viernes, 2 de octubre de 2009

Entrevista a Hakim Bey



Peter Lamborn Wilson/AKIM BEY


x High Times Magazine & Hakim Bey


Mucho antes de que se convierta en una leyenda “cult”, oí por primera vez el nombre del misterioso y esquivo Hakim Bey cuando giraba el dial de la radio en Nueva York. Él fue mencionado en un programa de la WBAI FM llamado “La Cruzada Mora Ortodoxa”. Pero inmediatamente, varios de mis amigos estaban hablando en surdina sobre sus búsquedas de la Zona Temporalmente Autónoma. Intrigado, busqué este clásico escrito underground de Hakim, T.A.Z., la Zona Temporalmente Autónoma: Anarquismo Ontológico y Terrorismo Poético (Autonomedia, po Box 568, Brooklyn, NY 11211). Lo hallé en una pequeña librería esotérica que tenía desde trabajos de Emma Goldman hasta Aleister Crowley. Comencé a preguntar sobre la Sociedad del Anarquismo Ontológico y sobre el enigmático Hakim Bey. Nadie sabía como llegar al efímero Hakim. Llamar a sus editores fue un nuevo fracaso.

Hakim Bey también lanzó un CD declamado con música de Bill Laswell por el sello Axiom, llamado también TAZ. Entonces también los contacté –otra vez, inútilmente. Hasta que un día hallé un billete en mi cama en el que se me proponía visitar la Calle Mott a las 9 de la noche para una entrevista. ¿Como llego eso hasta allí? En esa calle, un carro anónimo me arrinconó y llevó a un obscuro restaurante en un sótano del Chinatown, donde una cabina privada con cortinas estaba separada con un pequeño narguilé y un plato lleno de Nepal Templo Balls(1). Y fui invitado a entrar.

HIGH TIME: Hakim, ¿de dónde vienes?

HAKIM BEY: Bien, la información básica (que es todo de lo que yo hablo) es que yo fui un poeta de la corte de un principado sin nombre en el norte de la India, que fui prendido en Inglaterra por la bomba de un atentado anarquista y que vivo en Pine Barrens, Nueva Jersey, en un trailer de la Airstream(2). Cuando vengo a Nueva York me quedo en un hotel en Chinatown.

HT: ¿Qué es la Zona Temporalmente Autónoma?

HB: La Zona Temporalmente Autónoma es una idea que algunas personas creen que yo creé, pero no creo haberlo hecho yo. Yo creo que sólo coloqué un nombre que despertó algo que ya estaba aconteciendo: la ineludible tendencia de los individuos para juntarse en grupos y recoger libertad. Y que no tuvieran que esperar por ello hasta que llegue algún utópico y abstracto futuro post-revolucionario.

La cuestión es: ¿Cómo los individuos en grupos maximizan la libertad bajo las situaciones de días como hoy, en el mundo real? Yo no estoy preguntándome cómo nos gustaría que fuese el mundo, ni sobre por qué estamos queriendo transformarlo, sino por lo que podemos hacer aquí y ahora. Cuando hablamos sobre una Zona Temporalmente Autónoma, estamos hablando en como un grupo, una coagulación voluntaria de personas afines no-jerarquizada, puede maximizar la libertad por ellos mismos en una sociedad contemporánea. Una organización para la maximización de actividades placenteras sin el control de jerarquías opresivas.

Existen puntos en la vida de todos en los que las jerarquías opresivas invaden con una regularidad casi diaria; puedes nombrar a la educación compulsiva, o al trabajo. Eres forzado a “ganar la vida”, y el trabajo por sí sólo es organizado como una jerarquía opresiva. Entonces el común de la gente, todos los días, tiene que tolerar la jerarquía opresiva del trabajo alienado.

Por esa razón, crear una Zona Temporalmente Autónoma significa hacer algo real sobre esas jerarquías reales y opresivas – no solamente declarar nuestra antipatía teórica hacia estas instituciones. ¿Comprendes la diferencia que he desarrollado aquí?

Con el aumento de la popularidad del libro, muchas personas confundieron el término y lo usaron como un rótulo para todos los tipos de cosa a las que él realmente no pertenece. Eso es inevitable, una vez que el propio virus de la frase está suelto en la red (para usar metáforas de ordenadores). Si las personas lo usan erróneamente, o no, eso no es tan importante, porque el significado está incrustado en el término. Es como un virus verbal. Él dice lo que significa.

HT: ¿Una Zona Temporalmente Autónoma necesariamente se abstiene del uso del dinero?

HB: Eso es difícil en una situación real, pero puede acontecer. El Rainbow Gathering(3), por ejemplo, se abstiene del uso del dinero. Eso, digamos, garantiza un grado mucho mayor de autonomía temporal en las personas que están participando. El placer de ellos aumenta cuando salen de la dimensión económica de dinero/mercancía.

HT: La prensa conectó el fenómeno TAZ al movimiento Cyberpunk. ¿Crees que Internet es una Zona Temporalmente Autónoma?

HB: No. Es un mal entendido muy peculiar que vino a la tona. La revista “Team” hizo una materia sobre el ciberespacio y me citó erróneamente – lo que me dejó particularmente feliz. Si “Team” entendiese lo que yo estaba hablando, estaría forzado a reestructurar toda mi filosofía, o tal vez desaparecer para siempre en desgracia.

Ellos decían que el ciberespacio es una Zona Autónoma, y yo no estoy de acuerdo. Enfáticamente, no concuerdo. Yo creo que la libertad incluye el cuerpo. Si el cuerpo está en un estado de alienación, entonces la libertad no es completa en ningún sentido. El Ciberespacio es un espacio sin cuerpo. Él es un espacio abstracto y conceptual. No existe olor en él, ni gusto, ni sentimiento, ni sexo. Si una sola de estas cosas existe allá, son sólo simulacros de estas y no ellas mismas.

La única cosa que Internet o el ciberespacio pueden tener con relación a la Zona Temporalmente Autónoma es que ellos son instrumentos o “armamento” útil para alcanzar la libertad. Entonces es importante trabajar para proteger las libertades de expresión y comunicación que están abiertas en este exacto momento por Internet contra el FBI, Clinton y la “Infobahn” (un buen término en alemán para designar la autopista de la información). ¡Hay que ser cauteloso para no ser atropellado en la Infobahn! Comunicándose por una BBS(4), un grupo puede planear un festival de manera mucho más eficaz, alguna actividad como un Rainbow Gathering, estructurando oportunidades que maximicen el potencial para el surgimiento de una TAZ real. Internet también puede ser usada para montar una red económica alternativa genuina. Cambios y permutaciones trilladas en las comunicaciones privilegiadas de Internet.

HT: ¿Puedes explicarnos el “Terrorismo Poético”?

HB: Yo entiendo el terrorismo poético por acciones no violentas a gran escala que pueden tener un impacto psicológico comparable al poder de un acto terrorista – con la diferencia de que este acto es un cambio de conciencia. Supongamos que tienes un grupo de actores de la calle. Si haces un llamado para acudir a este acto en la “calle”, ya se ha creado una división entre el artista y público, y se perdió por sí misma cualquier posibilidad de impactar directamente en la vida cotidiana de la audiencia. Pero si empleamos el engaño, la creación de un incidente, una situación, puede ser posible persuadir a la gente a participar y aprovechar al máximo su libertad. Es una extraña mezcla de mentiras y la actividad ilegal (que es la esencia del arte) con una técnica de penetración psicológica de mayor libertad, tanto a nivel individual como social.

HT: ¿Puedes hacer algunas sugerencias para los lectores especiales del High Times sobre la creación de una TAZ?

HB: Bueno, bueno. Yo diría que me gustaría direccionar el movimiento cannabista, a un nivel más amplio, como una estrecha aleación, formando cruces y zonas de contingencia, con el movimiento libertario en la general.

Si los libertarios han pasado los últimos quince años organizando redes de alternativa económica para potencializar la creación de una Zona Autónoma Temporal y Permanente hacia una Zona Autónoma, en lugar de incurrir en los juegos banales de las políticas de terceros, que es un fracaso desde el principio; si el movimiento cannabista ha puesto su energía durante los últimos quince años en la organización de redes económicas alternativas, no necesariamente basadas en el comercio “criminal” del dinero para la marihuana, sino en las necesidades básicas y las posibilidades de la vida real; si toda esta energía es dirigida, en consecuencia, contrariamente a lo que me parece una total fantasía, un fantasma que podemos llamar en resumen “poder político democrático legislativo” – creo que tenemos mucho en el curso del cambio revolucionario en la sociedad.

En tales circunstancias, toda esta buena intención y mucha energía se ha concentrado en un mal juego – un juego en el que la autoridad establece las normas, y en el que “ellos” las establecen para que la gente como nosotros no pueda recuperar su poder dentro de ese sistema.

Ahora lo que estoy haciendo es una crítica anarquista, con las posibles razones de más compañeros. Creo que es una tragedia que la energía haya sido mal dirigida. No creo que sea demasiado tarde para despertar y ver lo que está sucediendo en la actualidad(5) aquí. Otro punto del que quiero hablar es que el High Times ha sido particularmente culpable en las últimas elecciones, cuando pidió a sus lectores (entre ellos, un gran porcentaje de usuarios de marihuana de este país) votar por Clinton, el hijo de puta, basándose en un rumor muy sospechoso: que Al Gore, un conocido mentiroso, tramposo e hipócrita, susurró a algunos activistas de la marihuana que él estaba de su lado. Así que, presumiblemente, miles si no millones, de los fumadores de marihuana y de la izquierda votaron a favor de otro grupo de hijos de puta, olvidando toda la sabiduría de la vieja consigna anarquista, “nunca vote, eso sólo alienta a los estúpidos”.

Voy a hacer una apuesta ahora. Tanto como ejemplares de la revista sean impresos, en los que se señale la virtud de la administración de Clinton, existirá una mejora en las leyes relacionadas con el uso de cannabis por placer. Puede haber una pequeña desaceleración en el uso de la marihuana medicinal o comercial. Desaceleración, pero no – de hecho, sólo una mayor regulación – la utilización de la hierba por placer. ¿De acuerdo? Y si eso no es cierto, yo soy el maldito infierno de la revista con mucha mierda de leche mezclada con azúcar.

HT: ¿Eso sería un acto de terrorismo poético?

HB: Heh, heh.

HT: ¿Crees que el movimiento cannabista es contraproducente en algunos aspectos?

HB: Antes de cualquier crítica, debo recalcar que yo pertenezco a una religión en la que la marihuana es un sacramento, y yo soy un defensor permanente de las acciones en favor de la marihuana. Uso el término “acción” en lugar de “legalización” por una razón muy específica, que ahora voy a explicar. Ofrezco, por tanto, críticas con un espíritu constructivo. Quiero que quede claro, como Nixon solía decir.

En los años en los que hay un movimiento a favor de la legalización de la marihuana, todas las leyes de ese país son peores y más opresivas. En el momento en el que hay un movimiento a favor de la legalización de la marihuana, el precio de la hierba se convierte en prohibitivamente caro debido a la guerra contra las drogas. ¿Existe una relación directa entre la guerra contra las drogas y el movimiento a favor de la legalización de la marihuana? Probablemente, no mucho. Sin embargo, hablar de todo, todo el tiempo y hacer que todo sea abierto, dejando las listas de discusión y las estadísticas a disposición de los organismos de inteligencia y otros no es una buena táctica cuando se trata realmente de una sustancia ilegal.

Creo que hemos asimilado un complejo de mártir en esta situación. Hay personas que quieren confrontar una proyección mental de lo que creen que es la “autoridad”. En otras palabras, contra los que representan la autoridad de una manera autoritaria. Simplemente se trata de cuestionar abiertamente la autoridad, y ellos se están definiendo como víctimas de los delincuentes y el Estado.

HT: ¿Se podría emplear un poco de terrorismo poético?

HB: Creo que se podría utilizar un poco de clandestinidad sensata y darle un sentido de terrorismo poético, sí.

HT: Has escrito extensamente sobre el Tong(6), sobre las sociedades secretas chinas. ¿Has querido decir que la economía underground de la marihuana está organizada de manera similar al Tong?

HB: Absolutamente, es organizada como una suma, como un… bueno, no está organizada como una suma de Tongs, y eso es un problema. El punto es que un Tong es una sociedad secreta. Y esto, de nuevo, es algo que no es sólo una fantasía; es algo real. Un grupo de amigos, de afinidad, que se junta para aumentar su placer y libertad por medios que no son reconocidos como legales por la sociedad, ha creado involuntariamente un Tong. Pero yo creo que se podría crear uno, también, conscientemente. Para esto necesitamos estética y tradiciones de sociedades clandestinas no jerárquicas.

