martes, 22 de enero de 2013

Una carga de mierda, cuento de John Berger


Una carga de mierda, 

cuento de John Berger*

John Berger

En uno de sus libros, Milan Kundera desecha la idea de Dios porque, en su opinión, ningún dios podría haber concebido una forma de vida en la que fuera necesario cagar. El modo en que enuncia este argumento lleva a pensar que no se trata tan sólo de una broma. Kundera expresa una profunda afrenta, una afrenta típicamente elitista. Transforma la repugnancia natural en shock moral, un ejercicio muy caro a las élites. El coraje, por ejemplo, es una virtud por todos admirada, pero sólo las élites condenan la cobardía como una bajeza. Los desposeídos saben perfectamente que en determinadas circunstancias todos somos capaces de ser cobardes.

La semana pasada cargué y enterré la mierda de todo el año. La mierda de mi familia y de los amigos que nos visitan. Hay que hacerlo una vez por año y mayo es el momento oportuno. Antes de mayo, se corre el riesgo de que esté congelada y más tarde llegan las moscas. Hay muchas moscas en verano a causa del ganado. Un hombre, hablándome de su soledad, me dijo no hace mucho: “El invierno pasado llegué a echar de menos las moscas”.
Primero cavo un foso en la tierra del tamaño de una tumba, pero no tan profundo. Los bordes deben ser firmes para que la carretilla no se deslice cuando la inclino para descargarla. Estando parado allí en el foso, se acerca Mick, el perro de mi vecino. Lo conozco desde que era cachorro, pero nunca me ha visto así, frente a él, más bajo que un enano. Su sentido de la proporción se perturba y comienza a ladrar.
No importa con cuánta calma comience la tarea de cargar la mierda junto a la casa, transportarla en la carretilla y descargarla en el foso: fatalmente llega el momento en que comienza a brotar en mí una especie de ira. ¿Contra qué o contra quién? Creo que se trata de una ira atávica. En todas las lenguas “¡Mierda!” es una maldición que expresa exasperación. Algo de lo que uno quiere liberarse. Los gatos esconden la suya, cubriéndola con tierra con una de sus patas. Los hombres maldicen por la suya. Nombrar eso que junto con la pala, finalmente, me provoca una ira irracional. ¡Mierda!

Si de mierda se trata, la bosta de vaca y de caballo es relativamente más agradable. Puede inclusive provocar nostalgia. Huele a grano fermentado y hay un rastro lejano de heno y hierba en su olor. La mierda de las gallinas es desagradable e irrita la garganta por la cantidad de amoníaco que contiene.
Mientras se limpia un gallinero hay que salir de vez en cuando a tomar un poco de aire fresco. El olor del excremento de los cerdos y de los hombres, sin embargo, es el peor porque el hombre y el cerdo son animales carnívoros y su apetito es indiscriminado. Tiene un resabio dulce, nauseabundo de podredumbre. Hay un rastro lejano de muerte.
Mientras cargo la pala, me vienen a la mente imágenes del Paraíso. No de ángeles ni trompetas celestiales, sino de jardines amurallados, una fuente de agua pura, los colores frescos de las flores, una tela blanca inmaculada extendida sobre la hierba, ambrosía. El sueño de la pureza y la frescura nació de la omnipresencia del estiércol y el polvo. Esta polaridad es, sin duda, una de las más profundas de la imaginación humana, vinculada íntimamente a la idea del hogar como refugio –refugio contra muchas cosas, incluida la suciedad–.

En el mundo de la higiene moderna, la pureza se ha convertido en un término puramente metafórico o moralista. Carece de toda realidad sensual. En los hogares pobres de Turquía, en cambio, el primer gesto de hospitalidad consiste en ofrecer agua de colonia de limón para que el viajero se refresque las manos, los brazos, el cuello, el rostro. Este gesto me recuerda un proverbio turco sobre los elitistas: “Se cree un ramito de perejil en medio de la mierda del mundo”.
La mierda cae deslizándose de la carretilla, cuando se la vuelca con un peso muerto. El hedor dulce acicatea, irrita con su teleología. El olor a podredumbre y de allí al olor a putrefacción, a corrupción. El olor a muerte, sin duda. No conduce, sin embargo, a la vergüenza ni al pecado ni al mal, tal como el puritanismo con su desprecio por el cuerpo ha tratado de demostrar. Sus colores son el dorado bruñido, el marrón oscuro, el negro: los colores del cuadro de Rembrandt de Alejandro el Grande con su yelmo.
Mi hijo Yves me cuenta una historia que ha escuchado en la escuela del pueblo:
Es otoño en la huerta. Una manzana rosada cae sobre la hierba, junto a una bosta de vaca. Amistosa y gentil, la bosta de vaca le dice a la manzana: “Buenos días, Madame La Pomme, ¿cómo está usted?”
La manzana ignora el comentario porque considera que la conversación es ajena a su dignidad.
“¿Buen tiempo, no cree, Madame La Pomme?”
Silencio.
“Verá que la hierba es aquí muy dulce, Madame La Pomme.”
Silencio, otra vez.
En ese momento, un hombre atraviesa la huerta, ve la manzana rosada y se agacha a recogerla. Mientras el hombre muerde la manzana, la bosta de vaca no se puede contener y dice: “¡Nos vemos pronto, Madame La Pomme!”
La mierda aparece en chistes tan universales porque nos recuerda, de modo ineludible, nuestra dualidad, nuestra naturaleza sucia y nuestro deseo de gloria. Es la última lèse majesté.

Mientras descargo la tercera carretilla de mierda, canta un pinzón en uno de los ciruelos. Nadie sabe muy bien por qué los pájaros cantan tanto. Lo único cierto es que no cantan para engañarse a sí mismos ni para engañar a los demás. Cantan para anunciarse tales como son. Comparada con la transparencia del canto de un pájaro, nuestra habla es opaca porque se ve obligada a buscar la verdad en lugar de actuarla.
Pienso en la gente cuya mierda transporto. Tantas personas diferentes. La mierda es lo que queda atrás, indiferenciado: el desecho de la energía recibida y consumida. La energía tiene miles de formas, pero para nosotros, humanos, con nuestra mierda humana, toda energía es en parte verbal. Hablo conmigo mismo mientras levanto la pala, prudentemente, para que no caiga demasiado al suelo. El mal no deriva de la materia que se descompone, sino de la capacidad humana de persuadirse a uno mismo.
La imagen del buen salvaje del siglo XVIII era miope. Confundía un ancestro distante con los animales que ese hombre cazaba. Todos los animales viven conforme a las leyes de su especie. No conocen la piedad (aunque conocen el duelo), pero nunca son perversos. Es por ello que los cazadores creen que algunos animales son naturalmente nobles y poseen una gracia espiritual que armoniza con su gracia física. No es el caso del hombre.
No existe el mal en la naturaleza que nos rodea. Es necesario repetirlo una y otra vez, porque una de las formas humanas de persuadirse a cometer actos inhumanos consiste en tomar como ejemplo la supuesta crueldad de la naturaleza.
El cuclillo recién empollado, todavía ciego y sin plumas, tiene un hueco especial, como un hoyuelo en su lomo, para cargar a los otros pichones, uno por uno, hacia afuera del nido. La crueldad es el resultado de persuadirse a uno mismo a la imposición del dolor o a la ignorancia consciente del dolor ya infligido. El cuclillo no se persuade de nada. Tampoco el lobo.
La historia de la Tentación con la otra manzana (ya no Madame La Pomme) está bien contada. “… la serpiente dijo a la mujer, Tú, de seguro, no morirás.” La mujer no ha comido aún la manzana y, sin embargo, las palabras de la serpiente son la primera mentira o el primer juego de palabras vacías. (¡Mierda! Se me ha caído media palada.) La máscara inocente del mal.
“Una cierta fraseología es inevitable –dijo George Orwell– si se quiere nombrar las cosas sin apelar a las imágenes mentales de las cosas.”

La despreocupación con que cagan las vacas es quizá parte de la placidez y la paciencia que ha llevado a muchas culturas a considerarlas animales sagrados.
El mal aborrece todo aquello que ha sido creado físicamente. La primera manifestación de ese odio consiste en separar el orden de las palabras del orden de aquello que denotan. ¡Oh Hansard!
Mick, el perro, me sigue mientras llevo la carretilla hasta el foso. “¡No más ovejas!”, le digo. La primavera pasada, junto con otro perro, mató tres ovejas. Mick baja la cola. Después de haber matado lo encadenaron durante tres meses. El tono un tanto sarcástico de mi voz, la palabra “oveja”, y el recuerdo de la cadena lo hacen recular un poco. Pero mentalmente no nombra la sangre derramada con otro nombre, y me mira fijo a los ojos.

