el poder no es lo superlativo, ¿estos movimientos no terminan por diluirse o volverse funcionales a las verdaderas redes del poder?
-No, porque lo peor que puede hacer un movimiento social es transformarse en lo mismo que combate. Conquistar el poder para hacer más o menos lo mismo, como ocurre con la social democracia, sepulta la legitimidad del proyecto. Si llegar al poder quiere decir gestionar todo aquello contra lo que se lucha con un acento más de izquierda pues no estamos frente a un movimiento social. Eso es la izquierda política, que es muy importante, pero los cambios culturales implican otro proceso. En términos políticos, un año después del Mayo francés cayó De Gaulle, se tuvo que jubilar. Poco tiempo después cayó la derecha francesa, reemplazada por el socialismo, entonces, también se determinaron cambios políticos en Francia. Pero la idea de que si no se llega al poder se le hace el juego a los que están en el poder es histórica y empíricamente errónea. Todos los movimientos sociales terminan siendo o cooptados o destruidos. Nunca ganan como movimientos sociales. Lo que ganan son sus ideas. La cuestión es cuál es su productividad histórica una vez que desaparecen. ¿Desaparecen y ya, o desaparecen y germinan algunas de esas ideas que los movilizaron?
-Hubo movimientos sociales inspirados en el marxismo, cristalizados en la revolución rusa, desvirtuados con el stalinismo. Hay varios ejemplos como ese, pero lo que primaba eran las identidades fuertes, ideas y conceptos marcados y definidos, ahora parece todo más difuso…
-Sí, pero esa es la fuerza de estos movimientos. La revolución soviética fue un golpe de Estado, en el sentido que reemplazó un estado por otro aunque fuera totalmente distinto y funcionara con una lógica distinta. No nació de un movimiento social, y si nació, éste fue reemplazado y destruido por los bolcheviques, que era un grupo minoritario en el movimiento revolucionario antizarista. Luego el imaginario colectivo de América latina ignoró durante mucho tiempo la realidad de una de las experiencias totalitarias más crueles de la historia. El movimiento social había sido aplastado en esos meses de revolución y durante la guerra civil que siguió. Los marinos de Kronstadt, los campesinos revolucionarios de Makhno, esos eran verdaderos movimientos sociales a los que el régimen soviético se dedicó a liquidar ya desde Lenin. Después Stalin lo organizó científicamente. El movimiento social fue el movimiento obrero, que tuvo un impacto histórico e institucional muy importante expresado en grandes progresos y reformas sociales. Los derechos de los trabajadores, el derecho al voto, el estado de bienestar, lo convierten en un movimiento que dio grandes cambios sociales y políticos de la historia. El movimiento obrero era el movimiento social, pero no fue eso lo que germinó en la Unión Soviética.
-Entonces, ¿con qué podríamos identificar hoy el concepto de lucha de clases si es que cabe alguna equivalencia?
-Es un concepto que tuvo su papel histórico, pero que hoy simplemente no va con esta realidad. Las luchas sociales que hay ahora definitivamente no son luchas de clase. Aquí, en Europa, o en cualquier lugar. Para empezar son luchas por los derechos humanos. La palabra clave para todas estas luchas es dignidad. Se produce un efecto de indignación en defensa de la dignidad, una explosión espontánea de gente que se siente humillada constantemente por el sistema político. No es una lucha de clases, aunque se puede encontrar siempre un contenido en la reivindicación social, en la explotación o la pobreza. Absolutamente. No son construcciones mentales arbitrarias, salen de una experiencia de explotación y ahí sí se puede expresar que hay una estructura de clases en la sociedad, pero las luchas no son de clase en casi ninguna parte del mundo. La única lucha de clase, y esto resulta interesante y paradójico, se está dando en China. El año pasado hubo 10 mil revueltas en China. Se producen entre los campesinos expropiados de sus tierras, los residentes urbanos a quienes les destruyen sus barrios, los arrasan para hacer especulación inmobiliaria, y sobre todo, los jóvenes obreros explotados hasta la muerte en las grandes fábricas.
-Disputas que se derivan de las nuevas matrices laborales en la sociedad en red, que usted describe: ¿es necesario crear nuevas categorías para pensar sociológicamente este cambio?