¿Cómo organizar verdaderas redes secretas de intercambio? Más bien, como creamos un poema con esta situación, como hacer de esta obra no sólo una práctica económica, sino también un nivel imaginario, donde los corazones de las personas estén comprometidos.

HT: Una comunidad.

HB: Me gustaría ir más lejos, y utilizar el término de Paúl Goodman, Communitas(7), para demostrar que estamos hablando de algo más que la simple conformidad con el azar, sino realmente del objetivo por el cual estamos viviendo actualmente. Veo a la Zona Temporalmente Autónoma como el éxito temporal del florecimiento de estas redes. Lo que esperamos es que la actual estructura jerárquica no maximice su potencial para posibilitar la aparición de una TAZ. Hablemos de las redes como una especie de subsuelo rico en micelios que son el verdadero órgano de las plantas. Y se puede propagar por millas, tú sabes. Las setas que aparecen, la fruta – ellos son como una Zona Temporalmente Autónoma, son las flores de la red, si he conseguido esbozar aquí mi metáfora botánica. Una de las formas más evidentes del florecimiento es la fiesta: el Rave, el Encuentro Arco Iris (Rainbow Gathering), los festivales Zippies(8), y cosas como el Burning Man Festival (9) en Nevada – y todos los tipos de festivales espontáneos, no regulados ni mercantilizados, que aparecen.

HT: Pero quizás ellos tengan tiempo de vida, “fecha de caducidad” – sólo una cierta cantidad de tiempo para establecerse y florecer.

HB: Existen algunas situaciones de carácter temporal inherente. Y hay otras que son sólo temporales, porque no somos lo suficientemente fuertes para hacerlos permanentes. Digamos que convives durante algunos meses en un hermoso lugar cerca del bosque, a orillas de un lago, en el verano, con algunos amigos; entonces tienes una verdadera TAZ. El erotismo, la belleza y la libertad para hacer recorridos desnudo y fumando marihuana o haciendo lo que quieras. Pero como esto es impulsado por el dinero, la gente tiene que mantener el mercado, vender o ser vendido, esto sólo durará algún tiempo. Nos gustaría hacerlo durar para siempre, la TAZ transformado en una paz, una Zona Permanentemente Autónoma (Permanent Autonomous Zone). Pero no tenemos el poder económico para hacerlo. Es sólo temporal, porque nos falta el poder para que sea permanente.

Otras cosas son claramente de carácter temporal, y deben ser apreciadas por su temporalidad. Cuando la esencia de ellas empieza a perderse tenemos que entender esto y salir en la búsqueda de otras formas. Por lo tanto, cierta cantidad de lo que se llama “trabajo de fluctuación” es necesaria. Tienes que tener sintonía con la onda de libertad y placer que incrementan y lo que no lo son, por lo que puedes permanecer flotando espontáneamente y mantenerte por delante de este fenómeno. Eso es exactamente lo que hordas de personas están haciendo por allí: compañeros de edad en la RV(10), caras nuevas viajando ilegalmente, esto está ocurriendo. No estoy describiendo un plan utópico, es lo que está sucediendo de todas maneras. Tengamos conciencia de ello. Vamos a percibir que tiene mucho valor, por qué es algo que ocurre en favor de nuestras vidas, a diferencia de todos los juegos estúpidos de política.

Estamos constantemente seducidos por emplear nuestras fuerzas, nuestro amor y nuestra creatividad en objetivos que son rápidamente recuperados, aprovechados y mercantilizados por otros. Esto debe parar.

HT: Veo gente que tiene problemas para comunicarse con otras, porque está acostumbrada a hablar en la televisión. Entonces, ¿si convives en una comunidad, el primer paso para la creación de una TAZ sería la comunicación?

HB: Por supuesto. La gente está alienada por los medios de comunicación. Esto es algo que se repetirá constantemente. Cuanto más te relacionas con los medios, a menos que estés conectado a otros seres humanos en proximidad física. Y nuevamente, esto no es una gran teoría, esto es algo que simplemente está sucediendo. Si pasas más tiempo viendo televisión, pasas menos tiempo relacionándote con tus amigos. Y cuando esto se extiende en el plano social, empiezas a encontrar cosas muy extrañas ocurriendo. La corriente es más fuerte que cualquier acción individual dentro de ella. Existe una sinergia negativa, un efecto de retroalimentación negativa a través de la que la alienación de los demás es causada por televisiones, radios, periódicos, películas y libros. Desde luego, la crítica también se genera. Y de repente descubres que no es sólo una cuestión de alienación, es una cuestión de miserabilidad. Esta separación entre la realidad física y tú, te está haciendo miserable.

Muchas personas han comprendido esto. Pero no saben qué hacer porque no hemos expresado ninguna alternativa. Los fumadores de marihuana radicales no están generando una alternativa clara y realista; en lugar de esto, ellos persiguen sus sueños de acuerdo con la mierda del New Age y su estilo de vida.

HT: ¿Dónde podrían encontrar las personas las Zonas Temporalmente Autónomas?, ¿estás dispuesto a revelar cuándo y dónde encontrarlas?

HB: No puedo – precisamente porque no existen en los mapas con coordenadas cartesianas. Existen otras dimensiones a parte de los mapas donde las Zonas Temporalmente Autónomas pueden encontrarse. Me gusta metaforizar estas dimensiones como dimensiones fractales, y abordar toda la cuestión del caos y la complejidad. Una de las razones por las que no te puedo dar ninguna indicación es porque esta es una situación llena de complejidad fractal. En cualquier momento una TAZ puede ocurrir. En un nivel mínimo, una cena en la casa de alguien puede repentinamente desarrollarse como una TAZ. No cualquier cena, pero el potencial está ahí porque no está organizada para la convivencia y no de forma jerárquica. Y en un nivel mayor, la Zona Temporalmente Autónoma habría de expandirse más, la fiesta habría de realizarse durante algunos años. Cuando hablamos de la Zona Temporalmente Autónoma, per se, hablamos de nodos intensos de conciencia y acción, y es posible que los seres humanos no puedan soportar mucho. Quizá dieciocho meses o dos años de continua fiesta es todo lo que uno puede soportar.

TH: Bueno, conozco algunas personas que…

HB: ¡Claro! Pero entonces hablaríamos de una Zona Autónoma Permanente, tú sabes, es un concepto diferente.

HT: ¿Llamarías al Rainbow Gathering una Zona Autónoma Permanente?

HB: Yo lo llamo Zona Periódicamente Autónoma, que es otra variante de esta misma idea. Existen Zonas Autónomas que no se pueden mantener todo el tiempo, pero que se pueden realizar con una frecuencia constante, y los festivales anuales son un ejemplo. Lo que tenemos que hacer es evitar la comercialización. Y deseo precisar algo al respecto.

El festival es un momento intenso, pero periódico. Es momentáneo, pero periódico. Tal como ocurre en el Rainbow, no es necesario ser dueño de ninguna propiedad, ya que hábilmente se puede encontrar alguna. Cualquier grupo de personas en los Estados Unidos puede hacerlo. No es necesario unirse a las tribus Rainbow y seguir su estilo de vida (particularmente, no lo encuentro atractivo). Puedes hacer un encuentro en un bosque nacional y montar una tienda fuera de la línea comercial, o ir a un lugar habitado por pocos osos.

En el Burning Man Festival, el guardián del bosque más cercano se encuentra a 75 millas de distancia y, de todos modos, allí se convierte en un amigo y participante del festival. Es organizado por algunos artistas de California de la peor parte del desierto de Nevada, a sólo un mar de negro a la arena donde el ojo puede ver, y hacen una estatua gigante de mimbre de un hombre a partir de entonces; el último día del festival que esparcen fuego en él mientras todo el mundo celebra con una gran cantidad de bebidas de cerveza y disfrutan de la quema. Es un gran acontecimiento y siempre se repite con una periodicidad anual. A la gente le encanta esto. Una publicación escrita se imprime en el lugar, una pequeña emisora de radio FM se monta cada año, diferentes tipos de personas que provienen de lugares aislados llegan en buses o bicicletas hippies, el personal “florido” y el personal “Arco Iris” son hobos(11 ) y artistas de California. Todo el mundo se divierte mucho y, luego de recoger los desperdicios y caminar, llega el final de la actividad, y los guardias forestales que se encuentran de 75 millas de distancia no se disgustan porque lo que más les gusta es que, precisamente, el lugar se encuentre limpio. Entonces, cualquiera puede hacer esto. No es necesario esperar a la autorización de una autoridad tribal.

HT: Crear una TAZ es casi como crear tu propio espacio autónomo libre dentro de ti mismo.

HB: Estoy repitiendo la frase “maximizar el potencial de la apariencia”. Sé que es una frase medio grotesca y complicada, pero siempre ha de ser incluida en cualquier frase de las que hablamos aquí. No se puede declarar una TAZ. O, si tú puedes, eres un mago mucho más eficiente que yo. No puedes simplemente decidir tener un TAZ. Una TAZ es algo que ocurre espontáneamente. Cuando de repente dices, wow, tú sabes, hay N personas aquí, tienes N pero también N energía, entusiasmo, placer, libertad y conciencia, ¿cierto? El momento de sinergia cruzada ocurre cuando un grupo de personas planea algo más que una situación que suma las actividades de las personas. No podemos predecirlo. Lo único que podemos hacer es aprovechar al máximo el potencial de la aparición.



Glosario:

1. Bolas de Templo Nepalesas (Nepal Templo Balls) – Nombre dado a las “pelotas” de hachís.
2. Airstream – Marca americana tradicional de remolques y bus casa, propiedad de Industrias Thor.

3. Rainbow Gatherings – Fiesta de reunión de los participantes de la “Rainbow Family of Living Light ” (Vida de la Familia Arco Iris de la Luz), que en realidad no es una organización, pero diferentes personas que predican la construcción de pequeñas comunidades, la no violencia, el estilo de vida alternativa, la Paz, el Amor y tradiciones indígenas de América. Esta reunión, celebrada anualmente, tiene por objeto orar por la paz en el mundo.

4. BBS – Bulletin Board System (Tablón de anuncios electrónicos), un término informático que designa una base de datos para mensajes accesibles por Internet, o mejor aún, un mural de mensajes electrónicos.

5. En el original, “No creo que sea demasiado tarde para despertar y poder oler el café de aquí”.

6. Tong – Sociedad secreta china, “la asamblea de todos”.

7. Communitas – En griego, la palabra originalmente significaba la amistad; palabra griega de la que tanto la comunidad y las comunicaciones se derivan. La inspiración para el nombre vino del libro de Paul Goodman,”Communitas”, en el que se redefine el concepto de comunidad.

8. Festival Zippy – Encuentro de miembros de la cultura Zippie, que se definen en parte como hippies tecnológicos que afirman basarse en las funciones religiosas de la tecnología. El nombre proviene de los hippies con Zip.

9. Burning Man Festival – Festival anual que reúne cerca de veinticinco mil personas y envuelve a la música, el arte y la comunidad.

10. RV – Recreation vehicles (Vehículos de recreación), como los vehículos de motor, remolques y bus casa.

11. Hobo – Alguien que viaja de un lugar a otro en busca de viviendas temporales y puestos de trabajo.

Hakim Bey Julio 28th, 2009 at 04:01pm

viernes, 18 de septiembre de 2009

CÓMO LLEGAR A SER POETA /DYLAN THOMAS



Poeta galés nacido en Swansea, en octubre de 1914. Muere en Nueva York, en noviembre de 1953.



Con evidente exceso de confianza, me ha invitado un editor a escribir sobre este asunto.

¡Tantos otros asuntos como podía haberme sugerido! Los enredos de las escenas de seduc­ción en el teatro Watts-Dunton, Charles Mor­gan, mi personaje favorito de ficción, Mr. T. S. Eliot y la crisis del dolar, la influencia de Lau­rel en Hardy y de Hardy en Laurel... Como escribe Fowler en su Diccionario de Uso del Inglés, «cuántas palabras no se podrían decir de todas esas cosas si tales fueran mis temas de ensayo». Pero, contrariado artesano, volveré a mi tema original.

