viernes, 25 de diciembre de 2020

DIGRESIONES SOBRE LOS TORNEOS SIMBÓLICOS....

 


DIGRESIONES SOBRE LOS TORNEOS SIMBÓLICOS

EN EL CAMPO DE LA CULTURA EN COLOMBIA.

Entrevista aOmar García Ramírez

 

Por: Merardo Aristizabal

Para

GRIFFOS DE NNEONN

 

 

Merardo Aristizabal— En días pasados me recomendabas la lectura del el libro de ensayos de Pierre Bourdieu CAMPO DE PODER Y CAMPO INTELECTUAL… Reconozco que, aunque hace tiempo sabía que estaba expuesto a estos campos de fuerza que se expresan al interior de la cultura, no era consiente. Ahora, después de su lectura y en esa línea de crítica… En los torneos en el campo simbólico, se arriesga un capital cultural. Haz participado de esos torneos… ¿Qué hay allí, qué se juega allí?

Omar García Ramírez—Estimado Merardo…El sociólogo francés, Pierre Bourdieu fue uno de los primeros que se ocupó de las dinámicas que rigen campo intelectual y abrió un debate sobre esas estructuras sociales, mostrando sus modos y maneras (habitus); los procesos para alcanzar prestigio, tanto en la academia como en el campo de las artes y sobre todo, dejó en claro que, lo que allí sucede obedece a unas dinámicas de poder. Aplicando esto a nuestro país, entendemos el porqué de la urgencia de abrir el debate, puesto que en tiempos de pandemia, se da un raro fenómeno, el de la confluencia de dos fuerzas que si bien antes estaban muy cercanas, ahora tiene la opción de convertirse en una criatura siamesa de muy interesante contextura. Cuando un sector de la academia y la burocracia, parecieran identificarse en tiempos de crisis, se crea una alianza en el campo de poder simbólico, que de alguna manera delinea las  relaciones entre artistas y la sociedad.

M.A.—En nuestro país, en tiempos de pandemia, estas estas estructuras burocráticas han tomado mucho peso y al parecer tratan de distribuir los presupuestos para la cultura a su acomodo. El acceso a los recursos sin una veeduría ciudadana, les hace casi inmunes a cualquier crítica. Esto lo podemos ver reflejado en muchos aspectos de la contratación pública, los concursos,  y otro tipo de asuntos asistenciales. En este tipo de certámenes se da una clara relación entre burocracias y ciertos círculos de la politiquería. ¿Cómo ves esta situación…?

O.G.R.—Estos certámenes también deberían ser objeto de revisión y aproximación crítica. Los llamaría torneos simbólicos, Hablar sobre estas convocatorias, donde algunos artistas se ha postulado y han perdido, no deja de parecer un acto de revancha. Lo digo siendo severo, inicialmente hablo solo por mí. Pero es una situación en donde unos escritores se exponen ante otros escritores. Y como tal es un acto de posicionamiento en donde esas estructuras burocráticas juegan un papel fundamental, desde la elección de los jurados hasta el diseño y extensión de las recomendaciones. No deja de ser extraño, entrar a un circo en donde te expones, desnudo y expuesto a la picana. El escribir después, sobre estos eventos es de cierta manera, una forma de arreglar las cargas. Además, el arte en general y de la literatura en particular está lleno de fracasos, la literatura es, de cierta manera una actitud filosófica ante el fracaso. Bueno, eso ya lo ha dicho mucha gente. Se alimenta como un gran palimpsesto de tachaduras y borrones y su verdadera poesía aflora sobre el tablero podrido de la memoria. Ya lo dijo Kristeva, ya lo dijo Genett.

Así que, en cualquier momento y por las circunstancias que sean, cualquier artista termina participando. Y te diré, para iniciar una respuesta a tu pregunta: ese campo de juego, es un campo de conflicto y como tal de choque…Por lo tanto no puede estar eximido de crítica.

M.A.— Creo que participar, es asistir a la expectativa de una confirmación; una confirmación que se sabe, no llegará, el talento como tal no es el que juega. Son otros factores externos los que terminan prevaleciendo. A veces... ¿No sería mejor mantenerse en la distancia? ¿Participar o no participar?… vale la pena… Dígame…?

