lunes, 3 de julio de 2017

"CONVERSACIÓN CON ZOAR LHING"










"CONVERSACIÓN CON ZOAR LHING"

(Poemita de horror victoriano)

por
(Omar García Ramírez)



Todos los artistas tienen  un oficio secreto
del que no hablan fácilmente frente al público…
 ––Me decía Zoar Lhing.  Mago, alquimista y poeta––.
(En su rostro, los años no se reflejaban; había aprendido a conservar una juventud atemporal. Ejercicios, ayunos, dietas rigurosas; lo habían convertido en un viejo venerable con cara de niño malo, un viajero del oriente con cara de jugador de póker).

Algunos poetas escriben discursos para hombres públicos
otros artistas pintan cartelitos para circos mexicanos y aquellos
                                                      escriben crucigramas para revistas del corazón.
Otros han aprendido a trepar como buenos cortesanos y no tienen dolor de espalda, a pesar de que sus cabezas y  rodillas tocan el suelo cuando los poderosos hablan. Acróbatas ilustres que tratan de hacer carrera en las artes del equilibrio. Nunca resbalan para mantenerse en la cuerda floja de las vanidades. ––Ventrílocuos de  la estética del poder––.
Conocí también trotamundos, vagabundos, y exploradores.
Gastaron su escasa fortuna buscando dorados;
Paititís  emboscadas  bajo lunas  de plata y soles de oro;
traficantes alucinados con miradas de hierro forjadas en profundos y oscuros arsenales...
Temporadas de arenas rojas sobre las dunas del infierno. 

Algunos son relojeros que dan cuerda al tiempo de sus obsesiones; brillan inclinados sobre relojes de maquinaria exquisita, mientras murmuran por lo bajo, palabras que intentan detener el paso inexorable de la muerte. Saben que nunca lucirán esas joyas en sus manos.
Las hacen para damas cortesanas que perfumaran sus cabelleras y aceitaran sus pieles
                                                                              /para ofrendarlas a  una raza de gnomos y de golems.

Sí…
A aquellos los respeto...
Pero la mayoría solo medra bajo la sombra larga incombustible del Ancient régimen.
Todo ese ejercicio de la retórica y la poética para  establecer el canon.  El consenso.
No me malinterprete, (sé que usted es uno de los pocos que no se toma muy en serio).
Pero mire a esos señoritos tomando el té  y las tostadas, cuidando su caligrafía, reuniendo citas eruditas, ampliando la base de su knowledege; engrosando la bibliografía de sus informes académicos. Corrigiendo hasta el cansancio sus libros, sus himnos y sus odas.


Todos tienen un oficio secreto.
Una ceremonia oculta.
Un ritual vergonzoso del cual no hablan para no perder el aura.

El mío es…
el de las cartas eróticas…
Las cartas eróticas de los viudos a los espíritus de sus queridas muertas.
No se extrañe querido poeta.
Todos tienen deudas, usted sabe, y yo las tengo…

Descubrí de joven y por accidente esta capacidad.
Ya sabe que soy un hombre poliédrico y de varios talentos (cultivados que lo sepa)
                                                                                               /no robados ni postizos.
El Tantra.
El kama  Sutra.
La lucha con espadas. La pelea con tritones.
La levitación, la clarividencia…
La comunicación con los difuntos.
Así que escribía cartas.
"Ellos"...Los otros... respondían con una caligrafía eléctrica bordada sobre cortinas etéreas;
                                                                                  otras veces, golpes rítmicos y telekinesia.
(Algo oscuro y complejo; poltergeist  y ectoplasma de por medio).
Esas cartas me daban la oportunidad de enviar recuerdos poéticos
de  los vivos, a sus amadas que se encontraban en otra dimensión.
Un duque, un conde, un ex presidente y un banquero, eran parte de mis clientes.
Todos ellos gente que se diría  culta y solvente.
Mensajes, que un médium cualquiera y sin lecturas, no podría hacer llegar a esas criaturas.

Pero un día me enamoré de ese espíritu…
Hermosa duende. Una suicida.
(Overdósis  de somníferos).
A pesar de estar en otra línea dimensional; tenía una peso energético que erizaba los vellos.
La criatura más excelsa que he conocido en este mundo fantasmático y larvario.

En sus fotografías se veía triste y ausente. 26 años.
El hombre
(un académico calvo, obeso, con cara de sátiro tropical adicto a los barbitúricos) lloró, se arrastró.
Noté  el ambiente frío. Algo de indiferencia en la penumbra palladina.

Después que el cliente se fue, seguí conversando con ella.

Ella no quiso seguir recibiendo mensajes del grotesque veuf .
Ahora solo se interesa por los míos.

Mi poesía se ha reducido a esa comunicación.
No tengo más expectativas con la literatura desde ese momento.

Todas las noches platicamos en un idioma de poesía
que ella también cultiva; y que yo admiro.

(Zoar Ling, expulsó el humo de tabaco, amapola y tamarindo de su pipa; y se quedó mirando como las volutas del humo se perdían en la fantasmagoría de la noche. Algo se movió allá al fondo en la penumbra;un destello tinturado en plata. Su piel amarilla y broncínea palidecía y en su cara se dibujaba la sonrisa más extensa de su vida).








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