Ya de entrada, y a modo de nota supuesta­mente informativa, quiero aclarar que yo no considero la Poesía como un Arte ni Oficio, ni como la expresión rítmica y verbal de una necesidad o premura espirituales, sino simple­mente como el medio para un fin social, siendo dicho fin la consecución de un estado en socie­dad lo bastante sólido como para justificar que el poeta tienda a eliminar o se deshaga de ciertos amaneramientos, fundamentales en un primer período, en el habla, la indumen­taria y la conducta. Para justificar también ingresos económicos que satisfagan sus necesidades más apremiantes, de no haber sido aquél víctima ya del Mal de los Poetas o del Gran Basurero (Londres). Para justificar, en fin, una seguridad permanente ante el temor de tener que seguir escribiendo. No pretendo preguntarme si la poesía es cosa buena en sí misma, pregunta sin respuesta posible, sino tan sólo si puede convertirse en un buen ne­gocio.

Para empezar, presentaré al lector, aña­diendo comentarios que acaso vengan a resul­tar en ocasiones innecesarios, unos cuantos tipos de poetas que se han hecho con cierta autoridad social o financiera.

Primeramente están, aunque no sigamos un orden según la importancia, los poetas funcio­narios, a quienes se ha concedido el certificado de «líricos». Dichos poetas pueden a su vez subdividirse en dos clases diferentes según su aspecto físico. Está el poeta delgadito, de as­pecto más que imberbe, labios descaradamente sensuales y tan tentadores como un ponedero para una gallina, desprovisto de toda masculinidad, ojos empequeñecidos y enrojecidos por sus lecturas francesas –pues el francés es len­gua que no comprende–, instalado en un ático provinciano en su etapa de repelente juventud, la voz como uña de ratón raspando papel de estaño, nariz transparente e incoloro aliento. Y está también el poeta de gran papada y poblada pelambrera, fumador de pipa y de nariz peluda, de ojos penetrantes donde se refleja toda la sabiduría de Sussex, con el olor de los perros que detesta prendido en sus añosas ves­timentas, con la voz de un culto Airedale que ha aprendido a pronunciar las vocales en cur­sos por correspondencia, y amigo íntimo de Chesterton, a quien nunca llegó a conocer.

Veamos ahora de qué forma ha alcanzado nuestro hombre esa envidiable y actual posi­ción de Poeta que ha hecho rentable la Poesía.

Después de ingresar como funcionario en la Administración a una edad en que muchos de nuestros jóvenes poetas se refugian en la Radio, equivalente del Mar en nuestros días, queda en un principio sepultado bajo mon­tañas de papeles que, en años futuros, ha de despreciar, con mordacidad no exenta de re­torcida ironía, en su En torno a mis carpetas y anaqueles. Transcurridos unos años, empieza a asomarse por entre los archivos y expedien­tes donde vive su vida ordenadita y ratonil, y aquí picotea una miga de queso y allí una pizca de excrementos, valiéndose de sus pulgares sucios de tinta. Su oído, misteriosamente sen­sible, reconoce ya familiarmente el susurro de las hojas de los cartapacios. Y aprende muy pronto que un poema en la revista de los fun­cionarios es, si no un peldaño más, al menos un lametón en la dirección más adecuada. Y entonces escribe un poema. Y un poema, desde luego, sobre la Naturaleza. En él se confiesa el deseo de escapar de la aburrida rutina y de abrazar la nada sofisticada vida del labrador. Desea, pero sin escándalo, despertar con las aves. Manifiesta su opinión de que a su pe­queña fuerza más convendría la reja de un arado que la misma pluma que blande. Decoroso panteísta, se identifica con los riachue­los, los monótonos molinos, los rosados culitos de las lecheras, con las bermejas mejillas de los cazadores de ratas, con los zagales y los puercos, con el bisbiseo de los corrales y con las camuesas. Tienen sus poemas el aroma del campo, la campiña y las flores, el aroma de las axilas de Triptolomeo, de los graneros, henares y hogueras, y, sobre todo, el aroma de maizal. Se publica el poema. Bastará citar un breve extracto lírico de su comienzo:



The roaring street is hushed!

Hushed, do I say?

The wing of a bird has hrushed.

Time’s cobweds away.

Still, still as death, the air

over the grey stones!

And over the grey thoroughfare

I hear sweet tones!

A blackbird open its bill.

–A blackbird, aye!–

And sing its liquid fill

from the London sky. *

* _

La calle estruendosa ha quedado en silencio

¿Silencio, digo?

El aleteo de un pájaro ha sacudido

las telarañas del Tiempo.

Plácido, plácido cual la muerte, el aire

sobre las piedras grises.

Y sobre la calle gris

dulces tonos siento.

Abre su pico un mirlo.

¡Un mirlo, ay!

Y derrama su líquida carga

desde los cielos de Londres.



Poco después de la publicación, recibe en un pasillo el saludo asentidor de Hotchkiss, de la «Inland Revenue», poeta a su vez de fin de semana, ya acreditado con dos pequeños volúmenes, media pulgada en el Quién es quién de la Poesía o en el Calendario Newbolt, ca­sado con una mujer de cuello anguloso y de­rrotado flequillo, propietario de un coche que siempre le lleva («le lleva», porque el coche se diría que anda solo) a Sussex –al modo en que el caballo de un reverendo trotaría im­pensadamente hasta las puertas de una taber­na–, y acreditado también con una monogra­fía, aún sin terminar, sobre la influencia de Blunden en la literatura religiosa.

Hotchkiss, en un almuerzo con Sowerby, de la Customs, a su vez figura literaria de cierta importancia que cuenta con una colum­na semanal en el Will o’ Lincoln’s Weekly y que tiene su nombre en el catálogo editorial de Obras Maestras del Club Quincenal (pre­cios reducidos para escritores y descuento del setenta y cinco por ciento en las obras com­pletas de Mary Webb para Navidad), comenta como al azar: «Sowerby, tiene usted en su de­partamento a un tipo bastante prometedor. El joven Cribbe. He estado leyendo parte de su Deseo de la garza...»

Y el nombre de Cribbe corre ya por los más fétidos círculos literarios.

A continuación se le pide su contribución, con un pequeño conjunto de poemas, para la antología de Hotchkiss, Gaitas nuevas que So­werby elogia –«un extraño don para la frase inolvidable»– en su Will o’ Lincoln’s. Cribbe envía copias de la antología, firmadas todas ellas laboriosamente: «Al más grande poeta de Inglaterra, en homenaje», dedicatoria repe­tida para los veinte poetas más insoportables del país. Alguno de estos delicados presentes reciben la correspondiente respuesta agradecida. Sir Tom Knight, interrumpiendo breve y aturdidamente sus momentos de contempla­ción y retiro en un inolvidable y único fin de semana, encuentra un momento para mandar­le unos garabatos escritos de su mano en papel timbrado con blasones. «Apreciado señor Crib­be –escribe sir Tom–, en mucho estimo su pequeño homenaje. Su poema Nocturno de los lirios puede compararse a cualquier Shanks. Siga, siga. Hay lugar para usted en este Olim­po.» Y aunque el poema de Cribbe no sea en realidad el Nocturno de los lirios, sino Al es­cuchar a Delius en el cementerio, la cosa no le molesta y archiva la carta después de qui­tarle de un soplido la caspa que traía, y siente en seguida la quemazón de reunir todos sus poemas para hacer con ellos, ¡misericordia!, un libro. El huso y el jilguero, dedicado «a Clem Sowerby, jardinero de verdes dedos en el Jardín de las Hespérides».

Aparece el libro. Se da cuenta de él, favo­rablemente, en Middlesex. Y Sowerby, dema­siado modesto como para hacer la reseña des­pués de dedicatoria tan gratificante, lo reseña, eso sí, con nombre supuesto. «Este joven poe­ta –escribe– no es, afortunadamente, tan "modernista" como para rendir reverencia a la iluminadora fuente de su inspiración. Crib­be llegará lejos.»

Y Cribbe va en busca de sus editores. Se le extiende un contrato: Stitch & Time se com­prometen a publicar su próximo libro a con­dición de hacerse con la opción de los derechos de sus próximas nueve novelas. Cribbe se avie­ne también a leer ocasionalmente manuscritos que le envíe la editorial, y vuelve a casa pro­visto de un paquete que contiene un libro sobre El desarrollo del movimiento oxoniense en Finlandia de un tal Costwold Major, tres tragedias en verso blanco que tienen a María Estuardo por protagonista, y una novela que lleva por título Mañana, Jennifer.

Hasta ese contrato, nunca había pensado Cribbe en escribir una novela. Pero sin desa­nimarse ante el hecho de no saber distinguir a la gente –el mundo es para él una amorfa masa indiferenciada, con la excepción de algu­nas celebridades y de sus jefes en el departa­mento, pues nada de lo que pueda decir o hacer la gente le interesa si no se relaciona con su carrera literaria–, no desanimándole tampoco lo limitado de su invención, compa­rable a la de una ardilla o una rueda de mo­lino, se sienta en una silla, se remanga la ca­misa, se afloja el cuello, aprieta bien la pipa y se pone a estudiar fervorosamente la mejor manera de alcanzar un éxito comercial sin te­ner talento alguno. Pronto llega a la conclu­sión de que las ventas rápidas y las famas efímeras sólo llegan de la mano de novelas fuertes con títulos tales como Dispuesto a todo o Los dados de la muerte, de novelas prole­tarias que tratan de la conversión al materia­lismo dialéctico de chicos de la calle, con títu­los del tipo de Lluvia roja para ti, Alf, o de novelas como Melodía en Jauja, con un obscuro protagonista ligeramente cojo llamado Dirk Conway y la historia de su amor con dos mu­jeres, la lasciva Ursula Mountclare y la peque­ña y tímida Fay Waters. Y en seguida descu­bre, en las orgullosas revistas de circulación mensual, que las ventas menos importantes resultarán de novelas como El zodíaco interior, de G. H. Q. Bidet, despiadado análisis de los conflictos ideológicos que surgen entre Philip Armour, físico impotente de fama internacio­nal, Tristram Wolf, escultor bisexual, y la vir­ginal, exótica y dinámica esposa de Philip, Ti­tania, profesora de Economía de los Balcanes, y estudio de cómo personajes tan altamente sensibilizados –con el perfume de la era post-sartriana– se relacionan mientras comparten un trabajo por el bien de la Existencia, en una clínica de la Unesco.

Nada de bobadas. Cribbe comprende, poco después de iniciar una exploración con teodo­lito y máscara antigás por las más densas pá­ginas de Foyle, que lo que hay que escribir es una novela que se venda con facilidad y sin sensacionalismo en provincias y capitales y que trate, casualmente, del nacimiento, educación, vaivenes económicos, matrimonios, separacio­nes y muertes de cinco generaciones de una familia algodonera del Lancashire. Esta novela, advierte en seguida, debe tener la forma de una trilogía y cada una de sus partes ha de llevar un título eficaz y frío, algo así como La urdimbre, La trama y El camino. Y se pone a trabajar. De las reseñas de la primera novela de Cribbe, pueden seleccionarse párrafos tales como: «Una caracterización excelente unida a una perfecta habilidad narrativa», «Una his­toria llena de acontecimientos», «el lector llega a conocer a George Steadiman, a su esposa Muriel, al viejo Tobías Matlock (personaje de­licioso) y a todos los habitantes de la Casa Loom como si se tratara de miembros de la propia familia», «la austeridad de los Northcotes se apodera del lector», «tan inglesa como la lluvia de Manchester», «Cribbe es un autén­tico monstruo», «un relato con la clase de Phyllis Bottome». A partir del éxito, Cribbe se asocia a un club de escritores y se convierte en solicitado conferenciante, y llega incluso a hacer con regularidad críticas en las revistas (El resplandor de la prosa), elogiando una de cada dos novelas que se le envían e invitando a cenar al Club Servile, en el que ha sido acep­tado recientemente, a uno de cada tres escri­tores jóvenes que conoce.

Cuando por fin aparece la trilogía comple­ta, Cribbe sube como la espuma, pasa a formar parte del comité del Club de escritores, asiste a los funerales que se celebran en honor de los hombres de letras muertos en el transcurso de los últimos cincuenta años, rescinde su viejo contrato, saca una nueva novela que es selec­cionada por un Club de lectores para su oferta mensual, y se le ofrece, en la casa Stitch & Time, un puesto de «consejero» que acepta, abandona la Administración, se compra una casa de campo en los alrededores de Londres («¿No te parece increíble que esté a sólo trein­ta millas de Londres? Mira, un somorgujo crestado». Y pasa volando un estornino) y... una secretaria con la que acaba casándose por sus dotes táctiles, ¿Poesía? Acaso de vez en cuando un soneto para el Sunday Times. Ocasionalmente un librito de versos («Fue mi pri­mer amor, sabes»). Pero ya no le preocupa más, por más que fuera ella quien le condu­jera hasta donde ahora se encuentra. ¡Lo ha conseguido!