O.G.R.— Que en Colombia un escritor o artista cualquiera que sea su disciplina, se someta a estas ordalías, es una tradición; y es un riesgo que todos en alguna oportunidad, hemos corrido. Como escritores, alguna vez hemos probado en carne propia estas fallidas decisiones. Pero no se crea que todo es malo, que un escritor revise y ponga punto final a ese manuscrito que reposaba en los fondos de los archivos perdidos. Que termine esa obra que se había empastelado. Que pase la página y de una vez por todas termine por exorcizar ese fantasma; es casi un punto de alivio. El decir: no volveré a tratar contigo fantasma de voces atenuadas. Ya hice lo que podía hacer por ti. ¡Ve a otra parte o desaparece para siempre!

Ahora, bajo qué circunstancias y a qué se expone el artista, frente a estas estructuras, que tienen capacidad de decisión sobre el campo simbólico y estético….eh ahí el dilema.

M.A.— Has sido un "jugador" de vieja data en este tipo de eventos y torneos; y sé, de buena fuente, que a pesar de algunos premios y reconocimientos importantes, son más los bloqueos, las trapisondas que se arman diestras de los escenarios; y los enfrentamientos con los encargados de lo que tu llamas el aparatich…lo que prevalece y es más significativo en esa historia de torneos. ¿Qué dices sobre ello?.

O.G.R.— He visto un accionar general en el campo de los torneos simbólicos. Primero aclarar que no participo de todo y segundo que, aunque en el pasado he ganado algunos de estos certámenes es mi historial de finalista, lo que me orienta sobre la calidad o la falta de ella en algunas de mis obras. Tu, como hombre de teatro, conoces la famosa sentencia de los dramaturgos españoles del siglo de oro sobre el tema: sí, pues eso.  Con cierto tratamiento subjetivo puedo hablar sobre el asunto. Expongo mi opinión, mis ideas; siempre me rio de mí mismo y ahora soltaré una carcajada por mi estupidez. Pero de eso se trata, algunas veces es reconocer tu estupidez. Si tocamos anomalías en el tema regional, en el campo de estos torneos simbólicos literarios, podríamos señalar la presencia de Un jurado casi eterno. No externo. Eterno, ya que por más de 4 justas de un torneo nacional con sede en Pereira, ha estado allí. No en esta última, pero ese jurado de la vecina ciudad de Manizales que con sus juicios, ha premiado lo que le ha dado la gana y se ha impuesto durante cuatro o más veces. Considero que una persona, que se dice prestante intelectualmente y que ya ha sido jurado de un torneo, debería declararse impedido. Y por parte de los administradores  restringido. Vuelvo y reitero, creo que se trata de un campo de lucha y de poder simbólico, y como tal, no puede estar exento de crítica y de revisión. Aunque la verdad estimado Merardo. No creo que cambié nada. Espero que con el tiempo, al menos se pueda pedir más rigor.

M.A.— En Colombia, en algunos sectores de las artes hay jurados de carrera ¿es esto ya casi una profesión?

Hay jurados que hacen carrera de jurados y de cierta manera, esto impone una forma de ver las cosas en el campo del arte, de la literatura, la poesía y el teatro; qué vale y qué no. Lo digo también por que en otras disciplinas estos jueces se tornan instituciones y como tal en guardianes de una tradición que reclaman para sí y prolongan por años y hasta décadas…

De cierta manera, se ha creado ya una tradición de jurados, un lobby de jurados y hasta un banco oficial de jurados con vocación de perennidad; que claro influyen en la producción cultural de una región y  de un país. Pregunto Merardo: qué pensarían los atildados intelectuales manizalitas, sus poetas de barcos de papel, los ilustrados de la universidad de Caldas, los nuevos grecoquimbayas de raíces montañeras, si durante cuatro  o cinco veces consecutivas, les impusieran como jurado para uno de sus concursos a un escritor de Risaralda o del Quindío. Que dirían. ¿Se quedarían callados?  ¿Mantendrían las formas caballerescas de los escritores de Pereira y Quindío, quienes casi siempre guardan una distancia higiénica frente a este tipo de debates? ¿Perderían sus modales? Sí, son cosas de burocracias académicas, cosas de funcionarios, ellos saben cómo se hacen bien las cosas y mientras tanto… ¿las ideas sobre la novela… que?, y mientras tanto… ¿los moldes impuestos a estas nuevas obras que llegan de todo Colombia… qué? ¿Y la censura velada que se impone a otras formas de escribir...qué? No hablo de regionalismos, hablo de juicios y decisiones que recaen de manera habitual y con mucha frecuencia en los mismos personajes.