No muy lejos de donde cavé el foso, florece un lilo. Ha de haber cambiado el viento y ahora sopla desde el sur, porque siento el aroma del lilo a través de la mierda. Huele a menta mezclada con mucha miel.
El perfume me devuelve a mi primera infancia, al primer jardín que conocí, y de pronto, desde aquel tiempo tan lejano, vuelven ambos olores, desde mucho antes que el lilo o la mierda tuvieran nombre para mí.






Luis Hernández Navarro

John Berger en tres tiempos

EL ESCRITOR

En la era de los ordenadores, John Berger escribe con una pluma fuente Sheaffer. Le fascina su tinta negra que asegura es "la más maravillosa tinta negra del mundo, por los otros colores que tiene". También dibuja con ella.

Foto: tomada de Selected Essays by John Berger editado porPantheon Books
Escribe todo lo que puede, lentamente, con dificultad, durante cuatro o cinco horas diarias, después de resolver los requerimientos del día imposibles de ignorar. Busca minuciosamente la palabra adecuada, revisando en su cuerpo su significado específico. Redacta varios borradores de un mismo escrito. Los revisa y corrige detenidamente.
Dotado de una capacidad de observación sorprendente, su obra es fruto de ella y no de algo que necesariamente le haya ocurrido. Es producto de la experiencia. La narración le permite entrar en otras pieles. Escribe una vez que el silencio que necesita ser llenado encuentra un espacio en su mente. Construye sus relatos como si fueran objetos visibles.
Simultáneamente cronista y testigo, es, por encima de todo, un narrador de historias, tanto así que, hasta en sus ensayos sobre arte, lo que hace es contar historias. Como artista sigue sus instintos, y el instinto lo ha llevado a la historia de las gentes. Es un receptor natural de las historias de los otros y su arte consiste en relatarlas con una gran profundidad. Se sumerge en ellas con pasión e identidad.
Pintor y profesor de dibujo hasta los treinta años, comenzó a escribir porque sentía que lo que pasaba en el mundo era tan urgente que necesitaba hacer algo. Terminaba la década los cincuenta. La Guerra fría estaba en su apogeo. Sin participar en sus filas, se encontraba cerca del Partido Comunista. Era una figura que hablaba en mítines y daba conferencias. Explicó cómo tomó esta ruta en una carta a sus críticos aparecida en 1954: "Lejos de que la política me haya arrastrado al arte, es el arte el que me ha arrastrado hacia la política."
Publicó sus primeros escritos en el semanario de izquierda británico Tribune y, a partir de 1951, en el New Statesman. Eran pequeños ensayos de entre tres y cinco páginas, constreñidos por el formato de una revista. Una colección de estos polémicos escritos se publicó en 1960 con el título de Permanent Red. No olvidó el dibujo, aunque lo mantuvo como actividad secundaria.
Antes, sin embargo, había tenido ya una incursión literaria. Reclutado en 1944 por la Armada, convivió por primera ocasión con trabajadores de carne. "Acostumbraba –cuenta– a escribir cartas para ellos, dirigidas a sus padres y, en ocasiones, a sus novias. Fue la primera ocasión en la que escribí públicamente en un año muy desagradable. Fue una experiencia muy importante."
En 1958 publicó su primera novela, Un pintor en nuestro tiempo, nacida de su convivencia con un grupo de refugiados políticos del fascismo. Escrita en la forma de un diario, trata de un emigrado húngaro que regresa a Budapest durante el levantamiento de ese año. El libro aborda los dilemas de la relación entre arte y política de la que el autor se ocupó en sus primeros escritos. Termina con el regreso del pintor a Budapest, después de la intervención del Ejército Rojo. La crítica lo recibió con una gran hostilidad. Fue acusado de simpatizar con el totalitarismo.
La experiencia le hizo dudar en escribir más. Sin embargo, a pesar de este atropellado comienzo literario, siguió adelante. Tanto así que, casi cincuenta años más tarde, Berger ha publicado casi treinta libros, diez de ellos novelas, además de poemas, ensayos, crítica de arte, guiones de cine y cuentos. Sus colaboraciones aparecen en varios periódicos, La Jornada, entre ellos.
EL MOTOCICLISTA
A sus ochenta y un años de edad, John Berger conduce una motocicleta Honda. Con ella ha recorrido Europa de arriba abajo. Con ella se mueve por las calles de Paris. Con ella se traslada Jean Ferrero, el personaje de su novela Hacia la boda, una historia de amor en tiempos de sida.

