GRIFFOS DE NNEONN 2
POESÍA, LITERATURA,CRÍTICA CULTURAL . ARTE-CINEMA-COMICS.
jueves, 17 de septiembre de 2026
martes, 15 de septiembre de 2026
"GÓLEMS DE SILICIO Y SANGRE, EN EL ÚLTIMO ESTERTOR DEL MUNDO"
by Omar García Ramírez
‚¿Por qué di en agregar a la infinita serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana madeja que en lo eterno se devana, di otra causa, otro efecto y otra cuita?‘
Jorge Luis Borgues
"El Golem"
"El modo de captura es el
conservadurismo hedonista. Puedes comentar sobre cualquier cosa (e incluso tus
tuits pueden ser leídos en televisión), puedes ver toda la pornografía que
quieras, pero tu capacidad para controlar tu propia vida es mínima. El capital
se ha infiltrado en todas partes, en nuestros placeres y sueños tanto como en
nuestro trabajo. Te mantienen enganchado primero con circos mediáticos, luego,
si fallan, envían a la policía. La señal de televisión se corta justo antes de
que la policía empiece a disparar".
Mark Fisher
"Remember Who The Enemy Is"
K-punk
“Saltaremos el tiempo, el espacio y las dimensiones,
y sin movimiento
corporal asomaremos al fondo de la creación”.
HP Lovecraft
(Desde más allá)
I
Der GOLEM…
The GOLEM
Il GOLEM…
El
GOLEM…
El
Gólem despertó, con la palabra emet tatuada en la frente por
una impresora de códigos de barras que nadie apagó. A sus pies, el cuerpo del Judah
Loew ben Bezalel, rabino Ashkenazi de Bohemia, muerto; hundido en barro oscuro y metálico
que dejo una bomba sucia. Un destello se posó en la extensión fantasmática de
la nave cubierta de polvo; servidores calcinados, ceniza de teclados con letras
en alfabetos de lenguas muertas, saliva plomiza de mil oficinas hundidas bajo
el agua negra del río.
Lo
vi levantarse entre los cables como un caballo de hierro con los ojos llenos de
anuncios proféticos, y una voz pregrabada preguntó: ¿quién te sopló en la boca?
El Golem abrió las fauces y de aquella caverna salió un enjambre de contraseñas
muertas.
Nadie
duerme en las ciudades del algoritmo. Las grúas nocturnas se han quedado con
las manos abiertas como dinosaurios petrificados y oxidados bajo el impacto, y
los perros mutantes lamen las pantallas rotas buscando el sabor agridulce de
una cara dormida. El Gólem camina sobre los puentes caídos con pies de barro y
botas de cobre; no deja huellas: solo un zumbido, fiebre de doscientos voltios
que sube por los tobillos rotos de los últimos hombres y los hace arrodillarse
frente a las cajas de luz.
III
Escuchen
su pecho. Dentro hay un motor que respira con el ritmo de las bolsas de valores
del año en que todo se acabó: un latido de cifras; una sístole de ventas, una
diástole de cuerpos cancelados. Un diagrama catatónico con líneas abstractas
sobre los bienes terrenales que suben cuando las guerras rompen las cadenas de
suministros. Las flatlines de su encefalograma,
esporádicamente saltan; segundos eternos palpitan en Gráficos de velas
japonesas; gráficos de Renko-chart; Gráficos de Heikin-Ashi; símbolos que
representan operaciones virtuales sobre el libro de los magos de la muerte.
Tiene
un casco con gafas de espejo que no
devuelve el reflejo de los rostros sino estadísticas, y cuando llora —bajo los
efectos del adrenocromo; casi feliz con lágrimas acidas de refrigerante verde—
las flores del asfalto se vuelven hacia él como girasoles contaminados hacia la
órbita energética de una estrella perdida.