Ya tú vas a la ruleta con la cara curtida. No me hago ilusiones, nunca me he hecho ilusiones y créame, no doy lata por dar la lata. Lo hago con razones de sobra. Y pueden estar seguros que cuando escribo y hablo en esta ágora cibernética voy marcando tendencia. No se ve, es subterránea, es underground, está llena de ironía. La única que vale la pena, lo demás son palmaditas en la espalda. 

M.A.— Cuando en medio de una pandemia, el asistencialismo parece ser la norma. Ya que los artistas no pueden trabajar debido a las restricciones; la estructura hegemónica, se impone. Marca líneas tendencias y favoritismos. La estética se hace oficial. Los incomodos son censurados y los rebeldes intentan ser aplacados. Así lo veo yo…Es decir el campo del debate se amplía a esas justas, a esos premios, ya que no puede quedar relegados a simples decisiones de burocracias…

O.G.—Tú lo has dicho. Y diré más; jugamos sobre un campo minado. Primero eso, los jurados, nunca debería repetir más de tres veces, en un país lleno de académicos prestantes, escritores e intelectuales que tiene diversas formas de ver el mundo, la historia, el arte y en particular el arte de la novela. No todos ven la novela como un guion cinematográfico, no todos ven la novela como música ligera de rosal florido. Hay quienes, afortunadamente ven la literatura como un campo de experimentación y ensayo filosófico, como lo expresaba en el arte de la novela kundera; como espacio de estética ecléctica y dinámica propugnado por Vicente Verdú en su pequeño decálogo. Imponer un jurado o insistir en un jurado por más de tres ocasiones, crea, impone un estilo literario, premia una forma de ver las cosas y sobre todo bloquea a una serie de escritores jóvenes que tiene cosas que decir y de manera diferente. Además, escritores con algo de pudor, deberían mostrarse impedidos para tales menesteres cuando su presencia ha sido reiterativa. Pero eso en Colombia, es cosa natural; se de ciertos especímenes, que han sido jurado más de doce veces en todo tipo de premios literarios, especialmente en el campo de la poesía, con lo tal ha creado ya un modus operandi que a todas luces es y será muy censurable. Casi un ecosistema de laureles y condecoraciones. No son escritores, son jurados de escritores; llevan un escudo en su solapa casposa que dice: “Soy jurado profesional de premios literarios”. Y así como estos sujetos, existen en Colombia media docena de cortesanas de la literatura que se presta para censurar, bloquear y manipular. Cofradías del mutuo elogio,  camarillas de la trapisonda, coristas de los burdeles de la cosa intelectual, modistillos de la literatura que hacen el corte y confección de las nuevas tendencias, que son las viejas tendencias de siempre.  Moralistas y censuradores de profesión de cara al respetable, pero que, desde hace décadas, manejan soterradamente y tras bambalinas los criterios con que se juzga la obra literaria y artística de varias generaciones en Colombia.

M.A.–– ¿Existe alguna obra que haya sido premiada en esos concursos y que de verdad diga cosas nuevas, o al menos aporte una estética renovadora, rompedora y cree algo de verdad nuevo? Digo esto por que tanto en el campo de la poesía como del teatro y de la novela...No la veo por ninguna parte. ahora, esta situación es similar en el campo de la obra editorial... 

¿Qué obra dramática, en el campo del teatro, de la novela o de la poesía colombiana ha dicho cosas que de verdad inspiren a las nuevas generaciones literarias? ¿Qué obra de ruptura plantea nuevos derroteros a la novela colombiana? Miremos los últimos diez años; que sean veinte. Hay cosas muy líricas, hay tratados de botánica y heráldica hermosos, obras de colonización y de aventura; pero hablemos de obras que desde lo estético planteen nuevas formas de entender la novela colombiana. Que superen los macondismos y la novelita de sala de aeropuerto… Miren las novelas del maistream miren, lean y después… me comentan.

