viernes, 27 de enero de 2023

Juan Calzadilla (Venezuela) Poemas

 


Adrián Villar Rojas

My family dead (2009)

Wood, rocks and clay. Bienal del fin del mundo. Second Edition. Ushuaia.


Juan Calzadilla es un poeta, editor, artista plástico, curador y crítico de arte venezolano nacido en 1930 en Altagracia de Orituco. En 1961 interviene en la fundación del grupo contestatario de vanguardia El techo de la ballena y organiza, en compañía de Daniel González, los primeros salones de arte informalista que se llevan a cabo en Maracaibo y Caracas. Algunos de sus libros más destacados son Primeros poemas (Ediciones Mar Caribe, 1954), Dictado por la jauría (El techo de la ballena, 1962), Las contradicciones sobrenaturales (El techo de la ballena, 1967), Ciudadano sin fin (Monte Ávila Editores, 1969), Oh Smog (Colección Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar, 1978), Táctica de vigía (Ediciones Oxígeno, 1982), Diario sin sujeto (1999), Aforemas (Monte Ávila Editores, 2004) o Manual para inconformistas (Eloisa Cartonera, 2005). Su obra poética ha sido reunida en antologías como Poesía por mandato (Monte Ávila Editores, 2015) o Antología poética Formas en Fuga (Colección Clásica de la Biblioteca Ayacucho, 2013). En 1996 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas, otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC), por su obra como dibujante, crítico e investigador, y en 2011 fue nombrado director de la Galería de Arte Nacional, máxima institución dedicada a la conservación, estudio y divulgación del arte venezolano. También ha recibido otros premios como el Premio León de Greiff al Mérito Literario (2016) o el Premio Nacional de Literatura (2017) por sus más de 50 años de trayectoria literaria en el Venezuela. Los textos seleccionados pertenecen a La condición urbana (Colección Alfabeto del mundo, La Castalia, Ediciones de la Línea Imaginaria, 2021).

***

El que huye de la ciudad huye de sí

Entiendo que hay un golpe que no sabe renunciar
a la tinta de escribir con sangre.
Un golpe en voz alta que reside en el ojo de la tormenta
desde cuya empuñadura nos mira.
Advierto que sus aristas al rojo vivo
entran en el cálculo de las probabilidades matemáticas.
Un golpe cuyo efecto
no será juzgado por la clarividencia del eco
y cuya sonoridad ciega omite todo exceso
de retórica alrededor de lo acontecido.
Un golpe que no deja lugar
para los ejercicios de la memoria.
Bien dibujado en el extremo opuesto de la forma
que toma en el puño al ser arrojado.
Un golpe para el que la estupefacción
es sólo el recibo que él nos pasa.

***

El habitante precavido

Últimamente el cielo ha comenzado
a producirnos dolor de cabeza.
El smog arrastra colas de llamativas sirenas.
A fuerza de recibir brillo las miradas
toman la consistencia del esmalte.
Con mañas de tirabuzón el humo
nos enjuga las frentes.
Trenza el balbuceo de nuestros métodos.
El horizonte de la inundación se ha puesto de pie.
La nube ejecuta su vuelo como si se tratara
de un cohete. Pareciera leerse en sus piruetas
un designio de muerte.

Es obvio. La cosa está ahora en los techos.
El crematorio arma su cielorraso
con el escape de nuestros coches.
Hay algo que no alcanza a despegarse de nosotros,
un aire envilecido que no nos toma por sorpresa
puesto que de por sí
anida como medusa en nuestras frentes.

***

El acto poético puro

Hay cosas que podrían decirse mejor si uno tuviera a la mano un cuchillo. Este instrumento sabe comunicar filo a las palabras. Pero si uno tiene para golpear la mesa algo más pesado que el puño, sin duda la palabra que sale de su filo, como si fuera empollado por éste, sería más efectiva. Es así como he gritado las palabras más atroces. Pensaba que no podía decirlas sin acompañar el gesto con algo que tuviera bastante consistencia, como la rosa o la viga de hierro. ¿Satisfacía con eso una sed de venganza? No, buscaba un efecto más verídico. Lo que me preocupaba todavía era el sentimiento. Mi determinación era la de un poeta. Acepté, en principio, esta forma de actuar como un método parecido al que se enseña en las escuelas. Después pasé de la poesía a los hechos. Encontraba en la realidad bastante perversión como para no ir armado de una pistola. Hasta que comencé a disparar sobre la multitud.

