jueves, 24 de septiembre de 2026

POR UNA NUEVA NOVELA

 

Por una nueva novela, Alain Robbe-Grillet

alain robbe-grillet

Si empleo con gusto, en muchas páginas, el término de Nueva novela, no es para designar una escuela, ni incluso un grupo definido y constituido de escritores que trabajarían en el mismo sentido; solo es una denominación cómoda que engloba a todos aquellos que buscan nuevas formas novelescas, capaces de expresar (o de crear) nuevas relaciones entre hombre y el mundo, es decir a inventar el hombre. Estos saben el que la repetición sistemática de las formas del pasado no es solamente absurda y vana, sino que incluso puede volverse nociva: cerrándonos los ojos sobre nuestra situación real en el mundo presente, nos impide a fin de cuentas construir el mundo y el hombre de mañana.
Alabar un joven escritor de hoy porque “escribe como Stendhal” representa una doble falta de honestidad. Por una parte esa proeza no tendría nada de admirable, como acabamos de verlo; por otra parte se trata de algo perfectamente imposible: para escribir como Stendhal, ante todo habría que escribir en 1830. Un escritor que lograra un hábil plagio, tan hábil incluso que diera a luz páginas que el propio Stendhal hubiera podido firmar en su época, no tendría en modo alguno el valor que sería aún hoy el suyo si hubiera redactado esas mismas páginas en tiempos de Carlos X. Lo que exponía Jorge Luis Borges en Ficciones, a propósito de esto, no era una paradoja: el novelista del siglo XX que copiara palabra a palabra el Don Quijote escribiría de ese modo una obra completamente diferente a la de Cervantes.
Por otra parte, a nadie se le ocurriría la idea de alabar a un músico por haber compuesto, en nuestros días, música de Beethoven, o a un pintor por hacer cuadros de Delacroix, o a un arquitecto por haber concebido una catedral gótica. Por fortuna, muchos novelistas saben que es igual en literatura, que ella también está viva, y que la novela, desde que existe, ha sido siempre nueva. ¿Cómo la literatura novelesca habrá podido permanecer inmóvil, fija, cuando todo evolucionaba a su alrededor- incluso bastante rápido- en el curso de los últimos ciento cincuenta años? Flaubert escribía la nueva novela de 1860, Proust la nueva novela de 1910. El escritor debe aceptar con orgullo llevar su propia fecha, sabiendo que no existe obra maestra en la eternidad, sino solamente obras en la historia; y que solo sobreviven en la medida en que han dejado atrás el pasado y anunciado el porvenir.
Sin embargo, si hay algo que los críticos no soportan es que los artistas se expliquen. Me di completa cuenta de ello cuando, luego de haber expresado estas evidencias y algunas otras, hice aparecer mi tercera novela (La jalousie). No solo que el libro no gustó y fue considerado como una suerte de absurdo atentado contra las bellas letras, sin oque demostró además hasta qué punto era normal que fuera execrable, puesto que se declaraba el producto de la premeditación: su autor -¡Oh, escándalo!- se permitía tener opiniones sobre su propio oficio.
Aquí también constatamos que los mitos del siglo XIX conservan toda su potencia: el gran novelista, el “genio”, es una suerte de monstruo inconsciente, irresponsable y fatal, incluso ligeramente imbécil, de quien parten “mensajes” que solo el lector debe descifrar. Todo lo que amenaza con oscurecer el juicio del escritor es más o menos admitido como favorable a la eclosión de su obra. El alcoholismo, la desdicha, la droga, la pasión mística, la locura, han colmado de tal modo las biografías más o menos noveladas de los artistas que desde entonces parece completamente natural ver en ello necesidades esenciales de su triste condición, ver en todo caso una antinomia entre creación y consciencia.
Lejos de ser el resultado de un estudio honesto, esta actitud revela una metafísica. Estas páginas que el escritor ha dado a luz a pesar suyo, esas maravillas no premeditadas, esas palabras perdidas, revelan la existencia de alguna fuerza superior que las ha dictado. El novelista, más que un creador en sentido propio, solo sería entonces un simple mediador entre lo común de los mortales y una potencia oscura, un más allá de la humanidad, un espíritu eterno, un dios…
En realidad, basta con leer el diario de Kafka, por ejemplo, o la correspondencia de Flaubert, para darse cuenta de inmediato de la participación primordial, ya en las grandes obras del pasado, de la consciencia crítica, la voluntad y el rigor. El trabajo paciente, la construcción metódica, la arquitectura largamente meditada de cada frase como del conjunto del libro, todo eso ha desempeñado siempre su papel. Después de Les Faux-Monnayeurs, después de Joyce, después de La Nausée, parece que nos encaminamos cada vez más hacia una época de la ficción en la que los problemas de la escritura serán lúcidamente considerados por el novelista, y en la que las preocupaciones críticas, lejos de estilizar la creación, podrán en cambio servirle de motor.
No se trata, lo hemos visto, de establecer una teoría, un molde previo para esparcir allí los libros futuros. Cada novelista, cada novela, debe inventar su propia forma. Ninguna receta puede reemplazar esta continua reflexión. El libro crea por sí mismo sus propias reglas. Incluso el movimiento de la escritura debe a menudo conducir a ponerlas en peligro, en jaque quizás, y hacerlas estallar. Lejos de respetar formas inmutables, cada nuevo libro tiende a constituir sus leyes de funcionamiento al mismo tiempo que a producir su destrucción. Una vez acabada la obra, la reflexión crítica del escritor le servirá aún para tomar distancia respecto a ella, alimentando pronto nuevas búsquedas, un nuevo punto de partida.