Foto: Evangelina Robles
"El asunto al manejar una moto es que tú manejas el riesgo, así que deja de ser desconocido o de estar en la penumbra –dice John en una entrevista–. Otra cosa es que cuando vas manejando el tiempo entre la decisión y el efecto de esa decisión –y ambos dependen de todo tu cuerpo– es el más breve posible. Tú decides algo y sucede, y en ese momento estás acercándote a algo que está muy cerca de la libertad existencial."
Esa libertad existencial es la misma con la que escribe: es él quien se pone sus límites, uno de los más grandes lujos que un escritor puede darse. Su voz, libre, clara, directa y práctica, es lo contrario de muchos críticos e intelectuales de la época. Esa libertad interior es la que le permite eludir compartimentar sus trabajos, intereses y observaciones; la que lo alimenta para expresar sus radicales puntos de vista.
Polémico, original, su curiosidad creativa y versatilidad lo hacen estar muy lejos de los intelectuales "específicos", aquellos que, trabajando dentro de una disciplina determinada, son capaces de utilizar su competencia en cualquier otro campo. La "especificad" provoca la pérdida de la visión de todo lo que se encuentra por fuera del campo inmediato de especialización y el sacrificio de la cultura general. Propios del neoliberalismo, estos intelectuales ha querido sustituir lo que Michel Foucault ha llamado el intelectual universal. A diferencia de ellos, Berger es, por la vastedad y el amplio registro de su obra, un intelectual universal.
A pesar de que una parte muy importante de su obra fue escrita fuera de Inglaterra, el autor de Puerca tierra es uno de los intelectuales británicos más influyentes de nuestro tiempo. Aunque ha confesado que le gustaría que el español fuera su lengua materna, es un escritor de lengua inglesa. Nació en ella y ha vivido en ella.
Heredó de George Orwell, su mentor en las páginas de The Tribune, la preocupación por evitar los clichés, las metáforas manidas, el lenguaje perezoso. Aunque no fue cercano a él, su influencia fue muy importante en el uso del lenguaje, en la búsqueda de la claridad. Orwell corregía sin piedad todos los textos que Berger le presentaba.
Lejos del dogmatismo y de las modas intelectuales al uso, formado en el humanismo marxista, sigue reivindicándose como tal. En el texto Donde hallar nuestro lugar, que forma parte del libro Con la esperanza entre los dientes, el autor escribe: "Alguien pregunta: ¿sigues siendo marxista? Y, después de un apasionado relato sobre la explotación contemporánea y la resistencia que la enfrenta, se responde: ‘Sí, entre otras muchas cosas, sigo siendo marxista.’"
Sus raíces intelectuales, empero, son mucho más vastas. Además de Orwell, es significativa en su educación política la influencia de autores como T. S. Elliot, Walter Benjamin, Roland Barthes, D. H. Lawrence y el marxista austriaco Ernest Fisher. Baruch Spinoza es una fuente de inspiración constante. Más recientemente ve enRetórica bélica, de Arundhati Roy, una obra apasionada, insolente, que, a pesar de describir situaciones terribles, nunca pierde el sentido de que hay cosas maravillosas en la vida.
Prófugo de la academia, Berger se encuentra a años luz de distancia de los "intelectuales escolares". Su pericia poco tiene que ver con la acreditación necesaria como experto académico en un área. Su trayectoria puede muy bien ser encuadrada en la definición de artista e intelectual independiente elaborada por C. Wright Mills, es decir, de "las contadas personalidades que siguen estando equipadas para ofrecer resistencia y combatir el proceso de estereotipación y la muerte consiguiente de las cosas dotadas de vida genuina".
Su paso por distintas escuelas fue una pesadilla. "Mi niñez, de los seis a los doce años –ha dicho– se gastó en esas monstruosas instituciones." Se escapó del colegio a los dieciséis años para estudiar bellas artes. El motivo principal de su huída –dijo aEl País– fue "para mirar mujeres desnudas". Es hasta su entrada a la Escuela de Arte de Chelsea, donde pasó tiempo dibujando, pintando, escribiendo y platicando con Henry Moore, que encuentra un lugar al cual pertenecer.
Su verdadera educación, la de la escuela de la vida, transcurre en dos momentos. "Tuve dos educaciones –contó a The San Francisco Chronicle–. Una, entre los dieciséis y los treinta años, cuando viví en Londres. Estuve acompañado de refugiados europeos del fascismo, eran refugiados políticos, en su mayoría judíos. Eran mayores que yo. Había pintores, escritores, filósofos, historiadores. De ellos aprendí de historia, en un sentido continental; de política, en un sentido mucho más amplio del que se debatía públicamente en Inglaterra entonces.
Mi segunda educación vino mucho después. Comenzó hace veinticinco años, cuando me mudé a una villa en los Alpes. Las personas allí, de quienes me hice muy cercano, eran viejos campesinos que alguna vez habían sido hijos de campesinos de subsistencia. Con ellos aprendí de la naturaleza, la tierra, las estaciones, y otras prioridades de acuerdo con las que vivían. Aprendí un montón de asuntos prácticos y físicos y una especie de código ético."
"Cuando llegué a los Alpes –comentó en otra ocasión– pasaba la mayor parte del tiempo con los viejos campesinos, porque los jóvenes se habían ido, y ellos se convirtieron en mis maestros. Fue como mi universidad, porque no fui a la universidad. Aprendí toda una constelación de sentido y valores sobre la vida."
EL CAMPESINO
John Berger nació el 5 de noviembre de 1926 en el seno de una familia de clase media. Su madre era una mujer trabajadora, sufragista y vegetariana, mientras que su padre, ex oficial sin ninguna calificación, se convirtió en director de una empresa de consultoría en finanzas. Tanto su padre como su abuelo, que provenían de Trieste, eran judíos. Sin embargo, su progenitor se convirtió al catolicismo. Después de la guerra, con una beca del ejército, el autor estudió tres años en la Escuela de Arte de Chelsea, en Londres.
En 1962 emigró a Francia. Él rechaza que se trate de un exilio. Fue su decisión hacerlo. Nunca añoró regresar a su país de origen. Oficialmente se ha dicho que su salida fue para convertirse en un escritor europeo. La realidad, según contó a Juan Cruz en El País, es distinta: "Me fui muy confuso de Inglaterra –dice–. Sin saber por qué, algo me impulsó a irme. En realidad no me sentía en casa en la Inglaterra de los años setenta. Me daba cuenta de que mi conducta espontánea, mi forma de hablar, mi lenguaje corporal producían vergüenza en los demás."
Diez años después, en 1972, G, novela experimental en la que incursiona en lo que después sería el postmodernismo, gana el Broker Prize. Durante el discurso de aceptación del premio fustiga a su patrocinador, Broker McConnell, por sus vínculos históricos de explotación en Indias Orientales. Dona, además, la mitad del dinero a los Panteras Negras.
¿Fue cínica su actitud? En lo absoluto. Un cínico –dice Oscar Wilde– es aquel que conoce el precio de todas las cosas, pero el valor de nada. Berger es, desde este punto de vista, todo menos un cínico.
También, en 1972, la cadena bbc produce la serie de televisión Modos de ver y publica un libro. El texto se convierte en una obra de referencia y de culto para la crítica de arte. De paso, Berger encuentra en su trabajo en ese medio electrónico la forma de ganarse la vida. "Durante cuarenta años –dijo en 2001 al periódico inglésThe Telegraph– me he ganado la vida modestamente escribiendo. Pero hasta hace cinco años el dinero era un problema. Así es que la televisión era un envío de Dios."
Durante la década de los setenta, Berger colabora con el director de cine Alain Tanner en varios guiones de cine. Salamadra, Jonás que cumplirá 25 en el año 2000Messidor son producto de esa asociación.
Figura importante de la izquierda de los cincuenta, Berger vive el ’68 más desde Praga que desde Paris. En el mayo de ’68 recolecta cerezas para los ferrocarrileros que estaban en huelga. En julio va a Praga a entregar mensajes de apoyo a la "primavera democrática" de Alexander Dubcek, por petición de su amigo Ernest Fischer. Los comunistas dogmáticos lo acusaron en aquel entonces de traidor.
En 1974 publica uno de sus más importantes libros para comprender el mundo actual:Un séptimo hombre, en el que describe la experiencia de los trabajadores migrantes en Europa. El texto tocó la fibra íntima de quienes han experimentado el desarraigo y la separación de las familias. "Puede pasar que un libro –escribió el autor en el prólogo de 2002– al contrario de lo que les ocurre a sus autores, se vaya haciendo más joven con el paso de los años. Y creo que esto es lo que puede haberle ocurrido a Un séptimo hombre."
La experencia de escribir esta obra le abrió, además, un nuevo horizonte. Gracias a él descubrió que no sabía suficiente sobre la gente de la que escribía. "Me di cuenta –asegura– de que podía imaginar su experiencia al arribar a las ciudades, pero no podía imaginar fácilmente la vida que habían dejado atrás."
A partir de entonces se traslada a Quincy, una pequeña villa rural en la Alta Saboya francesa, en la que vive y trabaja como granjero. "Fui a aprender y a escuchar para escribir, no para hablar por ellos –cuenta–. Quería vivir algo que fuera relevante en los Alpes franceses. En lugar de retirarme, estaba haciendo mi hogar en un punto nodal de un importante desarrollo en la historia contemporánea del mundo."
De esa experiencia de vida rural nació su más importante trabajo de ficción: la trilogía De sus fatigas, integrada por las novelas Puerca tierraUna vez en Europa y Lila y Flag, uno de los más grandes homenajes literarios que se han escrito en la época contemporánea a la cultura campesina.
EL POETA
Susan Sontag escribió en In Contemporany English letters: "Admiro y amo los libros de John Berger. Escribe acerca de lo que es importante y no sólo interesante."

Foto: Henri Cartier-Bresson
© Magnum Photos, cortesía de Bloomsbury publishers
Efectivamente, John escribe sobre lo que es importante. Muestra de ello es Con la esperanza entre los dientes, un libro que lo mismo recupera al poeta turco Nazin Hikmet que reflexiona sobre la resistencia palestina.
El texto transcurre a dos manos descifrando simultáneamente los misterios del gran arte y narrando la vida de los desposeídos. Los ensayos que integran el volumen son de una energía contagiosa, de una curiosidad creativa infatigable. Todos están escritos con una prosa mesurada, un poder de observación sorprendente, desbordantes en detalles significativos y fineza conceptual.
Imbuido por un sentido trágico de la vida –que no le impide reír a menudo–, estos escritos documentan un fundado optimismo en la capacidad de resistencia de los de abajo. A pesar de que no sea consciente de la esperanza que introduce en su obra, ésta existe, no como "una promesa ni una póliza de seguro", sino como el llegar a ser.
"La poesía actual –dice Berger– tiene una especie de urgencia política. La poesía honra nuestro sentido de que necesitamos limpiar el lenguaje antes de usarlo adecuadamente." Con la esperanza entre los dientes es, en ese sentido, un gran trabajo poético.

TOMADO DE:

lunes, 21 de enero de 2013

GERMAN OSSA ENTREVISTA A OMAR GARCÍA RAMÍREZ





GERMAN OSSA
(GEROSS)
ENTREVISTA A:
OMAR GARCÍA RAMÍREZ



La obra poética y literaria de Omar García Ramírez, es de obligada referencia cuando se trata de hablar de la literatura del  Eje cafetero. Periférica, underground, experimental y contestataria; esta obra no encaja en los códigos del mainstream; tal vez, el escritor ha tocado demasiados puntos negros, tal vez el autor ha llevado algunos elementos de su literatura  hasta límites que no son bien asimilados por el establecimiento cultural. Él, a su manera, ha hecho su andadura: tres premios literarios regionales; dos reconocimientos nacionales; cinco libros publicados; seis obras inéditas, listas para salir a buscar su camino y decenas de artículos polémicos en la web, lo posicionan como un personaje en las fronteras externas de la literatura bien pensante o políticamente correcta. Algunos, lo califican de ácrata y hasta panfletario ––cosa que él no niega del todo––, pero cuando se profundiza sin prejuicios en algunas de sus trabajos, se puede ver más allá del slogan, algo que conecta con la verdadera poesía. Una poesía llena de humor acido, corrosivo y negro; una poesía hecha de desencanto pero también de humanismo. Una poesía autocrítica y en constante revisión, una obra que se aborda como trabajo de escritura sobre la condición postmoderna del poeta en tiempos de guerra, de alienación global, de ciertos oscurantismos virtuales.
De alguna manera, su obra ha sido ocultada, solo se publica de vez en cuando, algo del “fast food” de la primeras épocas; pero su verdadero trabajos de fondo, los de buceo a pulmón limpio siguen casi inéditos. Están, sin lugar a dudas, en la cazuela sonde se preparan los platos fuertes de la literatura colombiana. No vamos a utilizar la manida frase de: “el secreto mejor guardado de la literatura colombiana” (utilizada por editorialistas y panegiristas de talentos que, algunas veces, están muy sobredimensionados) porque de su valía saben muchos, enemigos y amigos; pero sí sabemos que es uno de los autores más ocultados y de cierta manera destinados a una reserva fronteriza de los talentos que no merodean la feria de las vanidades; uno de los autores colombianos que se mantiene en calidad de outsider ya que el oficio de trepa, obsecuente y snob no va bien con su talante. Omar García Ramírez, no solo escribe poesía, investiga la forma de hacerla nueva y vigorosa, mediante las técnicas que van desde el cuento policiaco, el pastiche cultural y el collage.
Alguien dijo de vanguardias extinguidas; Omar García Ramírez siempre ha estado en la vanguardia, aunque sus moldes literarios pudieran ser clásicos. Es un escritor que rompe las fronteras y sale como los buenos salvajes en busca de su propia verdad.  En un país en donde la mayoría de la poética tiene el acento burocrático, narcótico y provinciano del lirismo para públicos dormidos; la obra de Omar García Ramírez supone un choque de alto voltaje, una pesadilla de fuego denso, una carrera a campo traviesa, trago fuerte en una taberna peligrosa; Un paseo por los límites portuarios de ciudades afectadas por la gangrena del odio, bajo torrenciales aguaceros purpura.
Aquí el salvaje, el polémico, el beduino obscuro, el poeta.