-Hay que partir de la observación y buscar las categorías más simples. Por ejemplo, en todo el mundo estamos en un proceso de flexibilización laboral y de individualización de estas relaciones. Es un proceso de desocialización. Si la sociedad industrial tomó artesanos y campesinos y los integró a grandes organizaciones en las que materialmente se unificaban las condiciones de trabajo y por lo tanto se formaba una clase, ahora vemos que sucede lo contrario. Asistimos a la disolución de esas grandes concentraciones de trabajo y la formación de redes de trabajo, pequeñas y medianas empresas trabajando para grandes empresas que internamente están descentralizadas y en una red global con otras empresas. En ese mundo las relaciones de trabajo están cada vez más individualizadas. Los sindicatos siguen existiendo y seguirán siendo importantes por un tiempo, pero son organizaciones sociopolíticas, mucho más que organizaciones de defensa de los trabajadores en concreto, salvo en el sector público.
-¿Son organizaciones del pasado, anacrónicas?
-Como manera de organización son formas del pasado. Como fuerza sociopolítica, en algunos países no. Aquí en la Argentina no se puede gestionar nada sin acordar con los sindicatos. Pero también aquí la mitad de la fuerza de trabajo está en la informalidad, y de los empleados formales, la mitad está en el sector público. O sea que la famosa clase obrera del sector privado, representa un mínimo de la fuerza de trabajo.
-La política tradicional parece ajena a este escenario. ¿Quiénes se benefician con este cambio, quiénes lo entendieron o lo fomentan para montar sus estructuras de poder? Yo hablaría del poder financiero, pero también hay redes de poder a diferentes escalas…
-Pregúntele a los brasileños. Lo que está pasando en Brasil es que sus políticos se ven desconcertados al no entender lo que pasa. Porque esto es espontáneo. Y si es espontáneo, ¿dónde están los enemigos?, ¿quiénes son? ¿Cómo se detiene a una red?
Pero vuelvo a su pregunta, quiénes son los que han constituido redes. Efectivamente la red más potente es la de los mercados financieros globales y las instituciones financieras que los manejan. Porque no son solamente mercados.
-¿Esa es la punta de la pirámide de poder hoy?
-Sí y no. Sí, mientras todo es normal. Pero cuando todos se hunden como en el 2008, lo que cuenta es el Estado.
-Bueno, siempre que el Estado sea funcional a ellos…
-Exacto. El poder en última instancia para que ellos sobrevivan implica que el Estado tenga el poder de capturar los impuestos de los ciudadanos y dárselos al sistema financiero. Pero la clave es que el poder está en redes, cada una de esas redes funciona, luego hay jerarquías en esas redes, pero la jerarquía general depende de los momentos. En los últimos 20 años ha sido el sistema financiero. En este momento el sistema financiero para reajustarse o reestructurarse depende de decisiones de los estados. Estados que también funcionan en red, porque no hay ningún estado soberano en este momento. Funcionan en términos de acuerdos, o en casos como la Unión Europea, todo el Estado es estado red, porque las decisiones se toman en la Unión Europea y los estados nación ya no son representantes de la nación si no que son nodos de una red en la que cada uno defiende sus intereses. Por tanto tenemos redes financieras, redes de estados, redes tecnológicas científicas, que son muy importantes. Y dentro de esas redes hay jerarquías distintas en función de la importancia de cada nodo. Los partidos políticos son los que no están en red. Están listados en cada sistema nacional intentando mediar la relación entre ese mundo de poder real en las redes y la ciudadanía. Como no lo hacen, han acabado por convertirse en un fin en sí mismos. Su desprestigio se relaciona con el hecho de que se han convertido en sistemas de poder para sí mismos. Luego negocian con el poder real. Pero para empezar ellos son sus intereses y no los que se supone que representan. Y por ello la última red que se viene construyendo de manera espontánea desde hace unos 5 años es la red de los movimientos sociales que nacen en Internet, se expresan en el espacio público, a veces en las instituciones como en Italia, y que están articulados a nivel mundial.
-¿Y qué peso tienen estas redes de movimientos sociales, redes ciudadanas, en la lucha de poder? ¿Pueden interferir, desprogramar o reprogramar aquéllas otras redes que sí ostentan el poder?