Y ahora, vengamos a contemplar por un momento otra clase de poeta, muy diferente, a quien llamaremos Cedric. Si se quiere seguir los pasos de Cedric –cosa que le haría feliz y por la que no llamaría jamás a un policía de no ser el sargento terrible y siniestro de Mecklenburg Square, que parece un Greco–, debe nacerse en la sordidez de la clase media o debe asistirse a una de las escuelas propias de esa clase (escuela que, claro está, debe odiarse, pues resulta esencial ser un incomprendido desde el comienzo), y llegar a la universidad con una reputación sólida ya de futuro poeta y, a ser posible, con un aspecto que oscile en­tre el de oficial de la Guardia y el de querida de un fotógrafo de sociedad. Se me puede preguntar ahora que cómo es posible llegar con esa reputación ya firme de «poeta digno de observación». (La observación de poetas va camino de ser tan popular como la observación de pájaros. Y parece razonable suponer que llegará el día en que el estado se decida a com­prar las oficinas de El Poetastro para conver­tirlas en parque nacional.) Pues bien, dicha pregunta escapa a los límites de estas más que elementales notas mías, y es que, además, debe asumirse que todo aquel que opta por abrazar la carrera poética sabe perfectamente cómo jugar esa baza en caso necesario. Se requiere también que el tutor universitario de Cedric resulte ser íntimo amigo del director de su an­tiguo colegio. En fin, ya tenemos ahí a Cedric, conocido por unas cuantas mentes privilegia­das en gracia a sus sensibles poemas de ramas doradas, frondas preciosas, ambrosía del pri­mer beso discreto en las barrocas cavernas lu­nares (uno de los roperos del colegio), en los umbrales de la fama y el mundo rendido de admiración a sus pies como una fila de baila­rinas genuflexas.

Si la acción transcurriera en los años vein­te, el primer libro de poemas de Cedric, publi­cado mientras estudiaba todavía en la univer­sidad, podría muy bien titularse Laúdes y áspides. Tendría la nostalgia de una vida que nunca existió. Expresaría un hastío existencial. (Vio en cierta ocasión el mundo por la ven­tanilla de un tren y le pareció irreal.) Sería una mezcla discretamente chillona, un pastel astutamente evocativo elaborado con ciruelas arrancadas del árbol de los Sitwells y compa­ñía, un invernáculo dulcemente cacofónico de exótica horticultura y curiosidades cómico-eró­ticas, de donde he extraído estas líneas típicas:



A cornucopia of phalluses

cascade on the vermilion palaces

in arabesques and syrup rigadoons.

Quince-breasted Circes of the zenanas

do catch this rain of cherry-wigged bananas

and saraband beneath the raspberry moons. *

* _

Una cornucopia de falos

se derrama torrencial sobre bermellones palacios

en arabescos y almibarinos rigodones.

Circes de amembrillados pechos de los serra­llos

se apoderan de este diluvio de plátanos de tonos cereza

y danzan la zarabanda bajo lunas de frambuesa.



Y tras una trifulca con las autoridades aca­démicas, se pierde en los Registros nostálgicos, y ya es todo un hombre.

Si la acción ocurriera durante los treinta, el libro podría llamarse Paros, Yo te aviso, y podría ofrecer dos tipos de versos. Bien un verso largo, lánguido y descuidado en el ritmo, abruptamente quebrado y con imágenes de conciencia social:



After the incessant means-test of conspiratorial winter

scrutinizing the tragic history of each robbed branch,

look! the triumphant bourgeoning!

spring gay as a workers' procession

to the newly opened gymnasium!

Look! the full employment of the blossoms! *

* _

Tras la inspección constante del conspiratorio in­vierno

escrutador de la trágica historia de cada rama robada

¡ved el retoñar triunfante,

la primavera feliz cual procesión de obreros

hasta el gimnasio recién abierto!

¡Ved el pleno empleo de la flor!



O bien una composición atrevida atestada de lenguaje callejero y coloquial, con retazos de canciones, algo de la música rítmica de Kipling y cierta recargada tristeza.



We're sitting pretty

in the appalling city.

I know where we're going

I don't know where from but.

Take it from me, boy;

you are my cup of tea, boy;

we're sitting on a big black bomb. *

* _

¡Qué bien estamos

en la espantosa ciudad.

Sé adonde vamos

pero no sé de dónde venimos.

Vente conmigo, amigo;

sólo te quiero a ti, amigo;

estamos encima de una gran bomba negra.



¡Conciencia social! Ese es el lema. Y mien­tras se toma un café, confiesa que quiere pa­sarse unas largas vacaciones en «un sitio vivo de verdad» («Adrián es la única persona que sabe hacer café en esta isla brutal». «Oye, Rodney, ¿dónde compras estos deliciosos pastelitos de color rosa?» «Es un secreto.» «Venga, dime dónde. Y te digo yo cómo se prepara esa receta que el coronel de Basil se trajo de Ceilán, sólo lleva tres libras de mantequilla y una cáscara de mango»). «Sí, un sitio auténtica­mente vivo. O sea, vivo, ¿no? Como el Valle de Rhondda o así. O sea, es que a mí aquello de verdad que me atrae, o sea que te quedas allí como sin hacer nada, ¿no? ¡Libros, libros! Lo que importa es la gente. O sea, hay que conocer a los mineros.» Y se marcha con Regie a pasar unas largas vacaciones en Bonn. A lo cual ha de seguir un librito de escritos político-viajeros que le convierten ya en pro­mesa que años más tarde pasa a consagrarse y llega a desempeñar el puesto de secretario literario de la CIAM (Consejo Internacional de las Artes del Mañana).

Si Cedric escribiera en los años cuarenta, lo más probable es que se sintiera atrapado y sin salida en una especie de apocalíptico rebozo, y que su primer libro se titulase Ma­crocosmo de lágrimas o Heliogábalo en Pen­tecostés. Cedric puede entonces mezclar sus metáforas y tópicos como fangoso engrudo y empapar los símbolos de que se sirve con ran­cia leche de burra para que así gane el con­junto en viscosa verborrea.

Después, Londres y las reseñas. Reseñas, claro está, de obras de otros poetas. Es tarea sencilla si se hace mal y aunque al principio no lo parezca, acaba por resultar siempre muy gananciosa. El vocabulario que un autor cons­cientemente deshonesto de reseñas de poesía contemporánea debe de aprender es muy limi­tado. Corriente, en primer lugar, y luego, im­pacto, efecto, conciencia, zeitgeist, esfera de influencia, Audeniano, último Yeats, período de transición, constructivismo, ingeniosamen­te salpicado, contribución, interminable, la dra­mática y breve despedida de toda la obra de un poeta adulto y responsable. Hay unas cuan­tas reglas fundamentales que deben ser obser­vadas: cuando se escribe una reseña, de por ejemplo, dos libros de versos absolutamente distintos, póngase el uno frente al otro como si se hubieran escrito los dos para un mismo concurso. He aquí una ilustración del mecanismo tan valioso y tan evitador de innecesarios derroches: «Tras los comentarios poéticos del Sr. A, tan sutiles y bien trenzados que se di­rían epigramas, la narrativa heroica, prolija y sonora del Sr. B adquiere una resonancia ex­trañamente hueca si consideramos la riqueza de sus textos y la vibrante orquestación de los mismos.» Hay que decidirse con sumo cuidado a admirar apasionadamente a un poeta determinado, guste o no su poesía. Todo se va a cargar a su cuenta, se le va a convertir en un segundo yo, va a ser patentado, se va a llegar con él hasta la tumba. Su nombre ha de citarse gratuitamente en todas las reseñas: «E. es, por desgracia, un poeta excesivamente dado al rosicler (y no como Héctor Whistle)». «Al leer la admirable, si bien en ocasiones pedes­tre, traducción de D., echamos de menos ese templado ardor y esa consumada capacidad de Hector Whistle.» Téngase cuidado con la elección del poeta, no vaya uno a convertirse en cazador furtivo. Se impone la siguiente pre­gunta previa: «¿Es Hector Whistle pichón de otra escopeta?»

Léanse todas las demás reseñas de los libros que se han de reseñar antes de pronunciarse sobre ellos una sola palabra. Cítense fragmen­tos de poemas sólo en caso de urgencia, pues una reseña debe siempre de versar sobre quien la hace y nunca sobre el poeta. Cuidado con censurar a un mal poeta rico, a no ser que se trate de uno notoriamente malo, ya difunto o exiliado en América, pues no se suele tardar en acceder desde las reseñas poéticas a la direc­ción de quién sabe qué revista, y muy bien pudiera suceder que ese mismo mal poeta rico fuera su mecenas.

Volviendo a Cedric, supongamos que, como resultado de una comparación por él estable­cida entre la poesía de un joven adinerado y la poesía de Auden –en detrimento de éste–, se ha hecho con la dirección de una nueva pu­blicación literaria. (También puede haberse hecho con nueva vivienda. En caso contrario, debiera insistir en que la nueva publicación necesita locales más cómodos, y trasladar su sede a ellos.) El primer problema con que Ce­dric se enfrenta es el de cómo llamarla. No es tarea fácil, ya que la mayoría de los nombres desprovistos de significación –elemento esen­cial para el éxito del nuevo proyecto– han sido agotados ya. Horizonte, Polémica, Vendimia, Carabela, Semilla, Transición, Nuevo reino, Foco, Panorama, Acento, Apocalipsis, Arena, Circo, Cronos, Avisos, Viento y Lluvia. Sí, en efecto, ya han sido usados todos. Pero la mente de Cedric se devana incesantemente: Vacío, Volcán, Limbo, La piedra miliar, Necesidad, Erupción, Útero, Sismógrafo, Vulcano, Cogni­ción, Cisma, Datos, Fuego... y al fin, Clarobscuro, ya está. Lo demás es muy sencillo: sim­plemente editar.

Vayamos ahora muy someramente con otros métodos para convertir la poesía en empresa de alto rendimiento.

El Desmadre provinciano o el sistema de Viva-Rimbaud-y-a-por-ellos. Yo francamente no lo recomiendo mucho, pues son necesarias de­terminadas condiciones. Antes de aparecer avasalladoramente en un centro de actividad literaria –o sea el bar adecuado, en los primeros años, las casas adecuadas después, y finalmente los clubs adecuados– ha de tenerse detrás un cuerpo (la cabeza no es precisa) de versos fe­roces e incomprensibles. (Como ya he dicho antes, no es mi empeño describir cómo se lo­gran estos éxtasis gauchistas y verbosos. Hart Crane descubrió un buen día que escuchar bo­rracho a Sibelius le hacía ponerse a escribir hasta ya no poder más. Un amigo mío que ha padecido violentas jaquecas desde los ocho años, encuentra tan sencillo escribir así que tiene que hacerse nudos en el pañuelo para acordarse de que hay que parar de vez en cuan­do. Hay muchos métodos y siempre hay un camino si existe el deseo de un ligero delirio.) En fin, este poeta necesita estar en posesión de la constitución y la sed de un caballo que sólo se alimentara de sal, el pellejo de un hipo­pótamo, ilimitada energía, prodigioso engrei­miento, falta absoluta de escrúpulos y –más importante que nada, nunca estará de más in­sistir sobre este punto– una casa lejos de la capital adonde regresar cuando se deprima.

Me temo que tendré que pasar muy por alto otros tipos de mi clasificación.

Del poeta que tan sólo escribe porque quie­re escribir, a quien publicar o dejar de publi­car no le preocupa en absoluto, y que puede enfrentarse tranquilamente con la pobreza y el anonimato, de ése pocas cosas de valor pue­do decir. Este no es un hombre de negocios. La posteridad no es rentable.

Anotemos también otra clase de poesía, altamente no recomendada:

Poemas para tarjetas de felicitación: am­plio mercado, ganancias mínimas.

Poemas para las cajas de galletas: muy variable.

Poemas para niños: pueden acabar con el autor y con los niños.

Necrológicas en verso: es difícil competir con los valores tradicionales.

Poesía como forma de chantaje (por abu­rrimiento): peligroso. La víctima puede contraatacar con la lectura de su tragedia incom­pleta, «El termo», sobre la vida de san Ber­nardo.

Y finalmente: Poemas en las paredes de los retretes. La compensación es puramente psico­lógica.

Muchas gracias.



