jueves, 24 de noviembre de 2011

MONÓLOGO DE ANTONIO CURZIO MALAPARTE






Albrecht Dürer / Self-Portrait




MONÓLOGO DE ANTONIO CURZIO MALAPARTE
––Der kunst––


Yo Antonio Curzio Malaparte
Primero que todo…canto en alta voz, este poema de Artaud:

Poeta negro

Poeta negro, un seno de doncella
te obsesiona
poeta amargo, la vida bulle
y la ciudad arde,
y el cielo se resuelve en lluvia,
y tu pluma araña el corazón de la vida.

Selva, selva, hormiguean ojos
en los pináculos multiplicados;
cabellera de tormenta, los poetas
montan sobre caballos, perros.

Los ojos se enfurecen, las lenguas giran
el cielo afluye a las narices
como azul leche nutricia;
estoy pendiente de vuestras bocas
mujeres, duros corazones de vinagre.



 "L'Ombilic des limbes"



Y DESPUES DIGO:
Los artistas independientes mantienen vivo el espíritu de la tradición, aunado a la potencialidad  trasgresora de la irreverencia. Es de espíritus libres el arte verdadero, no matriculado en los  despachos burocráticos donde se canoniza a los afectos del stablishment. Los artistas independientes no esperan la subvención, ni el ejercicio de la sierra dentada sobre el presupuesto municipal en el sanedrín de los círculos cercanos a la cleptocracia. Muy al contrario, los independientes en fashion de larvatus prodeo, abren la caja de caudales y van por la bolsa.
El artista verdadero debe conservar su independencia para no hacer parte de la sociedad del espectáculo. El artista verdadero, en lo posible, debería renunciar al mecenazgo del estado, ya que eso le restaría independencia de criterio y libertad de pensamiento. Difícil decisión en tiempos de bancarrota y crisis económica, pero ese será el precio a pagar, cuando se tiene en claro que, la libertad de opinar y disentir, vale más que la comodidad silenciosa.
Se puede crear arte dentro de las fronteras y las limitaciones del arte subvencionado. Esto no lo niego, y hasta se puede hacer un señalamiento crítico que diagnostique las enfermedades de nuestra sociedad, pero el artista asumiría un compromiso bastante oneroso para su libertad. Tarde que temprano, será vetado, o se le sacará en cara su cercanía a los fondos estatales para la cultura. Ahora bien, cuando la bolsa está a la mano, el artista va por ella sin miramiento. El artista verdadero toma, casi como un partisano, se le va la vida en ello. El artista cortesano al contrario pide, casi mendiga y desarrolla su genuflexión más elástica––casi como una maniobra de ballet–– para inclinar la cerviz frente del estado patrón.
Mientras el artista independiente se mueve en las fronteras de la estética,  en los linderos del territorio salvaje del arte; el artista cortesano medra a la sombra del político de turno y emplea todas sus artimañas en crear sus sanedrines que, como sectas de bufones de contención, tratan de opacar, silenciar y entorpecer la labor del artista independiente. El artista independiente señala que hay presupuestos que son de la sociedad, que salen de nuestros impuestos, que se nos cobran día a día, entre el iva y la carga onerosa de los empréstitos que se redistribuye sobre los hombros de todo un pueblo; y agrega: ese presupuesto pertenece al pueblo no a la burocracia. Cuando puede, contribuye y aporta con generosidad, en talleres y conocimiento, con obras y con proyectos que puedan generar herramientas de libertad en su comunidad. Sabe que en esencia, el arte es el trabajo de diseñar herramientas de crítica y de libertad; de tal manera que para poder manejarlas, el artista debe poseer la magia y el conocimiento de los antiguos sacerdotes y la contundencia de los grandes pensadores.