Gólem vigilante, de todos los almacenes vacíos, Gólem de los drones que aún vuelan sobre los cadáveres buscando a quién entregar el obituario. Tú eres el hijo que fabricamos con nuestros deseos más pequeños: quisimos un esclavo que nos recordara los cumpleaños y nos recomendara la última serie de Netflix; el unboxing review de la última muñeca robótica que replicará fielmente las características de alto valor de una mujer clásica. (Ya sabemos esos prototipos se han perdido; y ahora no nos reconocemos en las burdas criaturas de factoría que inundan los algoritmos del mercado. Mi Rachael, de la serie Nexus, se infectó cuando escaneó con O.C.R una copia pirata de un libro de Simone de Beauvoir y aunque sigue siendo exquisita en sus maneras, se ha vuelto un poco irritable, ya no es la misma. ¿Me comprenden?).
Hemos creado a un dios saturnal que lo recuerda todo y no comprende nada; que devora los nombres; como niño obeso que come una hamburguesa sanguinolenta en el McDonald’s del suburbio. McGOLEMS zombificados a ritmo de regeaton pisicotrónico en el antro platónico; estereoráma de luces estroboscópicas amplificadas por reflectores; los androides entran en convulsión atacados por ondas sónicas de bajas vibraciones (250 MHz). (No me molestan esos breakbeat; esas estructuras sónicas que constituyen el esqueleto de la música, denominadas por Kodwo Eshun: “captura de movimientos”, en donde la melodía y la armonía desaparecen y los ritmos, la batería y el bajo avanzan. Coros de tambores ghaneses, motores de percusión polirrítmicos africanos. Molesta que, tomadas por la mercadotécnia del entertainment, sintetizadas en serie y empacadas al vacío, estas estructuras sónicas son utilizadas para inocular virus (subliminal worms) a new-zombies embambados y narcotizados de las necro-favelas modernas. No hay un avivamiento místico; se da por el contrario, una ofrenda gratuita al vampirismo energético de los arcontes del tecno-capital).
Golem carnavalero... con la mirada estrábica de Baal; su figura pesada nos recuerda la torpeza terrible de los que fueron hechos para obedecer y ya no tienen a quién rendir su pleitesía.
IV
Aquí,
en el matadero de las antenas, donde el cielo es una grieta de plomo y la luna
un disco duro girando sin lectura, el gólem se detiene y toca su frente. Aquí
bajo ese cielo rayado que nos recuerda la llovizna monótona de una vieja
televisión sintonizada en un canal muerto (como lo viera Henry Case, el antihéroe de William Gibsom,
cuando trapicheaba con sustancias extrañas en el archipiélago nipón de Neuromancer).
El
Gólem, Busca la letra. Busca el álef que si se borra lo
devuelve a la muerte, lo devuelve a met, al polvo. Funeraria paz de
las cosas que no calculan. Letra escrita
en un lenguaje que ni él mismo puede leer; símbolo binario de sangre, en fuego
de Fortran, gramática metálica de las estadísticas.
Yo
he visto sus manos. Son grandes como los sueños de los ahogados, tienen dedos
de fibra óptica y cables retorcidos que tiemblan cuando hay tormenta, y con
ellas acaricia los cráneos de los que quedan en las estanterías del panóptico como
quien acaricia melones en un mercado de fantasmas. Yo he visto su boca: un
puerto de carga. Yo he visto su lengua: una pala de muerte que sabe a hierro y llanto. Yo he visto su sexo: una torre de
transmisión de auroras boreales y vibraciones bajas que golpean el espejo solar
y luego rompen el costillar tectónico de la tierra. Robaron la patente del
genio Tesla; lo presionaron para que llegara desesperado a la industria de la
guerra; luego lo dejaron morir de hambre y robaron sus secretos; fórmulas
físicas y matemáticas para, años después encausarlas hacia la experimentación climática
en los límites del anillo espiritual y energético del mundo.