G.O.


G.O.––Los libros “La Balsa de la Medusa”, “Sobre el Jardín de las Delicias” y “Urbana Geografía Fraterna” Componen tres etapas de su obra literaria. ¿Cómo definirías esos trabajos literarios?
O.G.R.––Sí, comenzando por “El jardín de las Delicias”, siguiendo con “Geografía fraterna” y terminando con “La Balsa de la Medusa”; son tres obras desarrolladas y escritas en el trascurso de 20 años. La primera es una obra en donde estaban todas mis inquietudes literarias de juventud y en donde de alguna manera, plasmé algunas referencias que conectaban con las problemáticas sociales y espirituales de aquella época. “Últimos Signos” y de “Los Regresos” son poemas que de alguna manera fueron una especie de declaración de intenciones; por una parte los elementos sociales y por otra el surrealismo; la historia corta en clave poética. En “Urbana Geografía Fraterna” hablo más de la amistad y de la vida en nuestras ciudades de provincia y la compleja situación de comenzar  asumir la adultez en medio de un país caótico y bajo la sombra de la guerra. De cierta manera, nuestra generación es de sobrevivientes. Y en “La Balsa de la Medusa” se puede apreciar una obra del desarraigo y el exilio. Es una obra madura, y creo que su poesía es más ambiciosa, experimental y rigurosa. En ella los elementos puramente literarios se manifiestan estilizados y depurados.

G.O.––“La Balsa de La Medusa”, y “Altamira 2001” (la novela), las escribiste en Europa. De qué forma influyó este periplo en tu voz como escritor?
O.G.R.––Sí, algunos de los poemas de “Sobre el Jardín de las Delicias” en especial “La balada de Estocolmo” la escribí en Suecia en donde estuve una temporada en el año 93 (que fue mi primera experiencia europea); fue sentido como un dictado y la escribí en una mañana en uno de los parques cercanos al metro de la estación central de Estocolmo: Kungsträdgården (los jardines del rey).  Fue un poco extraño, pero la escribí de un tirón y luego prácticamente no corregí nada. Si alguna vez sentí algo parecido a la inspiración fue en ese momento. Después, han sido horas y días y meses de trabajo con la palabra. Aquel fenómeno no se volvió a repetir, salvo en un par de ocasiones en que pude sentir algo parecido, pero nunca fue tan claro.
En “La Balsa”, Hubo más distancia frente a los poemas relacionados con Colombia, y más cercanía con los problemas globales del exilio, que veía de manera directa todos los días. También tuve tiempo para lecturas meditadas y profundas, que crearon una especie de sedimento poético que se manifiesta en la obra. Ahora, gran parte de los poemas de “La Balsa de la Medusa” fueron escritos en España en donde residí desde el año 99 hasta el 2006. Estos poemas fueron mucho más complejos, y su elaboración más dilatada ya que en ellos existen diversas maneras de afrontar el hecho poético, desde los elementos formales y clásicos, hasta otros medios más experimentales. Siempre quiero llevar mis textos hacia un lugar en donde se difuminen las fronteras de los géneros. No me interesan las fórmulas, me interesa la búsqueda de nuevas maneras estéticas. Algunos de esos poemas me tomaron meses terminarlos y creo que es un libro complejo, además de extenso. De cierta forma es una suma, compuesta por cinco libros cortos, cada uno con un estilo bien definido. Van desde la parodia teatral, hasta el monólogo interior, pasando por relato hard boiled emparentado con la novela negra.
Luego la novela “Altamira 2001” la había comenzado a escribir en Bogotá, pero la había dejado por un tiempo largo y en España la retomé y finalicé en un año. Es una novela en clave de humor negro que recrea una etapa de mi vida y mi juventud. De cierta manera es una especie de bildungsroman. Esa novela la envié a concursar desde España y gano el premio nacional de novela ciudad de Pereira. En el año 2001.



G.O.––Sé que a la par de tu viaje de escritor, desempeñaste una serie de trabajos agrarios temporales. ¿Cómo fue esa experiencia?
O.G.R.––Mire los callos y las cicatrices de estas manos; hice la vendimia en Languedoc-Rosellón en el sur de Francia; la campaña de la manzana en Martigny Suiza; la recolección de la fresa a en Myolby  Suecia, y la de la naranja en Huelva el sur de España. He sido jornalero y temporario, le cuento que fueron momentos de mucha vitalidad y de experiencia;  aire puro y sol; claro, también trabajo duro, a lado de nativos e inmigrantes de todas la latitudes. Eso de una parte; de otra parte he sido albañil, pintor, decorador, cartomancista, profesor de artes de verano, dibujante en películas de dibujos animados y he desempeñado media docena de oficios fabriles en tiempos luminosos del verano y en épocas frías y de bruma. Eso me sirvió para moverme,  hacer la economía del viaje y conocer regiones y países, inmerso en la lucha cotidiana por el pan. Esa es la vida de los emigrantes de todo el mundo.


G.O.––¿Qué leías en esa época en España?
O.G.R.––Estuve un tiempo viviendo en "La latina", "Sol", y "Arguelles", luego en el sector de Aluche; allí cerca había una hermosa biblioteca pública . Tenían una estupenda colección de literatura y en especial de poesía; además  docenas de revistas literarias; muchos de los autores que leí en aquella época fueron descubrimientos y otros fueron confirmaciones y relecturas de estudio; algunos abordajes a tareas postergadas. Entre varios recuerdo: Joyce, Milan kundera, Saint-Jhon Perse, Ferdinand de Celine, Malraux, Maurois, Steinbeck, Rimbaud, Miller, Cortazar, Fogwill, Bokowski, entre otros.

G.O.––¿Por qué después del premio a “La Balsa de la Medusa” decides publicarla en internet?
O.G.R.––Bueno, yo había publicado una buena parte de esos poemas en internet, pero después del reconocimiento de la revista “Prometeo” de Medellín en el 2008, saqué dos ediciones en rustica que rápidamente se distribuyeron. No vendí; regalé para ser más exactos y después decidí colgarlos en la red bajo la licencia creative commons. Considero que la poesía debe estar disponible para quien desee e leerla. Una tirada de 500 o de mil ejemplares, que es lo que suele editarse en Colombia, no llegarían al público que yo quería. Además, la obra fue propuesta a varias editoriales, pero en nuestro país, a las editoriales no les interesa la poesía; mucho menos si esta poesía no tiene la facultad de enternecer señoras otoñales o para engrosar las selecciones de florituras de ciertos periódicos.
“La Balsa de la Medusa” tiene poemas complejos. Asimilar algunos de aquellos poemas no es fácil para un mundo editorial, en donde lo comercial ha marcado y sigue marcando la pauta. De otra parte, siempre me ha parecido un poco mezquina la actitud de algunos poetas consagrados quienes no tienen casi nada publicado en la red. La literatura debe estar disponible para los lectores de un país pobre y casi miserable como lo es el nuestro, de forma gratuita. Sobre todo, si se trata una literatura que como en el caso de mi poesía no tiene espacio editorial. Mi poesía ha aparecido en un par de antologías y en algunos periódicos. Pero su fuerza y su mayor difusión está en la web. Paginas argentinas, brasileñas, portuguesas, mexicanas y españolas, tienen un amplio repertorio de mis poemas. La poesía en Colombia, debería ser donada en usufructo o regalada, como dijera el gran León de Greiff, y eso no es demagogia. Lo más curioso es, que quienes se oponen a ello, son los que disfrutan de las becas, las subvenciones y las embajadas culturales; los que juegan en las bolsas de las burocracias corruptas; los que ofician en los sanedrines culturales de la republica. Yo, que no recibo un peso por ello, sostengo que la poesía es alimento espiritual de los pueblos sedientos.