Luego, algunos se convierten en consejeros y también por supuesto, en lectores de ciertas editoriales…es complicado para los escritores salir de estos lineamientos; decir algo, sin tener que estar adscrito a esos credos estéticos…Ya que muchas veces, aquellos lectores son los mismos que, tras las bambalinas de estas editoriales, hacen la venia y pax deux de la puerta giratoria. Aunque el mundo editorial ha cambiado de manera radical, la virtualidad se impone y los contenidos pasan del papel a los bites distribuyéndose de una manera diferente y las editoriales independientes son desde hace décadas, una realidad; el panorama publicitario sigue siendo copado por un espectro de la corriente principal que de cierta manera, impone la agenda setting. Estoy hablando de un sistema que opera al interior de las estructuras culturales. Y que como tal es objeto de profundos acercamientos teóricos en países como Francia, España y México. Estructuras que pueden incluso, trasformase en lo que llamarías grupos de poder simbólico; promueven lo que les interesa y bloquean lo que les es molesto como grupúsculo hegemónico. Son los que pretenden imponer su amanerado canon  a golpe de laureles espurios; los que controlan también con estructura de dique, cualquier disenso que salte las normas estéticas de su estilo literario; de cierta manera les conviene estar allí protegiendo esa parcela de normatividad; más aún, cuando en algunas propuestas literarias y artísticas, son estos majaderos, los objetivos críticos de la revuelta o de la sátira. Son los guardianes del buen gusto y las buenas costumbres, cancerberos a sueldo de los ministerios culturales, enganchados que mediante un complejo engranaje de influencias y palancas; han creado un ecosistema de meritocracias bastardas, donde se reproducen como lombrices en el compost de los presupuestos culturales.

M.A.—¿Qué significa para el escritor independiente, para el creador que ha sido excomulgado por las capillas institucionales, la blogosfera… Las revistas literarias que no van con la corriente principal?

O.G.R.—los tiempos son muy diferentes, tú lo has dicho. No son los sesenta ni los setenta de la academia francesa de Bourdieu, ni siquiera los ochenta, ni los noventa. El cambio es acelerado. La implosión de las capillas hace mucho ocurrió…mucho antes del incendio de Notre Dame. Ahora, en plandemia, los cambios acelerados hacen que todo este mediado por lo telemático y lo virtual. Esto mismo hace que, el estatuto tradicional de las iglesias académicas y de los sumos sacerdotes quede en entredicho y al menos, sus métodos de control, quedan debilitados de manera ostentosa. El discurso, se ha hecho hipertexto rizomático y cada quien tiene la libertad de buscar su camino y profundizar por fuera del dogma. Los inconformes se mueven en lectura atenta, fuera y dentro del index prohibitorum, no temen caer en las fronteras del la espiral de silencio viriliana y saben que, ahora minoritarios y en secta, pueden, con el tiempo transformarse en horda y clan; en las abadías se preparan para el asedio y algunos monjes rijosos con caras de filósofos platónicos, escuchan con temor aullar a los lobos. El Púlpitum, la tribuna, ha devenido panóptico, pero este panóptico es bidireccional. Y como tal, los mirones son mirados, los jueces son juzgados y los comisarios, atrincherados detrás de sus computadores reciben los dardos afilados de los cheyenes y los iroqueses. De vez en cuando un tomahawk algonquino rompe una cabeza. ¿De qué sirve estar en las fronteras del sistema, si no se pueden tensar los arcos y hacer dianas en los traseros de estos comilitones? Esto ya lo intuía Bourdieu.  Pero no sabía de los alcances de esta revuelta que pasaba de las aulas y pizarras al ciber espacio, como podría imaginarlo. De cierta manera, como heredero del habitus de la sociología académica, estaba también impregnado hasta el fondo de su chaleco de esas liturgias escolásticas y apostaba a una clasificación de los estatutos y los prestigios. Todo eso, ahora pierde valor clerical y simbólico. Esas estructuras, al menos en lo referente al campo del arte, (vale la pena aclararlo), hace tiempo colapsaron. Es por eso misma razón que, ante la pérdida de poder en sus atriles y pulpitos, un segmento de la cofradía culterana han corrido a apoderarse de los ministerios y las secretarias de cultura. Pero no con el fin de perpetuar una tradición, sino para imponer definitivamente una estructura de poder simbólico. Afortunadamente en Colombia existe una vigorosa fuerza literaria independiente, que es a mi entender la que mantiene viva la llama de literatura, la que no solo tiene un alto nivel, sino que trabaja desde presupuestos estéticos diferentes, abiertos y centrados en la búsqueda de la calidad. Revistas literarias y culturales que son ejemplo de rigor y calidad. Campos y plataformas de múltiples inquietudes artísticas en donde todos los escritores tienen la oportunidad de expresar sus ideas sin cortapisas de ningún tipo. Esas revistas literarias digitales que en Colombia y el eje cafetero colombiano en particular, conforman un grupo de opinión de brillo y fuerza contra-hegemónica, hacen mantener la balanza equilibrada. Allí muchas veces hemos cruzados opiniones, controversias abiertas y otras veces difuminadas;  la crítica nunca ha sido suave, al contrario, cada vez más dura y acida, pero también, cada vez más brillante. Medios on-line que vienen de la academia, que mantienen espacio tanto para el ensayo ortodoxo como para el libre ensayo; que vienen desde las capillas institucionales, pero que, como franciscanos liberados, no se encerraron en ellas. Que no se asfixiaron dentro del pensum escolástico. Ojalá nunca se pierda eso, y nunca decline esa dureza salvaje y refinada al mismo tiempo.