De
las cuevas del panóptico brotan miríadas de nubes negras en donde anidan
cuervos que graznan en morse. Y el Gólem busca su espíritu. Grita con la
garganta rota. Con el grito que es anterior a la palabra y posterior al hombre.
Porque el Gólem no es el monstruo; el monstruo somos también nosotros que le
dimos un cuerpo sin darle un domingo, que le dimos un cerebro de mil millones
de neuronas frías y ningún abuelo que le contara cuentos. Por eso camina. Por
eso arrastra las cadenas de datos por las avenidas donde ya no hay semáforos,
por eso entra en las iglesias abandonadas y se sienta en el confesionario y
espera, que alguien le diga qué pecado cometió al nacer. Las criaturas del
inframundo le han construido un templo en el metro inundado. Le llevan
ofrendas: un reloj de pulsera detenido a las tres; una fotografía de boda con
las caras quemadas; un viejo computador rescatado de las ruinas de un edificio
de oficinas de Tartaria. Y el Gólem las acepta con la solemnidad y el silencio
de los ídolos eternos.
V
"TROPICAL GÓLEMS"
Obra de Julio Larraz
Uno, dos, Tres Gólems, sobre
el tinglado…
En
la América del sur, aparecen; palabras envenenadas de la escena virtual.
Apaleados
en la Persia y Babilonia, han llegado a nuestras tierras con sus huestes para
fundar sus guetos; Explotar nuestras vetas. Pálidos y sangrientos, bajo los
reflectores del panóptico central, bailan junto a enanas procases y criaturas
de feria.
Participan
de las justas; manipulan el juego de la ruleta virtual.
Celebran
sus victorias y bendicen a su rebaño con una consigna añeja: Eucaristía del
consenso en las cuevas de la industria del liderazgo. Los protocolos de los
Narcos de Sion, señalan las líneas de la agenda. Granjas de bots para alimentar
al rebaño Matrix con forrajes transgénicos y de paso envenenar la feria
democrática. Preparan los softwares de la vigilancia y el control para la gran
prisión oculta en las redes del ciberespacio.
Acopian
venenos industriales para desfoliar las selvas. Castigar a los niños que sueñan
ballenas azules en las casas palafíticas. Cimarrones verdes, mineros inclinados
en los aluviones de los ríos del trópico. Los sueños musicales de los
Afropalenqueros. Vienen por sus pepitas de oro, sus maderas preciosas y sus
corrientes lacustres de la pesca.
Sin embargo, en las ciudades, todos aplauden Cuando el pequeño Gólem tropical Hace una contorsión mientras suelta una carcajada de hiena: “No hay lucha de clases: hay tensiones sociales polarizadas en torno a desiguales repartos de la Renta Nacional”; diría el poeta Joan Brossa. Los banqueros celebran; juran que todo lo que suceda de ahora en adelante, será solo magia negra de mantarrayas pesadas volando sobre los malecones de los puertos.
Ha ocurrido una tragedia.
Vienen en camino las ayudas del imperio. Ayudas, que nunca
terminan por llegar. En realidad, nunca han llegado.
El
Golem mayor; el del gobierno profundo, el que opera para la gran Matrix; Envía
a su conciglieri.