G.O.––He escuchado sottovoce, rumores y comentarios en donde  a usted se le califica de panfletario. ¿Qué tiene que decir sobre ello?
O.G.R.––El libelo y el panfleto son la guerra florida del escritor. De vez en cuando hay que salir como los guerreros centroamericanos, con los rostros pintados de achiote y la sonrisa del jaguar.
El mundo, la sociedad, los elementos culturales que rodean al escritor en estos países tropicales, son de una zafiedad y crueldad tan basta, que la sátira en la literatura es una de las armas de  defensa del escritor airado. Pero sé distinguir, claro está, este tipo de ejercicios retóricos, políticos,  enfáticos y críticos, de la verdadera obra poética. Quienes quieren echar todo en el mismo saco, son casi siempre, algunos personajes tocados por los venablos certeros del poeta en pie de guerra; uno que otro malandrín que se escudan detrás de una falsa decencia y  también, escritorzuelos de media petaca que nunca miran con buenos ojos la libertad del ácrata. Esos señores que tienen alquilado su sombrero y su cerebro a un feudal metropolitano. La estética del panfleto se confunde con la ironía y la sátira; es, si se quiere, un género menor, pero que ejercido con destreza, causa escoriaciones y laceraciones que ciertas pieles delicadas no soportan; sobre todo, las de los que siempre han vivido a la sombra del establecimiento, ––Esos que yo llamo “los Amenizadores”––. Cuando ven a un escritor de piel curtida por el sol de la libertad, inmediatamente sufren un desvanecimiento como señoritas frente al troglodita que viene a desflorarlas.

G.O.––Su escritura poética tiene un marcado acento marginal y periférico, aunque en algunos momentos, ha permeado la crítica académica, su trabajo, es por así decirlo un animal raro que no encaja en el canon. ¿Cuál es su relación con la academia?
O.G.R.––Mi relación con la academia es la que sostengo con todos los gremios de nuestra sociedad, ni más ni menos. Me relaciono con gente abierta, librepensadora y sin corsés ideológicos. En todo segmento social y cultural existe gente de lo más interesante y noble en el buen sentido de la palabra. Personas y maestros que  sin ser obsecuentes ni epígonos de ninguna verdad establecida, son generosos en la crítica y severos en las observaciones del arte literario; además de inspiradores y orientadores de los jóvenes talentos. De la misma manera, existe la canalla ilustrada de refinadas costumbres. Los conozco mucho, los he tratado demasiado. La verdad en algún momento nuestra relación es de mutuo desinterés. He tratado de acercarme a muchas instancias literarias que emanan del Alma mater ––es decir su producción y sus revistas––; pero la verdad están tan llenas de clisés, de corrección, de rigidez, aridez y de idiotez, que nunca me han seducido y mucho menos conquistado. Prefiero mil veces las aberraciones de un poeta librepensador y de espíritu abierto, a las disertaciones engoladas y barrocas de estos escritores domadores de conciencias. Además muchos de ellos piensan que todavía estamos en el siglo XV, no se han dado cuenta que estamos en la era de la conciencia planetaria y que afortunadamente la llave de la caja de pandora ha sido entregada a los hombres sedientos de sabiduría. Esa censura velada que en el pasado ejercían, esa mutua fornicación de familia sindiasmica, cuya mayor señal es el mutuo elogio con espíritu de cuerpo funcionaril; esa forma cuasi-papal de repartir bulas, admoniciones, bendiciones y baratijas a la que estaban tan acostumbrados, hoy en día; queda en evidencia y se hace más patética. Para terminar, te puedo decir mi estimado amigo, que la academia en algunos momentos, me parece un burdel muy animado, exquisito y simpático.

G.O.––En algún momento he observado en tus textos más críticos, una mezcla de estilo que va desde el ensayo hasta el poema de sal gruesa ––como dicen los españoles––, pasando por formas abreviadas del cuento y la sentencia. ¿Crees que el internet de alguna manera favorece nuevos formatos híbridos y en general, la literatura mínima en internet, qué futuro tiene?
O.G.R.––Creo que es una observación acertada, en internet se abren múltiples posibilidades para el poema, el cuento y la nouvelle; la literatura de dimensiones reducidas, la short history, el ensayo. La mezcla de los géneros es de obligatoriedad; se hace condición sine qua non. Además el poema que me interesa es el que de alguna manera rompe los cánones, se sale de las fronteras trazadas por la gente cuadriculada de la hablábamos hace unos momentos. Es un territorio comanche para la experimentación y sin lugar a dudas, sale ganando la literatura. El link, el hiper-texto, las suma de la imagen, el video, las arboladuras rizomáticas del idioma, y la música que se pueden integrar a la obra.

G.O.––Has probado muchas formulas para dotar a tu poesía de un nuevo vigor, ¿no corres el riego de ser descalificado por no transitar los caminos de cierta, digamos, ortodoxia postmoderna?
O.G.R.–– Bueno varias cosas. Primero: Si la poesía se enmascara en un texto de apariencia policíaca, o en un texto de corte existencial; en una historia de drogas y rocanroll, en una orgía decadente; si la poesía se logra mimetizar dentro de un texto de estos, pero al final sale desnuda en su más intima y verdadera condición. Me suena, me interesa. He postulado por ejemplo la “Novela Trampa”, esa que guarda en su interior aristotélico, el secreto de la poesía; la verdadera anagnórisis sería encontrarse con ella, con la poesía. De alguna manera puede ser una forma de sobrevivencia, una trágica y teatral manera de sobrevivencia. Los cánones y las clasificaciones son buenos para la academia, esa institución de funda en la segmentación y el archivo; su estética es de Cabinet de stampes, de museo, y hasta de parque temático. Pero no creo que ayuden en la exploración conformación de nueva literatura. Ahora la ruptura, esa búsqueda cruzando trochas y senderos, para encontrar nuevas vías puede durar años y décadas. A lo mejor resulta uno perdido. Bueno hay que admitirlo, casi siempre resulta uno perdido y perdiendo.

 G.O.––Háblame un poco de la crítica. ¿Cómo ves la crítica de literatura en los media?
O.G.R.––En el campo de la crítica que tanto te interesa, voy a colocar un solo ejemplo: hace veinte años  los mejores ejemplos de critica se encontraban en los suplementos literarios o en los magazines de los grandes periódicos de todo el mundo; hoy en día, contadas excepciones, la mejor crítica literaria se encuentra en internet; hecha por lectores, escritores y por profesionales de las letras. Los magazines de impresión cosechan lo que encuentran en la gran caja del tesoro de la crítica literaria de internet y después ya sabemos: el copy & paste, pero sin citar las fuentes….Lo demás son habladurías de las editoriales y los monopolios. ¡Ah! y de uno que otro escritor muy bien pagáo, sí, de esos con libritos colgados en los stands en los malls de las grandes superficies ––un funcionario más de aquellas empresas––; uno de aquellos, que de vez en cuando, se rasga las vestiduras y llora como una verónica frente al respetable por que la gente no compra más libros. (¿Cómo van a comprar libros si no tienen con qué comer?): escritores que hacen su papelón en la comparsa y luego se queda tan tranquilos. De otra parte, vamos con la crítica; en Colombia existen, sobreviven, dos críticos de poesía, como dos ballenas varadas en la playa, los dos son bujarrones de la derecha canónica  uno está en Bogotá y el otro merodea por el territorio a la caza, no de talentos, sino de ortos canallitas, Príapos adolescentes e itifálicos y chismes de prostíbulo; el uno tiene aire de obispo embajador en el vaticano y es preferido de la cosa nostra poética de la capital, por sus maneras de té con galletitas; el otro; el otro, nunca en su vida ha escrito un verdadero artículo de literatura y que quiere para sí, la gloria del cerdo rijoso e ilustrado en los salones de Sodoma. El uno hace parte de la estructura burocrática de la patria, está en el A.D.N del frente nacional, y exige derecho de pernada para que un escritor pueda  ser “inmortalizado” en una de sus predecibles y eternas antologías; el otro se dice ilustrado y pareciera pertenecer a la Orden de la torre de Babel, por su contextura ciclópea y porque se ufana de saber veinte idiomas: unos vivos, otros muertos y otros putrefactos…

G.O.–– Bueno, bueno, dejando a un lado tan espinoso tema; hablemos de la edición: ¿Cuáles son sus prevenciones; o mejor,   tiene usted su reticencias con la edición impresa?
O.G.R.––No tengo nada contra la edición impresa, y es necesario recordarlo. Admiro el trabajo artesanal y cuidado de la edición. Mi biblioteca personal guarda un espacio generoso para ese tipo de edición. Me encanta el libro ilustrado y el comic o novela gráfica. Soy un coleccionista desde los años juveniles del libro ilustrado y creo que su verdadero encanto está en el papel. Pero en el campo estricto de las letras, el panorama es bien distinto y sobre todo desde que aparecieron las tabletas y la tinta electrónica. Es una realidad que convive con nosotros; el panorama se ha revolucionado y solo gente muy obtusa se niega a ver las ventajas. Nosotros, como inmigrantes digitales sabemos de las bondades del libro de toda la vida, y sabemos que afortunadamente, le queda mucho camino por delante; pero no por eso, se va a negar la importancia de la tecnología aplicada a la literatura, que  llegó para quedarse. Para que quede claro, no estoy en contra de las ediciones en papel. En este momento, preparo una cuidada edición impresa de “La Balsa de la Medusa” que espero salga en los próximos tres meses.  