***

La vía desapacible

Cuento con la solidaridad del espejo.
Pero, además, quiero que se ponga de mi parte
cuando me veo frente a él. Y no que se limite
a copiarme tal como me ve
sino que se haga mi cómplice para
que tape todos mis defectos como a una madre,
con abstracción de todo lo que soy
y lo que seré.

Quiero que el espejo se excuse
y no me venga con el cuento:
“Si te hubieses olvidado de ti, dejándote en casa,
hubieras advertido que quien te traicionó
es otro. No el espejo sino el que huyó
detrás de ti, el precipitado, el libre de pasado,
el liviano de culpas, el que
viéndose en el espejo
por un momento creíste ser tú”.

***

La derrota

Siempre estaba listo para librar la batalla
en otra parte, no en él mismo. En definitiva
en el espacio más conveniente a las tácticas
del otro y, hasta si se quiere, en el terreno elegido
por éste. Él sabía que todas las batallas donde
se pone en juego el resto son a muerte,
incluso las que no se libran, pero si no le había
sido dado escoger entre la lucha corporal
y el armisticio, ¿cómo no haber pensado
que hubiera podido al menos elegir el lugar
del combate? Pero también este recurso le fue
negado. Y no por el contendor, quien confiaba
ya en su triunfo, aún antes de alistarse,
sino por él mismo. ¡Si hubiera podido disponer
de su vida como de un arma filosa!
¡Si hubiera sabido que su existencia era el cuartel
en disputa! Porque había que pegar duro
con los cuerpos. Y esto tampoco él lo sabía.

***

Epitafio

En mi entierro iba yo hablando mal de mí mismo
y me moría de la risa.
Enumeraba con los dedos de las manos
cada uno de mis defectos

y hasta me permití delante de la gente
sacar a relucir algunos de mis vicios
como si me confesara en voz alta
y en la vía pública.

Comprendo que esto no es usual en un entierro
ni signo de buen comportamiento.
Un ciudadano cabal, aun estando muerto

—cuando es él el centro de la atención—
debe guardar las apariencias
y cuidar de no exponerse al ridículo.

domingo, 1 de enero de 2023

“LA INCOMBUSTIBLE SALUD DE ALGUNOS POETAS…” BY: OMAR GARCÍA RAMÍREZ

 

OBRA DE:  AYKUT AYDOGDU



“LA INCOMBUSTIBLE SALUD DE ALGUNOS POETAS…”



"Tengo más fe en mi plomero que en el ser eterno.

los plomeros hacen un buen trabajo.

dejan que la mierda fluya".

Charles Bukowski


Sin invitación habéis oído mi soliloquio. 

Soportad entonces mi Anatema. 

Austin Osman Spare


Un fantasma recorre las páginas de medios culturales…

Una preocupación merodea y salpica las paginas de los nuevos soportes …

Una compleja problemática se ha vuelto trending topic...

La actualidad de la poesía es abordada en los periódicos, los hebdomadarios, las revistas de la corporación y algunos medios virtuales.

La salud de la poesía…

Y la incombustible salud de algunos poetas…

Preocupados algunos académicos se peguntan por el futuro de la poesía. Angustiados, algunos escribanos y Tartufos que acaban de salir de la lata, llegan a insinuar que eso de la poesía es una abominación del mal gusto y demodé. Algunos siameses alados y entrados en carnes, ponen el grito en el cielo cuando ven que algunos especímenes de esa horda todavía sobreviven en los nichos literarios.

“¿No habían sido destruidos por la plaga?”

“¿Acaso no habían sucumbido a las enfermedades?”

“Pero es que algunos ni siquiera se vacunaron. Malditos negacionistas y conspiradores. Será posible que todavía estén caminando después de las dietas brutales de anfetaminas, alcohol y drogas que suelen administrarse estos señores…los de la poesía, o esa cosa que llaman poesía…”

Y agregan:

“Después de los desenfrenados carnavales sexuales llenos de aberraciones y libertinajes; de los festines y banquetes de costumbres heterodoxas. De las prácticas non sanctas importadas de todos los confines de la tierra y adscritas cierto tipo de filosofías heréticas….

¿Cómo sobreviven a esos aquelarres?

¿Qué comen además de bayas lisérgicas y daturas solanáceas?

¿Cómo se visten?… ¿Compran en Carulla o se aprovisionan en los almacenes del Ejercito de Salvación? Osan transitar las calles como punketos ilustres y parece que son inmunes al ridículo. ¿Acaso también están blindados contra la descarga cerrada de la fusilería que viene de nuestras academias?”

 

Ah…

¡Somos los arcabuceros del método!

¡Somos los carroñeros del pensum!

¡Somos los diseñadores del canon!