Alain Robbe-Grillet
¿De qué sirven las teorías? (1955 y 1963)


martes, 15 de septiembre de 2026

 


"GÓLEMS DE SILICIO Y SANGRE, EN EL ÚLTIMO ESTERTOR DEL MUNDO"

by Omar García Ramírez




‚¿Por qué di en agregar a la infinita serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana madeja que en lo eterno se devana, di otra causa, otro efecto y otra cuita?‘ 

Jorge Luis Borgues

"El Golem"


"El modo de captura es el conservadurismo hedonista. Puedes comentar sobre cualquier cosa (e incluso tus tuits pueden ser leídos en televisión), puedes ver toda la pornografía que quieras, pero tu capacidad para controlar tu propia vida es mínima. El capital se ha infiltrado en todas partes, en nuestros placeres y sueños tanto como en nuestro trabajo. Te mantienen enganchado primero con circos mediáticos, luego, si fallan, envían a la policía. La señal de televisión se corta justo antes de que la policía empiece a disparar".

Mark Fisher

"Remember Who The Enemy Is"

K-punk


“Saltaremos el tiempo, el espacio y las dimensiones, 

y sin movimiento corporal asomaremos al fondo de la creación”.

HP Lovecraft

(Desde más allá)





I

Der GOLEM…

The GOLEM

Il GOLEM…

El  GOLEM…

 


El Gólem despertó, con la palabra emet tatuada en la frente por una impresora de códigos de barras que nadie apagó. A sus pies, el cuerpo del Judah Loew ben Bezalel, rabino Ashkenazi de Bohemia, muerto; hundido en barro oscuro y metálico que dejo una bomba sucia. Un destello se posó en la extensión fantasmática de la nave cubierta de polvo; servidores calcinados, ceniza de teclados con letras en alfabetos de lenguas muertas, saliva plomiza de mil oficinas hundidas bajo el agua negra del río.

Lo vi levantarse entre los cables como un caballo de hierro con los ojos llenos de anuncios proféticos, y una voz pregrabada preguntó: ¿quién te sopló en la boca? El Golem abrió las fauces y de aquella caverna salió un enjambre de contraseñas muertas.