En El visitante y otras historias

Traducción de Ignacio Álvarez

Editorial Bruguera

martes, 15 de septiembre de 2009

RECUERDOS DE VERANO ¿Dónde estás, Roxana?


RECUERDOS DE VERANO ¿Dónde estás, Roxana?


Por: Guillermo Fadanelli

¿Desde cuándo comencé a sentirme atraído por las flacas? No estoy seguro de querer saberlo. Intentar responder a una pregunta semejante sería tan poco sensato como ponerse a averiguar de dónde vienen los niños. ¿Alguien en realidad lo sabe? Un sicólogo estaría más que dispuesto a explicar los orígenes de mi debilidad a cambio de unos cuantos miles de pesos. Como no los tengo, ni creo que la inversión en el analista valga la pena, me mantendré en la ignorancia. Sé que llamar flaca a una mujer puede considerarse si no un insulto sí una ausencia de tacto. Sería menos áspero llamar delgada a una joven famélica de carnes humildes, nalgas tímidas y omoplatos salientes. Ella lo agradecerá. Y ya puestos los overoles latinistas conviene decir que como la palabra "delgada" tiene los mismos orígenes que "delicada", entonces el ser delgado es visto en nuestra época más con admiración que con lástima. En cambio, la flacura nos remite siempre a la poca comida o a la enfermedad. Es por esta razón, me imagino, que se acostumbra llamar flacas y no delgadas a las tierras poco labrantías o a las caballadas magras o a los favores que no lo son. Sea como sea no miento ni traiciono el latín si digo que a mí me desquician las flacas esmirriadas, demacradas, casi tísicas, aunque no me imagino cuáles serán las causas.

Fue en la primaria donde se me hizo evidente por primera vez esta particular debilidad. Yo pertenecía a la escolta no debido a mi postura marcial o a mi esqueleto erguido, sino gracias a mi buena estatura. Carmela era el nombre de la abanderada que además de tener un cuerpo más que saludable, ser hermosa e izar el pendón con una coquetería inaudita, llevaba puestos siempre unos calzones blanquísimos bajo su escueta falda azul marina. Yo conocía el color de sus calzones porque todas las mañanas la escolta una vez recorrido el patio cuadrangular del colegio tenía que marchar escaleras arriba en busca de un asta oxidada de escasa altura mientras los alumnos cantaban el himno nacional. Sobra decir que mi lugar en la escolta a espaldas de la bien formada Carmela era un lugar envidiado por todo el alumnado. La cosa es que apenas comenzado el sexto ciclo escolar nos hicimos novios y durante el recreo -aunque éramos todavía bastante niños- nos metíamos furtivamente al baño para manosearnos. Hoy recuerdo estos manoseos más como un asunto propedéutico que como una manía escabrosa o reprobable.

Sin embargo, mi excitante relación con la abanderada se desmoronó en cuanto se atravesó en mi camino una flaca color de leche. ¿Qué poder ejercía sobre mí ese cuerpo sin atributos como para que además de abandonar mis escarceos con Carmela, pidiera ser relevado de la escolta con el fin de que Roxana no sintiera celos de aquellos calzones blancos? Si no fuera porque me parece una salida fácil estaría tentado a interpretar mi obsesión por las flacas como una secreta seducción por la muerte.

En una de las cartas que escribió a Milena, Kafka no tuvo reparos en contarle como un empleado amigo suyo lo había comparado con un cadáver que espera la sentencia del Juicio Final: flaco como una calavera, como un espectro que a pesar de su sonrisa nos recuerda a la muerte. Tal vez me estoy poniendo pesado con hermenéuticas necrófilas que a nadie interesan. Y, sin embargo, no puedo dejar de pensar que mi amor por las mujeres cadavéricas estriba en que pueden dormir conmigo eternamente dentro de un ataúd. Cosa imposible en caso de tratarse de una gorda que, sin duda, ocuparía todo el espacio dentro del catafalco. Me muero por las flacas pálidas, esa es la verdad.

No miento si afirmo que las heroínas de las novelas que más han afectado mi sensibilidad las he imaginado flacas como una serpentina. Hice caso omiso de la descripción que de Constanza realizara D.H. Lawrence concibiéndola como una mujer robusta. Para mí la fogosa mujer era una rubia anoréxica incapaz de controlar el detonante calor de sus huesos.

Lo mismo me ha sucedido con las mujeres que habitan las novelas de las centurias pasadas. Jamás podría haber leído "Cumbres Borrascosas" sin la conciencia de que el cuerpo de Catherine era tan esbelto como la rama de un níspero. Ni tampoco me habría interesado Emma Bovary si en mi imaginación no fuera ella una casquivana menuda que vivía a expensas de un hombre mediocre.

Algunos de mis amigos más cercanos consideran mi obsesión por las flacas como una necesidad de síntesis absoluta. Según ellos deseo que las mujeres sean semejantes a las ideas que moran en un sustrato carente de realidad física. Creo que mis amigos han errado una vez más: yo no deseo que las mujeres sean sólo ideas, ni tampoco creo que las ideas sean entidades pálidas o esbeltas. Muy por el contrario: concibo las ideas como mónadas grasosas de cuerpos deformados e incluso seriamente mutiladas. Estoy seguro de que nada es más infame que el cuerpo de una idea brillante, claro, en caso de que hubiera oportunidad de comprobarlo.

Podría pensarse que un amante de la anorexia femenina vive en una época paradisiaca, ya que ésta se caracteriza porque los cuerpos delicados están de moda. No es así de ningún modo. En mi caso, experimento una soledad dolorosa cuando no puedo poner mis manos encima de los huesos de una mujer. Nada más penoso que ver cómo el objeto deseado se multiplica diabólicamente creando sólo confusión en tus sentidos. Tampoco es novedoso que se me pueda considerar un sádico que encuentra en los cuerpos endebles una mina abundante en oro. Fuera de alguna ocasional bofetada o un puntapié sin consecuencias no me excita estrujar demasiado a mi objeto de deseo: ¿no es ése el más bochornoso síntoma de debilidad? No hay nada mejor que concebir un crimen para que nos llueva la fortuna, dice un personaje de Sade.

No obstante que la salud no es buena para la filosofía, ni para el arte, ni en general para la vida, me siento tan ajeno a esos cuerpos reales capaces de proporcionarnos placer con su sufrimiento. La verdad es que no podría latiguear el cuerpo de una mujer sin sentirme un poco estúpido. Cuando niño jamás se me ocurrió golpear a Roxana sino protegerla -esto bien visto es una anhelo utópico pues las mujeres no requieren de hombres para estar protegidas. Como se verá, he caído en una serie de explicaciones sin rumbo.

¿Alguien en verdad puede explicar de manera honrosa sus propias obsesiones? Al menos no es mi caso. Sólo añadiré que mi departamento se vería desastroso si habitara allí una mujer gorda. He intentado por todos los medios conservar una decoración mínima que se vería estropeada dando abrigo a un par de tetas indiscretas (detesto las metáforas nutricionales).

Creo, a fin de cuentas, que la belleza es ausencia aunque no podría demostrarlo. ¿Se trata de un ascetismo moralista propio de quienes han creído en las palabras de Schopenhauer? Es posible, sin duda, pero no me haré ilusiones con esta explicación. Ni con ninguna otra.

TOMADO DE "PORQUERÍA"

http://fadanelli.blogspot.com/

EDITORIALES CARTONERAS







UN FENOMENO QUE SE EXTIENDE POR AMERICA LATINA

“Hay un espíritu más o menos anarco que nos abarca a todos”
Eloísa Cartonera, de la Argentina, marcó el camino, pero la iniciativa se expandió. Hoy, Animita (Chile), Mandrágora (Bolivia), Sarita (Perú) y Yiyi Yambo (Paraguay), entre otras, integran el trabajo de cartoneros, artistas plásticos y escritores.



Por Silvina Friera


El Mercosur de editoriales cartoneras empezó a funcionar en un pequeño espacio cultural de Almagro, “No hay cuchillos sin rosas”, sobre la calle Guardia Vieja, donde nació la irreverente y colorida Eloísa Cartonera. Washington Cucurto, Javier Barilaro y Fernanda Laguna crearon este proyecto comunitario sin fines de lucro que, desde 2003, integra el trabajo de cartoneros, artistas plásticos y escritores en la edición de libros artesanales, elaborados con cajas de cartón, con tapas pintadas a mano, páginas fotocopiadas y tiradas limitadas, de 500 a 1000 ejemplares, de narradores y poetas de toda América latina. El fenómeno se expandió en Perú con Sarita Cartonera; en Chile con Animita; en Bolivia con Mandrágora y Yerba Mala; en Paraguay con Yiyi Yambo; en Brasil con Dulcinéia Catadora, y la más reciente en México, La Cartonera. Ahora mudada al barrio de La Boca, sobre Brandsen al 600, a metros de la Bombonera, la madre de todas las editoriales cartoneras invita a quedarse, a tomar mate, a escuchar cumbia y salsa en la vereda, mientras se hacen los libros con pinceles, témperas y cartones, a la vista de los vecinos y turistas que merodean por la zona. En el pequeño local, los libros publicados y agrupados en varios estantes dan cuenta de la diversidad del catálogo de Eloísa, con más de cien títulos publicados. Conviven, entre otros, César Aira y Ricardo Piglia, Leónidas Lamborghini y Enrique Lihn, Alan Pauls (ver página 32) y Mario Bellatin, Fogwill y Andrés Caicedo, Arturo Carrera y Ricardo Zelarrayán.


“La Osa”, de cartonera a famosa

Miriam Sánchez, más conocida como “la Osa”, tiene 23 años y la remera de Boca gastada de tanto uso. Dejó de cartonear en las calles hace seis meses. Ahora, como todos, cumple múltiples funciones, desde pintar hasta distribuir los libros en las librerías, ferias, puestos callejeros e instituciones como la Universidad de las Madres y el Centro Cultural de la Cooperación, entre otras. Llega contenta, vendió todos los ejemplares en La Boutique del Libro de Palermo, y su sonrisa abraza al barrio. Uno quisiera llevarse a esta mujer a todas partes para escucharla y que cuente sus historias. “Yo era cartonera y siempre pasaba con mi carro. Quería saber qué era, entrar. Y le dije a mi marido, pero no tenía ninguna excusa porque no tenía buen cartón. Un día pedí pasar al baño para chusmear. Entré, hice como que fui al baño, pinté una tapa y me fui. Después de cinco meses me decidí a venir a trabajar acá, pero me recostó dejar el carro”, confiesa la Osa, que todos los días viaja de La Plata hasta La Boca. “Me gusta ser famosa, que me hagan entrevistas, que me saquen fotos”, admite y revela que sus libros preferidos son Salón de belleza, de Bellatin, y “La cartonerita”, un poema de Cucurto. “Yo le digo a mi familia y amigos que ese poema me lo dedicó a mí, pero es mentira. Y mi familia dice: ‘¡Mirá vos, la Osa, de cartonera a famosa...!’”

María Gómez, 26 años, estudiante de Comunicación, señala que lo mejor que se puede decir sobre el surgimiento de las editoriales cartoneras lo planteó el escritor boliviano Crispín Portugal, uno de los fundadores de Yerba Mala. “El dice que ya no importa si alguien cae en esta lucha porque otros vendrán. Este fenómeno no es de nadie, es algo que está en movimiento y que es imparable”, asegura Gómez. Uno de los “proveedores oficiales” de cartón es Oscar, un vecino del barrio que consigue cajas de cartón sin manchas. “A él se le paga 25 centavos por caja, que sería más o menos $ 1,50 el kilo, depende del tamaño de las cajas, cuando en los depósitos les pagan 40 centavos el kilo”, compara. Una vez que tienen el cartón, se corta y se pintan con témperas los nombres de la obra y del autor, se encuaderna la tapa junto con el cuerpo de la obra que sale, tibiecito como pan caliente, de la pequeña máquina Multilith 550, que maneja Renzo, y... listo el libro para quien lo quiera comprar. El costo de los ejemplares oscila entre 8 y 15 pesos, pero hay una promoción, para los que compran en el local, de 3 libros a 10 pesos.


