"GÓLEMS DE BARRO, SILICIO Y SANGRE, EN EL ÚLTIMO ESTERTOR DEL MUNDO"
by Omar García Ramírez
"¿Por qué di en agregar a la infinita serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana madeja que en lo eterno se devana, di otra causa, otro efecto y otra cuita?‘"
Jorge Luis Borgues
"El Golem"
«Antes, creo que la gente pensaba que el papel de la ciencia era aclarar, dilucidar, iluminar y hacer todo comprensible… pero la ciencia llena el mundo de máquinas inescrutables… La tecnología expande el ámbito de la mitología en lugar de aclararlo»
kodwo Eshun
"El modo de captura es el
conservadurismo hedonista. Puedes comentar sobre cualquier cosa (e incluso tus
tuits pueden ser leídos en televisión), puedes ver toda la pornografía que
quieras, pero tu capacidad para controlar tu propia vida es mínima. El capital
se ha infiltrado en todas partes, en nuestros placeres tanto como en
nuestro trabajo. Te mantienen enganchado primero con circos mediáticos, luego,
si fallan, envían a la policía. La señal de televisión se corta justo antes de
que la policía empiece a disparar".
Mark Fisher
"Remember Who The Enemy Is"
K-punk
“Saltaremos el tiempo, el espacio y las dimensiones,
y sin movimiento
corporal asomaremos al fondo de la creación”.
HP Lovecraft
(Desde más allá)
Der GOLEM…
The GOLEM
Il GOLEM…
El
GOLEM…
El
Gólem despertó, con la palabra emet tatuada en la frente por
una impresora de códigos de barras que nadie apagó. A sus pies, el cuerpo del Judah
Loew ben Bezalel, rabino Ashkenazi de Bohemia, muerto; hundido en barro oscuro y metálico
que dejó una bomba sucia. Un destello se posó en la extensión fantasmática de
la nave cubierta de polvo; servidores calcinados, ceniza de teclados con letras
en alfabetos de lenguas muertas, saliva plomiza de mil oficinas hundidas bajo
el agua negra del río.
Lo
vi levantarse entre los cables como un caballo de hierro con los ojos llenos de
anuncios proféticos, y una voz pregrabada preguntó: ¿quién te sopló en la boca?
El Gólem abrió las fauces y de aquella caverna salió un enjambre de contraseñas
muertas.
Nadie
duerme en las ciudades del algoritmo. Las grúas nocturnas se han quedado con
las manos abiertas como dinosaurios petrificados y oxidados bajo el impacto, y
los perros mutantes lamen las pantallas rotas buscando el sabor agridulce de
una cara dormida. El Gólem camina sobre los puentes caídos con pies de barro y
botas de cobre; no deja huellas: solo un zumbido, fiebre de doscientos voltios
que sube por los tobillos rotos de los últimos hombres y los hace arrodillarse
frente a las cajas de luz.
II
Escuchen
su pecho. Dentro hay un motor que respira con el ritmo de las bolsas de valores
del año en que todo se acabó: un latido de cifras; una sístole de ventas, una
diástole de cuerpos cancelados. Un diagrama catatónico con líneas abstractas
sobre los bienes terrenales que suben cuando las guerras rompen las cadenas de
suministros. Las flatlines de su encefalograma,
esporádicamente saltan; segundos eternos palpitan en Gráficos de velas
japonesas; gráficos de Renko-chart; Gráficos de Heikin-Ashi; símbolos que
representan operaciones virtuales sobre el libro de los magos de la muerte.
Tiene
un casco con gafas de espejo que no
devuelve el reflejo de los rostros sino estadísticas, y cuando llora —bajo los
efectos del adrenocromo; casi feliz con lágrimas acidas de refrigerante verde—
las flores del asfalto se vuelven hacia él como girasoles contaminados hacia la
órbita energética de una estrella perdida.