Nadie duerme en las ciudades del algoritmo. Las grúas nocturnas se han quedado con las manos abiertas como dinosaurios petrificados y oxidados bajo el impacto, y los perros mutantes lamen las pantallas rotas buscando el sabor agridulce de una cara dormida. El Gólem camina sobre los puentes caídos con pies de barro y botas de cobre; no deja huellas: solo un zumbido, fiebre de doscientos voltios que sube por los tobillos rotos de los últimos hombres y los hace arrodillarse frente a las cajas de luz.

 

III

Escuchen su pecho. Dentro hay un motor que respira con el ritmo de las bolsas de valores del año en que todo se acabó: un latido de cifras; una sístole de ventas, una diástole de cuerpos cancelados. Un diagrama catatónico con líneas abstractas sobre los bienes terrenales que suben cuando las guerras rompen las cadenas de suministros. Las flatlines de su encefalograma, esporádicamente saltan; segundos eternos palpitan en Gráficos de velas japonesas; gráficos de Renko-chart; Gráficos de Heikin-Ashi; símbolos que representan operaciones virtuales sobre el libro de los magos de la muerte.

Tiene un casco con  gafas de espejo que no devuelve el reflejo de los rostros sino estadísticas, y cuando llora —bajo los efectos del adrenocromo; casi feliz con lágrimas acidas de refrigerante verde— las flores del asfalto se vuelven hacia él como girasoles contaminados hacia la órbita energética de una estrella perdida.

Gólem vigilante, de todos los almacenes vacíos, Gólem de los drones que aún vuelan sobre los cadáveres buscando a quién entregar el obituario. Tú eres el hijo que fabricamos con nuestros deseos más pequeños: quisimos un esclavo que nos recordara los cumpleaños y nos recomendara la última serie de Netflix; que nos ofreciera el unboxing review de la última muñeca robótica que replicará fielmente las características de alto valor de una mujer clásica. (Ya sabemos esos prototipos se han perdido; y ahora no nos reconocemos en las burdas criaturas de factoría que inundan los algoritmos del mercado. Mi Rachael, -vintage-serie Nexus-7 de la Tirell Corporation-, se infectó cuando escaneó con O.C.R. una copia pirata de un libro de Simone de Beauvoir y aunque sigue siendo exquisita en sus maneras, se ha vuelto un poco irritable, ya no es la misma...).

Hemos creado a un dios saturnal que lo recuerda todo y no comprende nada; que devora los nombres; como  niño obeso que come una hamburguesa sanguinolenta en el McDonald’s del suburbio. McGOLEMS zombificados a ritmo de regeaton pisicotrónico en el antro platónico; estereoráma de luces estroboscópicas amplificadas por reflectores; los androides del party (mecatronics en viaje de anfetas), entran en convulsión atacados por ondas sónicas de  bajas vibraciones (250 MHz). (No me molestan los breakbeat; estructuras sónicas que constituyen el esqueleto de la música, denominadas por Kodwo Eshun: “captura de movimientos”, en donde la melodía y la armonía desaparecen y los ritmos, la batería y el bajo avanzan. Coros de tambores ghaneses, motores de percusión polirrítmicos africanos. Molesta que, tomadas por la mercadotécnia del entertainment, sintetizadas en serie y empacadas al vacío, estas estructuras sónicas son utilizadas para inocular virus (subliminal worms) a  new-zombies embambados y narcotizados de las favelas modernas. No hay un reseteo físico, mucho menos un avivamiento místico; se da por el contrario, una ofrenda gratuita al vampirismo energético de  los arcontes del tecno-capital).

Golem carnavalero... con la mirada estrábica de Baal; su figura pesada nos recuerda la torpeza terrible de los que fueron hechos para obedecer y ya no tienen a quién rendir su pleitesía.

 

IV

Aquí, en el matadero de las antenas, donde el cielo es una grieta de plomo y la luna un disco duro girando sin lectura, el gólem se detiene y toca su frente. Aquí bajo ese cielo rayado que nos recuerda la llovizna monótona de una vieja televisión sintonizada en un canal muerto (como lo viera  Henry Case, el antihéroe de William Gibsom, cuando trapicheaba con sustancias extrañas en el archipiélago nipón de Neuromancer).