La santa de las prostitutas

Sarita, la cartonera peruana, nació en los primeros meses de 2004 con cuatro títulos: Cara de ángel, de Oswaldo Reynoso; El arte nazi, de Santiago Roncagliolo (ver pág 32); Fuga última, de Aldo Miyashiro, y Ayer, del chileno Juan Emar. “En ese momento había muy pocas editoriales independientes en Perú, entonces tuvimos mucho eco. Aunque los autores y la prensa nos trataban muy bien, las librerías no querían nuestros libros”, recuerda Jaime Vargas Luna (Junín, 1980), que estudió Literatura en la Universidad de San Marcos en Lima, dirige otra editorial llamada [sic] y preside la Alianza Peruana de Editores. El cambio de actitud fue durante la Feria del Libro de Lima en 2005 cuando Sarita, tan desprejuiciada, colorida y rotunda, lanzó Underwood portátil modelo 1915, de Bellatin. “Como la única edición del libro era la nuestra, la vendimos muy bien. Eso ocasionó que la cadena Crisol de librerías nos buscase para distribuir ese título en su cadena y, con ello, entramos a las demás y con todo el catálogo”, precisa el editor, catálogo que hasta la fecha está integrado por cuarenta títulos, que incluyen libros de Fernando Iwasaki (ver aparte), Pedro Lemebel, Daniel Alarcón, Rodrigo Hasbún y Luisa Valenzuela, entre otros. “Sarita Colonia es el nombre del mayor icono popular limeño, quizás incluso peruano –revela Vargas Luna–. Es una santa no oficial, no católica. La santa de los choferes de buses, de las prostitutas. Era el nombre perfecto para lo que queríamos.”

Al principio, los fundadores de Sarita publicaban a escritores peruanos inéditos pero, con la irrupción de otras editoriales independientes, cambiaron de estrategia y decidieron publicar a escritores latinoamericanos cuyos libros no llegaban a Perú; o llegaban, pero a precios inaccesibles. Poco a poco, fueron sacando libros de Piglia, Haroldo de Campos, Margo Glantz o Diamela Eltit. Vargas Luna sostiene que todas las experiencias cartoneras comparten un horizonte semejante. “El trasfondo común tiene que ver con la necesidad de acercar la literatura a la calle y evidenciar la calle en la literatura; y también con cruzar fronteras y generar movimientos colectivos. Los catálogos de cada cartonera tienen sus propias búsquedas, pero hay un espíritu más o menos anarco, más o menos desacralizante, que nos abarca a todos.”


¿Qué diablos es ser callejera?

Ximena Ramos comenta que Animita Cartonera empezó a funcionar a fines de 2006, cuando lanzaron siete libros de Gonzalo Millán, Carmen Berenguer, Mauricio Electorat, Teresa Wilms Montt y José Santos González Vera, entre otros. “Salimos con bombos y platillos, al menos mediáticamente, cosa que nos ayudó bastante para poder dar a conocer el proyecto”, confiesa Ramos, que estudió Literatura en la Universidad Diego Portales. En cuanto a las reacciones que generó la aparición de Animita, que ya lleva publicados 18 títulos y tiene en su catálogo, entre otros, al poeta Raúl Zurita (ver aparte), Ramos detalla que hubo “desde el apoyo absoluto e incondicional a los chismes por la espalda, del tipo ‘son chicas burguesas que arman una cartonera’, como si tuviésemos que estar sentadas en la cuneta con una actitud entendida como ‘callejera’. ¿Qué diablos es eso? Para poder ser válidas para algunos”, se enoja, con razón, Ramos. Las animitas son pequeñas grutas generalmente en forma de casitas, del tamaño de una caja pequeña, dispuestas en las orillas de los caminos cuando ocurre un accidente en la calle, una muerte injusta que no debió ocurrir. “Es algo objetual que toma características divinas, que habita las calles y que puedes encontrar del norte al sur, sin exclusiones”, cuenta la editora.

Animita forma parte de Editores de Chile, una asociación paralela a la Cámara Chilena del Libro, conformada por editoriales independientes. “Nos hicimos socias porque nos ayuda a la hora de lograr ciertos objetivos, como poder ir a ferias colectivamente, llegar a acuerdos, ser parte de la discusión del libro y la lectura, proponer iniciativas y un sinfín de puntos que, muchas veces, se logran colectivamente y no siempre luchando solo”, plantea Ramos. “La relación con las macroeditoriales es nula. Es más, dudo de que nos conozcan.” Calidad, proyección y viabilidad son las claves del catálogo de Animita, que este año incorporará a autores como Daniel Alarcón, Gonzalo Garcés y José Kozer, entre otros. “Nosotras damos a conocer autores en un formato que llega justamente a quien no se puede comprar ni tiene acceso a un libro Anagrama”, compara la editora.


Tiempos de revancha

A principios de 2006, los escritores bolivianos Darío Luna, Crispín Portugal y Roberto Cáceres querían publicar en el mercado editorial más pequeño de América latina (1.200.000 personas no saben leer ni escribir). “Estuvimos un poco angustiados, pues había mucho que decir, sobre todo de El Alto; y luego de ver las experiencias en la Argentina y Perú, nos decidimos”, recuerda Cáceres. “Publicamos nuestros libros con poca esperanza, pero a la gente le gustó y empezamos a crecer. La recepción por parte del medio intelectual fue en un primer momento reticente, pero posteriormente se integraron”, revela Cáceres, que publicó Línea 257 en YMC, cartonera que cuenta en su catálogo con 17 títulos. “La yerba mala crece en cualquier parte, sobre todo en el lugar que tú menos la desees, y siempre se la quiere extirpar porque es molesta –explica Cáceres–. La vas a sacar y va crecer otra vez. Hemingway decía que los pobres somos como la yerba, crecemos en cualquier parte. Por eso nos ha gustado Yerba Mala, porque nos van a matar, pero van a venir otros atrás... Es una suerte de terquedad por la supervivencia.”

“En 2006, nadie comprendía cómo se había organizado la gente para derrocar al Goni (Gonzalo Sánchez de Lozada), no había un líder, todo el mundo salía a la calle. Podría decirse que Yerba Mala comenzó devolviendo uno de los gases lacrimógenos: valorándonos, encaprichándonos en lo que somos nomás, sin mayores pretensiones. Evo subió y nos reconocimos aún más –admite Cáceres–. Pero ese reconocerse no es hacer una literatura panfletaria, sino una literatura que eleve nuestro imaginario, que construya nuestra cultura, que no es ni la andina pura, ni la camba pura, ni la occidentalizada, sino una mezcla de eso.” El único apoyo que recibe YMC es de los lectores. “Tratamos de apostar a una literatura sin donativos, lastimerías, subvenciones. Existen instituciones que ayudan, ONG, pero hemos visto que seríamos cómplices si recibiéramos su dinero. Creemos que ellos sólo quieren justificar sus dineros y reunirse luego en elegantes hoteles, restaurantes y con ropa de diseño para hablar de la gran ayuda que están haciendo a los pobres. Somos pobres, pero no queremos que sientan piedad por nosotros”, subraya Cáceres. “Ser escritor y editor en Bolivia es quijotesco, romántico, kamikaze o suicida y por eso mismo absolutamente atractivo. Estamos viviendo unos tiempos decisivos, no podemos quedarnos con los brazos cruzados”, sugiere el autor boliviano.

En la ciudad de Cochabamba, Bolivia tiene otra editorial cartonera, Mandrágora, en homenaje a la planta afrodisíaca, pero también a la obra teatral homónima que escribió Nicolás Maquiavelo. Iván Castro Aruzamen (Chuquisaca, 1970) informa que a fines de 2004 decidió con unos amigos llevar adelante el proyecto después de conocer la experiencia de Eloísa. “En nuestra primera presentación, los libros causaron curiosidad y, al mismo tiempo, fue un éxito: hicimos 50 ejemplares de los primeros tres títulos y se vendieron como pan caliente. Hablar de intelectuales en Bolivia es una tontera, porque no hay pensadores y la crítica literaria está en pañales.” Castro Aruzamen, profesor de Literatura y Filosofía en la Universidad Católica de Cochabamba, sostiene que Evo Morales no tiene ninguna significación en el proyecto de la editorial, que ya ha lanzado una veintena de títulos como El pianista, de Piglia; Noches vacías, de Cucurto, y Como la vida misma, de Edmundo Paz Soldán (ver aparte).

“Mandrágora es un proyecto social y cultural, inserto en la lucha contra la deshumanización del neoliberalismo, pero no desde una óptica marxista o socialista. Sabemos que el modelo causa estragos en sectores como los recicladores y que los nuevos parias entre los parias son los cartoneros y chicos de la calle; pero pensar que haciendo libros les vamos a dar un futuro mejor, es una quimera. Sólo buscamos democratizar el acceso al libro y difundir literatura.” Castro Aruzamen reconoce que la relación con sus pares de Yerba Mala es conflictiva. “Ellos defienden abiertamente el proyecto de Evo Morales, y buscan una estética afincada en la literatura de cuño indigenista, marginal, contracultural y todas esas vainas que andan de moda hoy con los populismos.”


Castillos en el aire

El efecto “contagio cartonero” llegó a México, más precisamente a Cuernavaca. La Cartonera acaba de lanzar en febrero sus dos primeros títulos: El silencio de los sueños abandonados, una colección de canciones y un disco compacto de Kristos, y Cristo en Cuernavaca, un relato del escritor norteamericano Howard Fast. Raúl Silva, uno de los fundadores, cuenta que el proyecto ha despertado el interés de los medios de comunicación. “El mercado editorial es un eslabón más de una concepción del mundo basada en el consumo y el desecho. Vivimos dentro de una enorme maquinaria que no se detiene ni se detendrá –alerta Silva–. El vértigo de lo masivo y del éxito es una enfermedad que parece incurable. Por eso estimula pensar y saber que, al margen de esos enormes monstruos editoriales, existen gestos que consisten en construir castillos en el aire.” La Cartonera busca publicar a escritoras y escritoras de la ciudad de Cuernavaca, pero también a autores de otras partes. “Los caminos de la literatura son infinitos. El aporte de las editoriales cartoneras no se puede medir con instrumentos de la mercadotecnia. Su existencia es demasiado silvestre, por suerte. Basta ver las portadas de Eloísa o las de Sarita para entender que no sólo es un acto literario lo que propagan estos proyectos sino también un recorrido museográfico al interior de las culturas urbanas latinoamericanas. ”

lunes, 31 de agosto de 2009

POETICA DEL FUEGO / BACHELARD


Poética del fuego
Gastón BACHELARD

Fragmentos de una poética del fuego

Ed. Paidós, Bs. As., 1992


Hay bellezas específicas que nacen del lenguaje, a través del lenguaje, por el lenguaje. Pensándolo bien, el estudio sistemático de la imaginación literaria tiene para nosotros una ventaja: la de que, al reducir nuestro problema, lo hemos precisado. Estamos, por cierto, frente a una imaginación ofrecida con toda sencillez, en la más simple de las intimidades, la de un libro y su lector. La imaginación literaria es el objeto estético que ofrece el literato amigo de los libros. La imagen poética puede caracterizarse como un vinculo directo de un alma otra, como un contacto de dos seres felices de hablar y de oir, en esa renovación del lenguaje que es una palabra nueva.


La imagen literaria debe ser ingenua. Tiene, de este modo, la gloria de ser efímera, piscológicamente efímera. Renueva el lenguaje embelleciéndolo. Al leer a los poetas uno se adhiere a ese embellecimiento del lenguaje, a falta de tener el placer de crearlo.
Era entonces para nosotros un buen método abordar el problema más específico de la imaginación literaria: el problema de la expresión poética. Al considerar las imágenes poéticas del fuego tenemos una posibilidad más. Puesto que abordamos el estudio del lenguaje inflamado de un lenguaje que sobrepasa la voluntad del ornamento para alcanzar, alguna vez, la belleza agresiva. En el discurso inflamado, la expresión siempre sobrepasa al pensamiento. Al analizarlo desentrañaremos la psicología del exceso. Todo el psiquismo es arrastrado por imágenes excesivas. Las imágenes del fuego tienen una acción dinámica y la imaginación dinámica es un dinamismo del psquismo. Esa franja de exceso que colorea imágenes literarias nos revela una realidad psicológica quer deberemos poner en evidencia.
Al iniciar así el estudio de la estructura y el dinamismo del lenguaje poblado de imágenes, al estudiar con las imágenes literarias, la voluntad que se adueña de la palabra, me fui percatando lentamente, áridamente, de que la imagen literaria tiene un valor propio y directo, de que no es sólo una manera de expresar pensamientos, de traducir, en palabras bien dispuestas, placeres sensibles. Y es así como he llegado a entrever los gérmenes de una ontología poética en cada imagen literaria un poco nueva.