Otras veces, El artista independiente se siente más cómodo dentro de los círculos liberales del fordismo, el librecambismo, el laissez faire, laissez passer.  Aunque dentro de los círculos fabriles e industriales, no se mira con buenos ojos a este desclasado de las artes; se le soporta, se le respeta y se le apoya si hay talento. De esa manera el artista puede vivir con cierta dignidad de su trabajo. Allí al menos es tratado como un productor más. Un productor de símbolos, un generador de ideas, un diseñador de conceptos. No hay rituales de manoseo, no requiere de la carga del adobe con el que se fabrican las pirámides y los ziguratz de la ignominia, no tiene que hacer la antesala de los cretinos instalados; No participa de campañas que apuntalen ninguna forma omnímoda de poder y no hacen fila para participar en los desfiles carnavalescos de la demono-democracia. (Ya sabe, que detrás de todo ese tinglado, medra la corrupción, el truco y la componenda). Es por esto que para el artista independiente, una sociedad hiper-mediatizada como la actual tiene sus trampas expresadas en el control y en la manipulación; pero también sus ventajas que se resumen en nuevos canales para llegar a su público. Puede ofrecer directamente su trabajo o sus servicios, sin previa sanción del dogma académico, o la burda censura del colectivo curatorial que se ha puesto de moda.
Evitar las trampas, fortalecer su espíritu crítico mediante el estudio y la praxis, y enaltecer su espíritu con el conocimiento de la alquimia, son deberes y ejercicios de fundamentación. El artista independiente va de frente a su objetivo. Su nihilismo cede; pasa rápidamente a la ofensiva. Su acracia se hace potencia y presencia rebelde. Como los arqueros japoneses ––guerreros del bushido––, piensa en el blanco, siente el blanco y dispara al blanco. Cada diana es una obra de arte.
El espíritu de una obra de arte verdadero, no puede ser opacado por funcionarios que bajo cualquier consigna light, pretenden negar la crítica inherente a las obras autenticas creadas para los tiempos aciagos a los que nos vemos enfrentados. En una época, la crítica de arte liberó las energías retenidas buscando sociedades más democráticas, abiertas, pluralistas, y justas. De alguna manera ese empuje revulsivo y crítico de los artistas de aquellos tiempos, rompió los muros de muchas censuras y abrió las puertas  a la imaginación. Si es verdad que esta no llegó al poder; al menos se preparó para resistir los abusos de gobiernos y dictaduras.
Hoy en día el constreñimiento del talento, corre por cuenta de medianías abyectas que han puesto su trabajo al servicio de la censura y la trapisonda del cadalso institucional. Ese filtro pseudo-académico aliado de manera descarada con los estamentos políticos más retrógrados  de la cultura, se han convertido en una hidra tricéfala que de una forma o de otra copan los espacios y crean la nueva variante domesticadora de los artistas; el gabinete Caligary a donde son introducidos nuevas generaciones de artistas hipnotizados por las sombras chinescas del jet set y el brillo de curadores, (mayordomos de las fabricas de la nueva iconografía al servicio de los entes burocráticos). Los ministerios miran con buenos ojos los rebaños borreguiles de artistas que se han plegado a todas las exigencias del estamento político, entran en sus cuadrillas, hacen filas para ser marcados, el gran hermano los bendice. Bajo transe extático, Las consignas oficiales hacen eco dentro de sus cerebros. La extrema fetichización de sus obras de arte, los convierte en zombis de carnavales, arlequines inofensivos que giran bajo los focos de los reflectores para caer de cara sobre el escenario de las vanidades. Les han dado una dosis de su droga preferida: “Egolatrína”. De otra parte los sacerdotes de estas ceremonias grotesques, los comisarios;  se convierten en sermoneadores al servicio de la cosa nostra, (léase: de la cosa pública). Salvando contados casos en la escena nacional y regional. Ya que hay que decirlo, curadores independientes y de criterios amplios con solida formación y experiencia, también existen (se cuentan con los dedos de una mano), y sus nombres, son de todos los artistas conocidos.
Pero pasemos a otro asunto:
Es verdad que ya las épocas de las vanguardias perecieron.
El surrealismo fue superado por el Photoshop más cutre y más kistch.
La publicidad ha reconocido como suyas las formulas de las vanguardias y ha sabido domesticar a sus legiones de becerros.
Otros artistas ya no quieren pintar, ni dibujar, ni hacer grabado, ni fotografía.  Solo quieren hacer evocaciones más o menos brillantes. La verdad es que la mayoría quieren ser curadores.