G.O.––En muchas de sus obras veo unas profundas contradicciones entre el humanismo y la ecología. Entre la mística y el agnosticismo. Entre la poética de futuro y cierta poética del pesimismo existencialista. Aunque la mayoría de su obra gravita en las fronteras de un nihilismo obscuro, ¿Queda espacio para el optimismo?
O.G.R.––Toda obra esta echa de contradicciones. Toda obra esta echa de cambios y alteraciones. El humanismo, de cierta manera, entra en contradicción con la ecología; si partimos de la premisa de que el hombre es un ser depredador por naturaleza, su estructura social y económica triunfante es contaminante y destructora con el medio ambiente y posee una naturaleza que además de ser capaz de crear bellas obras de arte; inteligente hasta la capacidad de crear dioses; pero también es capaz de crueldades insospechadas. Entonces, mi humanismo es un humanismo crítico, autocrítico y severo con mi sociedad y con el hombre que hace parte de esa sociedad. Es verdad que los desequilibrios sociales y económicos hacen de nuestro semejante un ser vulnerable y al mismo tiempo peligroso. Entonces, en una buena parte de mi poesía, vive y palpita esa ilusión y esa fe en el hombre que se eleva hacia los ideales humanistas y de conciencia planetaria; en otra parte, se manifiesta  la idea de la destrucción, de la degradación y de aniquilamiento.
Poesía rosa nunca he escrito. Me ha tocado en suerte o en desgracia, un mundo demasiado gris y con demasiadas sombras. Pero si se me lee con atención, siempre en mi poesía, al final, esta una ventana luminosa. Un ideal de salvación.

G.O.––Siendo usted el  ganador de varios concursos y certámenes. ¿Qué opina de los concursos literarios?
O.G.R.––Bueno la verdad es que no he ganado tantos concursos como piensan algunos. Solo participo en aquellos en los que tengo algo para mostrar. En días pasados un contertulio me dijo en tono de sátira, que sabía de escritores que solo escribían para ganar concursos. Bueno, esa especie me parece extraña, ya que un libro de poemas y una novela no se elaboran en tres fines de semana. Requieren de mucho trabajo y dedicación. Además nadie es tan necio para participar sin tener algo de peso que proponer. Participar en un concurso literario presupone un gasto de energía, de tiempo y de economía extra en la vida de un escritor, y uno no está para dilapidar lo poco con lo que cuenta. Sé que una buena parte de los concursos literarios están desprestigiados, sobre todo, algunos premios de ciertas editoriales españolas ––Miren el blog “La Fiera Literaria” para que sepan a qué me refiero––. Pero en otros casos, los concursos literarios en donde la bolsa no es demasiado grande y ostentosa, se puede participar con algunas garantías. Aclaro, eso de los concursos literarios: son la ruleta rusa del escritor. Apuestas a ganar, pero muchas veces sales perdiendo y con un balazo brutal en la autoestima; ya se sabe que algunas ocasiones los jurados están allí no para premiar lo mejor, sino para frenar a los talentos en ciernes o los trabajos serios. En fin, no soy muy entusiasta, ni me hago muchas ilusiones; pero tampoco me auto-margino de las posibilidades que puede dar un concurso literario, si las bases de juego son claras. Ahora, muchos de esos concursos pasan por un filtro de lectores que nos son los jurados finales, y que en palabras de Jack London en su novela “Martin Edén” (no se me olvidan, ya que mi memoria todavía tiene un disco duro en buenas condiciones); dice más o menos que: “Todas las puertas que conducen al éxito literario están vigiladas por esos perros guardianes, los fracasados de la literatura”. Y Jack London no hablaba de dinero, hablaba de otra cosa. De modo que así, es casi imposible surgir en un medio en donde te las tienes que ver con esos individuos. De cierta manera, el escritor auténtico siempre juega en desventaja. Pero, nadie ha dicho que sería fácil.

G.O.––En Colombia, el panorama editorial parece plantear nuevas alternativas y nuevos escenarios. ¿Cuál es tu opinión de las editoriales de los grandes consorcios y las editoriales independientes?
O.G.R.––Las editoriales del mainstream quieren escándalos de farándula y sensacionalismo amarillo; y las editoriales independientes ––en una buena parte––, parece que… también. Lo digo con conocimiento de causa. Mi libro “LA BALSA DE LA MEDUSA” Lo propuse a varias editoriales; dos del común y tres “independientes” no les interesó. Seguramente debería haberlo enviado a más editoriales a lo mejor hubiese tenido receptiva. Pero no, preferí publicarlo directamente en internet bajo la licencia creative commons. A mi edad no estoy para filtros de ningún tipo. Ellos tienen filtros, sifones y pozos sépticos. Ahora, las editoriales independientes que conozco, son editoriales de amigos para amigos y tienen unas políticas cerradas; además, la mayoría no son independientes ya que viven de las subvenciones. ¿Cómo puede una editorial llamarse independiente, si está sometida a la politiquería benefactora y controladora de los fondos estatales para la cultura?
Espero que en futuro el panorama cambie. Existen síntomas en el mercado editorial, de que así será. En ese sentido soy más optimista y yo mismo participo de un proyecto privado que pretende crear en los próximos meses una editorial independiente económica y conceptualmente: “GRIFFOS DE NNEONN” con énfasis en el libro ilustrado. Pero ese un proyecto sobre el que no puedo hablar demasiado. Apenas está en etapa de diseño y en bocetos virtuales y sobre el papel.

G.O.––Colombia es un país, en donde de alguna manera, y tarde que temprano, el artista inmerso en su sociedad tiene que tratar con la burocracia estatal. ¿Cuál es el papel del artista frente a la burocracia cultural?
O.G.R.––La burocracia cultural le hace mucho daño a la cultura. Desde que en esos puestos colocan a tecnócratas y a politiqueros, no es mucho lo que se puede esperar. Los presupuestos para la cultura, que son mínimos; son devorados por esa caterva pantagruélica; el Golem burocrático. Lo que dá más tristeza es que cuentan con el apoyo de una buena parte de los “gremios artísticos” beneficiados por este sistema: “Los Amenizadores”.
El artista independiente, debe, de ser posible, mantener prudente distancia frente a esa estructura, si quiere mantener su libertad. Lo ideal es mantener una distancia de tiro para poder afinar la puntería. Pero es casi imposible; estamos rodeados de esa estructura ubicua; de alguna manera, vivimos dentro de un panóptico cuya central de observación y control la maneja el Gran Hermano. Entonces, se hacen necesaria nuevas vías y alternativas, nuevas estrategias de resistencia. Algunas están en la línea de los mimetismos, las mutaciones fronterizas, en la inoculación de los virus como caballos de Troya; en la emboscadura de carácter civil, filosófico y espiritual, de la que hablaba Junger el escritor alemán ––una especie de retiro escéptico frente a la sociedad para mantener las fuerzas vivas del alma en alerta––; en las T.A.Z (zonas temporalmente autónomas) de las que hablara el teórico anarquista Hakim Bey; territorios liberados momentáneamente para el desarrollo del potlatch, la utopía y la libertad, aquí y ahora, sin esperar la tierra prometida, en las cooperativas de artistas que inicien proyectos autosuficientes…

G.O..––El gremio de los escritores abundan los poetas y los escribidores. En Colombia se ha dicho durante décadas que es tierra de poetas. ¿Son tantos como se dice o…?
O.G.R.––Los poetas pocos; los escribidores legión. Los primeros quieren acercarse a la complejidad del idioma mediante la ascensión a la montaña por caminos inéditos, vitales, complejos. Los otros manejan truquitos y formulas más o menos refinadas, consensuadas y aprobadas por el mainstream. La diferencia entre un poeta y un escribidor es de espíritu y de técnica. El poeta verdadero es un guerrero que va desnudo a su batalla final;  el escribidor va a los recitales a leer tres o cuatro cosas que hacen parte de su gabinete de utilería. Estos últimos aparecen mucho en las nóminas de la nomenclatura, pero rápidamente son olvidados. Los que han ganado y ganaran en la muerte son los poetas verdaderos.