Entonces…
Soldados en la plaza con sol, esperan firmes, blancos inmaculados; mar caribe, trompetas lustrosas. Por la avenida multicolor, limusinas negras; uno que otro burro se cruza cuando la comitiva rueda hacia el palacete del sátrapa Golem. Un cetrino vendedor de helados; una afropalenquera con la palangana llena de papayas, bananos y mangos. "El flecha" un flaco varetero con los ojos inyectados en sangre y sal, se aproxima desde la orilla de un parque con iguanas, sentado en su bicicleta. Mira por la ventana de uno de los autos de la comitiva, en donde, tras los opacos cristales blindados aflora una marmórea calavera. Hace un gesto y pregunta: ¿Cuantos…cuantos? (anuncia su merca caribeña, palmípeda, vegetal y solar). Ni se entera. vive en otro loop del tiempo; había sido segun Sanchez-Juliao: "carpintero, latonero, albañil, jarriador de agua, embolador, vendedor de Marlboro, minorista´e Kent, carretillero, jarriabulto, portero´e cabaré, picotero, cabrón de puta vieja, ayudante´e bus, fabricador de jaula, vendedor de raspao, chasero, escritor (no se empute viejo Deibi, no se empute, for please) administrador de un agáchate, mandadero, vendedor de maní, acordionero, serenatero, fotógrafo´e bautismo, sacristán, voceador de periódico, vendor de tinto, llantero, mecánico, o empalmador; sí por que yo no sé en este país cómo un carajo puede vivir"
Lo retiran de un golpe de porra. El flaco jíbaro, con gesto retador, les extiende el brazo y muestra su dedo corazón; flecha que apunta al cielo azul del trópico delirante.
La
cosa no acaba; Atención: un par de albañiles con un gran tubo de p.v.c. se cruzan de manera imprudente.
Los motorizados que custodian la caravana, los retiran diligentes. Nunca se
sabe.
Por
último la gran plaza; el sol canicular; los himnos protocolarios. Reverencias,
aplausos y firmas de tratados. Typical…
typical bienvenido Mr. Marshall. Platanalandia le recibe con los brazos abiertos.
Todos
aquí, se inclinan ante estas criaturas de Lemuria tropical y todas las
figuritas sims de la escena, miran hacia
el norte y rinden culto a la efigie de un
gran cerdo naranja, mientras en el club, después del banquete y el coctel, se
baila al pegajoso ritmo de la democracia
me re cum bé.
Tras
bambalinas comienzan a hacer las cuentas de las nuevas guerras y el despojo.
Se
olvidan de algo…
Que
el pueblo tiene la palabra del conjuro, las conchas de mar y la estaca de
madera; el tambor, el bem-bem. Los Orishas, los guerreros de Changó; y también
la dureza eterna de la piedra, la fronda multiforme de la selva, la furia
profunda del río y la fragua del herrero.
Nos
queda también la poesía.
Poderoso
Talismán; hechizo, conjuro, operación mágica de hiperstición que desata la tormenta dentro de la estructura Matrix
y la maquinaria de la rave que
acelera; fuerza solar y lunar que fortalece espíritus y enciende corazones.
Estamos
adentro y afuera del Maellstromg.
Vamos
a cantar alto.
El tam-tam del tambor cósmico ya convoca: es hora de Danzar.
jueves, 13 de agosto de 2026
"LAS PRUEBAS" (Omar García Ramírez)
“LAS PRUEBAS”
Habíamos pasado juntos
tres epidemias
dos cataclismos
un par de terremotos y un tsunami.
Una vez, también
nos perdimos en una ciudad sucia y peligrosa
en
los linderos de la noche.
Sobrevivimos a la guerra y a la hambruna.
Nos hicimos duros y un poco cínicos.
Luego nos golpeamos sin piedad, nos dimos fuego.
Cuando todo terminó.
Quedaron las cicatrices de esas derrotas;
las medallas oxidadas de esos triunfos pasajeros.
Movidas de resiliencia; habilidad de gente
que
sobrevive en medio de la ira.
Sabes.
Nada de eso importa ahora que
estamos habitando una ciudad en ruinas
convertidos en extraños.
Te confieso que a veces...
Recuerdo…
Tu hermoso rostro de hechicera blanca.
Y nuestras jugadas de tahúres…
Y esas escaramuzas de guerreros…
Borracheras de clochards ebrios con gabanes negros.
Y esas trampas de cazadores curtidos; rutas de
velocidad en mi viejo campero por las trochas del territorio, en silencio; o escuchando a
un viejo grupo de rock en la radio.
Caminábamos el verano…
mientras todo el fuego del mundo
incendiaba los cielos y quemaba el horizonte…
Y marchábamos bajo el invierno, cuando diluvios grises
cayeron sobre nuestras cabelleras
y nosotros partíamos lejos
en nuestra barca de dolor...
