jueves, 5 de junio de 2014

GUSTAVO RUBIO GUERRERO. POEMAS.














LA  POESÍA DE GUSTAVO RUBIO GUERRERO

Si existe una poesía a la que podríamos calificar de insular en el eje cafetero, y que apenas se está develando bajo una portada gris que le hacía de presentación, esa es la poesía de Gustavo Rubio Guerrero. No es el poeta amigo de metáforas brillantes, ni luminosas figuras literarias. El poeta corta sus versos, como si estuviese armando la estructura de una declaración personal en las oficinas de un panóptico. En  efecto, Los muros y la Rosa, es poética de claustrofobia en una ciudad, que, por sus referentes geográficos podría estar destinada a otra visión más edénica, pero que en  la óptica de Rubio Guerrero, es una prisión cultural delimitada por el poder y la alienación. Al interior de esta prisión simbólica, media docena de figuras operan como referentes sígnicos y metafóricos que expresan el deterioro, la miseria y la decadencia. Iconografía personal de un desencantado que se atreve a hundir su dedo en el estigma.

 La obra de este poeta no se deja escuchar en la línea de una musicalidad experimental, sino como golpes de una materia sorda que, poco a poco, va horadando un punto, en la construcción semántica de su obra. Si en algunos momentos, su dodecafonismo lírico pareciera comenzar a constituir un ritmo, el poeta lo deshace con  gesto rotundo y rompe la partitura. Dándole a cada línea la importancia de un verso único;  mantiene su referencia con los demás en la medida que hace parte de una misma trama textual, pero que igual podría trasladarse a cualquier parte del poema, convirtiéndose en nuevo referente del conjunto en la línea estructural. Cada verso es una sentencia, un aforismo; cada aforismo engasta con una cadena de imágenes que parecieran fuesen a cristalizar, pero antes de llegar a ese punto luminoso, estallan, se rompen.

Sus poesías abordan temáticas que van desde lo social, lo político, lo erótico, y algunos textos que se animan a esbozar una teratología citadina.  En ella, el autor se reconoce como un ser aislado en la marea de un ruido pesado que parece inundarlo todo. Su apuesta estética, es la de un alucinado que escarba en las raíces culturales de esta nuestra región, pero que mantiene tensiones abiertas a la tradición del modernismo vanguardista y la postmodernidad.  No cava en lo extenso, va hacia el fondo como guaquero empapado de anís, que pretende sacar desde ese nicho de arcilla mortuoria una respuesta que no llega. Una arqueología del desencanto; ironía contenida y destilada en figuras e imágenes que, por anodinas no dejan de asombrar.  Acertado el manejo del humor negro y la sátira social enmascarada dentro de la sutileza de una crónica urbana. De alguna manera, como extranjero que es cada poeta, Gustavo Rubio Guerrero, se asume como forastero que mantiene una mirada escéptica y distante, sin aproximarse emocionalmente al objeto de su trabajo. Eso le permite demoler sin remordimientos.

Su obra, durante algún tiempo merodeo por extramuros literarios, hoy la academia comienza a prestarle atención, aunque sin develar de manera brillante las potencialidades de la misma. Para sustentar lo anterior, el lector curioso podría remitirse a una reedición de LOS MUROS Y LA ROSA de la universidad del Quindío dentro de la colección de autores quindianos, 2010. (No tiene número el volumen) . Nos permitimos discrepar de algunos planteamientos críticos, en el cuerpo de un estudio de más de sesenta páginas que acompaña el texto que nos ocupa.  El académico que estudia el poemario dedica una gran parte de esta investigación a la figura del La vieja, tomando como referente   la hechicería y la brujería en la obra pictórica de Goya, a la luz de los textos críticos del madrileño Ramón Gómez de la Serna. Dándole unas connotaciones míticas,  que el poeta Rubio Guerrero  desvirtúa de manera directa, hacia el final, en una entrevista donde accede a mostrar algunas  claves de su obra. Queda la impresión, de que el profesor que se ocupa de su poesía, se extravió con una línea de investigación que no era la acertada, o al menos no necesitaba darle importancia capital, a riesgo de desplazar el punto de interés más incisivo de la obra (cosa que, cualquier lector atento puede percibir).  Al centrar su atención en los estudios de la obra negra del genial Goya, parece  que hubiese sido mesmerizado por el Baphomet de Mendes e inclinado  a indagar sobre el  sello negro del sabbat. Sin mantener distancia crítica, (tratándose de un ensayo no de una obra de ficción) se erige por momentos en un nuevo inquisidor o Torquemada, esgrime argumentos medievales casi prestados del Malleus Malleficarun y que pondrían a más de una feminista de la Wicca en guardia, frente a este nuevo funcionario del Santo Oficio.