-De momento están cambiando la forma del movimiento social, son movimientos sociales no políticos, porque si fueran políticos no existirían. La mayor parte de la gente que participa de ellos no se fía de los partidos y no quieren líderes. ¿Qué no hacen nada? Sí, consiguen pequeñas victorias. En Brasil era necesario subir el precio del transporte, hoy han cancelado esa suba. Es una victoria reivindicativa que constituye la idea de que los ciudadanos pueden intervenir. En España se logró cancelar la ley de Hipotecas, una ley inicua. Pero el efecto es mucho más lento e intersticial en términos del cambio de mentalidad.
-¿Cómo funciona ese cambio?
-Hablábamos de lucha de clases. En los Estados Unidos, una sociedad que desde hace tiempo no se piensa en estructura de clase, como sociedad desigual, un lugar en el que cada uno si trabaja tiene sus oportunidades. Bueno, esto ha cambiado. He estudiado el movimiento Occupy Wall Street, tengo un mapa, desde septiembre de 2011 a marzo de 2012 se ocuparon más de mil ciudades en Estados Unidos. Con movimientos continuos de debate en Internet y fuera de Internet. De allí ha surgido la idea general del 99 por ciento contra el 1 por ciento. De repente, se dieron cuente de que el 1 por ciento de la población controla el 25 por ciento de la riqueza. Nosotros lo sabíamos, pero para ellos es un choque cultural, y lo importante es que lo sepan las personas y cómo esto se traduce. Por primera vez en 35 años salió una encuesta que preguntaba por los conflictos más importantes en la sociedad. Hoy, la mayoría de los estadounidenses piensa que el conflicto más agudo, el más importante, es entre pobres y ricos.
-O sea lucha de clases…
-(risas) No lo viven como una lucha de clases, pero sí como un reflejo de la desigualdad. Y ese es un cambio cultural fundamental. Pero la mediación política no puede reflejar estos cambios, porque está construida en base a los intereses de las redes de poder dominantes. Por lo tanto es un largo proceso de cambio.
-La hegemonía que tan bien mostró Gramsci…
-Exactamente. Eso es.
-En España, por ejemplo, la frustración del republicanismo todavía es un escollo para crear cualquier alternativa, el peso del franquismo todavía es palpable, en otros lugares lo ha sido la tergiversación de la inspiración marxista. Y estos nuevos casos, como Syriza en Grecia, o Cinco Estrellas en Italia, de fracasar, corren el riesgo de sepultar a estos movimientos incipientes que se replican en el mundo…
-La situación actual en España no tiene nada que ver con la de la Guerra Civil. Hay otro tipo de republicanismo, sobre todo en Cataluña, que es independentista. Pero en el resto de España lo que sí está ocurriendo es que la monarquía cae, principalmente por la ineptitud del rey. Los movimientos sociales en España son espontáneos y claramente anti partidos políticos, aunque ahora haya algunas experiencias de crear partidos ligados al movimiento para participar de las elecciones pero todo es muy incipiente todavía. Fundamentalmente, son formas de aprendizaje de una nueva política. Para ellos lo importante no es el producto sino el proceso. Porque el cambio es mental y es a largo plazo. Y lo que saben, es lo que rechazan.
-Vamos lento porque vamos lejos, dicen…
-Eso es. Y cuáles son los efectos políticos inmediatos: la deslegitimación total del sistema político. Si en estos momentos en las encuestas nos olvidamos de porcentajes y sumamos ciudadanos, el Partido Popular, con mayoría absoluta en el Parlamento, tiene el 13 por ciento del voto directo. Y los socialistas 11. O sea que el 76 por ciento de la gente o no vota, o elige una alternativa distinta a los dos grandes partidos que controlan el conjunto del país. Para intentar entender el proceso de cambio en profundidad necesitamos nuevas formas de medida, otra forma de contar la productividad social de un movimiento, que no son los cambios institucionales ni electorales. Para ellos las instituciones no los representan. No critican la democracia parlamentaria, pero sostienen que ha sido usurpada por partidos que juegan a su propio poder y no les interesa la representación ciudadana. Esto es unánime incluso en Estados Unidos, y en Francia, cuya alternativa de votar socialismo se ha hundido en seis meses.
