"Las profecías"
(Omar García Ramírez)
Ya lo había dicho susurrando en idioma Prácrito, con declinaciones del Pali, para el pueblo llano; pero también en Sánscrito para los cultos de la élite, Siddhartha Gautama el Buda, cuando estaba sentado bajo la higuera sagrada, y ya pronto a petrificarse después de la iluminación en una tarde otoño en la provincia de Bidhar, al centro de la India…pero al parecer, los discípulos de aquella tarde única, se quedaron dormidos para la eternidad entre las gasas etéreas del velo Maya, y perdieron sus últimas palabras en el luminoso silencio del olvido.
Lo dijo Jeshua-Cristo, al final del sermón de la montaña, a su grupo de iniciados…una cita importante y definitiva para el mundo; sentencia premonitoria y absoluta, que venía desde la sabiduría de los antiguos Esenios. El depositario final: Simón el zelote, el cananeo, el bien amado y escogido; el despistado, el comedor de cactus, daturas y raíces de mandrágoras, el que bailaba en vuelo místico como un danzarín sufí y componía poemas a la luna. El lunático. No la pudo retener. Por lo tanto, ese segmento único de la sabiduría divina, al parecer, se perdió. Sin embargo; muchos siglos después, un fragmento de la revelación original, que dio origen a la sentencia del maestro; fue encontrado entre líneas en uno de los rollos del Mar muerto…al parecer los científicos del instituto técnico de Massachusetts, alcanzaron a leer su parte más reveladora; pero cuando se disponían a hacerle la prueba de carbono 14 antes de su escaneo y digitalización: el segmento se desintegró.
Nostradamus lo vio con ojos desorbitados en la práctica de su hidromancia, frente a su platón de cobre: Estaba muy claro, los mapas celestes aparecían en la superficie del agua, las constelaciones no mentían…pero, desafortunadamente para él y para nosotros; la mucama inoportuna, tocó a la puerta del sótano; el gran vidente, perdió la compostura y el platón se volteo y el agua corrió por el piso de su estudio. Esta preciosa visión, al parecer, no fue registrada en su libro: Les Vrayes centuries et Propheties.
El mensaje, lo había visto en uno de sus destellos de ceguera Baba Vanga; la gran vidente en un momento de inspiración en medio de una tormenta de arena…sus ojos en blanco quedaron tatuados por unos segundos con el mensaje divino. Después, un rayo de luz difuminó las letras y ella trató de recordar; pero su memoria quedo rayada por un fuego hermético; como un espejo deteriorado por las sales y los óxidos; y se perdió el mensaje oracular; eso le dijo con tristeza a su mamá, mientras esta le preparaba una sopa de ajos y cebolla y el invierno de Rumanía abrazaba su alma.
Lo había expresado Iván Gurdjieff en una de sus cripticas charlas en San Petersburgo de 1915; pero Peter Ouspenski no guardó las referencias, solo dijo que, eran tan complicadas sus claves, como las escalas tonales del Eneagrama diseñado por el maestro. (Es decir; no las entendía sino él extraño místico de sangre armenia/griega/turca y su preceptor Belcebú). Sin embargo Peter Ouspenski; (su discípulo más destacado), al parecer, dio un par de claves importantísimas en su libro: “Fragmentos de una enseñanza desconocida”. Sin embargo esas clave, requieren de otras claves más complejas… y vaya uno a saber por Dios a estas alturas, quien las tiene.
Lo había pronosticado en clave pictográfica el pintor y profeta Benjamín Solari Parravacini…una tarde en Buenos Aires, mientras comía un par de empañadas con vino tinto en un bistró cerca de la diagonal de Belgrano. Alcanzó a vislumbrar el código secreto de la gran profecía, en el estampado de la falda que ceñía el derrier de una hermosa cocotte porteña. Pero poco después el chulo de la hembra, (su apoderado de la calle); un rufián mal encarado, entró; miro con aire malevo a nuestro gran vidente y se llevó a la mujer con gesto violento. Parravacini se quedó mirando aquel poderoso trasero con el secreto más grande del mundo aflorando en su falda y vio cómo se alejaba bamboleante la yiranta casi a rastras. Se quedó lelo, obnubilado mirando el suelo ajedrezado del local. Parravicini de un momento a otro, tuvo un lapsus, casi un ictus; y se fue sin pagar la cuenta.