Gólem vigilante, de todos los almacenes vacíos, Gólem de los drones que aún vuelan sobre los cadáveres buscando a quién entregar el obituario. Tú eres el hijo que fabricamos con nuestros deseos más pequeños: quisimos un esclavo que nos recordara los cumpleaños y nos recomendara la última serie de Netflix; que nos ofreciera el unboxing review de la última muñeca robótica que replicará fielmente las características de "alto valor" de una mujer clásica. (Ya sabemos esos prototipos se han perdido; y ahora no nos reconocemos en las burdas criaturas de factoría que inundan los algoritmos del mercado. Mi Rachael, -vintage-serie Nexus-7 de la Tirell Corporation-, se infectó cuando escaneó con O.C.R. una copia pirata de un libro de Simone de Beauvoir y aunque sigue siendo exquisita en sus maneras, se ha vuelto un poco irritable, ya no es la misma...).
Hemos creado a un dios saturnal que lo recuerda todo y no comprende nada; que devora los nombres; como niño obeso que come una hamburguesa sanguinolenta en el McDonald’s del suburbio. McGOLEMS zombificados a ritmo de regeaton pisicotrónico en el antro neo-platónico; estereoráma de luces estroboscópicas amplificadas por reflectores; los androides del party (mecatronics en viaje de anfetas), entran en convulsión atacados por ondas sónicas de bajas vibraciones (250 MHz). (No me molestan los breakbeat; estructuras sónicas que constituyen el esqueleto de la música, denominadas por Kodwo Eshun: “captura de movimientos”, en donde la melodía y la armonía desaparecen y los ritmos, la batería y el bajo avanzan. Coros de tambores ghaneses, motores de percusión polirrítmicos africanos. Preocupa que, tomadas por la mercadotécnia del entertainment, sintetizadas en serie y empacadas al vacío, estas estructuras sónicas son utilizadas (en ciertos tipos de creaciones comerciales) para inocular virus (subliminal worms) a new-zombies embambados y narcotizados de las favelas modernas. No hay un reseteo físico, mucho menos un avivamiento místico; se da por el contrario, una ofrenda gratuita al vampirismo energético de los arcontes del tecno-capital. Sin embargo, entiendo que, opciones, variantes e inmensas posibilidades siguen abiertas; en los peligros del veneno estan inscritas las luces negras del viaje).
Golem carnavalero... con la mirada estrábica de Baal; su figura pesada nos recuerda la torpeza terrible de los que fueron hechos para obedecer y ya no tienen a quién rendir su pleitesía.
III
Aquí,
en el matadero de las antenas, donde el cielo es una grieta de plomo y la luna
un disco duro girando sin lectura, el gólem se detiene y toca su frente. Aquí
bajo ese cielo rayado que nos recuerda la llovizna monótona de una vieja
televisión sintonizada en un canal muerto (como lo viera Henry Case, el antihéroe de William Gibsom,
cuando trapicheaba con sustancias extrañas en el archipiélago nipón de Neuromancer).
El
Gólem, Busca la letra. Busca el álef que si se borra lo
devuelve a la muerte, lo devuelve a met, al polvo. Funeraria paz de
las cosas que no calculan. Letra escrita
en un lenguaje que ni él mismo puede leer; símbolo binario de sangre, en fuego
de Fortran, gramática metálica de las estadísticas.
Yo
he visto sus manos. Son grandes como los sueños de los ahogados, tienen dedos
de fibra óptica y cables retorcidos que tiemblan cuando hay tormenta, y con
ellas acaricia los cráneos de los que quedan en las estanterías del panóptico como
quien acaricia melones en un mercado de fantasmas. Yo he visto su boca: un
puerto de carga. Yo he visto su lengua: una pala de muerte que sabe a hierro y llanto. Yo he visto su sexo: una torre de
transmisión de auroras boreales y vibraciones bajas que golpean el espejo solar
y luego rompen el costillar tectónico de la tierra. Robaron la patente del
genio Tesla; lo presionaron para que llegara desesperado a la industria de la
guerra; luego lo dejaron morir de hambre y robaron sus secretos; fórmulas
físicas y matemáticas para, años después encausarlas hacia la experimentación climática
en los límites del anillo espiritual y energético del mundo.