Con la imagen poética, uno puede aprehender el momento en que el lenguje quiere ser escrito. Cuando se conoce la felicidad de escribir, a ella es preciso entregarse, cuerpo y alma, mano y obra. George Sand lo sabía bien cuando decía: "De nada vale al pensar al escribir; el pensamiento y la palabra se llevan mal". La escritura es, de alguna manera, una dimensión que desploma la palabra. La imagen literaria es un verdadero relieve por encima del lenguaje hablado,del lenguaje sometido a la servidumbre de la significación. ¿Un relieve? Más aún: el valor poético consolida las trascendencias que podrían parecer simples retoños de la fantasía. Cuando se vive esa consolidación de la imagen literaria, de jueguetona que era, se convierte en imagen poética, uno se convence de que la Poesía es un reino del lenguaje. El reino Poético no está más en relación con el Reino de la significación: se sitúa por encima de las oscilaciones del significante y el significado que el psicoanalista, a causa de su oficio de esclarecedor de enigmas, debe medir. A veces la imaginación poetica violenta la significación. Los surrealistas proporcionan muchos ejemplos de esta violencia. Había allí una necesidad polémica para provocar la libertad de imaginar. Pero ahora que la poesía ha conquistado su derecho a la verticalidad, una simple exaltación del lenguje nos da esta libertad.


No se recibe, en verdad, comunicación de una imagen poética si no se acepta esta imagen ocmo una exaltación psíquica particular, como una metamorfosis del ser de la Palabra. Una filosofía del Reino poético debería pues sugerir una doble elevación del ser: por encima de la realidad ususal de los objetos, y por encima de la realidad psicológica de lo vivido de la realidad ordinaria.
Contra tales relieves psicológicos y metafísicos, la crítica es fácil. (...) Se nos objetará que al evocar para el lenguaje un reino Poético en el que abandonamos las obligaciones del lenguaje cotidiano, huimos dos veces fuera del ser: fuera del ser del mundo, fuera del ser de nuestro propio vivir. Los filósofos del Ser, los filósofos "ontológicos" se convencen muy fácilmente de la permanencia del ser en todos los modos del ser. Se ocupan del ser hasta en las brumas del ser. Apenas nacidos, existen. Y la realidad del mundo es para ellos una garantía inmediata de su propia existencia en el mundo. Por lo tanto, toda expresión hablada sólo puede ser un eco de una sonoridad natural del ser, de su ser. Los filósofos del ser manifiestan el mundo y manifiestan su ser en un solo y mismo lenguaje. Y siempre el ser, un ser, los seres son una garantía de la Palabra. El ser de la palabra no es más que una forma del Ser. La Palabra jamás conquista una autonomía. Es siempre un instrumento. En la mejor hipótesis, es un grito civilizador. Existe siempre, en el ser de una palbra, un ser antes de su ser; la palabra "expresa". El ser de su expresión no es más que un ser delegado, un "modo" del ser que habla.


En verdad, el dinamismo de las palabras inflamadas -las imágenes poéticas que nacen en el recinto de la palabra-, un dinamismo semejante responde por el movimiento, por la explosion, a los partidarios del lenguaje estabilizado. Si pudiéramos hacer sentir a continuación que en la imagen poética arde un exceso de vida, un exceso de palabras, habríamos probado, detalle por detalle, que tiene sentido hablar de un lenguaje caldeado, fogón de palabras indisciplinadas donde se consume el ser, en una ambición casi alocada por promover un ser-más, un más que ser.


Uno de los leitmotiv de la fenomenología aplicada es la determinación, en primera conciencia, de las "experiencias vividas". Lo que uno mismo vive, en si mismo, tiene -se piensa- un privilegio de clara conciencia. Pero a menudo esta determinación de una conciencia de lo vivido dice demasiadas cosas en una sola palabra. La palabra "vivido" sobrevalora muy fuertemente una experiencia que, como toda experiencia debe afinarse en incesantes análisis.
Bajo la pluma de los filósofos de nuestro tiempo, la palabra "vivido" es, a menudo, una palabra que reivindica. Se la escribe entonces contra otros filósofos de los que se juzga con cierto apresuramiento que no aborda lo "vivido", que se contentan con un juego fácil de abstracciones, que eluden "la existencia" para consagrarse al "pensamiento". El problema no nos parece tan simple, y puesto que nosotros mismos utilizamos la palabra "vivido", cargada tan a menudo de sentido existencialista, no es preciso explicarnos. ¿Como creen en efecto, que se tiene la vida, toda la vida, la vida en profundidad, en un acontecimiento pasajero, en la intensidad relativa de una eleccion psiquica excepcional? Lo vivido conserva la marca de lo efimero si no puede ser revivido. Y ¿como no incorporar con lo vivido la mas grande de las indisciplinas que es lo vivido imaginativamente? Lo vivido humano, las realidad del ser humano, es un factor de un ser imaginario. Deberemos probar que una poética de la vida vive la vida reviviéndola, intesificándola, desligándola de la naturaleza, de la pobre y monótona naturaleza, pasando de la realidad al valor y, suprema acción de la poesía, pasando del valor respecto de mí al valor respecto de las almas afines aptas para la valoraización por lo poético.


Por otra parte, ¿quién vive su vida, quién vive la vida natural en su amplitud y su diversidad? La vida natural se vive en nosotros sin nosotros. Si se la vive bien, la consecuencia es que se la expresa mal. En nosotros la vida no es un objeto que podemos asir en todo momento. No es una unidad de ser que puede determinarse en un estar-ahí. El ser humano es una colmena de seres. Son los pensamientos lejanos, las imágenes alocadas los que hace la miel del ser, la sustanica de la vida poética. La vida de un hombre no tiene un centro. ¿En qué perifería se anima la vida? Y puesto que se anima sobre todo al expresarse, hacia qué imagen, en qué poemas encuentra el ser su verdadera vida, la vida excesiva? El ser humano jamás estar fijo, jamás está ahí, jamás vive en el tiempo en que los otros lo ven vivir, donde él mismo dice a los otros que vive. No puede tomarse la vida como una masa que avanza en una oleada y arrastra todo el ser en un devenir general del ser. A menudo, casi siempre, somos seres estancados sacudidos por remolinos. ¿Dónde está la dirección del movimiento de la vida en nosotros? Bergson no tuvo dificultad en demostrar que en una experiencia de lo vivido el cronómetro es un instrumento inútil y engañoso. El cronómetro es el tiempo de los otros, el tiempo de un "otro tiempo" que no puede medir nuestra duración. ¿Pero acaso no somos nosotros la gavilla mal ligada de un millar de otros tiempos? Los "tiempos" entonces abundan en nosotros sin encontrar la cadencia que regularía nuestra duración. ¿Dónde está el tiempo que marcaría de una manera muy fuerte la dinámica de nuestro ser, los múltiples dinamismos de nuestro ser? Basta con cambiar de imágenes para cambiar de tiempos. En el reino del fuego, somos una hoguera de seres. En nuestro fuego que nos da energía y vida, ¿dónde está el tiempo principal? ¿Es acaso el tiempo de la ceniza que mantiene al abrigo al fuego de mañana?


Las objeciones que creo poder dirigir, en un corto prefacio, a ciertos juicios de los psicoanalistas relativos a la piscología del lenguaje no se dirigen naturalmente a los principios del psicoanálisis. Las obras de Freud, tanto las pequeñas como las grandes, tiene para mí una tonalidad inaugural que debe convercernos de que no se puede ingresar en los estudios psicológicos sin una profunda reforma de los métodos de observación. La introducción de un valor nuevo en el lenguaje - que este valor sea una claridad de pensamiento, una bella imagen o un dicho ingenioso es como el comienzo de la palabra-, cuyo rol en una ética del psiquismo debería señalar la filosofía.


Querría mostrar que, en pirmer lugar que los seguidores de Freud no abordan verdaderamente la estética del lenguaje y, luego, que la estética del lenguaje cumple un rol útil para la salud psíquica.
Centro todo mi debate de una sublimación absoluta. Los poetas, dice Patrice de La Tour du Pin, encuentran "su base elevándose". Esta base es el umbral mismo de la sublimación absoluta. Ya he propuesto esta noción en mis obras anteriores.


Hay imágenes absolutas, es decir, imágenes liberadas de su sobrecarga pasional. Esas imágenes no subliman nada. La destilación poética ha tenido éxito, esta acabada. La pureza poética fue alcanza. La quintaesencia poética ha sido despojada de todos los residuos sensibles. El psicoanalista no considera este elevarse del lenguaje hasta su propia altura. Todas las imágenes permanecen -para él- impregnadas de materias písquicas mal elaboradas, incluso de materias que rechazan la elaboración.
Para el psicoanalista hay siempre una resistencia a un movimiento, y una profundidad bajo una superficie. El psicoanalista mira en profundidad y mira bien. Ve claramente en los profundos estratos del ser. Pero con ello arriesga perder el sentido de la altura, la sensibilidad a los impulsos de una verticalidad psíquica. Para el psicoanalista la profundidad es lo estable, lo sólido, lo permanente. Para el psicoanalista, no hay vestido adornado que no lleve un grueso forro. Cuanto más adornado el vestido, más grueso el forro. Y está hecho con la sólida tela de los complejos. Un arlequín de retazos de forro, tal es la personalidad profunda de un psiquismo brillante.


Comienzo entonces la elucidación de la realidad psicológica oculta: "Muestras demasiado, en consecuencias escondes". Tal es el juicio que el psicoanalista pronuncia contra su paciente. Y cuando es en la palabra misma donde se manifiesta la necesidad de adorno, la voluntad de adorno, el placer por el adorno, el psicoanalista no siempre sabe entrar en el diálogo de las palabras juguetonas y encontrar de ese modo el fondo del fondo. Condena globalmente el lenguaje adornado. Cuando la expresión multiplica los matices, cuando matiza los matices, el psicoanalista ve allí una pantalla abigarrada, una pantalla instalada por una represión sutil. Un ser hábilmente secreto se opone de ese modo a la mirada de un psicoanalista perspicaz. Hace ya largo tiempo que se ha dicho que la palabra fue dada al hombre para que pudiera ocultar su pensamiento.


Pero situar el problema bajo el signo de un pensamiento hábil en preservar los secretos equivale a no tener en cuenta la exuberancia de las palabras que expresan imágenes. Filtrarse en nuevas imágenes es un destino normal de la palabra.
En general, la excitación por hablar es una mala señal a los ojos de un psicoanalista. Emplea una palabra grosera, propia del manicomio, para condenar la exuberancia de las palabras como "verborragia". Cree que la excitación por hablar es una excitación sustitutiva. Jamás piensa en el beneficio directo que recibe un psquismo. De todas maneras, para un psicoanalista esta exuberancia es un trastorno superficial. Los psicoanalistas se lanzan a investigar causalidades psicológicas más profundas.
En consecuencia, para un soñador del lenguaje poético, para un soñador del lenguaje completo, los psicoanalistas son como psicólogos linguísticamente monoorientados, más exactamente como psicólogos semiverticalizados. No conocen la amplitud de toda la verticalidad del lenguaje. Y como no piensan incluir en el lenguaje los valores cimeros, los valores que sobrepasan la cima -es decir, los valores poéticos-, son insensible a la dinámica de la verticalidad positiva, aquella que atrae, que entusiasma a los poetas, los grandes del habla. Se sorprenderían si se les dijera que esos derrames de palabras poéticas son manifestaciones del soplo vital, de una forma muy humana de soplo vital. En la poesía el soplo vital del lenguaje se renueva sin cesar. Al leer a los poetas se tiene mil oportunidades de vivir en un lenguaje joven.


Una de las acciones más directas del lenguaje es preciso encontrarla en el lenguaje imaginativo. Al soñar entre abundante imágenes poéticas, el fenomenólogo puede suplantar al psicoanalista. Es posible incluso que un doble método que enlace dos métodos contrarios, uno que vuelva hacia atrás y otros que asuma las imprudencias de un lenguaje no controlado, uno dirigido hacia la profundidad y otro dirigido hacia las alturas, produjera oscilaciones útiles y permitiera hallar el punto de unión entre las pulsiones y la inspiración, entre lo que empuja y lo que aspira. Es preciso remitirse siempre al pasado y también, sin cesar, desembarazarse del pasado. Para vincularse al pasado es menester amar la memoria. Para desligarse del pasado es preciso imaginar mucho. Y esas obligaciones contrarias vivifican el lenguaje.
Una filosofía completa del lenguaje debería, pues, unir las enseñanzas del psicoanálisis y de la fenomenología. Sería entonces menester añadir al psico-análisis un poético-análisis donde se pondrían en orden las aventuras del lenguaje, donde se daría libre curso a todos los medios, a todos los talentos de expresión.

