viernes, 22 de mayo de 2026

 

“JUGAR DENTRO DE LA JAULA”

Omar García Ramírez

 

 


JOSEPH BEUYS: “I LIKE AMERICA AND AMERICA LIKES ME

 

 

Jugamos dentro de la jaula.

El marco conceptual de la escenificación puede ser revulsivo o paródico. Puede ser poético; También mimético.

El marco espacial, representa casi siempre a estructuras e instituciones.

El juego adentro se pude componer de metáforas, objetos o acciones. La relación con toda la historia de un país: (Beuys en “I like America and America likes me)

Si jugamos con metáforas estas deben ser indetectables. No establecida de antemano. Dejadas a la libre interpretación de quienes se acerquen a la propuesta o el performance.

A veces, un objeto sencillo puede ser una metáfora.

A veces, la metáfora es algo que no está; o un signo que está en proceso de desaparecer.

También afloran cosas; fechas luctuosas, objetos ambiguos, diseños del pasado.

Piezas que fueron saqueadas en una arqueología de la memoria y la violencia.

Jugar dentro de la jaula; es decir lo que nadie piensa y pensar lo que nadie dice, aun a costa, de ser malinterpretados.

En momentos de crispación y confrontación social, política o estética; estos juegos dentro de la jaula adquieren los matices de una equivocación, una boutade.

Pero es justamente allí, en esa frontera en donde se establecen las correspondientes interpretaciones. No mensajes. El arte no juega con mensajes; el arte juega con apariciones y desapariciones, metáforas truncas, ideas esbozadas, dentro de espacios que no pueden contener toda la ilusión de las ambiciones poéticas.

Jugar dentro de la jaula, es saber, y entender, cómo el virtuoso del hambre de Kafka, que aquellas performances, que un principio tenían el brillo de la fuerza; han perdido contundencia y que solo algunos, muy pocos, podrán ver la belleza en esos intentos fallidos de poesía.

Jugar dentro de la jaula, es establecer signos borrosos dentro de una pantalla que pierde brillo. Y nunca puede dar la imagen nítida.

Los jugadores dentro de la jaula casi siempre juegan solos.

Es un juego de lobos solitarios en los cotos de caza del sistema.

Nunca anuncian el alcance de sus acciones; sino hasta después de haberlas establecido. Después de haber tomado los lugares y luego de haber lanzado al hiperespacio las coordenadas secretas.

En efecto; las coordenadas solo se pueden entender después de haber transitado los espacios semióticos de la jaula. Después de haber sido contaminada con los brillos eléctricos de la jaula.

La mayoría de los artistas que juegan dentro de jaulas reglamentadas, estarán bajo vigilancia. Críticos y algunos curadores, que rondan alrededor de estas escenografías, quieren darle un sentido académico o institucional a estas apariciones lúdicas, sin llegar a entender del todo las primeras intenciones.

Piensan que cierto tipo de arte se derivó de una motivación puramente personal, sin estructura ni visión de trascendencia.

Entonces hablan de “improvisaciones”. O de “fuerzas creativas sin orden ni rigor”. De propuestas que no fueron ungidas en las rancias basílicas en donde gestionan su capital simbólico.

Los jugadores que se exponen dentro de las jaulas; saben que estas, no son más que opiniones adocenadas que intentan clasificar y etiquetar un sueño. Una visión. Un golpe de dados. Un grito.

Los jugadores dentro de la jaula, operan con símbolos que con el tiempo se hacen imágenes totémicas de aire y luz. Ahora mismo son distribuidos y reinterpretados como secuencias de algoritmos lateralizados; que se mueven en los márgenes de un sistema.

Es mejor jugar dentro de la jaula luminosa e institucional, que hacerlo dentro de un espacio para señoritas y señoritos de un burdel culto.

En los burdeles cultos no hay choque, no hay malos entendidos; en la jaulas luminosas de las instituciones hay choques, roces, heridas, y descargas eléctricas.

Los burdeles cultos están siempre a la sombra, cerrados y guardados bajo candado. Las jaulas institucionales están llenas de un fragor de gente joven; de susurros o blasfemias. De asombro luminoso y permanente.

Los jugadores dentro de las jaulas, burlan las medidas de los cancerberos para dejar plantadas las semillas de un fuego rebelde.

También están dispuestos a inmolarse en medio de la jugada.

De cierta manera; de eso se trata.

Y de divertirse en medio del riesgo.

Sin diversión ni riesgo; no se puede jugar dentro de las jaulas.

Luego hay que salir.

El escapismo de Houdini se impone al final. De ninguna manera, se puede permanecer mucho tiempo dentro de las jaulas.



 

Del libro: “12 textos híbridos... para tiempos ilíquidos”.

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