-¿Qué puede salir de todo esto?
-Distintas cosas. Pueden ser movimientos de extrema derecha. Vemos lo que pasa con Le Pen en Francia. En Escandinavia, empieza a haber movimientos nacionalistas francamente de derecha. Lo único seguro es que los sistemas institucionales establecidos en los últimos 30 años están en crisis total. Los movimientos, de momento, han provocado una crisis de esas instituciones. Su reconstrucción, ligada a la realidad de las nuevas sociedades, en las que por ejemplo la capacidad de autoorganización y debate en la red es fundamental, es un proceso.
-¿Podemos decir entonces que el gran objetivo de estos movimientos es volver representativa de verdad a esta democracia que tan poco representativa?
-Es justamente eso. Son movimientos absolutamente diversos que crecen en culturas y contextos diferentes. Pero tienen tres rasgos comunes. Se inician por Internet, viven siempre en la red y desde allí van y vienen al espacio urbano, son rizomáticos. Segundo, parten de una indignación espontánea, y ante todo defienden su dignidad. Y tercero: en cuestión de objetivos programáticos, tienen tantos programas que no tienen ninguno. No hay un objetivo ni una ideología común, pero como usted dice muy bien, en todos los casos el tema central es la democracia. Son movimientos por la democracia. En España empezó con el movimiento Democracia Real Ya. Ellos hicieron el primer manifiesto. Y propugnan la construcción de un nuevo sistema de representación de las voces de los ciudadanos, son movimientos pro democracia pero de una democracia en cuya búsqueda están. No tienen un modelo definido, pero buscan formas que no son las actuales.
-En América latina los movimientos sociales no replican las características que vemos en Europa, quizá con la excepción de lo que vemos en México con el Yosoy132, o ahora en Brasil…, pero aquí, en la Argentina, los canales de discusión siguen perteneciéndoles a los partidos políticos o a instituciones tradicionales como los medios… ¿A qué lo atribuye?
-Podemos hablar de Chile, allí el movimiento estudiantil es mucho más que estudiantil, y están apoyados por la gran mayoría de la población. Y aunque su dirigente más popular, Camila Vallejo, sea del partido Comunista y otros hayan sido cooptados por las candidaturas socialistas, el movimiento como tal no es un movimiento aliado a los partidos políticos. Camila Vallejo puede ser dirigente porque en el movimiento no se comporta como el partido de vanguardia, es suficientemente inteligente para no hacerlo, porque si no, desaparecería como líder. El movimiento chileno pone en jaque a los partidos tradicionales y, en realidad, la futura presidenta Bachelet está apoyando ese movimiento porque sabe que es su única posibilidad de mantener un contrapoder a los partidos políticos chilenos de la concertación, que son la clase política tradicional, burocrática e incapaz de entender la nueva política. Usted va a ver cada vez más una conexión entre liderazgos fuertes a nivel presidencial y movimientos sociales alternativos que no entran a través de los partidos tradicionales. Esa puede ser la conexión con el sistema político.
-¿En América latina?
-Sí, aquí.
-Porque en Europa el ninguneo a los movimientos es absoluto…
-Claro, no hay nada. Y a la inversa. Los movimientos sociales desconocen al sistema político. Pero aquí en Latinoamérica hay puentes. En México Yosoy132 trabajó por la candidatura de Manuel López Obrador pero como reacción a la manipulación sistemática de las elecciones en México. No son del PRD ni mucho menos, pero tienen alguna clase de relación. En Chile, no están ligados a los partidos pero veo que a través de la conciencia que Michelle Bachelet tiene de esto, se va a establecer una relación muy directa. Estos movimientos han sido decisivos para acabar rápidamente con el gobierno de la derecha en Chile.
-Pero no pueden acceder al poder sin liderazgos…
-Al poder político institucional no. Pero como no quieren el poder político sino cambiar las mentes, diría que sólo sin liderazgos se pueden cambiar las mentes. Ahora, en la Argentina hay un problema teórico. Aquí todo el mundo es peronista.