M.A.— Volvamos a los premios,   Omar… Si como tú lo dices, estos presupuestos están dirigidos a premiar a unos jugadores; y es un campo de lucha, como tal  ya normatizado por estas estructuras; ¿qué se puede hacer allí. No es mucho a mi entender. Ya que estos actores hegemónicos son los que desde hace décadas están manejando los hilos. ¿Entonces para qué participar? ¿Un acto estéril acaso?

O.G.R.––Que estos premios entren en el campo de los manejos opacos, de la pandemia bajo el control de las burocracias naranjas, requiere de una aproximación crítica y también de veeduría ciudadana. Son dos factores a tener en cuenta en el debate en el campo de poder simbólico; y también exigencias en el campo del derecho ciudadano, para el control y veeduría al aparato burocrático.

En el campo simbólico se entra a los torneos y a la lucha no para ganar, sino para golpear. Hay que saber encajar los golpes merecidos. Pero ellos: Estructura, actores hegemónicos a sueldo y gente del tinglado; el funcionarato del sistema. También se exponen. De eso se trata esto, estimado Merardo. Te dan como a bacalao en semana santa, pero ellos también reciben su paliza. De lo contrario esto no tendría razón de ser. Ellos se quieren erigir en sacerdotes…tú, por ejemplo, te has declarado brujo y hechicero cimarrón. Siguiendo la estela de Bourdieu; Son dos poderes; el de ellos va y vine con los movimientos de la politiquería…con el tiempo se debilita, aunque sé de algunos que llevan tiempo medrando a la sombra del cacique de turno, en la forma de asistencias y a veces como consejeros, y contratistas de carrera. Son como ladillas en los cojones del burro, como rémoras en el buque oxidado de los presupuestos. Pero volviendo a los poderes enfrentados: Hay contrapoderes simbólicos que se afirman entre la manigua de la resistencia. El de algunos outsiders, es un poder que debe ser resiliente y de alta graduación vegetal. Crece y se hace fuerte en esa contienda ya que se afirma en su libertad. Sin censura, sin amo y sin bandera, puede expresar lo que tiene que decir, a tiempo y sonriendo como lo diría el cantautor cubano. También de eso se trata; de la magia y del sincretismo. De energías que fluyen y de energías que chocan. Y de la regla palomonte mayombe.

Ya que, si se participa en esos torneos simbólicos, lo mínimo que puede expresarse y definirse son reglas claras, que los participantes puedan saber que sus obras llegaron a los jurados, que los jurados puedan escribir un par de líneas sobre las obras que leyeron y dar una opinión positiva o negativa sobre las misma, y por qué no, arriesgar alguna sugerencia. Esto no es entrar en el campo de las declaraciones reivindicativas, muy al contrario, se trata de hacer claridad sobre las opciones que se tienen al poner a disposición de ciertos funcionarios, horas, días, meses y años de trabajo dispendioso. Una novela, un poemario, una ópera dramática, no se hacen en un rapto de inspiración. Y digo esto también de cara a la estructura, para aclarar las cosas con algunos de los que seguramente, se  sentirán aludidos. No lo digo sottovoce. Alto y claro, para aquellos que también participan de algunos eventos, que ven las anomalías endémicas a estos y que, por ahora, callan.