No lejos de allí y por aquellos tiempos; lo leyó Borges en una sentencia encontrada en uno de los fragmentos luminosos del Aleph cuando era todavía un niño; y luego años más tarde, lo reencontró en un anaquel de los cubículos de la biblioteca de Babel. Pero en ese momento se estaba quedando ciego; su sabiduría enciclopédica no estaba bien entrenada en la lectura de lenguas asirio babilónicas y después de unas semanas de luchar con el arameo, se dio por vencido y no lo pudo descifrar. Molesto arrojó todos sus ensayos a una papelera que cayó dentro de un diagrama espacial que, de acuerdo a la extrañeza de su forma arquitectónica, solo hubiese podido ser diseñado por Mauris Cornelios Escher bajo efecto de cornezuelo del centeno; o un Giovanni Battista Piranesi intoxicado de DMT del sapo buffo del desierto de colorado. Los apuntes de Borges, con buena parte de las claves resueltas; descendieron por un tubo infinito, para desaparecer definitivamente en otra dimensión.
La gran profecía la escucharon con seguridad los niños de la virgen de Fátima en 1917, y poco después llegaron las cartas de estos a Pio XII. Pero al parecer, el papa guardó silencio apostólico y no dijo ni pio. Y se llevó el secreto a la tumba.
Lo había vislumbrado Edgar Cayce el famoso psíquico norteamericano; tembloroso tomó nota en un papel de lavandería; pero para desgracia de todos, lo metió en el bolsillo de su chaqueta. Cuando pasaba por una hamburguesería de manera extraña; perdió su chaqueta (unos dicen que se la robo un grupo de evangélicos radicales del sur; otros dicen que fueron los protestantes del norte) y se perdió el texto con la gran revelación, junto a una entrada de un partido de béisbol de Los Gigantes y los Angeles Dodgers y las llaves de su Oldsmobile. Se dice que Cayce lamentó mucho la pérdida de su boleto al gran partido, ya que había tenido una premonición y había apostado. Sin embargo; sus detractores más acérrimos dicen, que al parecer no había acertado en las quinielas.
Se lo dijo un ectoplasma a Madame Butterfly en una sesión de espiritismo con la señora Paladino la gran médium y la señora Blavatsky como testigo. Pero, dicen los cronista de lo extraño y maravilloso, que la señora Paladino ese día tuvo una indigestión y no pudo garabatear su escritura psíquica, con la fluidez caligráfica de otras sesiones. Cuando los miembros del selecto club que integraba aquella mesa danzante parisina, leyeron las palabras escritas, solo hallaron obscenidades de grueso calibre. Así que, por pudor, terminaron desechando esa importante revelación para la humanidad.
Esa gran profecía, la había expresado en sus lienzos de la serie futurista de “Las ciudades sitiadas”, el pintor Von Garratz. Y tiempo después, sentenciado alto y claro; en un día de farra bajo el efecto de la Madame Blanche, cuando en estado de gracia, recibió con claridad el gran mensaje; pero al otro día, con la cruda; recurrió la cura de wiski y de María; perdió las claves y se quedó sin memoria, y sin voz un par de meses. (María, era una poetisa lunfarda, alta y pálida, cabellera de vestal en carnabaal; que fumaba como un fuelle y bebía como cosaca y sin resaca; no vayan a ser malpensados...). Y agregan los del radio bemba correveydile de los baixos fundos; que ese día, para variar; también perdió la cartera.
Lo había sospechado Nik Bostrom: en su famoso Trilema de la simulación experimental; pero no pudo demostrarlo; y convirtieron sus tesis, en algo cercano a la especulación filosófica y ciencia ficción de la informática y la física matemática.
La verdad es que, ya nadie recuerda esta importantísima y trascendental visión profética.
Yo también, he olvidado de que se trata este texto híbrido.
Y les ofrezco mis sinceras disculpas; solo recuerdo un fragmento que…
Desafortunadamente no es muy claro para expresarlo con meridiana claridad, y considero que, es mejor dejar la exégesis y el desentrañamiento de la trascendental hierofanía a los cronistas del futuro…
Si es que los cronistas del futuro, regresan como arqueólogos viajeros de la Matrix dentro del espacio tiempo, a este olvidado Jardín de las Delicias. Eso espero; de lo contrario, estamos y estaremos en serios problemas.
DEL LIBRO:
"12 TEXTOS HÍBRIDOS... PARA TIEMPOS ILÍQUIDOS"