-Eso lo decía Perón, supongo que con algún interés propio…
-El Estado, los movimientos, se mueve todo en una galaxia en la que todo el mundo es peronista. Y los que no lo son, se construyen paraísos artificiales, pero tampoco llegan al poder, de ninguna manera. Los movimientos en la Argentina solamente empezarán a darse a partir de esa ruptura. Si el peronismo ha logrado crear la imagen de que todo lo que se le opone es de derecha, entonces, lo que se le opone, es de derecha. Allí hay un problema. Pero cuidado, es cierto que hoy no vemos estos movimientos en la Argentina, pero tampoco los veíamos en Brasil hace un mes. Y esa es la cuestión. Estos movimientos son rizomáticos y explotan cuando explotan. Entonces, ahí se juega la capacidad de los políticos de aprender, flexibilizarse y reformar, o no. Pero cualquier violencia mata al movimiento, con violencia no se cambian las mentes.
-¿La opción ha dejado de ser resignación o radicalización?
-Yo creo sí. En España, claramente no hay resignación y tampoco radicalización en términos de la forma de acción, en términos de violencia. Me contaban que en Brasil, en el momento de mayor tensión frente a la alcaldía de San Pablo, hubo gente que empezó a hacer actos violentos y el movimiento los rodeó con el grito no a la violencia, no a la violencia. Igual que en España. Siempre hay violentos, pero el movimiento es consciente de que si entra en esa dinámica, pierde legitimidad.
-Pero serán conscientes de que si disputan el poder real, a cambio recibirán violencia.
-Ah, claro. Pero no significa que vayan a contestar con violencia. No es lo mismo. Hay un profundo sentimiento gandhiano en estos movimientos. Yo estuve en la plaza de Catalunya el 27 de mayo, frente a las cargas de la policía para desalojarlos con sus carros. Eran filas de gente sentada, sin moverse, y la policía machacando. Hubo 147 heridos. Pero cuando caía una fila venía la siguiente y se quedaban aunque les pegaran. Gandhi absoluto.
-Honestamente, veo difícil que eso ocurra en nuestra América latina.
-Yo estuve en Porto Alegre la semana pasada, unos días antes de que empezara la protesta (yo no tuve nada que ver) dando una conferencia sobre esto y una de las cosas que tenían bien en claro es que actuar con violencia autodestruiría los movimientos sociales. Es muy difícil, porque el sistema siempre intentará que haya violencia. La mejor arma para reprimir un movimiento social es provocar la violencia.
-El urbanismo y la sociología de la comunicación, ninguneados en los últimos cincuenta años por la política, encuentran en estos movimientos una manera de trascender las fronteras del mundo académico, ¿qué pasó para que los tomaran como banderas?
-Es cierto. El espacio público urbano es fundamental, porque es donde estos movimientos se articulan de forma visible en la sociedad. Nacen y viven en Internet, pero para encontrarse con la sociedad tienen que salir al espacio público. Pueden plantarse en una plaza y alguien, para ser del movimiento, le bastará con estar allí, aunque sea unos minutos. Los debates que se dan allí son fundamentales para la reconstrucción de la democracia. Como usted decía bien, el confrontar al sistema tiene costos importantes, y esto da miedo, y el miedo sólo se supera estando juntos, o juntas, como dicen en España. Los movimientos siempre hablan en femenino. Nos van a pegar, pero ya no es lo mismo estando juntos. En términos de las formas de expresión el espacio urbano es fundamental. En relación a las reivindicaciones y los orígenes, recuerde que a diferencia de América Latina, en Europa y Estados Unidos el contexto es la crisis financiera con todas sus repercusiones económicas sobre el empleo, etc. Pero esa crisis es una crisis inmobiliaria, una crisis del modelo especulativo de urbanización refrendado por las entidades financieras y que ha servido de base para la acumulación de capital virtual utilizando los activos inmobiliarios inflados hasta el desplome de la burbuja. A nivel del origen de la crisis, la especulación inmobiliaria está en el centro, y a nivel de la gestión de la vida cotidiana de las personas que son las ciudades los grupos de presión inmobiliarios son muy importantes. Todos los municipios están dominados por intereses inmobiliarios. Es la industria más potente del mundo en términos de su capacidad de acumular o destruir capital y su capacidad de penetrar las instituciones a nivel local, que es donde vive la gente.
 -En la sociedad red, es un nodo muy importante en términos de poder…
-Absolutamente.
