“JUGAR
DENTRO DE LA JAULA”
Omar García Ramírez
JOSEPH BEUYS: “I LIKE AMERICA AND AMERICA LIKES ME”
Jugamos dentro de la
jaula.
El marco conceptual de la
escenificación puede ser revulsivo o paródico. Puede ser poético; También mimético.
El marco espacial,
representa casi siempre a estructuras e instituciones.
El juego adentro se pude
componer de metáforas, objetos o acciones. La relación con toda la historia de
un país: (Beuys en “I like America and America likes me)
Si jugamos con metáforas estas
deben ser indetectables. No establecida de antemano. Dejadas a la libre interpretación
de quienes se acerquen a la propuesta o el performance.
A veces, un objeto
sencillo puede ser una metáfora.
A veces, la metáfora es
algo que no está; o un signo que está en proceso de desaparecer.
También afloran cosas;
fechas luctuosas, objetos ambiguos, diseños del pasado.
Piezas que fueron
saqueadas en una arqueología de la memoria y la violencia.
Jugar dentro de la jaula;
es decir lo que nadie piensa y pensar lo que nadie dice, aun a costa, de ser
malinterpretados.
En momentos de crispación
y confrontación social, política o estética; estos juegos dentro de la jaula
adquieren los matices de una equivocación, una boutade.
Pero es justamente allí, en
esa frontera en donde se establecen las correspondientes interpretaciones. No mensajes.
El arte no juega con mensajes; el arte juega con apariciones y desapariciones, metáforas
truncas, ideas esbozadas, dentro de espacios que no pueden contener toda la ilusión
de las ambiciones poéticas.
Jugar dentro de la jaula,
es saber, y entender, cómo el virtuoso del hambre de Kafka, que aquellas performances, que un
principio tenían el brillo de la fuerza; han perdido contundencia y que solo
algunos, muy pocos, podrán ver la belleza en esos intentos fallidos de poesía.
Jugar dentro de la jaula, es establecer signos borrosos dentro de una pantalla que pierde brillo. Y nunca
puede dar la imagen nítida.
Los jugadores dentro de
la jaula casi siempre juegan solos.
Es un juego de lobos
solitarios en los cotos de caza del sistema.
Nunca anuncian el alcance
de sus acciones; sino hasta después de haberlas establecido. Después de haber
tomado los lugares y luego de haber lanzado al hiperespacio las coordenadas secretas.
En efecto; las
coordenadas solo se pueden entender después de haber transitado los espacios semióticos
de la jaula. Después de haber sido contaminada con los brillos eléctricos de la
jaula.
La mayoría de los
artistas que juegan dentro de jaulas reglamentadas, estarán bajo vigilancia. Críticos
y algunos curadores, que rondan alrededor de estas escenografías, quieren darle
un sentido académico o institucional a estas apariciones lúdicas, sin llegar a
entender del todo las primeras intenciones.
Piensan que cierto tipo
de arte se derivó de una motivación puramente personal, sin estructura ni visión
de trascendencia.
Entonces hablan de “improvisaciones”.
O de “fuerzas creativas sin orden ni rigor”. De propuestas que no fueron
ungidas en las rancias basílicas en donde gestionan su capital simbólico.
Los jugadores que se
exponen dentro de las jaulas; saben que estas, no son más que opiniones
adocenadas que intentan clasificar y etiquetar un sueño. Una visión. Un golpe
de dados. Un grito.
Los jugadores dentro de
la jaula, operan con símbolos que con el tiempo se hacen imágenes totémicas de
aire y luz. Ahora mismo son distribuidos y reinterpretados como secuencias de
algoritmos lateralizados; que se mueven en los márgenes de un sistema.
Es mejor jugar dentro de
la jaula luminosa e institucional, que hacerlo dentro de un espacio para
señoritas y señoritos de un burdel culto.
En los burdeles cultos no hay choque, no hay
malos entendidos; en la jaulas luminosas de las instituciones hay choques,
roces, heridas, y descargas eléctricas.
Los burdeles cultos están siempre a la sombra, cerrados y guardados
bajo candado. Las jaulas institucionales están llenas de un fragor de gente
joven; de susurros o blasfemias. De asombro luminoso y permanente.
Los jugadores dentro de
las jaulas, burlan las medidas de los cancerberos para dejar plantadas las
semillas de un fuego rebelde.
También están dispuestos
a inmolarse en medio de la jugada.
De cierta manera; de eso
se trata.
Y de divertirse en medio
del riesgo.
Sin diversión ni riesgo;
no se puede jugar dentro de las jaulas.
Luego hay que salir.
El escapismo de Houdini
se impone al final. De ninguna manera, se puede permanecer mucho tiempo dentro
de las jaulas.
Del libro: “12 textos híbridos... para tiempos ilíquidos”.
2026