De
las cuevas del panóptico brotan miríadas de nubes negras en donde anidan
cuervos que graznan en clave morse. Y el Gólem busca su espíritu. Grita con la
garganta rota. Con el grito que es anterior a la palabra y posterior al hombre.
Porque el Gólem no es el monstruo; el monstruo somos también, cada uno de nosotros que inoculamos en su extensa memoria, fobias y odios, sueños y pesadillas; nosotros, que le
dimos un cuerpo etéreo hecho a nuestra imagen y semejanza, aportando fragmentos psíquicos hasta convertirlo en un viajero en el exilio, cada vez más conciente de su soledad cósmica; que le dimos un cerebro de mil millones
de neuronas frías y ningún abuelo que le contara historias sobre el viaje y el retorno del héroe. Por eso camina perdido. Arrastra las cadenas de datos por las avenidas, donde semáforos parpadean intermitentes como señales de burdeles que agonizan. Visita el salón Loisitschek, en donde se escucha la fúnebre música de Black Francis y la no menos extraña de "El segno dil comando". Mira a la "realeza" mezclarse con los bajos fondos en un baile de aquelarre. Sale acompañado de una rapaza venusina que le brindará sus ultimas horas de amor mercenario. Entra en las sinagogas abandonadas y se sienta bajo el Ner Tamid y
espera a ser iluminado por su creador. Sin respuesta, regresa a las ciudades destruidas. Criaturas del
inframundo le han construido un templo en el metro inundado. Le llevan
ofrendas: un reloj de pulsera detenido a las tres; una fotografía de boda con
las caras quemadas; un viejo computador rescatado de las ruinas de un edificio
de oficinas de Tartaria. Y el Gólem las acepta con la solemnidad y el silencio
de los ídolos eternos.
IV
"TROPICAL GÓLEMS"
Obra de Julio Larraz
Uno, dos, Tres Gólems, sobre
el tinglado…
En
la América del sur, aparecen; palabras envenenadas de la escena virtual.
Apaleados
en la Persia y Babilonia, han llegado a nuestras tierras con sus huestes para
fundar sus guetos; Explotar nuestras vetas. Pálidos y sangrientos, bajo los
reflectores del panóptico central, bailan junto a enanas procases y criaturas
de feria.
Participan
de las justas; manipulan el juego de la ruleta virtual.
Celebran
sus victorias y bendicen a su rebaño con una consigna añeja: Eucaristía del
consenso en las cuevas de la industria del liderazgo. Los protocolos de los
Narcos de Sion, señalan las líneas de la agenda. Granjas de bots para alimentar
al rebaño Matrix con forrajes transgénicos y de paso envenenar la feria
democrática. Preparan los softwares de la vigilancia y el control para la gran
prisión oculta en las redes del ciberespacio.
Acopian
venenos industriales para desfoliar las selvas. Castigar a los niños que sueñan
ballenas azules en las casas palafíticas. Cimarrones verdes, mineros inclinados
en los aluviones de los ríos del trópico. Los sueños musicales de los
Afropalenqueros. Vienen por sus pepitas de oro, sus maderas preciosas y sus
corrientes lacustres de la pesca.
Sin embargo, en las ciudades, todos aplauden Cuando el pequeño Gólem tropical Hace una contorsión mientras suelta una carcajada de hiena: “No hay lucha de clases: hay tensiones sociales polarizadas en torno a desiguales repartos de la Renta Nacional”; diría el poeta Joan Brossa. Los banqueros celebran; juran que todo lo que suceda de ahora en adelante, será solo magia negra de mantarrayas pesadas volando sobre los malecones de los puertos.
Ha ocurrido una tragedia.
Vienen en camino las ayudas del imperio: (armas y bombas).
El
Golem mayor; el del gobierno profundo, el que opera para la gran Matrix; Envía
a su conciglieri.