Los curadores en su mayoria y para desgracia, se han convertido en funcionarios al servicio de las elites políticas. Son los que pretenden amansar el rebaño de los inconformes y de las ovejas negras alérgicas a la lana. Además, de paso, cobran por su cuenta vendettas personales y hacen justicia por su mano. La mayoría tiene un espíritu gansteril y paranoico. Reparten bulas y admoniciones, camuflados detrás de cuatro frases huecas, ya que la mayoría de ellos carece de rigor intelectual. (Para comprobarlo, solo falta remitirse a los opúsculos que sellan con sus rúbrica). A pesar de que en su mayoría son feos, brutos, cortos de palabras, no saben escribir, son expertos en componendas y triquiñuelas. Han logrado reproducirse en este medio de una manera excepcional. El curador es el político que ha incursionado en el campo de las artes, y como tal, utiliza todas las armas en una guerra de estrellas opacadas y de proto-consules de las medianías. (En efecto, estamos en tiempos en donde las promociones impulsadas por estos individuos, buscan la opacidad de los espíritus obsecuentes y de los cooptados por la estructura cultural de la maquinaria). Tienen, además, poder para extender sus tentáculos sobre los presupuestos destinados a la cultura y el turismo, (la inclusión, la tolerancia, la pertenecía y su bla,bla,bla,) procuran que esos presupuestos lleguen sin demora a sus arcas y a los de sus incondicionales. Como caprichos de Goya, comen de la torta de pus larvada. Comen y comen, pero no se sacian.
Otra variedad, dentro de esta variopinta fauna que tiene su nicho ecológico sobre las llanuras del campo del arte. Es la de los maestros de artes de ciertas academias.
Pretenden enseñar cosas que después descalifican de golpe. Es decir, cobran por enseñar algo que después desprestigian. Por lo tanto roban. Roban a los estudiantes y las arcas de la nación, son prevaricadores, ya que cuando fallan dictan sentencias amañadas e injustas que no tienen sindéresis con lo que enseñan. Y engañan. Engañan a sus alumnos, a quienes quieren enseñar pintura, escultura y dibujo, y después defenestran con sofismas de baja calidad literaria y filosófica. Engañan por que ensalzan disciplinas y técnicas que ignoran y que están lejos de sus presupuestos intelectuales. No pueden, ni quieren enseñar nuevas tecnologías: video-arte, animación 3D, cine de vanguardia, ya que los magros rubros, (por no decir que miserables), destinados para estas instituciones son devorados en un 80 per cent por una burocracia inepta. Ahora los de la capital, Se están inventando decenas de cursillos como: PRESENTACION DE PORTAFOLIOS DE ARTISTA Y OTROS POR EL ESTILO para justificar gastos millonarios. Cursillos para los arborícolas de las provincias, los buenos salvajes, los fauves de las capitales intermedias, los pitecántropos de las praderas limítrofes.
No solo se roban el setenta por ciento del presupuesto nacional destinado a la cultura, mediante la manipulación, la trapisonda, y la componenda. Los premios, los estímulos, las becas, y lo demás; sino que salen a viaticar por todo el territorio de la patria, a cuenta de su cursillos para niños especiales.
Sí, cuando regresen los funcionarios de Bacatá capital, los cara-pálidas de la sabana cundi-boyacense; les enseñaremos unas clases de antropofagia libertaria.
Pero no nos preocupemos, aquí también tenemos de lo mismo… En algunas academias enseñan eunucos tonsurados al servicio de las plutocracias y de las dedocracias regionales. Son la peor calaña, ya que solo están interesados en lo crematístico. El arte como tal les importa un reverendo culo. Ocupan la mayor parte de su tiempo en chismorreo gremial y en la artesanía de la intriga, cuando no en ceremonias de catre y sanitario. Están allí no para enseñar, sino para atrofiar las mentes de los jóvenes a quienes quieren convertir en eslabones divertidos y talentosos de la sociedad del espectáculo. Salvadas excepciones, son grandes adoctrinadores para conciencias dormidas.