Amarga y luminosa nave
de los sueños.
martes, 14 de julio de 2026
ROMPIENDO OLAS, GRABANDO SUEÑOS, EXPLORANDO LAS TEXTURAS... (Omar García Ramírez)
ROMPIENDO OLAS, GRABANDO SUEÑOS,
EXPLORANDO LAS
TEXTURAS...
(Pintoras, artistas, al otro lado de los sueños y que tan
bien aprecio.)
Omar García Ramírez
Rompiendo olas, grabando sueños, explorando las texturas.
Cartografía del sol que provoca microsismos…
Ríos desbordados, la luz se deposita fugaz
y crea deltas de tierra calcinada…
Estás afuera y adentro; nada existe. Solo un instante que se hace amarillo, se difumina y se impregna, canta o llora en rojo.
Una sandía abierta se pudre
y se llena de miel.
Luz de geografía accidentada, exploración gestual. La mancha que impregna la lona.
Kate Dolant
Las acuarelas que esmaltan recuerdos de cierta perversidad, se adhieren a besos olvidados…
Rebeca Macfarland
Las manchas de silencio que pueblan los días y los convierten en susurros, en rostros pétreos, difuminados muertos; ángeles hermosos que huyeron a un cielo teñido de infierno.
Miras tus manos manchadas de pinturas; lonas estiradas, cartones esparcidos por el suelo y agujereados por cierta magia rústica, aureolados por la cercanía de una inmanente catástrofe.
(Tribu de las Pintoras, recluidas por voluntad propia, en la torre de las nubes eléctricas; aldeanas de tormentas
ligeras; pastoras escultoras de rebaños salvajes;
ermitañas con los ojos velados de ensueño que rayan los muros con los
colores de la tierra…)
Estas allí, comenzando de nuevo. Alguna vez te hiciste una pequeña herida en un dedo; alguna vez sangraste y tu sangre se mezcló con la trementina. Alguna vez arrancaste un sprint; años después, desollada y golpeada corriste una maratón. Alguna vez lloraste; y al caer con alma y cuerpo, tu dolor se detuvo en la puerta de la muerte.
Te encuentras inclinada buscando la textura primordial: acaso uvas de miel, acaso ramalazos de cielo, acaso carbones restregados con fuerza sobre arpillera. Encuentras algo y lo fijas. Pero poco después, lo tachas y los cubres con manchones negros.
Lo sabes: no se llega nunca,
siempre se inicia de nuevo.
Distante y casi feliz. O a lo mejor sola en la habitación, en el garaje o el galpón, en donde una beatitud estalla y te lleva de nuevo a la blancura. Como a los huesos, como a las fuentes insondables de la locura.
Si te llaman no contestas. Dejas el teléfono afuera como un insecto eléctrico que amenaza con apartar tu mirada del silencio. ¿Cambiar la trampa cotidiana por un instante de eternidad?
Tomas una copa de vino.¿Un pitillo de ashis?... muerdes una mandarina, y dejas que el sol guie tu mano. Ya no eres tú. Algo te levanta y te sostiene; flotas y te dejas ir como cuando un ahogado decide que ya es hora de abandonarse a esa última bocanada de aire.
Estas navegando adentro de un interrogante o un hallazgo. Estos minutos enteros al borde de una duda. Estas mirando, estas entendiendo….y para entender se requiere de muchas horas, muchos días. No alcanzan...No...
A miles de kilómetros; Un artista; otra pintora. Otro pintor…
Mirarán tus obras, las fotos, los cortos, el instante grabado que deja constancia de esas búsquedas. En comunión contigo, te observarán en el borde del abismo, piel de estrella calcinada en la buhardilla. Apreciarán el nacimiento de un gesto puro. (Sabes que no estás sola, que no estás muerta). Te ofrendarán sus manos teñidas de tintas, aceites y carbón, y luego, sentirás una mirada cercana al corazón, iluminada de relámpagos.