El que los autores jóvenes, no tan jóvenes y viejos, deseen participar, ya sea por unos cobres, una medalla de reconocimiento, el acercamiento a una opinión crítica sobre su obra, jugar a la ruleta con un número que puede, en determinado momento, ser más fuerte que el de otros; que a lo mejor no pudieron participar; o sencillamente para medirse en justas con otros autores, no creo que deba ser censurable. Todos, en algún momento, sabremos que esos resultados ya no importaran y que solo fueron torneos que hacían parte de la escena. Se gana y se pierde. Pero cuando se participa en un torneo, debes exigir que las reglas sean claras, de lo contrario están actuando inocentemente. Bailando como cordero entre depredadores.

M.A.—Los actores…hablemos ahora de los actores en este escenario de los torneos simbólicos. ¿Quiénes son, como actúan a que se enfrentan y que buscan ganar o perpetuar?

O.G.R.—Hay de todo: La mayoría de estos torneos se alimentan de todas las vertientes, desde aquellos que habitan la franja que Sholette llamó the Dark Mather, materia oscura del arte. Pintores domingueros, escritores aficionados de fin de semana; también escritores en contienda con vocación de resistencia; hasta académicos que en su año sabático arriesgan en la balanza de la fortuna. Unos y otros, conforman el amplio espectro que mantiene la corriente del rio fluyendo. También podemos analizar estas justas a la luz del campo simbólico de un Pierre Bourdieu. Están quienes se someten a las ordalías. Y están quienes dentro de la estructura operan con sutileza los mecanismos para los favoritismos, dispensando beneficios en torno a los presupuestos. Las burocracias naranjas que operan bajo la inspiración del gran vergajo, es decir el gran porcino. Sabemos que en Colombia, el desplazamiento de las estructuras políticas hacia el campo de la cultura se ha orientado desde hace décadas a la captura de los puestos claves y los presupuestos; pero no se quedan allí. Diseñan los lineamientos hacia una cultura que sea amoldada a sus proyectos. De tal manera que, hacen carrera personajes que se creen herederos de alguna tradición académica (no los más brillantes, ni los más creativos, por supuesto); encuentran su vocación y nicho; multiplican estructuras cerradas y opacas que procuran ganar peso dentro del aparataje, (ellos mismos ganan peso. Su grasa corporal los delata). No ya dentro de los campos de poder simbólico, sino dentro de los campos de poder burocrático. Hacen méritos para convertirse en sensores. Su habitus no es el de los modales inherentes a la cultura de la academia, sino aquellos que son más caros y apreciados por las estructuras politiqueras. Heredan de otros funcionarios la brillante capacidad cleptocrática y el afán de sobresalir en los directorios que se encargan de montar los tinglados para tales fines. Estos sujetos, no quieren hacer carrera de meritocracia, quieren hacer una labor de estructura de poder para la exacción. Y como tal además de conformar estas estructuras de favoritismos, terminan protegiendo su accionar premiando a los obsecuentes y a los recomendados. Son en última instancia las oficinas de diseño y censura.  Crean las reglas y los lineamientos estéticos de lo que vale y lo que no se puede publicar o mostrar. De cierta manera son los que definen el buen gusto del que hablara Bourdieu; en este caso, el pésimo gusto del mainstream. Lo defienden como cancerberos de élite y lo imponen como pequeños feudales, abatiendo presas de diverso pelaje en el coto de caza de los talentos. Además, en ese campo, se da el fenómeno de los artistas que juegan dentro de la normatividad, existen los sujetos que están dispuestos a aceptar esas directrices y a inclinarse para recibir el espaldarazo oficial que los convierte en escritores de la corte. Antes, heredaban los favores tutoriales de la academia y ahora, reciben los favores de la estructura. Por tal motivo, vemos a talentosos poetas censurar sus plumas y  guardar distancias saludables frente a los favoritismos de las burocracias naranjas; al igual que vemos escritores de columna y opinión, hacer campaña para elegir a determinados comisarios. 

M.A.—El artista dispone de herramientas críticas y de herramientas de derecho ciudadano para enfrentar a los cooptados; a los entronizados en estos puestos burocráticos en donde se impone una forma de ver las cosas, que a mi parecer es la forma estética del plan de los políticos. Sin ir a los fundamentalismos… Hace poco pasé una propuesta para un monólogo con base en algunas obras de Shakespeare, un funcionario regional, me dijo que en navidad no se podía presentar una obra de este tipo. Que no iba con el espíritu de la temporada. ¿De cierta manera, el artista en Colombia. Debe empezar a manejar herramientas de resistencia, de crítica y de veeduría ante la perspectiva de decisiones que rayan con el absurdo?