Últimamente desde la academia, se han impulsado mucho los performances. Esta variedad de las artes plásticas dramáticas, antigua como la humanidad ––en efecto desde que los chamanes primitivos contaban sus historias de horror y sus encuentros con el “dientes de sable”; ya se estaban haciendo la primeras performances––,causa furor en algunos círculos pseudo-intelectuales. Yo admiro a los clásicos de la escena, no lo voy a negar; y cada que puedo me solazo con sus registros audiovisuales o fotográficos, ya que como saben, de este trabajo solo queda ese registro, esa mirada (que de todas maneras, no es más que una mirada entre docenas de posibles puntos de vista). Los del Aktionen vienes de los sesenta y comienzos de los setenta; los “Balcan Erotic Epic” de la Marina Abramovic, la matrona yugoslaba inpirada en los rituales medievales de las culturas campesinas balcánicas. (Sus hermosas tetas al cielo, sus conchas bajo el canto de la lluvia). Cuando estuve en su presentación del MoMa vi de cerca sus ojos de bruja mitlenest, sus senos golpeados, su ombligo lacerado, su invertida cabalística figura…
 Ni que decir de los del viejo Joseph Beuys en especial: “ME GUSTA AMERICA Y A AMERICA LE GUSTO YO”, el de la jaula y el coyote.
¿Saben que le dijo el coyote a  herr Beuys mientras le jalaba la cobija patinada en grasa?:
“No me gusta la charcutería alemana”.
Pero la verdad que he asistido como curioso espectador a alguna de estas ceremonias. Y he sentido pena y vergüenza ajena. Algunos están muy dignos y hasta reparten baratijas. Pero otros, otros…
Los performances de algunos artistas, solo sirven para mostrarnos cuan bajo puede llegar un exhibicionista. Se deberían prohibir so pena de apaleamiento en público, a ciertos artistas que van mostrando sus culos cuneiformes, sus tetas de vacas narcotizadas, y sus gónadas al aire como si de efebos griegos a la orilla del Egeo se tratase. La desnudez, en ciertos espectáculos dentro de las ramas de la plástica teatral, solo se debería permitir en gimnastas o artistas circenses; malabaristas del aire, funámbulos de pie leve y cintura de aire, o en artistas de las tablas con años de práctica del método Estanislavski tatuado en sus músculos, No en golems involucionados que van agrediendo la vista del respetable público con su lacras y despojos después de tanto folle y orgia. Ese desnudo ritual, a lo sumo, digno de ver en chamanes iluminados; monjas divinamente poseídas con ese rictus orgiástico de la obra de Bernini reflejado en su rostro marmóreo; En  guerreros mutilados, que ostentan sus heridas de guerra y sus laceraciones, como una forma de mostrar a la sociedad de la rapiña, el horror del conflicto; en  poetas comedores de la mandrágora de la luna; en lolitas navokobianas bajo el efecto de una mermelada de ergotina suministrada por su representante; en caperucitas rojas que huyen desnudas en trench rouge desde los bosques donde los lobos cantan su tonada lunar; en doncellas que corren entre risas asediadas por deidades priápicas adoradoras de Baco. Pero nunca, a faranduleros que no han sabido cuidar de sus propios cuerpos. ¿Cómo puede una persona que no ha cuidado de su propio cuerpo, asumir la teatralidad sacra de la estética que se ocupa del cuerpo espiritual de una sociedad? Antes de una presentación de teatro sagrado, los bailarines y artistas balineses se sometían a semanas de ayuno riguroso, meditación y ejercicio. Aquí, en estas carnestolendicas rumbas, estos “artistas” se entregan a un desarreglo profundo de sus entrañas, a una dieta de chicha, perico y cerveza;  luego regurgitan toda esa bazofia.
REFIRIENDOSE A ESTE TEMA la escritora y crítica mexicana Avelina Vésper dice lo siguiente en: REFLEXIONES SOBRE ARTE CONTEMPORÁNEO. BREVÍSIMO DICCIONARIO DE UNA IMPOSTURA. http://avelinalesper.blogspot.com/
PERFORMANCE”  El performance es cobarde con el público, no permite la interacción. Si un espectador le dice algo al artista este se indigna y pide que saquen del recinto al espectador. Hay una diferencia enorme entre la transgresión y el exhibicionismo. El performance es la versión politíceme correcta y decente de lo que hacen en los antros de show porno. En esos antros los actores que se desnudan, se cagan, masturban etc., aguantan al público, soportan sus insultos y ni ellos ni ningún cliente consideran que lo que hacen sea arte. Saben que es exhibicionismo y que explotan la necesidad morbosa de ver un espectáculo escabroso. Los performanceros sin llegar a lo que se hace en un burlesque o en un antro XXX se hacen llamar artistas, quieren escenarios cultos y además, exigen respeto del público y becas estatales.