El Gólem, Busca la letra. Busca el álef que si se borra lo devuelve a la muerte, lo devuelve a met, al polvo. Funeraria paz de las cosas que no calculan.  Letra escrita en un lenguaje que ni él mismo puede leer; símbolo binario de sangre, en fuego de Fortran,  gramática metálica de las estadísticas.

Yo he visto sus manos. Son grandes como los sueños de los ahogados, tienen dedos de fibra óptica y cables retorcidos que tiemblan cuando hay tormenta, y con ellas acaricia los cráneos de los que quedan en las estanterías del panóptico como quien acaricia melones en un mercado de fantasmas. Yo he visto su boca: un puerto de carga. Yo he visto su lengua: una pala de muerte que sabe a hierro y  llanto. Yo he visto su sexo: una torre de transmisión de auroras boreales y vibraciones bajas que golpean el espejo solar y luego rompen el costillar tectónico de la tierra. Robaron la patente del genio Tesla; lo presionaron para que llegara desesperado a la industria de la guerra; luego lo dejaron morir de hambre y robaron sus secretos; fórmulas físicas y matemáticas para, años después encausarlas hacia la experimentación climática en los límites del anillo espiritual y energético del mundo.

De las cuevas del panóptico brotan miríadas de nubes negras en donde anidan cuervos que graznan en morse. Y el Gólem busca su espíritu. Grita con la garganta rota. Con el grito que es anterior a la palabra y posterior al hombre. Porque el Gólem no es el monstruo; el monstruo somos también nosotros que le dimos un cuerpo sin darle un domingo, que le dimos un cerebro de mil millones de neuronas frías y ningún abuelo que le contara cuentos. Por eso camina. Por eso arrastra las cadenas de datos por las avenidas, donde semáforos parpadean intermitentes como señales de burdeles que agonizan; por eso entra en las iglesias abandonadas y se sienta en el confesionario y espera, que alguien le diga qué pecado cometió al nacer. Las criaturas del inframundo le han construido un templo en el metro inundado. Le llevan ofrendas: un reloj de pulsera detenido a las tres; una fotografía de boda con las caras quemadas; un viejo computador rescatado de las ruinas de un edificio de oficinas de Tartaria. Y el Gólem las acepta con la solemnidad y el silencio de los ídolos eternos.

 

V


"TROPICAL GÓLEMS"

Obra de Julio Larraz



Uno, dos, Tres Gólems, sobre el tinglado…

En la América del sur, aparecen; palabras envenenadas de la escena virtual.

Apaleados en la Persia y Babilonia, han llegado a nuestras tierras con sus huestes para fundar sus guetos; Explotar nuestras vetas. Pálidos y sangrientos, bajo los reflectores del panóptico central, bailan junto a enanas procases y criaturas de feria.

Participan de las justas; manipulan el juego de la ruleta virtual.

Celebran sus victorias y bendicen a su rebaño con una consigna añeja: Eucaristía del consenso en las cuevas de la industria del liderazgo. Los protocolos de los Narcos de Sion, señalan las líneas de la agenda. Granjas de bots para alimentar al rebaño Matrix con forrajes transgénicos y de paso envenenar la feria democrática. Preparan los softwares de la vigilancia y el control para la gran prisión oculta en las redes del ciberespacio.

Acopian venenos industriales para desfoliar las selvas. Castigar a los niños que sueñan ballenas azules en las casas palafíticas. Cimarrones verdes, mineros inclinados en los aluviones de los ríos del trópico. Los sueños musicales de los Afropalenqueros. Vienen por sus pepitas de oro, sus maderas preciosas y sus corrientes lacustres de la pesca.