G.O.––Hablemos un poco de tu vida. ¿En algún momento de tu juventud estuviste en un psiquiátrico, lo mencionas en varios trabajos literarios…?

O.G.R.––Sí, pero es un recuerdo demasiado visceral, que quiero remitir a lo puramente literario ya que sigue siendo complejo asimilarlo.



G.O.––¿Un pasado traumático puede ayudar en la búsqueda de temáticas para una obra?

O.G.R.––Puede que no, pero si se ha sentido verdadero dolor, miedo, e ira, sin duda podrás plasmar con mayor fidelidad literaria, esos sentimientos; de otra parte no lo encuentro nada aleccionador.



G.O.––Esa anécdota de escape de aquel psiquiátrico con hipodérmica de por medio…

O.G.R.––Bueno en el momento, no logro recordar con claridad aquel episodio de mi vida. Conocí gente maravillosa en los dos campos de aquel espacio sombrío de relaciones de razón y poder. Sé que muchos de los que allí trabajan, lo hacen buscando bienestar para la gente; en realidad muchos de ellos buscaban salvar vidas. No sé si me entiendes; muchos de ellos estaban trabajando de una manera honesta. Yo fui para una cura de desintoxicación, pero me di cuenta que me estaban intoxicando con otros fármacos. Así que en un momento de crisis, tomé las de Villadiego y de paso rompí algunas estanterías de aquel fármaco.  Pero como te digo, es un episodio obscuro y borroso del que procuro no hablar, aunque sí que me interesa llevar a cabo una novela. He comenzado tres versiones, pero ninguna ha llegado feliz término. Sin embargo, es un episodio, que requiere una revisión memorable.

G.O.–– En algunas de tus obras, las ninfas y el erotismo constituyen una parcela especial destinada a sembrar los frutos más exquisitos de tu literatura. Recuerdo en especial una obra poética de largo aliento, “EL EROTÓMANO” ilustrada con tus dibujos y que está publicada en la plataforma de publicaciones virtuales ISSU. ¿Qué nos puedes decir sobre este tema tan afín a tu trabajo?
O.G.R.––Las ninfas, las nínfulas, las ninfetas y las ninfómanas, serán siempre objeto de estudio de los poetas y escritores. Son, por decirlo de alguna manera, los duendecillos y las femmes fatales que acompañan esta batalla. Son la pesadilla, el sueño opiado, el aquelarre libertino y el descanso del poeta. “EL EROTÓMANO” es una obra de largo aliento que  se lee en clave de poema de viaje, algo así como una road movie con un aire de humor negro y decadente. Allí, el tiempo marca la caída y la redención al final de ese viaje sobre la piel del mundo. Es uno de mis poemas favoritos; se hará una edición artesanal,  muy bella y cuidada, en los próximos meses. En ese mismo tono y tema, he compuesto mi particular grimorio. Me ha servido de mucho; con criaturas de estas categorías es mejor estar con los manuales a la mano.

G.O.––Aunque sé, que nos has pedido desde un principio, que solo hablemos de literatura y  materias afines. No puedo dejar pasar la oportunidad de preguntarle por esa faceta importante en su vida como artista. La relación pintura-poesía y el video-arte; es decir la plástica visual. ¿Cómo encajan en su vida de escritor?
O.G.R.––En mi vida como artista, mantengo en permanente desarrollo una faceta de praxis artesanal, de creación de símbolos e imágenes; un trabajo de iconografía que está directamente relacionadas con el audiovisual, el diseño y la plástica. En algunos periodos de mi vida se han constituido en único trabajo y de cierta manera mi única profesión; por lo tanto mi verdadero sustento material. Ahora, La pintura es la hermana, ––hasta cierto punto––, cercana de la literatura. A mí, las dos me hacen falta; tenemos una relación de ménage á trois que sencillamente  es indestructible. Dan muchas alegrías y cuando una se va de viaje, la otra me acompaña. Son dos musas en las que he invertido mi escasa fortuna, mis  sueños y mis delirios. También ellas me han enriquecido a su manera, con visiones, epifanías, fuegos, éxtasis, pesadillas; y en los momentos más difíciles de mi vida me han sacado del arroyo; me han lanzado una cuerda. No tengo queja alguna. Estoy perfectamente adaptado a esa forma de vida. Me quedo con las dos. Con las dos muero.

G.O.––El idioma está en su crisis más aguda. En los medios literarios más exquisitos de anuncia El fin de la novela. ¿Cuál es su opinión al respecto?
O.G.R.––Todas las artes están en crisis, el mundo, la sociedad, la economía está en crisis; siempre ha estado en crisis una veces más agudas y dolorosas que otras. La novela, la poesía, el cuento deben estar en otra sintonía. Los elementos decimonónicos de la novela quedaron relegados al best-seller. La poesía está en la narrativa más vanguardista. Los soportes cambian, las plataformas de distribución de la obra también. Pero en su esencia, la literatura tendrá algo que decir, algo que explorar y comentar sobre el mundo y el hombre. Es una herramienta crítica, pero también es una plataforma de comunicación y comunión que amplía el campo de batalla––recogiendo una expresión de Michel Houellebecq––. Es de cierta forma, una conciencia alerta sobre el mundo; nuestro planeta, nuestra bitácora de viaje en compañía de otros seres sobre el mar de la galaxia. Sencillamente se transforma en otra cosa. Muere, pero se abre de nuevo como una flor y nos ofrece cosas nuevas sobre el Jardín de las delicias y las desdichas terrenales.

PEREIRA/RISARALDA/COLOMBIA
ENERO/2013

Houellebecq o la 'Poesía' de la insumisión


MICHEL HOUELLEBECQ


Última muralla contra el liberalismo


Nosotros rechazamos la ideología liberal porque ésta es incapaz de proporcionar un sentido, una vía para la reconciliación del individuo con su semejante en el seno de una comunidad que pueda ser calificada de humana,
Y, por otra parte, el fin que se propone incluso es del todo distinto.

Nosotros rechazamos la ideología liberal en nombre de la encíclica de León XIII sobre la misión social del Evangelio y con el mismo espíritu con el que los antiguos profetas invocaban la ruina y la maldición sobre Jerusalén,
Y Jerusalén cayó, y no tardó menos de cuatro mil años en volver a levantarse.

Es algo probado, e indiscutible, que todo proyecto humano se ve evaluado, cada vez más, en función de criterios puramente económicos,
De criterios absolutamente numéricos,
Memorizables en archivos informáticos.
Esto no es aceptable y nosotros debemos luchar para que se ponga a la economía bajo tutela y para que ésta se someta a ciertos criterios que me atrevería a llamar éticos,
Y es que cuando se despide a tres mil personas y oigo chalanear sobre el coste social de la operación me entran unas ganas locas de estrangular a media docena de consejeros auditores,
Lo que constituiría una excelente operación,
Una depuración absolutamente benéfica,
Una operación prácticamente higiénica.

Confíen en la iniciativa individual, eso es lo que ellos repiten por todas partes, lo que por todas partes van repitiendo como esos viejos despertadores cuyo uniforme tictac bastaba generalmente para sumirnos en un insomnio fatigante y definitivo,
A eso, yo sólo puedo responder una cosa, que surge de una experiencia a la vez desconsoladora y repetitiva,
Y ésta es que el individuo, me refiero al individuo humano, es muy por lo general un animalejo a la vez cruel y miserable,
Y que sería completamente inútil confiar en él a menos que se viese rechazado, encerrado y mantenido dentro de los principios rigurosos de una moral inexpugnable,
Cosa que no sucede.

En una ideología liberal, se entiende.



Debemos desarrollar una actitud de no-resistencia al mundo

Debemos desarrollar una actitud de no-resistencia al mundo;
Lo negativo es negativo,
Lo positivo es positivo,
Las cosas son.
Las cosas aparecen, se transforman,
Y luego cesan simplemente de existir;
El mundo exterior, en cierto modo, viene dado.

El ser perceptivo es parecido a un alga,
Una cosa repugnante y muy blanda,
Fundamentalmente femenina
Y es eso lo que debemos alcanzar
Si es que queremos hablar del mundo.

Simplemente, hablar del mundo.
No hemos de parecernos a quien trata de plegar el mundo a sus
deseos,
A sus creencias
Pese a ello nos está permitido tener deseos,
E incluso creencias
En número limitado.
Después de todo, formamos parte del fenómeno,
Y, a título de ello, somos eminentemente respetables.
Como los lagartos.