O.G.R.—Para defenderse del aparato burocrático, que en Colombia y en buena parte del mundo, adquiere de nuevo unas dimensiones distópicas;  es necesario utilizar las reglas del derecho civil que ha sido diseñadas por el sistema y para el sistema. Pero que, por años y décadas de lucha popular y ciudadana han logrado ser intervenidas y transformarse, para dar mayores garantías. Sí, por el momento es lo único de lo que se dispone. Se impone el manejo del código civil para el funcionario atrabiliario.

Y desde lo cultural, lo literario, lo estético. La crítica a este tipo de estructuras es ya una necesidad,  puesto que es allí, en donde se delinea de alguna manera, el gusto de las nuevas generaciones de lectores; es allí, (puesta en escena de un ritual de legitimación) en donde se proyecta sombra sobre los que no están con el mainstream institucional. Es desde allí, donde en tiempos de asistencialismo impuesto por la plandemia, se comienza a diseñar el nuevo estatuto literario y artístico para tiempos de becerros encerrados. al diseñar la nueva normatividad, definir los escenarios, los públicos, (numero de personas por espectáculo o recital) mascarillas para todo el mundo (parece ser la única utilería del nuevo teatro)  las directrices para un neo-lenguaje aséptico, Esto está muy claro y tú lo has dicho Merardo. 

Por ello volveremos al funcionarato…

Existen en Colombia reglas de trasparencia, de acceso a la información; de peticiones puntuales de  información que todos los funcionarios están en la obligación de cumplir. Esto es bueno decirlo ya que los atropellos no terminarán, por el contrario se prolongarán y se acentuarán aprovechando las circunstancias. Si un artista, cualquiera que sea su pedigrí, pide toda la información requerida; el funcionario, en términos de administración civil: el obligado, debe darla sin dilaciones de ningún tipo y sin poner mala cara. Que un solo funcionario, uno solo. Lo diré una vez más: uno solo. Decida en determinados torneos regionales, que pasa y que no; que se filtra y que pasa el cedazo; que se queda y que va a concurso…que se recomienda y que lleva de entrada el anatema incluido; crea las dudas sobre la idoneidad que quien en determinado momento y aprovechando la plandemia se erige como supremos juez, casi como un ídolo tolteca con cara de dios de la muerte y el olvido.

Pásame un lápiz… Hagamos la caricatura:

Funcionario mutante navegando sobre los archivos recibidos en su computadora; decide a quien expedir un acuse de recibo, mínima formalidad cumplida para unos y a otros no. Allí su figura de consumidor de grasas de rumiantes muertos, pesado y lerdo, a altas horas de la noche, bajo las luces azules de los monitores, tirando una moneda, un carisellazo. Decide que pasa a escrutinio y que no pasa. Que se recomienda y que no se recomienda a los jurados. Heredero de una acendrada costumbre practicada por otros ilustres funcionarios y funcionarias de carrera, que ejercieron su dominio ocasional sobre convocatorias y presupuestos; los que respondían con diligencia a los caciques de turno cuando se trataba de cuadrar los contratistas; los empleados supernumerarios y los de planta.

Nada nuevo. El campo de la cultura no es un campo en donde las cosas se deban dar por sentadas… y un artista, si ve irregularidades en una convocatoria, debe exponerlas y pedir claridad sobre el mismo. Si las respuestas son satisfactorias, mejor para todo el mundo. Pero si esas respuestas oportunas no llegan, la ley crea los mecanismos  de apelación ciudadanos para que los correctivos se impongan. Al fin y al cabo, son los recursos de todos los que pagamos impuestos. Son los recursos de ciudadanos que consideramos que, la cultura es lo que puede salvar una vida. Muchas veces, el apoyo a una vocación artística temprana, ha salvado a un joven de la senda del crimen y la violencia. Por esta razón, los recursos de la cultura, no pueden ser la faltriquera que algunos enganchados manejan con total libertad.

Diría una frase más. Si no ves garantías, no participes; pero si crees que las garantías mínimas son un concepto que está por encima del pudor, y tiene que ver con los derechos de la gente…¡Pide las reglas claras!