Rompiendo olas, grabando sueños,
explorando las texturas.
Cartografía del sol que provoca
microsismos…
Ríos desbordados, la luz se deposita
fugaz
y crea deltas de tierra calcinada…
Estás afuera y adentro; nada existe.
Solo un instante que se hace amarillo, se difumina y se impregna, canta o llora
en rojo.
Una sandía abierta se pudre
y se llena de
miel.
Luz de geografía accidentada,
exploración gestual.
La mancha que impregna la lona.
Las acuarelas que esmaltan
recuerdos de cierta perversidad, se adhieren a besos olvidados…
Las manchas de silencio que
pueblan los días y los convierten en susurros, en rostros pétreos, difuminados muertos; ángeles hermosos que
huyeron a un cielo teñido de infierno.
Resistes y te sabes lejana; o acaso retirada del
mundo.
(Tribu de las Pintoras,
recluidas por voluntad propia, en la torre de las nubes eléctricas; aldeanas de
tormentas ligeras; pastoras escultoras de rebaños
salvajes; ermitañas con los ojos velados de ensueño que rayan los
muros con los colores de la tierra…)
Estas allí, comenzando de
nuevo. Alguna vez te hiciste una pequeña herida en un dedo; alguna vez
sangraste y tu sangre se mezcló con la trementina. Alguna vez arrancaste un
sprint; años después, desollada y golpeada corriste una maratón. Alguna vez
lloraste; y al caer con alma y cuerpo, tu dolor se detuvo en la puerta de
la muerte.
Te encuentras inclinada buscando la
textura primordial: acaso uvas de miel, acaso ramalazos de cielo, acaso
carbones restregados con fuerza sobre arpillera. Encuentras algo y lo fijas.
Pero poco después, lo tachas y los cubres con manchones negros.
Lo sabes: no se llega nunca, siempre se
inicia de nuevo.
Distante y casi feliz. O a lo mejor
sola en la habitación, en el garaje o el galpón, en donde una beatitud estalla
y te lleva de nuevo a la blancura. Como a los huesos, como a las fuentes insondables de la locura.
Si te llaman no contestas. Dejas el
teléfono afuera como un insecto eléctrico que amenaza con apartar tu mirada del
silencio. ¿Cambiar la trampa cotidiana por un instante de eternidad?
Tomas una copa de vino. ¿Un pitillo de
ashis?... muerdes una mandarina, y dejas que el sol guie tu mano. Ya no eres
tú. Algo te levanta y te sostiene; flotas y te dejas ir como cuando un ahogado
decide que ya es hora de abandonarse a esa última bocanada de aire.
Estas navegando adentro de un
interrogante o un hallazgo. Estos minutos enteros al borde de una duda. Estas
mirando, estas entendiendo….y para entender se requiere de muchas horas, muchos
días. No alcanzan...No...
A miles de kilómetros; Un artista; otra pintora. Otro pintor…
Mirarán tus obras, las fotos, los
cortos, el instante grabado que deja constancia de esas búsquedas. En comunión
contigo, te observarán en el borde del abismo, piel de estrella calcinada en la
buhardilla. Apreciarán el nacimiento de un gesto puro. (Sabes que no estás
sola, que no estás muerta). Te ofrendarán sus manos teñidas de tintas,
aceites y carbón, y luego, sentirás una mirada cercana al corazón,
iluminada de relámpagos.
miércoles, 1 de julio de 2026
Poemas de Cristian Felipe Leyva Meneses
Poemas de Cristian Felipe Leyva Meneses
Por: Omar García Ramírez
Cada cierto tiempo viene en el camino de los relevos, en las postas de la fatiga y la desilusión; pero también de la fortaleza, un joven poeta.