El  autor del ensayo arriba citado, un poco despistado, y después de haber sido iniciado en el aquelarre de las vieille sorcières, osculum infame de por medio. Pasa negra página y propone adelante una literatura regional, autóctona, vernácula, ajena a todo cosmopolitismo como paradigma y  casi como canon.  No explica por qué, para su análisis, se apoya en una bibliografía de autores europeos, críticos, académicos y lingüistas que a todas luces hacen parte del logo centrismo al uso desde hace varios siglos y que son el acervo de utilería programática donde se alimentan estos nuevos académicos. Es verdad que el ensayo es un género literario que se presta a la especulación.  De cierta manera es su razón de ser. Pero si quienes lo ejercen posan de estrictos y hasta cientifistas. Deberían al menos afinar la intuición que  es cara  a la heurística del discurso apodíctico destinado a los lectores de poesía y de los buenos  diletantes literarios. En su defecto, es de mínimo esperar que  liberase su breve discurso, reconociendo la universalidad de la poesía, en esta época que por colonialismo histórico, episteme al uso, avasallamiento económico del capital informatico, o virtualidad invasiva, (entre otros muchos factores),  esta al centro de ese malestar global, que para bien o para mal, a todos nos afecta.

Si para analizar la poética de un autor regional, el académico devenido en critico por exigencias del pensum, utiliza como sustentadores de validez teórica dentro de su discurso unos referentes que a todas luces son europeos, existe notoria contradicción cuando exige un canon de literatura para el eje cafetero y por extensión para Colombia, basado en el solipsismo estético­. Se debe agregar, que dentro del corpus poético de Los muros y la rosa, las referencias literarias a algunos filósofos y escritores del postmodernismo están presentes en forma explícita.

Dejando a un lado esa inquietud teórica, que insiste en un debate actual, en donde desde esta parte del espectro poético sostenemos (colectivo Griffos de NNeoNN) una amplitud de miras y apertura de fronteras estéticas. Abrevar en las tradiciones literarias latinoamericanas, colombianas y  universales, es desde ya, una forma de acceder a una herencia que a todos pertenece.  Termino esta presentación, diciendo  que la literatura de Rubio Guerreo es  una  metáfora donde el simbolismo personal arriesga en una obra que está abierta a los  referentes culturales concretos de una época reciente,  viva en la memoria de todos los habitantes de estas ciudades en donde la sociedad, fracturada por la violencia, La miseria, el desplazamiento,  la alienación cultural y política, parece que viviera inmersa en una burbuja de amnesia, que solo de vez en cuando, es rota por la tragedia.

Para Griffos de NNeoNN
Una muestra de su poesía.



UNO DEBERÍA


Uno debería llevar un libro valioso al sanitario
En el menor de los casos el silencio que no cabe
En las paredes viejas de la alcoba    uno debería sentarse
No a oler sino a leer las tácticas de amor que conocen las rosas
Un poco de pudor untado de penumbras haría olvidar
Lo que a fuerza de horas escapa del vientre
Uno debería llevar al lugar de las heces las páginas
Todas de Francisco de Asís o de Simón Bolívar porque sirven
Para todos los crímenes y todos los bárbaros
Uno debería escribir un poema mientras defeca
Ganaría imaginar el hedor del mundo y el de los nóumenos
No el de los caratejos    ganaría para la patria el agua quieta
Recordar que no sólo de muerte vida y amor viven los poemas
Probablemente se escribiese sobre el amor de las cosas
El cariño a los lápices la vida y la muerte de los jueves
Uno debería despedirse de diarreas sin tanta complacencia