¡Tenemos el culo cuadrado y el escroto perforado!

 

“¿A qué se dedican?” preguntan en coro…

Y ellos mismos responden:

“Son estafadores, partidarios del librecambismo, escriben en las redes, mantiene blogs de dudosa reputación, paranoicos zamiszdats, hacen películas pornográficas, diseñan campañas de fake news, son hackers, piratas del código…”

“Todo lo rayan todo lo manchan. Son como niños con acuarelas y papeles. ¡Pero si todavía escriben con lapiceros kilométrico y parece que nos los para nadie!   También, hay que decirlo… algunos utilizan plumas Parker de oro y de platino. Juro que he visto a uno de estos especímenes sacar una estilográfica Mont Blanc en un exclusivo restaurante y escribir sobre una hermosa libreta de cubiertas de cuero..”

“Pero… ¿Cómo insisten en esa parcela oscura de la literatura?”

“Se auto medican con destilados psicotrópicos que los mantienen aislados en su nube artificial… (comfortably Numb). Varios de estos tipos son experimentados psicónautas que enseñan a la juventud estas tenebrosas travesías; viejos aberrados ídolos de alguna secta de Cthulhu…”

“¡¿Dónde está la cicuta para ellos?!”

“¿Acaso no fueron expulsados de nuestras ciudades ideales? ¿Acaso no fueron cancelados y censurados en nuestras asociaciones? ¿Acaso no les aplicamos el Shadow Banning de la corrección política?”

“¿En nuestras flamantes clínicas psiquiátricas no fueron sometidos a radicales lobotomías, choques eléctricos y atiborrados de pastillas? Preguntan golems de inmaculadas batas blancas”.

“¿Viven del aire? ¿Fornican en el aire?” Preguntan los neoescolásticos.

¿Acaso, muchos de ellos no fueron exorcizados?”

¿Capricchi en violines de Paganini?...

¿Sigilos de A.O.Spare en las puertas de sus chozas?

“¿Acaso, desde los pulpitos de nuestras iglesias no fueron objeto de severos anatemas?”

“Tienen tratos con demonios y elementales que hablan en la melodía de su neuma. Sé de uno que conoce las  artes del nigromante y habla con el espíritu de Giordano Bruno.  De buena fuente conozco la historia de otro que, en forma de Íncubo-Súcubo adormeció la lengua a uno de los nuestros…lamentablemente perdimos a uno de los mejores lingüistas y hermeneutas de nuestra abadía…traducía el arameo de los palimpsestos en los Rollos de Qumrán y hablaba con fluidez en varias lenguas muertas y algunas hasta podridas; decía, no sé si con ironía, uno de sus partenaires más extremos”.

Un burócrata travesti; gorda morsa rosada, más escéptico que indignado, agrega: “¡Bah! son tonterías, dejémonos de supercherías, son una plaga que ya debilitada, no es invasora…pero debemos ser precavidos, mantienen su osadía… y todavía guardan ponzoña y veneno en sus diatribas…Sí son peligrosos… Sobre todo los que sabemos… esos que no juegan a nuestros melodramas Drag queen de la maldita primavera. Con que gusto se relamen la sangre en las refriegas…cuchilleros orilleros, peleadores de burdel.”

 

Y de nuevo se preguntan:

“¿Van a los mismos bares a donde acudimos a embriagarnos?

¿Se acuestan con las mismas cortesanas que nos esquilman?

¿Se llevan a nuestras alumnas preferidas de paseo veraniego

                                                                           a las islas vírgenes?

¿Trabajan sobre los instintos núbiles de nuestras elegidas?

Los muy sátiros...

¡Seducen a nuestras secretarias!

¡Miran de reojo a nuestras jamonas esposas!

¡Les miran el culo a nuestras jamonas esposas!

Mientras cantan esa balada de trúhanes irlandeses inmortalizada por viejo Joyce: La galleta estaba dura como un mulo, la cecina tan salada como el culo de la mujer de Lot, ¡oh Johnny Lever, oh, oh Johnny Lever, oh!...”

