sábado, 8 de septiembre de 2007

MONÓLOGO DE PEDRO NOIRE


MONÓLOGO de PEDRO NOIRE



Pedro Noire era poeta. Poeta underground y de vocación periférica.En algun momento de su vida, haba abandonado las pretensiones literarias en aras de la utopía.Luego, se dio cuenta que la utopía y la literatura eran hermanas. Entonces ya no busco más y las dejo ir como a dos amantes camaradas. En libertad.
Conoció el exilio y estaba de regreso, como en el tango de Gardel. Al expresarse, no perdía las formas literarias y poéticas que improvisaba con acompasado sentimiento desgarrado. Por eso, lo reseño en este libro. Por eso, quedará en estas líneas, como uno más, de los de su generación. Que de cierta manera, es también la nuestra.


Entonces dijo Noire, bebiendo de la botella de vino peleón; encendiendo su cigarrillo:
“...A nuestra generación
No le pusieron nombres.
Nos bautizaron en la pileta dura de los días
Con agua turbia
(cemento y lodo, ceniza y agua- sangre)
bajo un sol templado al rojo vivo.

A mi generación
no la nombraron.
La marcaron
la reseñaron
la persiguieron entre los socavones y las alcantarillas
fue puesta manos arriba
contra las consignas de los extramuros
donde se desconchaban
antiguos carteles de circos.

En las inmolaciones
de guerreros obnubilados por un sueño justiciero.
En las quemas de algunos corazones puros
apareció uno que otro par de ojos
irritados bajo el humo.
palomas degolladas
contra un cielo viejo-añil
se ahogaban:
espasmos blancos
bajo el hollín de una gloria pútrida y grasa.


En las dunas del desierto
quedaron varados
los arados inútiles de nuestra generación.
En las trochas y en la manigua
contra las cortezas de los árboles
arañados por los cuchillos,
los nombres sin rostro de mi generación.

Fue señalada en los periódicos de las grandes familias.
A mi generación le dieron duro abajo
estuvo adentro en el infighting
contra las cuerdas
con la mirada nublada de un boxeador
a punto de caer noqueado
bajo las bombillas
y el aire pesado de la nicotina
(alarido de borrachos empapados en alcohol).

Le cruzaron de silencio la sonrisa.
–Una mordaza de púas de alambre–
*<*<*<*<*<*<*<*<*<*<*<*<*<*<*<*<*<*
Los que tenían como, eludían la censura colocando poemas-panfletos en la red.
(Pegue aquí.@ hipervínculo con revista de poesía.)
Resistencia dentro de la telaraña.

Sin embargo
Aprendimos a bailar bajo la noche sangrienta.
A danzar sobre la cuerda floja.
Los viajes fuera de la geografía patria
se hicieron costumbres obligadas.
Postales sin señas.
Sellos de exilio.
Abrazos sin retorno.
Clochards del sueño, vagamundos de la noche abarrotada de fantasmas...
De vez en cuando regresábamos.
No, nos esperaba una gran fiesta o una gran celebración....
Pero aprendimos a sacarle brillo
a la cara oculta de la luna
con aserrín quemado, con pólvora y azufre
cal triturada de huesos inspirados
viento azul y helado
de una bohemia
que nunca terminaba con el sol.


A pulso las pocas obras que dejamos
a otra generación que vendrá más decidida.
Este país no necesita de las nuestras
las de “ellos”
– los de la nomenclatura de la infamia–
están bien representadas
sus andamiajes no han fallado
y las puertas de sus castillos
han resistido bien a la peste.
En sus revistillas intelectuales
de papeles esmaltados y gramajes pesados
aparecieron las disertaciones del filósofos de moda, uno que otro humorista
esgrimía su pudín de sangre y estiércol para hacer reír al respetable.

Nosotros, los de la pulp.
Nosotros, los del papel amarillo,
nosotros los del zamizdat, el comic, el tebeo negro,
el fotocópielo y páselo,
nosotros
los del rostro
tallado en maderas de fuego y sombra
por un hambre grande de libertad...
Regresaremos en nuestro propio Anábasis:
–“…un gran principio de violencia regía nuestras costumbres…”–.
a lavar nuestras heridas en el agua del silencio.

Como te decía
No, nos esperó nadie en la estación.
A la llegada nadie nos dijo: –“¿Qué tal, cómo te fué?” –.
A los entierros de nuestros familiares
iban los acreedores
como buitres detrás de los restos
detrás de la viudas, detrás de la cosechita de sueños, utopía en liquidación.

Nosotros, los enlutados del fuego.
Nosotros, los profesores de niños de barriada.
Nosotros, los talleristas de la palabra dura
la que no dejaba hueso sano
la repartida sin copyrigth
La sobandera, la soñadora.
La palabra enjambre
la palabra parra
vino peleón
aguardiente de taberna.
Sabemos que regresaremos de otra forma.
En otro sueño.

Sé,
Que al final
en este país
Siempre han escrito la historia
que les ha convenido.
Desde los pactos en soleados Benidorm
con ancianos españoles e ingleses que se traslucían en las tardes de un verano
en los cincuenta,
–momias aéreas
contra un sol dorado y mediterráneo–;
hasta los acuerdos
recién firmados
sobre manteles de oro y plata,
los scochts en alto, repartiendo el corazón de un país que se desangra.
Mapas de guerra, lluvia de fuego,
rocío de veneno
ayudas del imperio.


Nos toco estar a la sombra
obscuros héroes de las sagas de papel
esperando el salto mortal,
golpe duro
sobre la testa del maleante
de cuello blanco.
Por eso, no pregunten:
“¿Dónde estábamos cuando ocurrió aquello, o esto?”,
nosotros simplemente no estábamos
o estábamos dentro
con el agua hasta el gaznate.
El barco ebrio se había hundido
con nuestros corazones
y el gran diluvio
había desteñido las cuartillas,
arrasado los sembrados.

Nosotros, no dejamos obras,
dejamos leyendas.
Nosotros, no dejamos palabras,
dejamos besos.
Un prontuario de sueños perdidos...
Y sobre todo,
una manera diferente de cantar,
Nictálopes del sueño
bajo la luna de las ciudades
sitiadas por el fuego… ”.

Pedro Noire, desaparecía a momentos, detrás de la capa de humo de tabaco rudo, y se servia otro trago de vino.
O.G.R.

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