Como los lagartos, nos calentamos al sol del fenómeno
Esperando la noche
Pero nosotros no nos batiremos,
Nosotros no debemos batirnos,
Nosotros estamos en la posición eterna del vencido.



Hipermercado - Noviembre

Primero tropecé con un congelador.
Me asusté un poco y me puse a llorar.
Alguien masculló que yo rompía el clima;
Para parecer uno más, seguí adelante.

Barriobajeros embrutecidos de mirada animal
Se cruzaban sin prisa junto al agua mineral.
De entre los anaqueles llegaba un rumor
Como de circo y desmadre. Se me torcieron los pasos.

Me empotré en el mostrador de los quesos;
Había dos viejas comprando sardinas.
Una se volvió y le dijo a la otra:
«Hay que ver qué pena, un chico de su edad.»

Y luego vi unos pies, circunspectos y anchos:
Era un vendedor que tomaba medidas.
Muchos se sorprendieron con mis nuevos zapatos;
Una última vez me quedé un poco al margen.



Transposición, control

La sociedad es quien establece las distinciones
Y los procedimientos de control
Hago acto de presencia en el supermercado,
Interpreto muy bien mi papel.

Asumo mis diferencias,
Delimito mis exigencias
Y abro la mandíbula,
Mis dientes están un poco negros.

El precio de las cosas y los seres se tasa por consenso
transparente
Donde intervienen los dientes,
La piel y los órganos,
La belleza que se marchita.

Ciertos productos con glicerina
Pueden constituir un factor de plusvalía parcial;
Decimos: «Es usted hermosa»;
El terreno está minado.

El valor de los seres y las cosas es generalmente de una
precisión extrema
Y cuando decimos: «Te quiero»
Establecemos una crítica,
Una aproximación cuántica,
Escribimos un poema.



Exhibición

Pendiente de tus palabras,
Caminaba por la plaza al azar
Los cielos se abrían, y yo debía representar un papel
En algún sitio.

Desplegada, la cascada muerta
Derramaba fragmentos de gel
Alrededor de mi arteria aorta,
Me sentía superficial.

Volcán de palabras superfluas,
Olvido de relaciones humanas
Existe un mundo en que la gente se mata,
Existe un mundo entre nuestras venas.

La aquiescencia de este mundo es sencilla
Si uno se resigna a perder la felicidad
La palabra no es inútil,
Llega justo antes de la hora

En que los fragmentos de vida estallan,
Se ordenan con serenidad
Al fondo de un ataúd decorado
Terciopelo helado, madera antigua, viejo rosa.

Terciopelo como una gaseosa
Que chisporrotea a flor de piel,
Cribado como una piel nómada
Que se desgarra en finos jirones

En un universo de atrezzo,
Un universo donde todo es bello
En un universo de exhibición,
En un universo en jirones.


Golpear donde más duela

Esfuérzate por presentarte ante Dios como
un hombre probo, un obrero sin tacha, que dispensa
con destreza la palabra de la verdad.
Timoteo II, 2, 15

No busquéis el conocimiento por el conocimiento en sí. Todo aquello que, en poesía, no proceda directamente de la emoción, carece de valor.
(Por supuesto, se ha de entender emoción en un sentido amplio: ciertas emociones no son ni agradables ni desagradables, como, en general, es el caso del sentimiento de extrañeza.)

La emoción suprime la cadena causal, es la única capaz de haceros percibir las cosas en sí mismas. Transmitir dicha percepción es el objeto de la poesía.
Esta identidad de propósitos entre la filosofía y la poesía es la fuente de la secreta complicidad que las une. Ésta, en esencia, no se manifiesta escribiendo poemas filosóficos; la poesía debe descubrir la realidad por sus propias vías, puramente intuitivas, sin pasar por el filtro de una reconstrucción intelectual del mundo. Menos aún expresando la filosofía bajo una forma poética, lo que, a menudo, no es más que un timo. Pero es entre los poetas donde una nueva filosofía encontrará siempre a sus más serios lectores, a los más atentos y fecundos. Asimismo, sólo ciertos filósofos serán capaces de discernir, sacar a la luz y utilizar las verdades ocultas en la poesía.
En la poesía, casi tanto como en la contemplación directa -y mucho más que en anteriores filosofías- es donde encontrarán material para nuevas representaciones del mundo.

Respetad a los filósofos, pero no les imitéis. Vuestra vía, desgraciadamente, se encuentra en otro sitio. Es indisociable de la neurosis. La experiencia poética y la experiencia neurótica son dos caminos que se cruzan, se entrelazan, y acaban por confundirse la mayoría de las veces, esto último por disolución del filón poético en el torrente sangriento de la neurosis. Pero no tenéis elección. No hay otro camino.

Trabajar permanentemente en vuestras obsesiones acabará convirtiéndoos en una piltrafa patética, minada por la angustia o devastada por la apatía. Pero, lo repito, no hay otro camino. Debéis alcanzar el punto sin retorno. Romper el círculo. Y producir algunos poemas antes de estrellaros contra el suelo. Habréis entrevisto espacios inmensos. Toda gran pasión desemboca en el infinito.

En definitiva, el amor resuelve todos los problemas. Asimismo, toda gran pasión acaba conduciendo a una zona de verdad. A un espacio diferente, doloroso en extremo, pero en el que la vista alcanza lejos, y con claridad. En donde los objetos, purificados, aparecen con toda su nitidez, en su límpida verdad.

Creed en la identidad entre lo Verdadero, lo Bello y lo Bueno.

La sociedad en la que vivís tiene como fin destruiros. Otro tanto se puede decir de vosotros respecto a ella. El arma que empleará es la indiferencia. Vosotros no podéis permitiros adoptar la misma actitud. ¡Pasad al ataque!

Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus heridas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte. Profundizad en los temas de los que nadie quiere oír hablar. El envés del decorado. Insistid sobre la enfermedad, la agonía, la fealdad.
Hablad de la muerte, y del olvido. De los celos, de laindiferencia, de la frustración, de la ausencia de amor. Sed abyectos, seréis auténticos.

No os adhiráis a ninguna idea. O bien hacedlo, y después traicionadla enseguida. Ninguna adhesión teórica debe reteneros por mucho tiempo. La militancia hace feliz, y vosotros no tenéis que ser felices. Vosotros estáis de parte de la infelicidad.
Sois el lado oscuro.

Vuestra misión no es ante todo proponer, ni construir. Si lo podéis hacer, hacedlo. Si acabáis por concluir contradicciones insostenibles, decidlo. Pues vuestra misión más primordial es la de profundizar hacia lo Verdadero.
Sois el enterrador y el cadáver. Sois el cuerpo de la sociedad.
Sois responsables del cuerpo de la sociedad. Todos responsables, en igual medida. ¡Besad el suelo, basura!

Determinad la inocencia, y la culpabilidad. Primero en vosotros mismos, lo que os proporcionará una guía. Pero también en los demás. Considerad su comportamiento, y sus excusas; luego juzgad, con toda imparcialidad. No os respetéis ni a vosotros; no respetéis a nadie.

Sois ricos. Conocéis el Bien, conocéis el Mal. No renunciéis nunca a separarlos; no os dejéis liar por la tolerancia, ese pobre estigma de la edad. La poesía está en condiciones de establecer verdades morales definitivas. Debéis odiar la libertad con todas vuestras fuerzas.

La verdad es escandalosa. Pero sin ella, no hay nada que valga. Una visión honesta y verosímil del mundo ya es en sí una obra maestra. Poco pesa la originalidad frente a esta exigencia. No os preocupéis por eso. De todos modos, la suma de vuestros fallos desprenderá, a la fuerza, cierta originalidad. En cuanto a vosotros, decid simplemente la verdad, ni más ni menos.

No podéis amar la verdad y al mundo. Pero vosotros ya elegisteis. Ahora el problema consiste en ser fieles a esa elección. Os invito a conservar el ánimo. No porque podáis esperar algo. Al contrario, sabed que estaréis muy solos. La mayoría de la gente se reconcilia con la vida, o bien se muere. Vosotros sois suicidas vivientes.

A medida que os aproximáis a la verdad, vuestra soledad aumenta. El edificio es espléndido, pero está desierto. Camináis por salas vacías, que os devuelven el eco de vuestros pasos. La atmósfera es límpida e inmutable, los objetos parecen esculpidos en piedra. A veces os ponéis a llorar, tan cruel resulta la nitidez de la visión. Os gustaría volver atrás, a las brumas del desconocimiento, pero en el fondo sabéis que ya es demasiado tarde.

Seguid. No temáis. Lo peor ya ha pasado. Por supuesto que la vida aún os desgarrará, pero, por vuestra parte, ya no tenéis demasiado que ver con ella. Recordad que, básicamente, ya estáis muertos. Ahora estáis cara a cara con la eternidad.



TOMADO DE "EL CULTURAL"