martes, 6 de enero de 2026

APUNTES ANTROPOLÓGICOS Y ANTROPOFÁGICOS SOBRE EL CANIBALISMO

 




Apuntes

Antropológicos y Antropofágicos

Sobre el canibalismo

(Omar García Ramírez)



 “Tupi or not Tupi, that is the cuestion”.

Oswald de Andrade





Los que devoraron a Wenceslao Valdivia.

Los que deglutieron a Juan Patezamba.

Los que cocinaron a Julietta Varela.

Los que desmembraron a Pedro Grosero Cardozo.

Los que sazonaron a Juan de la vaca.

Los que emparrillaron a José de Valencia.

Los que empitonaron a Garibaldo el maloso.

Los que abrieron en canal a Tadeo el Tadeoso.

Los que colgaron a Juan de la Cosa.

Los que descuartizaron a Emiliano Valdez.

Los que le sacaron las muelas con un arpón a Frai Angélico el Sodoma

Los que empalaron a Barreiro Mutallme.

Los que emascularon a Julián Bergüentoia.

Los que lapidaron a Gladiolo Bragueiro.

Los que esquilmaron a Wiston Branagham.

Los Panches que emboscaron la tropa de Jiménez de Quezada

cuando subía por el río grande de la Magdalena.

Los Taínos que armaron barbacoa con algunos expresidiarios ibéricos.

Los que amputaron el brazo sangriento de Wilfredo Bartolo.

Los que se levantaron contra los yelmos y las picanas de Balboa Balbuena.

Los aztecas que dejaron caer su tormenta de piedras y sílex

contra Cortés y su horda de Barbaros “La noche triste”….

Los caraibas que comieron las criadillas y las pantorrillas asadas de los adelantados.

Los “Tupi” brasileños que se manduqueron al obispo Pedro Fernandes Sardinha y de paso crearon un movimiento poético varios siglos después. (1)

El poeta Oswald de Andrade, en su manifiesto decía:

"Le pregunté a un hombre lo que era el derecho. Me respondió que era la garantía del ejercicio de la posibilidad. Ese hombre se llamaba José de Galimatías. Me lo comí".

También había sentenciado Glauber Rocha el cineasta:

“Nuestra cultura, es la cultura del hambre, y uno de sus frutos es la violencia”.

Los brasileños han entendido esto mejor que otros.

Ellos (eurocentro y norte) nos ven como fiesta y sangre…

Nosotros tenemos la diáfana mirada del hambre.

Pero sigamos….

Los reducidores de cabezas, que redujeron a su mínima expresión,

la rubia cabeza de Mr. Smith. El explorador y buscador de tesoros del Mato Grosso.

(Después de haber cortado la cabeza del enemigo, la depositan tres o cuatro días en un poste o en una de las ramas altas de un árbol. Cuando ya ha comenzado la descomposición, hacen un corte vertical profundo sobre el cráneo y sacan hábilmente todos los huesos.

Luego introducen piedras o arena caliente en la cabeza deshuesada y la colocan sobre el humo de una fogata hecha con raíces de determinadas plantas. Este humo que posee la cualidad del alumbre, encoge la cabeza hasta el tamaño deseado. Los labios son deformados mediante el uso de un hilo o varilla de chonta. Las cabezas así "elaboradas" sirven como trofeo.)



Los apaches que tirotearon a John Wayne en el cañón del Colorado, pero no lo mataron, ya que la Warner Bross nunca lo permitió. Luego el cáncer (producto de las tierras contaminadas de Alamogordo) se le comería los pulmones y ya no volvería a matar apaches.

Los sioux y sus aliados que descargaron su arquería contra Cooster en 1876

para derrotar la caballería de Estados Unidos en el río Little Bighorn

y arrancaron tres docenas de cabelleras…

(no solo los apaches eran crueles en la venganza, hay quienes dicen que estas bárbaras y crueles costumbres se generalizaron después de la muerte de Mangas, uno de sus líderes más carismáticos a manos de los colonos blancos ) (2)

Los nicas que descargaron su fusilería cimarrona

contra las tropas filibusteras de Mr. Walker en Nicaragua…

Hoy serían tratados como terroristas y sus caras tendrían precio.

Puede parecer una afirmación de política y antropología elemental.

Algo burdo para elaborar un texto de modestas pretensiones.

Pequeño discurso literario. (Lo admito). Material deleznable para un poema.

(Ah , ya sé, los falsos puristas que habitan el limbo de los aposentos melódicos en donde canta el agua tibia de las cañerías. Los antológicos que visitan los aposentos funerarios de los muertos ilustres. Los académicos alérgicos a los perros y a los gatos).

Pero no deja de tener sentido.

No por ellos, sino por nosotros, que seguimos avanzando, explorando, "culturizando" e invadiendo.

Abriendo supermercados de basura. (Minas a a cielo abierto, buscando tesoros tirerra-dentro) 

Vendiendo los talismanes falsos de la usura.

Esos rostros pintados de achiote, arcilla, carbón y niebla

Sus atuendos de buitres y águilas

Sus ojos de piedra y ágatas; oscuros y brutales como de jaguar sobre la presa.

Sus dientes afilados que esbozan una sonrisa primitiva

mientras emponzoñan las puntas de las cerbatanas.

Navegarían por la red, estarían en top ten de los más buscados

Y todos tendríamos miedo y no saldríamos por las noches.

Y veríamos a un sheriff o un gendarme

con cara de museo de cera en la T.V. Ordenar su cacería.







(1) Oswald de Andrade “Tupi or not Tupi, that is the cuestion”. 

(2) Los angloamericanos también llegaron a ser conocidos por el atroz tratamiento que dispensaban a las víctimas apaches. Los soldados estadounidenses no sólo arrancaban cabelleras indias, sino también orejas y genitales. Uno de sus peores pasatiempos consistía en hacer recuerdos con despojos humanos: por ejemplo, bridas trenzadas con el pelo de las cabelleras cortadas y decoradas, según palabras de uno de los primeros pioneros, con «dientes arrancados de la boca de mujeres indias vivas». Durante su primer año de servicio como militar en Arizona, a John Gregory Bourke, un hombre que llegaría a ser el más grande campeón en la defensa de los derechos de los apaches de entre todos los que combatieron contra ellos, le ofrecieron como recuerdo la cabellera y las orejas de un guerrero apache muerto. Con la bravucona actitud de un teniente de veinticuatro años recién graduado en "West Point", Bourke enmarcó los pabellones auditivos y los colgó en su habitación y utilizó la cabellera para hacer la esterilla de una lámpara. Un día recibió la visita de un amigo, que reaccionó horrorizado ante la visión de aquellos trofeos. En ese instante Bourke cayó en la cuenta de «cuan brutal e inhumano se había convertido», y enterró las orejas y el cuero cabelludo.

David Roberts

“Las guerras apaches”

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