-¿Y esa es la razón porque la mayoría de las ciudades mientras crecen acentúan sus contradicciones?
-Sí. Vivimos en un planeta que en su mayor parte ya está urbanizado. De aquí a 25 años será urbanizado al 65 por ciento y a mediados de siglo lo será un 80 por ciento. El resto serán apéndices rurales bajo influencia urbana. Es decir, hemos urbanizado el planeta. Y en esa urbanización, cuanto más crecimiento económico puramente desarrollista, como se da hoy en América latina, peores condiciones de vida. Las formas de vida en las ciudades se están deteriorando masivamente. En términos de medio ambiente, pero también en transporte. No es casualidad que la protesta en Brasil empezara por aquí. No es sólo la tarifa, son las cuatro horas por día que la gente tiene que pasar viajando. Buenos Aires no es mejor en ese aspecto. Las formas de organización del transporte no tienen ningún sentido. El único sentido que tienen es que tratan de adaptarse a una organización especulativa del suelo urbano que depende de los intereses inmobiliarios no de los intereses de la ciudad. Es decir que el planeamiento urbano no existe, lo que existe es la supeditación a los intereses de inmobiliarias, de fabricantes de automóviles, etc. El gran gobierno revolucionario del PT en Brasil subvenciona la compra de automóviles para solucionar el problema del transporte. Vivir en las grandes ciudades se convierte cada vez más en un infierno del que la gente intenta escapar por consumo individual, pero estas condiciones colectivas no se arreglan de manera individual.
-Usted habla de este fenómeno, de la metropolización, ¿qué clase de ciudadanos crecen en estos contextos, en el sentido de su actividad política y social? ¿Acelera la ruptura del tejido social?
-El tejido social de convivencia física en el espacio está roto. Hay aislamiento. De hecho, las grandes metrópolis de nuestro tiempo no son la ciudad, Buenos Aires no es la ciudad de Buenos Aires, son muchas ciudades, más o menos conectadas. La gente vive en sus pequeños espacios, no vive en Buenos Aires. Vive en sus barrios y en sus lugares de trabajo. Van de uno a otro y luego tienen la televisión. Eso le pasa a la mayoría de la gente. Los hermosos espacios urbanos que tiene el centro de Buenos Aires quedan para la elite, los turistas y las personas que trabajan allí. Pero eso no es la ciudad real. Sabemos que el tejido social en el espacio se ha roto pero se ha recompuesto en Internet, donde hay una sociabilidad real y verdaderamente importante.
-¿Internet puede volver a crear ciudadanos político sociales?
-La prueba está en que los movimientos sociales nacen en Internet. Se crean ciudadanos en todo lugar de agregación libre. Y como el único lugar de agregación libre que nos queda es Internet, pues allí están. Pero en cuanto pueden salir a la calle y crear espacios físicos urbanos en los que se tocan los unos a los otros lo hacen, porque somos humanos y el tocarnos es fundamental.
-Eso es negar de plano la famosa fragmentación que promovería Internet…
-Ese es mi problema con los medios de comunicación. Los periodistas, salvo honrosas excepciones como la suya, no leen a los académicos. Todos hablan de Internet como si ya supieran todo por lo que hacen sus hijos o nietos. Existen en el mundo más de 60 institutos de investigación dedicados al estudio empírico de las relacione entre Internet, la cultura, la economía, la sociedad, etc. Por lo tanto, hay muchas cosas que ya sabemos, con datos duros. Una de esas cosas es que Internet en lugar de disminuir la sociabilidad la aumenta, en lugar de alienar contribuye a desalienar, en lugar de deprimir contribuye a manejar mejor la depresión y el stress. Por una razón muy sencilla: un sistema de comunicación libre e interactivo agrupa a la gente. Cuanto más usamos Internet, más sociabilidad física tenemos.
-¿Cómo evalúa usted el nivel de riesgo de que Internet deje de ser libre, de que esté más controlada?