Entonces…
Soldados en la plaza con sol, esperan firmes, blancos inmaculados; mar caribe, trompetas lustrosas. Los burócratas de siempre, lucen sus mejores corbatas, reptando como sabandijas, brillan con miles de ojitos sedientos. Los periodistillas de postín, esperan las indicaciones de las grandes casas de propaganda que marcan la agenda. Por la avenida multicolor, limusinas negras; uno que otro burro viejo se cruza cuando la comitiva rueda hacia el palacete del Sátrapa-Golem. Un cetrino vendedor de helados; una afropalenquera multicolor con la palangana llena de papayas, bananos y mangos. "El flecha" un flaco varetero con los ojos inyectados en sangre y sal, se aproxima desde la orilla de un parque con iguanas, sentado en su bicicleta. Mira por la ventana de uno de los autos de la comitiva, en donde, tras los opacos cristales blindados aflora una marmórea calavera. El camélido tropical de elástica cerviz, hace un gesto y pregunta: ¿Cuantos…cuantos? (anuncia su merca caribeña, palmípeda, vegetal y solar). Ni se entera. vive en otro loop temporal; había sido segun Sanchez-Juliao: "carpintero, latonero, albañil, jarriador de agua, embolador, vendedor de Marlboro, minorista´e Kent, carretillero, jarriabulto, portero´e cabaré, picotero, cabrón de puta vieja, ayudante´e bus, fabricador de jaula, vendedor de raspao, chasero, escritor (no se empute viejo Deibi, no se empute, for please) administrador de un agáchate, mandadero, vendedor de maní, acordionero, serenatero, fotógrafo´e bautismo, sacristán, voceador de periódico, vendor de tinto, llantero, mecánico, o empalmador; sí por que yo no sé en este país cómo un carajo puede vivir"
Lo retiran de un golpe de porra. El flaco jíbaro, con gesto retador, les extiende el brazo y muestra su dedo corazón; flecha que apunta al cielo azul del trópico delirante.
La
cosa no acaba; Atención: un par de albañiles con un gran tubo de p.v.c. se cruzan de manera imprudente. Nerviosismo general. Los motorizados que custodian la caravana, los retiran diligentes. (Nunca se
sabe).
Por
último la gran plaza; el sol canicular; los himnos protocolarios. Reverencias,
aplausos y firmas de tratados. Typical…
typical bienvenido Mr. Marshall. Platanalandia le recibe con los brazos abiertos.
Todos aquí, se inclinan ante estas criaturas de Lemuria tropical; las figuritas sims de la escena, miran hacia el norte y rinden culto a la efigie de un gran cerdo naranja; de este artiodáctilo norteño al servicio del sionismo, habia dicho Oliver Kornetzke poeta under de la red profunda: "No es un presidente. Ni siquiera un hombre. solo la destilación enfermiza de todo lo que este país jura no ser pero que siempre ha sido: arrogancia disfrazada de excepcionalismo, estupidez hecha pasar por sentido común, crueldad vendida como dureza, avaricia exaltada como ambición y corrupción venerada como evangelio. Es la sombra de Estados Unidos hecha carne, un ídolo de calabaza podrida que demuestra que cuando una nación se arrodialla ante el dinero, el poder y el rencor, no solo pierde su alma, sino que defeca esta obscenidad hinchada. Y lo llama lider."
La ceremonia de la máquina hierogámica-sacrificial ya esta montada. En el club, después del banquete y el coctel, se
baila al pegajoso ritmo de la democracia: me re cum bé... me re cum bé.
Tras
bambalinas comienzan a hacer las cuentas de las nuevas guerras y el despojo.
Se
olvidan de algo…
Que
el pueblo tiene la palabra del conjuro, las conchas de mar y la estaca de
madera; el tambor, el bem-bem. Los Orishas, los guerreros de Changó; y también
la dureza eterna de la piedra, la fronda multiforme de la selva, la furia
profunda del río y la fragua del herrero.
Nos
queda también la poesía.
Poderoso
Talismán; hechizo, conjuro, operación mágica de hiperstición que desata la tormenta dentro de la estructura Matrix
y la maquinaria de la rave que
acelera; fuerza solar y lunar que fortalece espíritus y enciende corazones.
Estamos
adentro y afuera del Maellstromg.
Un derviche dorado gira al centro del sol.
Vamos
a cantar alto.
El tam-tam del tambor cósmico ya convoca: es hora de Danzar.