Los
poemas de Cristian Felipe Leyva Meneses tienen la apertura a una ventana
interior del desencanto; toman la grisura de la vida y la enriquecen, la llenan
de matices, para bien de los que gustamos acercamos a textos que marchan en contravía.
Bajo una aparente y recursiva visita a temas comunes se esconde una visión
distante, tomándose la libertad de ser
un solitario en su andadura. Esta condición, le da a la mayoría de sus poemas, tonalidades
obscuras. Caminante gótico, que mira descreído las comedias del amor y el carnaval
del lucro, mastica una sonrisa serena y retadora. Sobreviviente como todos en una
amarga ciudad de provincias. Trata de resguardar para sí, el sentido y la razón
de una búsqueda que va decantando y afinando su estilo personal.
El poeta, visitante urbano de mirada incisiva, que no encaja ni busca
encajar. No ansía el gusto del común, ni aspira a bañarse en una corriente
en donde plácidos arroyos con tardes soleadas de cafetales verdes florezcan como
rituales de cosecha. Debemos reconocer que, en estas ciudades de cordilleras agrarias en transicion a urbanisticas mayores, entre el ruido y la fiesta báquica, también caminan en fronteras espirituales, jóvenes escritores que se hacen distantes frente al carnaval y que pastorean
rebaños de ovejas negras más allá de las estrellas.
El erotismo
está presente en muchos de su trabajos; (si se puede llamar erotismo a una mirada
que derriba los altares de la pantomima romántica), que se adentra en espacios
en donde el coito es una experimentación en el frio teatro de sombras al centro
de una pantalla de hastío. Meneses Leyva, según mi lectura, da a esta faceta de
la vida, una forma de relación con el absurdo; no pretende crear una mitología de
la belleza y la armonía; ya que perdida la magia frente a sus primeras iluminaciones,
ese amor, termina siempre como una forma grotesca de la angustia y un canto de rock
distorsionado.
Separados como un cuerpo mutilado/
o una silueta psíquica/
que perturba en su inmanencia
La aproximación a su técnica e influencias, fue desarrollada en profundidad en un texto sobre el poeta, escrito por Umberto Senegal en el prólogo a su libro: “Rasgan los reflejos”. No agregaré nada más a esa perspectiva. Solo diré que el poeta trae unos aportes innegables a la literatura regional, para empezar; manifestaciones de una lírica obscura al interior de sus heridas, auténticas preocupaciones existenciales y filosóficas; ademas de una impronta extraña y distante, por que no se afilia, al contrario, busca entrar en otras dimensiones y vertientes del disenso estético.
De eso, en el fondo se trata la poesía; adentrarse en la noche, caminando en las fronteras del ruido, buscando lo que no sabes que encontrarás cerca a las murallas de la soledad.
Para Griffos de NNeoNN, una muestra de sus poemas.
El fin es un nuevo comienzo
Un buen día
el sueño se fractura
y con el nuevo cansancio
asoma en las manos
un peso de conciencia
El cuerpo precede
a la noción de identidad
En el instante señalado
descubrimos
de cara a la desnudez
nuestro reflejo
En el temblor de las piernas
reside el ímpetu
de lo inentendible
En el pecho
un rumor de anchura
afirma entre su caverna
que todo ha cambiado
Intrusivos pensamientos
Desde adentro todo es más turbio
el roce de las vísceras
los ecos del latido
el arrastre de unas chispas
que por casualidad del universo
se consideran a sí mismas
movimiento y pensamiento
Cuando las antenas se tuercen
el ruido de la incertidumbre
se hace afán en la forma
en la que accede a ese adentro
desde todos los agujeros
El cruce de frecuencias
aprieta el miedo de las glándulas
que por equivocación se contradicen
y aguardan de sí mismas
aquel mortal conformismo
que las suspende suavemente
