ROMPIENDO OLAS, GRABANDO SUEÑOS,
EXPLORANDO LAS
TEXTURAS...
(Pintoras, artistas, al otro lado de los sueños y que tan
bien aprecio.)
Omar García Ramírez
Rompiendo olas, explorando las texturas. Cartografía del sol que provoca microsismos…
Ríos desbordados, la luz se deposita fugaz y crea deltas de tierra calcinada…
Estas afuera y adentro; nada existe. Solo un instante que se hace amarillo, se difumina y se impregna, canta o llora en rojo. Una sandía abierta se pudre y se llena de miel.
Luz de geografía accidentada, exploración gestual. La mancha que impregna la lona.
Kate Dolant
Las acuarelas que esmaltan recuerdos de cierta perversidad, se adhieren a besos olvidados…
Rebeca Macfarland
Las manchas de silencio que pueblan los días y los convierten en susurros, en rostros pétreos, en muertos difuminados; ángeles hermosos que huyeron a un cielo teñido de infierno.
Miras tus manos manchadas de pinturas;
lonas estiradas, cartones esparcidos por el suelo y agujereados por cierta
magia rústica, aureolados por la cercanía de una inmanente catástrofe.
(Tribu de las Pintoras,
habitantes recluidas en la torre de nubes eléctricas; aldeanas de tormentas
ligeras; pastoras escultoras de rebaños salvajes;
ermitañas con los ojos velados de ensueño que rayan los muros con los
colores de la tierra…)
Estas allí, comenzando de nuevo. Alguna vez te hiciste una pequeña herida en un dedo, alguna vez sangraste y tu sangre se mezcló con la trementina. Alguna vez arrancaste un sprint; años despues, desollada y golpeada hiciciste una maraton. Alguna vez lloraste; y al caer tu dolor se detuvo en la puerta de la muerte.
Estas allí inclinada buscando la textura primordial: acaso uvas de miel, acaso ramalazos de cielo, acaso carbones restregados con fuerza sobre arpillera. Encuentras algo y lo fijas. Pero poco después, lo tachas y los cubres con manchones negros.
Lo sabes: no se llega nunca,
siempre se inicia de nuevo.
Distante y casi feliz. O a lo mejor sola en la habitación, en el garaje o el galpón, en donde una beatitud estalla y te lleva de nuevo a la blancura. Como a los huesos, como a las fuentes primordiales de la locura.
Si te llaman no contestas. Dejas el teléfono afuera como un insecto eléctrico que amenaza con apartar tu mirada silencio. ¿Cambiar la trampa cotidiana por un instante de eternidad?
Tomas una copa de vino. Fumas un porro de ashis, muerdes una mandarina, y dejas que el sol guie tu mano. Ya no eres tú. Algo te levanta y te sostiene; flotas y te dejas ir como cuando un ahogado decide que ya es hora de abandonarse a esa última bocanada de aire.
Estas navegando adentro de un interrogante o un hallazgo. Estos minutos enteros al borde de una duda. Estas mirando, estas entendiendo….y para entender se requiere de muchas horas, muchos días. No alcanzan.
A miles de kilómetros; Un artista; otra pintora. Otro pintor…
Miraran tus obras, las fotos, los cortos, el instante grabado que deja constancia de esas búsquedas. En comunión contigo, te observaran en el borde del abismo, al centro de la piel; estrella calcinada en la buahrdilla. Apreciaran el nacimiento de un gesto puro. (Sabes que no estas sola, que no estas muerta). Te ofrendaran las manos callosas, teñidas de tintas y carbón, y luego sentirás esa mirada cercana al corazón, iluminada de relámpagos.
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