Para desentrañar en todas sus sutilezas un poético-análisis de un hombre que se expresa, no hay que contar con los psicoanalistas. Son escasos los psicoanalistas que leen a los poetas, que señalan cada día de su vida por el amor a un poema. El poético-análisis debería ser una profundización muy íntima de la alegría de imaginar. Cada uno comenzara entonces, por medio de su poético-análisis, su propio psicoanálisis. Un autopsicoanálisis es fácil cuando se es viejo. Para un poético-análisis bueno y fervoroso sería necesario ser joven. Así el largo relato de mis tormentos de método, cuya historia he querido narrar, no conducen a una tranquilidad homogénea. Cuanto más trabajo, más me diversifico. Para encontrar una unidad de ser, sería necesario tener todas las edades a la vez.

jueves, 27 de agosto de 2009

EL “CIUDADANO” PERFECTO PARA UNA NACION CORRUPTA


EL “CIUDADANO” PERFECTO PARA UNA NACION CORRUPTA

Por: Luther Blisset

El ciudadano perfecto para una narco-democracia ha sido creado, clonado y patentado en Batraxia-Logormia. Años de trabajo e investigaciones científicas, que aunaron los esfuerzos de biólogos, sociólogos, antropólogos y comunicadores sociales; por fin han dado como resultado, una criatura excepcional, un ente que reacciona de manera dócil y emotiva ante el poder. Se hace el de la vista gorda ante los atropellos del estado, ya que su capacidad de indignación ha sido golpeada, moldeada y adaptada a su espíritu mediocre. Es el ciudadano que ha sido intoxicado cuidadosamente por la propaganda política, ya que esta no se dirige a los intelectuales sino a la masa (como dijera Goebels, el flamante ministro de la propaganda nazi). Responde a las provocaciones con el corazón y no con el razonamiento. Enamorado del autoritarismo inclina su cabeza cual siervo de la gleba ya que en su interior lo que desea es el sadismo del metal y el látigo sobre su lomo de bestia mansa. Los atropellos de la autoridad exacerban sus sentidos, y los abusos de la fuerza publica lo llevan al delirio. Siendo como lo son, la mayoría de estos ejemplares, (especies de zombis lobotomizados por el establecimiento) originarios de las clases más pobres y más golpeadas por las desigualdades económicas, ya la no les importa, han sido suprimidos sus sentimientos de dignidad, el disquete de su cerebro ha sido formateado para grabar consignas y veneno, y además, lubricarlo con una sustancia coloidal semejante al aceite mineral que corre por las venas de los esclavos.

La clase política que dirige Batraxia se siente viviendo en un jardín en donde sus fechorías le sirven de plataforma para su evolución y desarrollo; es una bestia hibrida del mil cabezas que ha entrampado la sociedad de Batraxia y que mama cada vez, con mayor voracidad, del presupuesto de un país de miserables. Un país que vive inmerso todo el año en campaña política, no tiene horizontes ni futuro. Es el único país del mundo en donde los políticos legislan para ellos todo el año, sus coimas, sus chanchullos sus serruchos, sus prebendas, sus privilegios, sus asuntos judiciales; pero, para beficiar al pueblo, no legislan, no intervienen, no hacen una sola propuesta. Recientemente en Batraxia, se trató de sacar adelante una ley sobre las reservas hídricas de la republica, declarando el agua patrimonio público y derecho social. La inmensa mayoría de los senadores y los congresistas le dieron una voltereta semántica al proyecto y lo dejaron en sus justas proporciones de inequidad: –agua privatizada a precios de usura para el pueblo, y mínimos impuestos para algunos consorcios y monopolios de los refrescos y las colas–, un verdadero crimen, en uno de los países con mayores recursos hídricos de América Latina. El resto del año la clase política legisla para su lucro y el de sus amigos en la rosco-cracia, mientras manipulan para exculparse mutuamente y se afanan para perpetuarse en el poder.

El presupuesto multimillonario que se gasta en propagandas política oficial desde hace 20 años en Batraxia, se hubiese podido gastar en educación, vivienda y salud, solucionando algunos de estos problemas (según economistas europeos) por (10) diez años. Y el presupuesto que se gastan en armamentismo y guerra desde hace dos décadas con el pretexto de la guerra contra el terror y el narcotráfico hubiese podido solucionar el problema de la tierra en Colombia con una proyección de sostenibilidad ecológica a (20) años. No, los dignatarios de Batraxia no se paran ante pequeñeces, están de jarana política todo el tiempo ; han armado un ejercito como para intervenir en un conflicto externo, y han decidido envenenar sus fronteras y selvas del sur, en donde se ocultan los rebeldes y los sediciosos; los colonos del hambre; las tribus y pueblos de las culturas autóctonas; los oscuros cimarrones.

Solo la fuerza de las armas no es capaz de mantener a un pueblo en la ignorancia, se requieren también de los artificios de la propaganda y la prensa, cooptadas por los poderes estatales. Que algunos ministros y buena parte de la nomenclatura, estén comiendo de la torta burocrática en franca amancebamiento con la prensa del gran capital, es sinónimo de unanimismo fabricado y consenso artificial. De aquí a 1984 de George Orwell no hay más que un paso. Primero doblegar la resistencia espiritual mediante el hambre, después adoctrinar e intoxicar con la propagada patriotera y por ultimo azotar con el látigo y la madera. Para que las masas marchen al compás de la comparsa.

“Batracia-Logormia republica de los caines, país de los esclavos y patria de los cobardes. Vergüenza de los menesterosos y rosal del capital”. Dijo un poeta panfletario de comienzos del siglo pasado refiriéndose a este inhóspito territorio.

Este ciudadano siervo, es la criatura mezquina y cobarde por excelencia. No afronta los problemas con soluciones de razón y de inteligencia, cree que los problemas se solucionan mediante el uso desmedido de la fuerza, la arbitrariedad y la guerra. Sin embargo se escuda detrás de un ejército profesional de asesinos, ya que él mismo, a la hora de una confrontación, escurriría el bulto y saldría huyendo del frente.

Es por esto que el ciudadano perfecto para la republica de la amnesia es el que aplaude cuando el imperio del norte viene y pisa fuerte sobre sus bases militares, sentirse protegido a la sombra del gran feudal es propio del pensamiento vasallo que es inherente a la masa patriotera. No importa que se hubiesen conmemorado recientemente las efemérides de la independencia de imperio colonial español. El ciudadano perfecto de Batraxia quiere sentir el poder de las armas sobre su espalda, para de esa manera, sentirse seguro. No importa que en su mesa, el único pan que se sirva sea un carbúnculo negro adobado con el cornezuelo del centeno.

El pueblo de Batraxia ha sido golpeado, primero con una dieta de palabrería hueca, discurso alienante y autoritario; luego, con los sofismas de la guerra. Embrutecido por los medios masivos de alineación que machacan consignas contra los países vecinos y siembran los rencores espurios, marchan todos estos civiles de-mentes, mostrando las fauces de los perros de la guerra.

Batraxia, a pesar de que algunos se jactan de vivir en una nacion soberana independiente (según los creadores de opinión pública, que peroran y pontifican en los diarios oficiales y los afectos al regimen), no pasa de ser una neo-colonia y una republiqueta sumisa, en donde un puñado de gángsteres se tomaron el poder a punta de sangre y dólares. El imperio tolera (mientras sus compañías estén bien preservadas de los ataques de la insurgencia), todo tipo de gobiernos. Ellos tienen bien guardados a sus “hijos de puta” (gobernantes abyectos) siempre y cuando estos estén inclinados, lamiendo sus botines y esquilmando a sus pueblos para beneficio de los capitalistas del norte. El ciudadano que vive bajo la bota del imperio apenas suda para pagar los impuestos y escasamente comprar el pan y el acceso al circo.

Como ya no hay circo está la T.V. los héroes de la T.V. de Batraxia y de Logormia son los mafiosos, los chulos, los ladrones, los políticos corruptos toda la farsa de Batraxia pasa por la pantalla delineando y dando peso especifico a ese esperpento caricaturesco, que es de una u otra forma, es el ciudadano enajenado de Batraxia; una mixtura entre un esclavo tecnológico y siervo medieval. Quienes tratan de salirse del esquema y afrontar la vida como hombres libres, de repente, son estigmatizados por el resto del rebaño, quienes les acusan de terroristas, muchos de ello terminan en la fosa común de los crímenes de estado. Los ciudadanos que disienten son considerados objetivos militares y todo el aparatich se pone en marcha para intervenir sus teléfonos, violar sus correos y llegado el caso apretar las tuercas; el celo que ponen en estos menesteres los tristes funcionarios, solo es comparable con el de algunas policías del mundo como el Mossad israelí, la CIA americana, y la desaparecida Stasi alemana. Si eso no funciona se llega a la decisión de aplicar la pena de muerte. Que en Batraxia se le llama “falso positivo”. Eufemismo de carácter militar que pretende minimizar el impacto de las noticias en la gente.

Batraxia es una narco-democracia que quiere imponer una disciplina (M.M) mental-militar sobre la ciudadanía es uno de los países con mas policías y militares en el mapa continental, y los tienen para controlar, vigilar y castigar; además de contener a los miles de indigentes, menesterosos, hambrientos y miserables que son expulsados de los campos y van a dar a las ciudades, es decir los nuevos bárbaros que en Batraxia ya están en los cinturones de miseria incubando las rebeliones sangrientas del futuro. Se podría decir con Charles Baudelaire: “Con que hay un país soberbio en que al pan le llama pastel, golosina tan rara que basta para engendrar una guerra perfectamente fratricida”.Para desgracia de todos, de esta inequidad vergonzosa saldrán los futuros Espartacos, Raskolnikofs y los Jean Valjean quienes transformados en criaturas violentas por la injusticia y la miseria –pero ya sin esperanza de redención–, dirigirán las huestes hambrientas del futuro. Eso no será nada raro, y es de esperarse, que algunos jóvenes en el futuro, reivindiquen la consigna de Jefferson y abonen el árbol de la libertad con la sangre de algunos tiranos.

De alguna manera en Batraxia se crean redes contraculturales de resistencia, están surgiendo nuevas colectividades de pensamiento libre y ciudadanía conciente, muchos jóvenes se desenganchan de los discursos del sistema, (son asistidos por redes que hackean sus cerebros y destruyen los chips de unanimismo mediático que han sido implantados en sus cajas negras). Otros ponen en tela de juicio los discursos oficiales y los ridiculizan, y los más radicales lo minan desde todos los ángulos. Se están dando cuenta que su "patria-territorio-nación" se lo están repartiendo una camarillas de cerdos y facoceros ungidos por los votos comprados a sangre y fuego. Se impone el saboteo mediático, el terrorismo cultural, la asonada estética, y la guerrilla poética; física y masiva; virtual y transparente. Internet es una de las herramientas más necesarias para construir redes de apertura dentro de los bosques amurallados de las ciudades sitiadas. La participación de la juventud de Batraxia en redes de desintoxicación y de apertura de conciencia es uno de los rasgos importantes de los tiempos que corren.
No hay tiempo que perder, se debe actuar ahora. Los esbirros del establecimiento se están emponderando en muchos puntos nerviosos de la geografía, se afianzan como ladillas a la camarilla del estado, ya que no quieren perder sus privilegios, pagar sus cuentas con la justicia, ni quieren ir a los tribunales internacionales que los castigarán tarde que temprano por crímenes de estado.

La era de los virus libertarios vienen de la mano con la practica de los hackers de la conciencia. Se ponen también al orden del día, El acktionen (actividades artísticas en donde la comunidad sea partícipe, cuestionada, y accionada por los jóvenes artistas); los T.A.Z (territorios liberados del lenguaje y la vigilancia de la nomenclatura de Batraxia);los Flashmobs de caracter no solo lúdico sino tambien reinvindicativo y de denuncia; los Potlatch libertarios con la toma del espacio público y las grandes fiestas de desobediencia civil; la abstención militante en los referendos del gran hermano; los Happenings de la rebeldía; la objeción de conciencia (para no engrosar las filas de un ejercito corrupto y criminal); la contra-propaganda que desnude la farsa del conventillo de los iluminati, quienes practican sacrificios humanos sobre las mesas de mármol de los castillos versallescos, en Babelia-Babilonia.

La condiciones están dadas para la gran fiesta libertaria, apenas comienzan a sonar los tambores, será un hermoso espectáculo para el sol del amanecer.

Luther Blisset
Batraxia/ Logormia
2009