Hay que aprender a danzar, para después aprender a guerrear con el alma y con el cuerpo. Decía un monje tibetano, y agregaba: aprende a respirar para que después puedas gritar.
La próxima vez que salgan esas criaturas comedoras de morcillas y rellenas: esos saltimbanquis-comediantes, deglutidores de harinas y de enlatados; esos freekes bajo el efecto de la abstinencia a su droga más cara; esos cocainómanos en estado cataléptico; esos mongoloides involucionados con caras de proto-golems...

Artistas-guerreros-magos-independientes; solo una consigna: si están aquí para provocar... ¡A  ellos!

Y por último las ferias…. ¡¡Ah!! eso ya es el supermarquet de la industria. La gran feria de los publicistas. La maquinaria apalancada en la industria de del espectáculo. Ese es ––ya muy claro lo tenemos–– el templo de los becerros dorados en donde las tribus de los artistas independientes no pueden asomarse, ya que para aquellos que custodian tales reliquias parecerían las hordas de los barbaros.
En una época, era la traqueto-cracia la que acudía allí, para que los galeristas les vendieran las joyas de la corona. Muchas de esas joyas  eran falsificaciones burdas. Ahora los galeristas se  encargan de vender ya sin la cercanía de sus antiguos protectores; todo lo que se atraviesa, falso o verdadero, a precios de remate.
Entonces resumiendo, y para ti joven artista independiente:
Tú que estas aprendiendo a asegurar el cinturón y apretar el culo; tú que están ejercitando en silencio y solitario tan exigente arte marcial. El artista independiente debe, aun en tiempos de penuria, mantener su independencia sabiendo que si es fagocitado por el golem estatal ––la gran máquina de la guerra y de la usura––, se verá reducido a un servidor en la pasarella de las vanidades, decorador y amenizador de veladas burocráticas, (como ciertos jóvenes poetas de renombre en nuestro país).
Eso sí, tampoco te conviertas en un artista del hambre.
Hakim Bey, el gran filoso anarquista posmoderno decía en T.P.  TERRORISMO POETICO:
“Una seducción exquisita ––conducida no sólo por la causa de la mutua satisfacción sino también como acto consciente en una vida deliberadamente bella–– puede ser el TP definitivo. El terrorista P se comporta como un estafador cuyo objetivo no es el dinero, sino el CAMBIO. No hagas TP para otros artistas, hazlo para gente que no repare (al menos por un momento) en que lo que has hecho es arte. Evita las categorías artísticas reconocibles, evita la política, no te quedes a discutir, no seas sentimental; se implacable, arriésgate, practica el vandalismo sólo en lo que ha de ser desfigurado, haz algo que los niños puedan recordar toda la vida ––pero no seas espontáneo a menos que la musa de TP te posea––.
Vístete. Deja un nombre falso. Se legendario. El mejor TP está contra la ley, pero que no te pillen. Arte como crimen; crimen como arte.”
Yo agrego: Cuando los dueños del circo metan la pantera a tu jaula, escurre tu longilínea figura fuera de los barrotes. Pasa por taquilla. Quédate con la bolsa, y préndele candela a la carpa.

Sal a caminar por la pradera.



ANTONIO CURZIO MALAPARTE

DEL LIBRO INÉDITO
(“6 MONÓLOGOS - 12 PANFLETOS”)