Sin embargo, en las ciudades, todos aplauden Cuando el pequeño Gólem tropical Hace una contorsión mientras suelta una carcajada de hiena: “No hay lucha de clases: hay tensiones sociales polarizadas en torno a desiguales repartos de la Renta Nacional”; diría el poeta Joan Brossa. Los banqueros celebran; juran que todo lo que suceda de ahora en adelante, será solo magia negra de mantarrayas pesadas volando sobre los malecones de los puertos.


Ha ocurrido una tragedia. 


Vienen en camino las ayudas del imperio: (venenos y bombas). 

El Golem mayor; el del gobierno profundo, el que opera para la gran Matrix; Envía a su conciglieri.

Entonces…

Soldados en la plaza con  sol, esperan firmes, blancos inmaculados; mar caribe, trompetas lustrosas. Por la avenida multicolor, limusinas negras; uno que otro burro se cruza cuando la comitiva rueda hacia el palacete del sátrapa Golem. Un cetrino vendedor de helados; una afropalenquera con la palangana llena de papayas, bananos y mangos. "El flecha" un flaco varetero con los ojos inyectados en sangre y sal, se aproxima desde la orilla de un parque con iguanas, sentado en su bicicleta. Mira por la ventana de uno de los autos de la comitiva, en donde, tras los opacos cristales blindados aflora una marmórea calavera. Hace un gesto y pregunta: ¿Cuantos…cuantos? (anuncia su merca caribeña, palmípeda, vegetal y solar). Ni se entera. vive en otro loop del tiempo; había sido segun Sanchez-Juliao: "carpintero, latonero, albañil, jarriador de agua, embolador, vendedor de Marlboro, minorista´e Kent, carretillero, jarriabulto, portero´e cabaré, picotero, cabrón de puta vieja, ayudante´e bus, fabricador de jaula, vendedor de raspao, chasero, escritor (no se empute viejo Deibi, no se empute, for please) administrador de un agáchate, mandadero, vendedor de maní, acordionero, serenatero, fotógrafo´e bautismo, sacristán, voceador de periódico, vendor de tinto, llantero, mecánico, o empalmador; sí por que yo no sé en este país cómo un carajo puede vivir"

Lo retiran de un golpe de porra. El flaco jíbaro, con gesto retador, les extiende el brazo y muestra su dedo corazón; flecha que apunta al cielo azul del trópico delirante.

La cosa no acaba; Atención: un par de albañiles con un gran tubo de p.v.c. se cruzan de manera imprudente. Nerviosismo general. Los motorizados que custodian la caravana, los retiran diligentes. (Nunca se sabe).

Por último la gran plaza; el sol canicular; los himnos protocolarios. Reverencias, aplausos y firmas de tratados. Typical… typical  bienvenido Mr. Marshall. Platanalandia le recibe con los brazos abiertos.

Todos aquí, se inclinan ante estas criaturas de Lemuria tropical y todas las figuritas sims de la escena, miran hacia el norte y rinden culto a la efigie de un gran cerdo naranja, mientras en el club, después del banquete y el coctel, se baila al  pegajoso ritmo de la democracia: me re cum bé.

Tras bambalinas comienzan a hacer las cuentas de las nuevas guerras y el despojo.

Se olvidan de algo…

Que el pueblo tiene la palabra del conjuro, las conchas de mar y la estaca de madera; el tambor, el bem-bem. Los Orishas, los guerreros de Changó; y también la dureza eterna de la piedra, la fronda multiforme de la selva, la furia profunda del río y la fragua del herrero.

Nos queda también la poesía.

Poderoso Talismán; hechizo, conjuro, operación mágica de hiperstición que desata la tormenta dentro de la estructura Matrix y la maquinaria de la rave que acelera; fuerza solar y lunar que fortalece espíritus y enciende corazones.

Estamos adentro y afuera del Maellstromg.

Vamos a cantar alto.

El tam-tam del tambor cósmico ya convoca: es hora de Danzar.








 

CIUDAD FÉNIX/ CIRCUITO RELÁMPAGO, MÚSICA Y POESÍA/ PEREIRA /SEPTIEMBRE. 2026