 

M.A.—Por ultimo…¿Qué se premia y qué se instituye por esta especie de “curaduría comisarial” improvisada en las oficinas de las burocracias estatales?

O.G.R.—Bueno, eso es materia de otro estudio…Extenso estudio que pronto abordaremos. Pero ya tú lo expresas claramente, y es así… De cierta manera los actores que controlan los presupuestos, buscan jurados que se amolden a sus ideas y sus postulados. En tiempos, en donde algunos proponen la muerte simbólica del autor en la línea teórica de Focault y el nacimiento del comisario-curador. Comisario sheriff que trata de poner en cintura a los forajidos del condado. El que selecciona a los niños bien que van con la comparsa oficial, el que diseña y recomienda a los modositos atenuados que vienen amaestrados desde la academia. Los que aprovechando la plandemia tratan de prolongar un canon estético que hace parte de su habitus; algo que mantenga los lineamientos estéticos en sintonía con lo que propone el ministerio. No son pocos, comienzan a florecer como setas en el campo micológico de los prados del establecimiento, donde, pastan las vacas sagradas de la cosa pública… Con miradas bovinas bajo el efecto de poderosos lisérgicos, miran hacia la pared de sus oficinas…la cara porcina del hermano mayor parece bendecirles.

Para terminar de contestar a esa pregunta, citaré textualmente con el hipervínculo a un artículo de Fernando Duque Meza dramaturgo antioqueño, aparecido en la revista Calle 14, que dice claramente que la dramática desde los tiempos de Shakespeare, y de Cervantes moderna, también diría yo, la novela moderna y el arte en general, está abierto a todo, desde la cita, al pastiche, y no puede estar cerrado a los criterios decimonónicos que quieren imponer la dupla funcionarios y actores culturales paniaguados al servicio de la estructura:

“Dentro  del  ejercicio  y  la  práctica  de  la  intertextualidad, existe una diversidad de estrategias esgrimidas por los  más  diversos  creadores  a  través  del  tiempo,  entre ellas  encontramos  las  más  usadas  o  frecuentes  como: la parábola, la metáfora,  la elipsis, la hipérbole, la metonimia, la alegoría, la elipsis, la alusión, la historia, lo documental,   lo  semidirecto,    lo  directo,  etc.,  y  donde pueden converger en ese lugar: el símil, la sinécdoque, la  alusión,  la  parodia,  la  parodia  mixta,  el pastiche,  el auto pastiche, el collage, la cita, el plagio, el fragmento, la semejanza, la nota, el apunte, la imitación, el juicio, la crítica, el canto, la gesta, la saga, la memoria , la biografía, el retrato, la semblanza, el enigma, el debate o ,la polémica, el chiste, el proverbio. El caso, el juicio, la crítica, el apunte, el comentario o el aparte, la sugerencia, el cuestionamiento o la pregunta, la aseveración o afirmación,  el  énfasis,  la  sentencia,  la  estadística.  Así como otros géneros mayores como: el mito, la leyenda, la epopeya, la rapsodia, la tragedia, la comedia, el misterio sacro, el misterio bufo, el auto sacramental, la pantomima, el mimo texto, el cuadro o el sketch, el guion, la pieza, la pieza didáctica, el melodrama, la narración, el cuento, el monólogo, el monólogo interior, la novela, la crónica, la sátira menipea, el entremés, la mojiganga, bojiganga o el sainete y pequeños o chicos géneros españoles como: el paso, el retablo, el bululú, la farándula, la gangarilla, el ñaque, la compañía, la garnacha etc. Empleando recursos como: la transposición, la reducción, la inversión, el sueño, la pesadilla, la transferencia, la fragmentación, la refundición, cuando es urgente iniciar, continuar desarrollando o culminar una operación para complementar una idea dramatúrgica, poética, pictórica, escultórica, novelística, cuentística, lingüística, Semiótica, cinematográfica, coreográfica, cronística, ensayística, periodística, crítica y hasta teológica…"


 http://ceiphistorica.com/wp-content/uploads/2016/01/bourdieu-campo-de-poder-campo-intelectual.pdf


https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/c14/article/view/1179/1556

https://griffosdenneonn2.blogspot.com/2008/02/la-novela-contemporanea-segun-vicente.html