-Internet está absolutamente vigilada. Pero no está controlada, en el sentido de que no se puede interrumpir el mensaje. Se puede detectar y reprimir al mensajero. Si uno es el mensajero, es un problema, pero si uno es el mensaje, sigue. En Turquía en este momento están deteniendo a personas a través de sus cuentas de Twitter. Les dan una paliza, los meten en la cárcel, pero el mensaje continúa. Hay control, sí, pero la cantidad de interacción que hay en Internet es tal que resulta muy difícil incluso en los sistemas totalitarios llegar a controlar Internet. Sólo se puede controlarla desconectándola. Pero Internet ya es como la electricidad, todo depende de las redes informáticas de comunicación, y en particular de Internet. Por lo tanto, desconectar Internet físicamente es prácticamente imposible. Egipto lo intentó, pero al cabo de cuatro días lo tuvieron que reestablecer porque nada funcionaba. El control de Internet es muy difícil. Ya los creadores de Internet diseñaron unos protocolos que hacen muy difícil dividir Internet en sectores que sí y sectores que no. Siempre hay formas de conexión y luego hay una comunidad de hackers e internautas, que suman millones de militantes, que están constantemente ayudando y acudiendo en socorro de cualquier amenaza a Internet. Pero es una lucha constante.
-¿Cuánto favorecen o facilitan esta vigilancia las grandes compañías del sector, como Facebook, Twitter o Google?
-No favorecen la vigilancia pero tampoco se resisten. Cuando se ven presionados entregan los datos. Ya hemos visto que lo han hecho. Pero a la vez favorecen el mantenimiento de la libre circulación en Internet. Y luchan por ello pues su negocio es que haya mucho más tráfico, no menos. Viven de vender comunicación libre.
-Su obra toda es una apuesta al cambio social. ¿Trabaja siempre pensando en la acción, en llevar al territorio sus trabajos académicos? Y si es así: ¿cómo le gustaría, una vez que pase este momento de confusión, de transición sociopolítica, que sus ideas se vieran reflejadas?
-Siempre he mantenido esa tensión entre el deseo de contribuir al cambio social y la investigación. Pero con distintas intensidades en mi vida, y no es una cuestión de edad, sino que en la primera parte de mi carrera lo más importante era el cambio social. Después, en la medida en que por mi experiencia vi que la mayoría de los agentes políticos no eran agentes de cambio social, me distancié de la política como tal, aunque nunca fui un militante en le sentido estricto estuve muy cerca del PSOE en España. Cuando me distancié, la investigación, que siempre había sido central en mi vida, pasó a ocupar un lugar absolutamente predominante. El cambio social no era mi pasión, sino mi deber, mi deber moral frente a la sociedad para no quedarme encerrado solo como un investigador. Soy feliz escribiendo, investigando, enseñando, eso es el centro de mi vida. Y en la investigación, cuanto más ligada al cambio social está, más importante es que sea rigurosa y no ideológica. Hacia el futuro yo estoy intentando entender realmente cuál es este proceso de transición histórica hacia nuevas formas de civilidad y de construcción de la coexistencia entre los humanos, algo que veo en peligro. Yo no quería escribir el libro que acabo de publicar sobre Redes de indignación y esperanza. Era muy pronto para sacar conclusiones, apenas estaba observando lo que pasaba. Pero fue la presión del movimiento mismo para que hubiera una primera cosa, y resultó ser el libro que más rápido escribí en mi vida, apenas 7 meses. Voy a seguir en esto, pero a la vez llevo tres tipos de investigación empírica. Una, sobre la crisis, que aquí en la Argentina no la notan, también trabajo sobre las formas de economía alternativa que están surgiendo en Europa, que es básicamente la economía de la solidaridad, y estoy trabajando en ver cómo estos movimientos, que ya estoy convencido son el patrón de movimientos sociales de nuestro siglo, llegan o no a producir cambios institucionales y de políticas sociales y económicas que afecten de manera positiva la vida de la gente. Esto no lo podemos inventar, ninguna teoría lo puede solucionar, es mirando estos movimientos que aprenderemos. Por qué las cosas fueron mejor en Túnez que en Egipto, por qué el sistema brasileño parece reaccionar de manera diferente, porque de repente la presidenta de Brasil dice estar de acuerdo con algunos de sus reclamos mientras que en Turquía los van a ametrallar. La relación entre movimientos y cambio institucional requiere una investigación cuidadosa desde dentro y fuera del movimiento. En eso estoy.
TOMADO DE:
"REVISTA Ñ"