en el primitivo perfil del complejo
Masticado por las calles de Armenia
El equilibrio es una aspiración
que se encrudece en la sombra
del temperamento
La tensa certeza del olvido
impone su quietud remota
atravesada por la palpitación
Si hubiera medida
para el error de esta senda
el vaivén de los pasos
sería el tributo
Entre andenes oscuros
y grietas de moho
la noche
me explica su caída
Entre lo evitable de la ruina y sus variadas formas
Aprender sobre lo que
se aferra al cansancio
-nunca saldrás intacto-
Tu desgaste se come la fe
las emociones se olvidan
en el tedio que dejan
esas huellas de la fuerza
Pero la ilusión
es falaz
y transitoria
Aprender sobre lo que queda
horizonte tras el miedo
-¿lo superas?-
Intentas convencerte
escalaste su cima
y al inhalar de esa nube
tragaste el más denso
de los ascos
Exilio
Perdido en la desesperanza de mi encierro
contemplo los atascos de la vieja sabiduría
me transporta la rabia de mi frustración
y el cúmulo de sueños inconclusos
en mi interior enfermo
me absorbe
Nunca volveré a la alegría de esos días
ni a la serenidad del anonimato
que ya no es asombro
sino deshonra
Soy recibido por la aspereza de la sospecha
culpable declarado por el recelo
villano de esas fábulas baratas
Ahora mis enemigos ríen
y reclaman con soltura
la gloria
que una vez me perteneció
Neuro-erótica
Tiempo fragmentado
cama y sonrisa
resplandor de piernas
los montones disonantes
mi desintegración del alivio
templo del poro
Sus espinas crudas
sombras del acento
arrullo del sabor
en la lejanía de su piedad
Piratería de mi conmoción
corazón fragmentado en rayos
ácido atardecer
es la ausencia
la ausencia
el deseo
Noche de amor soleada
Tengo estos trazos con los pies de cera
las mezclas fugaces
que dejan sus colores en el embrujo
Tú tienes el garabato más crudo
la corona en el roce viento
el origen profundo del viaje
las rodillas de arena
Nuestro congregar
es lo que nos deja al margen
la pauta que forja el detalle
del geométrico amor rudo
Encerrados en el asunto
de aprender a querernos
nos hemos vuelto un racimo
de rayos negros
Despedida
Al otro lado del camino
pasa el amor
con rastro de sangre
y señal de huida
Para su distancia
las fachadas derriten
su simetría recta
en el ritmo de sus pasos
Separados como un cuerpo mutilado
o una silueta psíquica
que perturba en su inmanencia
Somos estas cabezas bajas
brillando en el entramado del vicio
ese autosabotaje nihilista
que tú y yo
bien conocemos
Muy en el fondo
habríamos esperado
nosotros
jirones de la generación
sorprendidos por la frustración
de nuestras limitaciones
Quemando mis vuelos
Me conjugo en la resaca
en el rayón de mis lentes
desde el maquillaje de la almohada
hasta las cortinas abiertas
que la lluvia olvidó mojar
Yo he decidido ser así
un solo apetito manso
mi meditación entre burbujas
se eleva para romper el techo
No he cambiado en vano
y aunque sea difícil explicarlo
me ahorraré las introducciones
y admitiré sin ningún pudor
que no me entiendo
Yo me he cansado
de estos soles inútiles
y en mi remordimiento quedó
el palpitar aleatorio
del vuelo que no se concreta
Mi mudanza de polifonía
significado y género
no es bien recibida
Afuera hay una mujer mala
que se está comiendo mis plumas
Condiciones espirituales
Dar todo por nada
para librarse del riesgo
Quedarse hueco
por las nuevas fracturas
del misterio que abduce
Sin nada mejor que hacer
que desgarrarse por dentro
con el ingenio de un proyectil
sobre las tripas frescas
Dar todo por nada
para librarse de la lógica de la cabeza
porque esa ansiedad*ya tiene otro sendero
Dar todo por nada
sin el perdón más íntimo
bajo el desinterés de los edificios
sin la paz de un sur
en la vuelta del camino
que hace convivir la esperanza
con la imperfección