 

Algunos Señores de columna y críticos de postín

Se preocupan por la salud de algunos poetas:

“Vimos uno que esta re-flaco y parece que aguanta hambre…

Duerme sobre una hamaca y se cubre con un tapete de arpillera…

Y exhala un tufillo de mariguana que le precede…”

 

Y a otros señores; los que practican la política de profesión y sin remordimiento, acomodados y enganchados como rémoras al buque insignia de la corporación; les preocupa las costumbres licenciosas y las practicas consensuadas en ceremonias privadas que suelen practicar algunos de los integrantes de esa secta cismática: 

“Lo vi, con este ojo de vacuno que ha de cortar la navaja del perro andaluz… ¿Van detrás de ninfas y lolitas con aires de princesas rusas? Uno va con una modelo veinte años menor… ¿Qué se cree? ¿Acaso la reencarnación del mismísimo Humbert Humbert navokovniano? ¿Tiene ínfulas de Lewis Carroll con licencia para acariciar conejitos lisérgicos? Y aquel que practica la fotografía y expone en algunas galerías ¿de qué va? Acaso se cree David Hamilton con el objetivo de su cámara empañado en el vaho de su aberración… ¡Escandalo! ya no respetan; pasean por los parques mostrando ese ondulante y priápico caminar de sátiros victoriosos; repulsivos exhibicionistas camaleones”.

“Mira… el otro día vi a uno de esos poetas con aire de beatnik; pasado y repasado en heroína. Legión de los nuevos comensales invitados al almuerzo desnudo; van en trip con mirada de lunáticos a sus aquelarres de juegos brutales como demonios anarquistas a la caza de un funcionario…te lo advierto; mantén distancia... son de temer”.

 

Otros señores…

Los de la rama economista; los keynesianos adocenados…

Los Adammitsonianos…

Tratan de indagar en sus cuentas corrientes:

“No puede ser que algunos no estén ya en la cuneta

¿Acaso ese que ves allí, muy bien vestido, es un poeta?

¿No deberían estar mendicando en la calle cubiertos de harapos?

¡Pero si aquel viste Armani y Balenciaga!

¡Y aquel otro calza botas canadienses muy cool de red camel!

Y ese de allá va con una trench de Burberry

                                                         última temporada otoño primavera.

Y ese otro rozagante como atleta… ¿No debería estar ya en el hospicio? Tienen cuero duro estos sinvergüenzas. Parecen saurios de otra época que nadan ondulantes sobre el estuario de la cultura…”

 Y vuelva y dale:

“¿Son sus amigos los mismos nuestros?”

“¿Frecuentan los mismos teatros?”

“¿Se embriagan con chicha y aguardiente como todos, o con vinos exquisitos?”

“¿Cómo pueden existir en la infoesfera? ¿Cómo pueden merodear en la esfera pública, si algunos ya ni siquiera escriben? Se han refugiado en el bosque Walden con sus perros y sus gatos; y otros más caminan borrachos sobre estelas, en la mar de los sargazos”.

 

Señores…

Caballeros…

Citando oportunamente a Groucho:

“Perdone que les llame caballeros pero es que aún  no les conozco bien”.

Ustedes, ramito de perejil en medio de toda la mierda del mundo...

Diseccionando cadáveres exquisitos en las morgues de la inmortalidad.

No se preocupen por la salud de la poesía y la de algunos poetas; o si en su parroquia nadie entiende el oficio y las costumbres de aquellos extraños forajidos. Cada uno se la busca y rebusca picoteando por ahí, como diría Fiol. Y poco les importa a ellos si el grueso del rebaño Matrix va, o no va, a sus recitales. Además... ¿a cuales recitales?...¿Es que eso todavía...?

La poesía a veces grita; cuando toca. Pero casi siempre susurra. (Tratamos de ser discretos; intentamos ser discretos... Pero como diría Lezama y Piñera...¿Cómo mover la máquina poética sin que chirreen algunas piezas del engranaje?)

Esos lunfardos lunáticos hace tiempo que aran en el desierto y como viejos beduinos No tienen miedo al sol o a la intemperie.

Preocúpense señores…

Por la salud de sus riñones…

Por la salud de sus pulmones…

Por la salud de sus criadillas…

Por los forúnculos de sus cuadrados culos de funcionarios…

 

Algunos poetas como viejos clochards

Saben resistir bajo la peste y la guerra.

Las diversificaciones de vocación hoy son

moneda corriente y de obligatoria carrera para los talentos.

De tal manera que…

Algunos van como luminosos ermitaños 

acompañados de los duendes de los bosques…

Otros bien vestidos

con el estómago salpimentado en ostras y vino caliente

                                                  con una laptop 128GB en bandolera;

miembros del equipo que programa la I.A. W.A.S.P. de (Whishful automatic Spanish Poet) entrenada con textos de escritores del Siglo de Oro español.

La mirada templada y perfectamente preparados para las ventiscas.

Y caminan solos, inmersos en su kurda vegetal…

Mientras ustedes buscan  escampaderos

                                                bajo los aleros de las ciudades grises…

Ellos caminan impertérritos contra las tormentas

                                                bajo tornados de cizaña y lodo.