PASTANDO EN OÍDO


Sorprende el pintor de vacas
Es decir la imagen de algunas vacas en un oído
Valentina entiende no sabe cómo
Al pintor no pudimos comprarle una vaca
Estábamos enamorados     trabajamos conseguimos casa muebles
Espacios pintados de verde    optamos por el golf el tenis
De noche sitios y personas de caras deprimidas    tal la abundancia
De nosotros en los rostros mismos    desde ayer no sabemos qué cosa
O nombre somos    la llamo patas de cigüeña pero recuerdo las vacas
Ponen huevos a las ocho    ella me llama verano
Oigo algo como cascos de burro     fueron tiempos de bohemia
Allá en sus anchos cielos y las noches escribí este poema
No sé quién es Valentina y ese yo que escribe tampoco




PLAGIO EN DESUSO


Mañana lánguida y oloroso café lo despertaron
Maravillosamente solo sabe que su vecina desayuna
El duchazo le recuerda el otro olor del chocolate
Le preocupa escribir poema de encargo    no siendo poeta
Escribe soneto por año    Era toda de ensueño de armonía
De lumbre sideral    de alba temprana era suave lo mismo
Que una hermana y por eso una hermana parecía
Una canción de Luis Carlos Vélez suena en la distante
Soledad del jueves     Ante su encanto se doblaba el día
Y paraba su paso la mañana    al verla se alegraba la campana
Y el corazón también porque era mía
Jamás escribiría así y lo está haciendo    admira el soneto
No la manida retórica    la lección de Bloom arruina la página
Plagio en desuso dijo al espejo
En adelante imitaría a Cavafis o a T. S. Eliot


DOS O TRES PALABRAS


Dos o tres palabras al cruzar la calle
Una de ellas útil el próximo jueves    supo que las canciones
Nacen viejas o que en su país sólo se cantan lugares comunes
Pregunta en librerías por apócrifos libros    los amigos le hablan
Todos de su aspecto    los relatos históricos y sociales no abundan
En estas tierras de brujas y chismorreo y mala literatura
Sombras densas caen en la Armenia de hace veinte años
Vuelve a casa y sacude el polvo la pereza
Se detiene asombrado frente a su propia puerta
Se sabe contemporáneo pero no sabe de qué época
Así lo dice a ese hombre que camina siempre a su lado
A ese que sin más señas es su doble moral y su ética
Le duelen desengaños y la complicidad con el grupo dominante
Abre la puerta que vuelve a ser suya
Seguro de sí mismo adelanta a su contemporáneo





LA ABUELA Y EL GATO


Al gato le brillan los ojos
Mi abuela saca los trapos los tiende en el hilo
De pájaros    la mañana oscura el gato de fuego
Incólume mira el fluir de su época     mi abuela no saca
Los trapos el hilo no existe   la mañana clara el gato de letras
Atisba el transcurrir de lo informe   al gato le faltan los perros
Pero para qué sin visión     nadie sabe lo que dicen sus metáforas
 Nadie ha publicado El Palacio de los Atroces donde se denuncia
El compromiso entre capos de la droga y dirigentes de la región
O Instrucciones a un habitante de Las Colinas en Armenia
Al gato le atraen las paradojas lo mismo que a mi abuela
Escribir que Luz Stella Carmona o Luz Stella López son la misma persona
No altera la cuestión o la antinomia
Al gato le importa un carajo la abismal diferencia
Ambos consideran que sin ley no hay trampa y sin verdad mentira


Poemas del libro inédito El Callejón de la Cigarra: pronto a publicar

GUSTAVO RUBIO GUERRERO, Armenia, Quindío, Colombia (1952).


Poeta y narrador. Libros publicados: Los Muros y la Rosa. El Amor Esa Bestia Un tanto Sola. Poemas Del Cuarto (primera y segunda parte). Ganador de dos premios nacionales

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